Poemas breves: 8a entrega

James Kroner

Nostalgia que agoniza

El alma de la madera
cubre tu ausencia y el vacío
detenida en el silencio
la memoria del tiempo
sopla el polvo que nubla
tu retrato en sepia
sopla el polvo que empaña
tu recuerdo
el polvo que lo mantiene
sepultado
la memoria del tiempo
mermada por su agonía

Preludio

Durante la tormenta
que azota la noche
se asoma el alba
en los resplandores
de los relámpagos
que también adelantan
los corajes del día
mientras las nubes
nutren el llanto
de los sauces

Vigilancia

Cuando los perros ladran
mientras dormimos
nos alertan de intrusiones
inasibles intangibles
entes etéreos
pesadillas inminentes
que amenazan la paz
de nuestros sueños

Chapuzas

Al cegar nuestra imagen
reflejada en los charcos
de las calles
ahogamos a los espejos
que deja la lluvia
hechos pedazos
como piezas de un puzzle
cuando escampa

Población de abandono

Cuando el tiempo duerme
su polvo sepulta el sueño de las cosas
cuando el tiempo sueña
un hálito de antiguas ilusiones
dibuja su fantasma en el aire
y lo desampara

Acumulación de ausencia

La estrada formada
con el paso de los siglos
por una ciudad
es endecha de la noche
poblada por los sueños
de todos sus fantasmas

Dualidad

El reflejo
de la luz del día
en el agua cálida
proyecta en los muros
los sueños que tuvo
la oscuridad de la noche

Amor platónico

La tarde se llanó de suspiros
y la noche de bostezos
a la mañana siguiente
no había más que nostalgia
de un sueño adolescente

Nostalgia

La distancia se peina
con el viento de jóvenes ausencias
que duermen arrulladas
por el rumor en lontananza
de su paso al olvido

Contrariedad

Esparcí el polvo de la memoria
sobre los campos alegres del olvido
y la hierba entristeció

FIN


De aquí a la página 50 poemas breves

 

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El 68 y yo

Tengo 53 años de edad, así que tenía tres al ocurrir el movimiento estudiantil de 1968 y la masacre de Tlatelolco…

En 1985 fui dibujante en una fundidora de hierro y acero, donde trabajaba también un obrero fundidor de aspecto imponente que había sido soldado; a veces se emborrachaba y, atormentado por la culpa, confesaba llorando que había participado en los llamados vuelos de la muerte, que arrojaban al mar desde un avión militar a los presos torturados; según su confesión, los arrojaban vivos en donde hubiera tiburones…

En 1988 fui editor (director en los hechos) de la revista Ollinmecah, cuyo tercer número duplicaba el tamaño del segundo número que a su vez había duplicado el tamaño del primero; era prácticamente un dossier llamado La sociedad a 20 años del 68 y reunía colaboraciones de Adolfo Gilly, Salvador Martínez della Rocca, alias «El Pino», Daniel Cazés, Julio Moguel, Axel Didriksson y muchos otros; contenía también una entrevista con Carlos Monsiváis… y aparecería por primera vez un texto mío de 24 cuartillas sobre la reestructuración del capitalismo en México. Cuando la revista llegó a su fase de “laminado”, uno de los saboteadores primigenios de la revista llevó las “láminas” a las oficinas del SUTIN para que las convirtieran en negativos, dizque por solidaridad. Allí estuvieron durante meses y, cuando quise llevármelas, no supieron decirme si las habían perdido o había ido por ellas el saboteador primigenio: Adrián Gurza Lavalle, quien me llamó por teléfono tiempo después para invitarme a participar en un proyecto de revista donde tendrían derecho a publicar quienes la financiaran, y colgué antes de que terminara su perorata insoportable. Casi una década más tarde, al término de una manifestación zapatista, reconocí en el Zócalo defeño a una de las diseñadoras y ella me dijo que había renunciado a la revista porque, en una excursión, Adrián Gurza y su novia Irma Méndez, Germán Méndez y su novia Mónica Rizo, habían dejado morir al diseñador principal (de cuyo nombre no quiero acordarme), quien cayó a un barranco y pidió auxilio durante horas, inmovilizado por sus lesiones. Quizá más adelante narre la historia de Ollinmecah y ventile, hasta donde conozco, este capítulo de negligencia criminal. Lo seguro es que esos cuatro vivirán hasta morir con la conciencia de aquella muerte…

