Ya no estás sola

(Otro poema solidario)

I wanna make
Something beautiful
For you and from you
To show you
To show you
I adore you

Sinéad O’Connor

Don’t let the bastards grind you down
Kris Kristofferson

I

Para que vuele siempre a la deriva
y vuelva siempre al rumbo tu libertad alada
como el cauce de un río, como el alma
que no cabe en el cuerpo y se desborda
como el agua que mana de tu fuente,
sereno manantial de soliloquios,
para que anide siempre, remanso de tu vuelo,
savia que te desnuda y esencia de la tierra,
si desando el camino vuelvo sobre tus pasos,
te beso en la belleza que derrama tu voz,
te anhelo en la caricia de tu canto,
me imbuyo en su poético sonido,
me dejo seducir obsesionado
por su profundo y sabio contenido,
me emborracho de ti con mansedumbre,
de tu fragilidad inadaptada,
secuela del abuso, torrente del ocaso,
mujer descubrimiento a cada instante,
ventarrón de la estepa, sol cantante.

II

Verdes fueron los campos de batallas
que libramos antaño y hoy liberan al mundo
desde un pueblo marrón y una casa en el norte
de Irlanda ensangrentada,
una casa con puertas y ventanas de roble,
con plantas y fusiles y flores y guitarras
y versiones acústicas de un himno universal
de calidad humana con vino en abundancia,
provincia de los sueños que disemina el alba,
semillas de tu música y estelas de tu magia,
de tus ojos inmensos como intensos clamores;
desde la soledad en donde muere
la infinita bondad de tus creencias
vuela un canto amoroso hasta el pesebre
que acuna esa mentira milenaria
llamada religión, causa del miedo
y origen de la culpa, negocio de la iglesia:
la antítesis de Dios no ha sido el Diablo,
sino el mísero Papa.

III

No prestes atención a los pedestres,
que nunca te depriman los bastardos,
permíteme ser techo y protegerte
con un cálido abrazo
para que sobrevivas al otoño
y al invierno asesino;
no dejes que te asedien las aves de rapiña
que moran en las sombras, que acechan en las ruinas
de civilizaciones constructivas,
lo que pudo haber sido, en todo caso,
válidas utopías;
que duerman las estrellas en las mansas lagunas,
con lúdicas terapias evade la invasión
del pensamiento insomne,
su adicción al silencio de la noche,
hipogeo nocturno en las tinieblas
hasta donde te siguen las ausencias,
mientras te devolvemos algo de lo que tiene
de canciones de cuna y reflexión
tu entrega en cuerpo y alma.


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La soledad de Sinéad O’Connor

(Un poema solidario)

La soledad de Sinéad O’Connor
su desesperación
sus lágrimas
su proyecto a medio camino
“rescatar a Dios de la religión”
su denuncia su protesta
un canto salvaje que responde al abucheo
un grito desgarrado que pide auxilio
la traición de su familia
ser isla en el océano de la incomprensión
buscar algo a que asirse
como tabla en el naufragio
estar en medio de nada
la belleza que fue vuelve a ser
la sensualidad que al crecer
se hizo voz se hizo mirada

Sinéad O’Connor
también eres mi heroína
te amé en 1993
conocí tu rebeldía
te admiré
tus ojos no envejecen
permite que brillen
deja que sean espejo
de lunas anegadas
que lloren hasta inundar
y ahogar la vileza
que no amaine la tormenta de tu llanto
mientras no desahogues
tu desesperanza
para que descanses liberada
cuando escampes
y sueñes y concibas
a Dios sin religión organizada
a Dios fuera de la jaula
que aprisiona la creencia
la pureza de toda ingenuidad
inmortalmente infantil
eternamente risueña
que sueñes y concibas
a Dios noción espiritual
de un ente imaginario
inexistente pero posible
que harás realidad
adiós a la Iglesia y sus curas pederastas
al abuso genital
a los jerarcas del encubrimiento
descansa cuando escampes
Sinéad O’Connor
y nunca te suicides
por favor no lo hagas
deja que te acaricien
las manos del sueño
la brisa
viento que se lleva el polvo
del desamor
volverás a cantar a componer
a gritar a rebelarte
a sentir la cercanía
que ahora te falta
volverás a volar
con la certeza de ser alma
del camino andado
que ahora desandas
volverás a la victoria
contra la tristeza
vencerás al pantano
de la melancolía
de las voces que aturden
tu sensibilidad
trituran tu pensamiento
y torturan el alma
volverás a ser canción
de pájaro que había enmudecido
y amaneció con el día y se hizo luz
volverás a ser su vuelo
su mirada en las alturas
su espíritu emancipado
resurgirás de las cenizas
que sepultan nuestras ruinas
Sinéad O’Connor
también eres mi heroína
y todavía te amo