En 1993, al cumplir 25 años el 68, devoré La Jornada y Proceso, y escuché Radio Educación con una permanencia difícil de entender y explicar. También leí los periódicos a la mano en la cafetería Gandhi, donde supe que el reportero de Proceso Elías Chávez lo era de Excélsior 25 años antes (¿salió de allí con Julio Scherer?) y 21 años después era todo un gangster, lo cual hablaba muy mal de Proceso y era prácticamente inexplicable. Ese gangster y yo coincidimos primero en Juchitán y después en Guanajuato…

Lo más importante, para mí, fue el papel de Radio Educación en aquel 25 aniversario, pues la emisora fue tribuna de todas las teorías de la conspiración favorables al gobierno; terminó creando una atmósfera viciada con versiones ficticias cuyo presentador más entusiasta era el locutor Héctor García Robledo; ahí podía uno escuchar, por ejemplo, que la Unión Soviética había armado a los estudiantes para que sabotearan las Olimpiadas, que Luis Echeverría se enteró de la masacre hasta después de perpetrada y gritó por teléfono tan fuerte que su grito rompió las ventanas de Bucareli… En fin. Incontables ondas por el estilo, que ofendían la inteligencia del público y exhibían una monstruosa indignidad.

En la bohemia snob de gente relacionada con Francisco Toledo, conocí a Javier Molina, que había sido representante de la Escuela de Ciencias Políticas ante el Concejo Nacional de Huelga en el 68 y, a raíz del levantamiento zapatista, conocí también su historia, que está narrada en este blog y resumo aquí: una especie de premonición hizo que Molina y sus compañeros decidieran retirarse de Tlatelolco al comenzar la embocada, pero la masacre le afectó a tal punto que dejó de hablar durante un año y se fue a caminar la cierra de Oaxaca, en donde conoció a María Sabina y vivió la experiencia de los hongos alucinógenos; después cayó en el alcoholismo y terminó poeta. Sobre nuestras andanzas etílicas, léase la página San Cristóbal de Las Casas.

Los líderes: conocí a Raúl Álvarez Garín en 1988 cuando La Jornada me obligó a recolectar las rúbricas de quienes habían firmado una iniciativa mía; en 1990, como reportero, tuve un desencuentro con el prepotente Pablo Gómez, que después fue director nominal (o sea, decorativo) del semanario Motivos, con el cual colaboré durante tres años desde que me invitaron a cubrir la Campaña «500 Años de Resistencia» para la entones revista. Cuando el semanario 6 de Julio vio firmada su acta de defunción y las oficinas pasaron a ser de Motivos, me dediqué de tiempo casi completo al activismo, alternando esporádicamente con el periodismo independiente, y Raúl Álvarez Garín insistió durante dos años en que yo trabajara con él (no reniego de mi experiencia con La Unidad, 6 de Julio y Motivos, pero haber sido reportero de Corre la Voz me daría tanta o más vergüenza que la cárcel); conocí a su hermana en la solidaridad con Cuba y puedo decir ahora que era una de las mujeres maduras más atractivas y encantadoras que he tratado en la vida. Tuve contacto en Facebook con Marcelino Perelló, quien me trató siempre con un respeto parecido al miedo, hasta que rompí dicho contacto por su misoginia partidaria de violentar a las mujeres y, pocos días después, falleció. El líder estudiantil había muerto cuando empezó a decir en público que tocaba las nalgas de su hija con singular alegría.

Cada lustro que pasa me cae un veinte más, que a veces no depende necesariamente de conmemoración alguna. Al morir Luis González de Alba, por ejemplo, conocí los detalles del plagio cometido por Elena Poniatowska y el chantaje grillesco de Monsiváis para echar de La Jornada al plagiado. Imprescindible para conocer en verdad a los protagonistas, esa historia es pública.

(Y esta otra continuará…)


Poemas breves: 7a entrega

Lillianlai

Compañeras

Soledades que oscilan
entre la sed y el deseo
la nostalgia y el olvido
la costumbre y el placer
soledades que musitan
los secretos del silencio
y los mensajes ocultos
en el lenguaje del aire
soledades que perciben
fantasmas en el vacío
monstruos infantiles
en la oscuridad adulta
demonios en el vino
y ausencias en el espejo
de la memoria
soledades que habitan
las playas vírgenes
los claros de luna
y los cementerios
soledades necesarias
inclusive urgentes
soledades misántropas
como la de Bukowski

Sinopsis

El cadáver de un cine
cuyos muros transpiran humedad putrefacta
bajo un techo que llueve
y anega la renuncia y la nostalgia
sirve como refugio de inclemencias mayores
a un criadero masivo de ratas y ratones
diezmado por los gatos alternantes
tampoco los fantasmas tienen descanso aquí
tráfagos de voraces cucarachas
en las rachas de luz que las altera
ruptura del silencio casi pétreo
y de la oscuridad
después vendrá un ejército de niños
indigentes
a morar el recinto
bajo las sucias órdenes
de un cura pederasta
que hará la farsa en público
de salvarlos a todos como Dios
(no cuentes el final)

Habemus pretendere

Así como el puente quiere ser castillo
sobre las aguas del río
que lo miran hacia arriba
y el farol bajo la lluvia
sueña con ser faro
en la isla de las tormentas
el pobre diablo pretende ser el rey
ante los ojos de su hijo
pero no todas las aguas del río
miran hacia arriba
las que pasan en el fondo
por debajo de las demás
creen que el puente es un eclipse
y el farol en las noches sin lluvia
sábese meadero
de perros y borrachos
y vive humillado
y el hijo del pobre diablo
crece hasta saber
que su padre no es rey
sino vasallo

Hipótesis

¿Qué sería de la soledad sin poesía?
Sería quizás lo mismo
que una calle sin árboles
una pared sin cuadros
una estancia sin plantas
el trabajo doméstico
sin música
el café sin azúcar
la comida sin sal
los días sin sol
las noches sin luna
los años sin vida erótica
la vida sin amor
sin amistad

La soledad sin poesía
sería como un cuerpo de mujer
sin humedad

Si así fuera
en vez de leer poesía
tu soledad escribiría
instrucciones para que alguien
te haga llorar

Experiencia sublime

Abrevar de su poesía
libar el néctar de cada verso
imbuirme de su esencia
sucumbir a la seducción
emborracharme de ella
naufragar en sus metáforas
y arrojar al mar
la botella vacía
para que alguien interprete
su encapsulado silencio
y escriba un tratado de filosofía
y sus alumnos vivan en la luna
y yo siga empapándome
de imágenes

Barra libre de placer

Desnúdate del miedo
que tu libertad se quite la ropa
libérate de tela y otros tapujos
sacúdete las perezas y los prejuicios
libera también tu grito
de la mordaza que lo enmudece
descubre la verdad que te humedece
y déjame bajar por tu cabello
desde mi curiosidad antropológica
hasta la cueva en que duerme
tu deseo

Oasis

Entre paja escolástica y bazofia
de la pedantería y el academicismo
frescura y juventud adoctrinadas
hay una que otra broma
y uno que otro desfogue
pasado por alcohol

Instantánea

El mundo es un hotel de paso
donde no hay más futuro
que el presente
y el tiempo al fin y al cabo
es cosa del pasado

Destiempo

Hoy la mañana es ayer
la de mañana será hoy
como he pensado ayer
la mañana de hoy

Lo de siempre

Una voz de ultratumba
susurra pesadillas a mi oído
los fantasmas invaden
la oscuridad nocturna
con alegre locura y sin piedad
la nostalgia que inunda
por los ojos de buey
esta noche de insomnio
hiere mi soledad

FIN


De aquí a la página 50 poemas breves

 


Licencia poética

Tiempo que duerme a la sombra de su origen
sombra que pepena luz en la penumbra
mazmorra pestilente del desastre
perpetuada condena
que diluye la muerte de los sueños
abulia que resume su agonía
deliquio que rezuma los síntomas del tedio