Hasta siempre, querido Rius

Hubo un momento, a principios de mis años veinte, en que yo había leído suficientes libros de Rius como para creer que eran todos, seguramente más de veinte, quizá más de treinta, algunos más de una vez, hasta que descubrí muchos títulos nuevos para mí en uno de esos clavados que me aventaba durante horas en la librería Siglo XXI de San Ángel, donde nunca había gente y por eso me gustaba. Cuando el autor llegó a los cien títulos y los tuve todos frente a los ojos en Gandhi, El Sótano, El Parnaso o la librería de la Cineteca Nacional, yo no conocía ni siquiera la mitad, y así me quedé. Pasé de los “monitos” a la bibliografía que los inspiró y documentó, una vez radicalizado el lector, no sólo por el marxismo, sino también por el ateísmo y las posturas más anticlericales, así como por el naturismo y el vegetarianismo, entre otras cosas.

En mi decálogo de libros favoritos, desde hace tres décadas o más, hay dos de Rius: El diablo se llama Trotsky y La vida de cuadritos. El primero lo leí unas veinte veces y transcribí su contenido a máquina, con obsesividad compulsiva y casi fanática. Aun así, nunca fui trotskista, sino un simple admirador de Trotsky.

De la bibliografía consultada para la elaboración de los librajos o libracos (así los llamaba su autor), me hice de títulos que serían lectura obligada en mi formación marxista, y entonces detecté abundantes errores, imprecisiones y hasta falsificaciones deliberadas, como la historia del muro de Berlín en algo más que una frase, por lo mucho un párrafo breve, pasajes de la Revolución Cubana que parecen la versión oficial para poner en ridículo al imperialismo yanqui… etcétera. Luego vino el viraje crítico, de Cuba para principiantes y Cuba libre a Lástima de Cuba, del homenaje romántico a las hazañas de los barbudos, al furioso anticastrismo, un viraje que no comparto en términos generales.

De la gran obra de Rius quizá lo peor sea Marx para principiantes, que para los “marxistas” de bolsillo (analfabetas por hueva) fue una especie de manual deformativo, por contener algunos de los errores más burdos que suelen cometer los simplificadores del marxismo, como confundir a Marx con Dios y hacer un revoltijo marca Diablo en la introducción.

Entre los títulos más importantes en mi vida, por ser primero una muy sonada referencia durante años y por la influencia que tuvo después su lectura, está La panza es primero, que algo tiene de icono en uno de los temas recurrentes de Rius. Años después leí en las mismas sentadas los librajos naturistas de Rius y los manuales de Shaya Michán, que prácticamente coinciden en todo, por lo que sus enseñanzas están en el mismo lugar de la memoria como si fueran de la misma persona.