Los años acumulan abandono y olvido
se hacen viejos los muebles
donde las cosas duermen
entre células muertas su eternidad inmóvil
cosas como el florero venido a sepultura
de las rosas
cuyos restos mortales
descansan bajo un cúmulo
de polvo y telarañas
cultivo de polillas
terreno de alacranes
laberinto mental de las arañas
cortinas macilentas y ojerosas
ventanas con arrugas
verrugas y lagañas
casa pesadillesca de avatares
también el techo llora cuando llueve
lágrimas que derraman las paredes
se hacen viejos los libros
sus cadáveres
y en el aparador
yacen momias de loza y porcelana
voraces cucarachas en las rachas halógenas
larvas de putrefactas soledades

Calabozo de tráfago estridente
que invade mi silencio y la penumbra
la penumbra fundida y confundida
con las sombras
las sombras que mendigan atisbos de fulgores
miserias de penumbras ilusorias
los años han perdido la memoria
del aire saturado con rencores
nada se lleva el viento
he morado en las sombras de un pabellón insomne
y espero todavía como esperan las fosas
el final de la muerte a fuego lento

Letargo por inercia de las horas grisáceas
parálisis del tiempo y paradoja
pues desborda la noche que me habita
la eterna espera engendra
como siempre y por lógica
de la fatalidad
esperanza decrépita y marchita


Poesía prosaica

Estos poemas tienen en común que fueron publicados cada uno en su momento como “prosa poética”, es decir, sin separar los versos (para mí, decir “prosa poética” es tanto como hablar de poesía prosaica). El primero es el primer párrafo de un texto cuya continuación no tiene nada de poética, y es el más reciente. Los otros dos son reproducciones íntegras, pero en verso, a diferencia de su primera versión.

La cueva

Sentado a solas
en un sórdido tugurio,
lupanar de mala muerte y vida peor,
al pie de mi deseo
y al margen de la buena o mala suerte,
discreto como siempre,
taciturno como soy,
bebo un sorbo de alivio;
asido al baso alegre
que, desde su fondo miope,
contiene una carcajada,
etílica tabla en el naufragio
de la noche,
por intangibilidad imaginaria,
soy sombra en la oscuridad,
parte de la penumbra,
inclusive sustancia,
camaleónico mimo.

Con los odios en reposo,
los rencores en fuga,
las soledades en tránsito,
evaporando el peso de mi carga
en progresivo letargo,
sentado a solas, decía,
me siento a salvo
de un impulso recíproco,
un desvío de la mirada,
evasión de la evasión,
interrupción o ruptura
de la continuidad
en este proceso
de emancipación personal.

Zipolite nocturno

Al pie de la madrugada,
cuando las estrellas
duermen el sueño del agua,
y de la menguada luna
pende un incendio de hadas,
escribo el último verso,
como presagio y augurio
del insomnio que no será,
pastillas y tabletas
y cápsulas mediante,
fármacos y drogas
y enervantes en efecto,
y quedará inconcluso
incluso el delirio
del diario que, al fin y al cabo,
ni final acabado,
ni polvo ni cenizas
en la ruta del viento,
ni arena de reloj,
será de nosotros ni de los otros
ni de nadie;
simplemente, no será.

Al filo de la noche,
bajo su manto de luciérnagas
contrastantes,
las olas vienen,
se van y regresan
a la playa de los muertos,
en donde resucito,
vuelvo al mundo en donde abunda
la muerte,
inercia que vienes,
te vas y regresas
a poblar de fantasmas
esta pobre aldea
de peces globo
que aparecen inflados
fuera del mar.

Los murciélagos revolotean
mientras los pájaros duermen…

A la luz de la noche

A la tímida luz
de una cálida noche
y la pálida sombra
de una luna menguante
que asomaba detrás
de los trémulos árboles,
el viento se llevaba
sigilosamente
las caricias y los besos
de una mujer en flor
a la memoria insomne
de un hombre marchito,
y los perros berreaban,
los bebés maullaban,
los gatos aullaban
y los ladrones mordían
a la policía que ladraba,
mientras yo entristecía
con el presagio sísmico
de la madrugada
como iones percibidos
por el olfato canino
ante la proximidad telúrica
del sacudimiento,
al alba de albada y alborada,
presagio instintivo
de la soledad
que agudiza el instinto
y la sensibilidad,
cuando el viento se lleva
las caricias y los besos
de la memoria insomne
al fuego del hogar
y la lluvia inclemente
que apaga la hoguera
nos arroja las cenizas
de los recuerdos a la cara
y nos deja remanentes,
reminiscentes y cenicientos;
de ahí quizá que los pájaros
buscan migajas de soledad
entre los tejados
y el viento me avienta
los chorros de agua triste
que se lleva las caricias
y los besos de mi cuerpo
al de otro animal,
acaso al de un murciélago,
como el que se rompió
contra mi ventana
y la dejó ciega.

A la tímida luz
de una luna sombría
y la pálida sombra
de una cálida noche
que llovía llovía
y el chubasco bañaba
la frondosidad selvática
y transparentaba
un vestido rojo
sin ropa interior debajo,
ni cuerpo de mujer
ni quimera del oro
ni maniquí de cartón piedra,
mi voz quedó hecha humo de cigarro
y el viento negado a despeinarme
se llevó mi cabello
en vez de las caricias y los besos,
y sorprendí a Tahoma,
besando a Soralia,
que se decía encantada…
¡pinche rana!

A la indiscreta luz
de una luna taimada y mustia
que acostumbra escuchar
las pláticas de los árboles,
mi voz quedó en los huesos,
mis huesos hechos polvo
y mi polvo hecho silencio.


Poemas breves: 6a entrega

George Digalakis

Génesis

Reliquias ígneas y rupestres
duermen en la cueva del tiempo
fósiles que narran la historia del fuego
las leyendas del agua
su voz petrificada emerge del silencio
un silencio de piedra hecho pedazos
por los truenos de rayos
que abrieron la tierra como cesárea
para sembrar amnesia
del traumático parto del planeta
estrépitos de rayos al acecho
que además estallaron
en miles de aves milenarias
cavernas de crisálidas
en donde nacen las auroras boreales
anuncios de catástrofes originarias
la fragilidad de la vida más joven
coincide con la gestación del mundo humano
al que la humanidad
confunde con el mundo en sustantivo
por soberbia
pero la especie humana es infinitesimal
ante la edad del mundo
la consecuencia más reciente a su vez
del nacimiento del tiempo
causado por Ápeiron

Identidad

Aunque me voy sigo aquí
en el umbral del barco
fantasma que me lleva
puerto de la mirada
que atestigua mi partida
mi estancia y permanencia

¿Seré realmente yo
quien me dice adiós
cuando saluda y me voy?
¿Serán míos los ojos
que me ven marchar
cuando me quedo?
¿Seré yo quien me ve?
¿Seré yo a quien veo?

El recuerdo está firmado
con mi nombre
la postal lleva una firma
que guardo en la memoria
como sello personal
para mi sustituto

19 de septiembre

La muerte mora en las sombras
de una ciudad en ruinas
salífera, salobre y salitrosa
por la sal de nuestra suerte
y el salitre de los muertos
entre cascajo y escombros
cadáveres sin nombres
y nombres sin cadáveres
inusitada violencia
que sacude la conciencia
colectiva
y suscita solidaridades
de ocasión
parto que ha dado a luz
oscuridad y destrucción
las heridas respiran polvo
inclusive la suma de la pérdida está rota
y resta memoria
de la negligencia criminal
maquinaria pesada
que barre con todo
para borrar las huellas
en la escena del crimen
el trauma es inmortal
como el eco de la sangre
la agonía de los recuerdos
es eterna

Delirio líquido

El calor humedece unos muslos
que trituran mi torso
y la música es azul
como su imagen
unas tetas inmensas
que parecen camas de agua
tratan de asfixiarme
para que muera feliz
su cabellera huele al tiempo
que escapa de mis manos
como arena de reloj
y al reloj de manecillas
entró arena de la playa
con hormigas
y pequeños cangrejos
caracoles marinos
peces globo y aguamalas
delfines y ballenas
que vararon
lanchas de pescadores
y barcos mercantes
antes de revolcarme
con un montón de sirenas
hasta despertar
ensementado