Los títulos de Rius cuyo consumo recuerdo sin lugar a dudas son, en orden cronológico: La joven Alemania, Cristo de carne y hueso, La panza es primero, Lenin para principiantes, La trukulenta historia del capitalismo, ABChé, Mao en su tinta, Historia rapidísima de España, Manual del perfecto ateo, El diablo se llama Trotsky, La vida de cuadritos, El amor en los tiempos del SIDA, La Revolucioncita Mexicana… Que escapan al orden cronológico: Marx para principiantes, Economía para ignorantes (en economía), El hierverito ilustrado, los dedicados a Cuba…

Los que no estoy seguro de haber leído (es probable que lo haya hecho, pero no pasan la prueba del añejo) son: Compa Nicaragua, Hitler para masoquistas, La iglesia y otros cuentos, Toros sí, toreros no, Puré de Papas

Algunos eran prestados cuando los leí; otros los tengo en cajas que no he desempacado. A la mano, tengo La Invención del Cristianismo, que me regaló mi mamá recientemente y no he leído.

Tan memorable como algunos pasajes del autor es el berrinche que hizo el locutor José González Márquez al aire en Radio Educación por el título de La Revolucioncita Mexicana (¡No fue ninguna “revolucioncita”, sino una gran revolución!) y porque Rius, según su espontáneo crítico, era un “todólogo”, como si eso implicara ser especialista en nada. Yo diría que Rius, un auténtico sabio, era especialista en historia del marxismo, en la crítica del cristianismo y de la Iglesia católica, en naturismo y vegetarianismo (tanto como Shaya Michán, que es autoridad en la materia).

Por lo basto y prolífico de la obra de Rius, por la influencia que tuvo en la radicalización del pensamiento joven y la formación autodidacta (en el transporte colectivo al bachillerato y la universidad), sería un error quedarnos en el lamento por su muerte, que debe ser más bien ocasión para revisar dicha influencia y medir su trascendencia. En lo personal, me apena que Rius padeciera de cáncer y no haya vivido más tiempo, así fuera para descansar y ser feliz. Hace un cuarto de siglo (la mitad de mi vida) confesó en una presentación que se dedicaba principalmente a su salud, y lo entendí, pero nunca dejó de trabajar porque la gente creativa y productiva no lo puede evitar, ni lo intenta. Se va el autor, pero su obra se queda. ¡Hasta siempre! Vaya pues.


Tiempo que sangra

Si acaso he sido noche
que desanda el vacío,
laberinto en tinieblas
poblado por ladridos,
por gritos de borrachos,
por cigarras y grillos,
por los gatos huraños
que rasgan el silencio
con maullidos,
ausencia de gitarras
y voces infantiles,
espíritu de piedra
que asecha en el asfalto,
presencia de la nada,
las palabras se rompen
contra el acantilado,
su reto me desborda
y arroja por la borda
mis cenizas,
un torrente de sangre
que anega la distancia
de la pérdida, vuelve
como llaga que nunca
cicatriza,
la herida es una fuente
que mana soledades
por las grietas del alma
y es un reloj de arena
tan fina como el polvo
que alguna vez fue hueso
y oscureció de pronto
como antigua reliquia,
de pátina sombría
por el paso del tiempo.

Si acaso he sido viento
que sacó de las alas
atrofiadas un vuelo
secreto, imaginario,
fugaz, inevitable
como el paso del tiempo;
si acaso he sido el ave
que vuela entre las nubes
de los sueños,
los ecos del pasado
nutren el tiempo muerto,
saturan el insomnio
de asperezas nocturnas
y amargas fantasías,
fantasmas recurrentes
que me asedian en horas
de negro raciocinio
con planes asesinos
de ajustar viejas cuentas
con furia justiciera,
violenta, destructiva,
lo confieso:
mis básicos instintos
dan vueltas a la noria
de gélidos y obsesos
cálculos de venganza,
las llamas de los hornos
crematorios
torturan la memoria,
pulverizan la mente,
su refugio mortuorio,
renuevan el rencor,
dan sentido a la inercia,
continuidad al odio.

Estoy pagando el precio
de vivir entre zombis
de un país en oferta,
con amnesia inmediata,
parálisis por miedo
y una historia desierta.