Asistencia solidaria

Si las huellas que dejamos
cuando vamos a la muerte
como si entráramos al mar desde la playa
son el camino
de regreso a la vida
y no sube la marea
que alguien las borre
detrás de mí
y vuelva sobre sus pasos

Ciclo vital

El grito del agua
emerge de la búsqueda
frustrante y angustiante
de una salida
cuando fracasa en el intento
de escalar el pozo

Al grito del agua
sigue la muerte
con el paso del tiempo
su fantasma se evapora
y llueve

Muerte sonora

El ruido arrasa
con todo pensamiento
sepulta las ideas
como un alud
cuanto más irracional
es alguien
más ruido hace
cuanto menos pensante
más contaminante
por estrepitoso
y cuanto menos duermo
por su culpa
más lo odio

Polaridad

Vertiginosa lentitud
que llena de vacío la oquedad
oscuridad que ilumina
la imaginación literaria
tensa calma en la vorágine
que agita el remanso
de tu risa enojada
su compleja sencillez
soledad que me acompaña
dualidad equidistante

Piromanía

Llamada y llamarada
si llamas a las llamas
para incendiar el diario
del incendiario
y eliminar el cuerpo del delito
borrar su rastro
incendio del instante
instinto incinerado

Fatalidad

La botella de náufrago
contenía un naufragio
de modo que también naufragaría
y haría naufragar
a sus destinatarios
en el barco de la muerte
por contagio

FIN


De aquí a la página 50 poemas breves


Poemas breves: 5a entrega

Me pregunto

¿Podré salir del pozo al que arrojaron
los monjes a los niños
por desobedecer
sus patrañas cristianas
y patrióticas?
¿Podré salir acaso
de la fosa común
en donde la raigambre
nos ata de los pies
para que nos hundamos
con común alegría
y el consuelo tarugo
de la unanimidad
como un gran sacrificio
voluntario
de alegre comunión
y alegoría?

Materialización

Si acaso el infinito
se aburre hasta el delirio
con el paso del tiempo
como los inmortales
que -lejos de ser dandis
con el refinamiento aristocrático
de la ficción ridícula y absurda-
son más bien indolentes y salvajes
quizá falta en el árbol de los años
materia de los sueños

Vibraciones

Espíritu de piedra que asecha en el asfalto
serpiente de basalto
prosapia de reptiles
invisible presencia de grillos y cigarras
ausencia de guitarras
y voces infantiles

Cripta vacía

Tanto esperó
su alejamiento en el tiempo
distancia irreversible
y el envejecimiento
de los recuerdos
que al abrir de nuevo
el álbum familiar
las fotos de aquellos días
oh días de aquellas fotos
habían anochecido
y al abrir también el viejo baúl
salieron volando
murciélagos revinientes
que lo dejaron desierto
baúl en vano
desde entonces las sombras
de la memoria
pueblan el alma
de oscuridad

El coleccionista

Disecaba estelas de sonido
y atrapaba murmullos y susurros
con su red cazamariposas
y una vez fotografiados
y catalogados
los dejaba libres de nuevo
para que volaran
por el aire lleno de agujeros
hasta perderse con el silencio
y caer en el despeñadero
del mundanal ruido

Causa y efecto

(o correspondencia)

El reflejo en tus ojos
es la jaula inasible
del pájaro que miras
cuando posa
más o menos consciente
de sí mismo
nunca de su reflejo
cuando levanta el vuelo
lo hace también tu mirada
como espejo con alas
y la jaula se hace cielo

Permanencia

Nuestro reflejo
nos mira siempre
desde adentro del espejo
aunque dejemos
de mirarlo

Vayamos a donde vayamos
siempre estaremos
del otro lado
del espejo

Aberración

La gente dice
que el tiempo vuela
pero yo creo
que más bien repta
gruñe como la pérdida
que engendra
sangra y su rastro
hiede a la noche
cuando agoniza
y muere

Ahora lo entiendo

Mi exploración erógena
de tu cuerpo
era una búsqueda
buscaba una mujer
que me satisficiera
más que tú

Subjetividad

Cuanto más
desnuda estás
más me gusta
lo que escribes

FIN