Pero nada es pasado,
ni siquiera el recuerdo,
todo sigue presente
como el paso del tiempo,
su eterna pesadilla,
su infierno agazapado,
la fétida sustancia
de muerte a fuego lento
que tiñe de tristeza
las noches y los días,
las semanas, los meses,
los años y los lustros,
las décadas, los siglos,
los milenios incluso;
crepúsculo del pueblo
de la tierra y del aire,
del mar y de la vida,
como deceso acaso
de todas las especies,
como acaso el ocaso
de un astro en agonía,
de un mundo moribundo
sin luz que lo proyecte,
sin sol que lo ilumine,
sin estrella cercana,
sin lejana utopía
ni horizonte distante,
sin efecto ni causa,
nomás su letanía.

Si acaso el infinito
se aburre hasta la náusea
con el paso del tiempo
y el olvido susurra
tu nombre a mis oídos
y contamina el aire
con humo del abismo,
la lluvia purifica
la esencia del vacío,
la paz de la mirada
que asomaré al espejo
de un país que no existe
sino en el autoengaño
de la gente que vive
sin distinguir su muerte
de la vida.

Quizás en el futuro,
sobrepuesto al cansancio
que acumule mi cuerpo,
mire atrás desde arriba
y arroje cuesta abajo
la gran roca de Sísifo
que llevo a mis espaldas
y eche a volar de nuevo
sapiente y trashumante
como el paso del tiempo.

Si acaso fui presagio
de tormenta inclemente
sobre las mansas aguas
de la noche silente,
los restos del naufragio
salvarán a las ratas
del barco en el que muero,
del piso en que me hundo
por el peso del tiempo,
y el beso envenenado
que me diste al partir
naufragará conmigo
y, en un postrero esfuerzo,
volveré la mirada
como quien sembró viento,
cosechó tempestades
y, arado en el desierto
de la fosa común,
siembra su propio cuerpo
como un árbol talado
y el milagro retoña
–con el paso del tiempo–
de la nada.


Imprescindibles

Serrat flaqueado por Sabina y Aute

Las mejores canciones de mi vida

He seleccionado cien en español y cien en otros idiomas. Ordenadas por autor, género musical y origen geográfico, también hay un orden aproximadamente cronológico. Más adelante haré de cada título un enlace. Por lo pronto, espero que disfrutes la revisión. Vaya pues.

01. Mediterráneo – Joan Manuel Serrat
02. De cartón piedra – Serrat
03. Señora – Serrat
04. Tu nombre me sabe a hierva – Serrat
05. Fiesta – Serrat
06. Vagabundear – Serrat
07. Barquito de papel – Serrat
08. Pueblo blanco – Serrat
09. El titiritero – Serrat
10. Tío Alberto – Serrat

Serrat y Cortez

11. Cantares – Antonio Machado y Serrat
12. Las moscas – Machado y Alberto Cortez
13. La saeta – Machado y Serrat
14. Parábola – Machado y Serrat
15. Españolito – Machado y Serrat
16. Vencidos – León Felipe y Serrat
17. Para la libertad – Miguel Hernández y Serrat
18. El niño yuntero – Hernández y Serrat
19. Elegía – Hernández y Serrat
20. Nanas de la cebolla – Hernández y Alberto Cortez

*

21. Penélope – Augusto Algueró y Serrat
22. El carrusel del furo – Serrat
23. Disculpe el señor – Serrat
24. Niño silvestre – Serrat
25. Benito – Serrat

26. La del pirata cojo – Joaquín Sabina, Antonio García de Diego y Pancho Varona
27. La canción de las noches perdidas – Sabina, García de Diego y Varona
28. Contigo – Sabina
29. Yo quiero ser una chica Almodóvar – Sabina, García de Diego y Luis Eduardo Aute
30. Más de cien mentiras – Sabina
31. Ruido – Sabina
32. Como un explorador -Sabina
33. Tan joven y tan viejo – Sabina
34. Esta boca es mía – Sabina
35. Y sin embargo – Sabina, García de Diego y Varona
36. El capitán de su calle – Sabina
37. A la sombra de un león – Sabina
38. Y nos dieron las diez – Sabina

Patxi Andión

39. De alguna manera – Luis Eduardo Aute
40. Las cuatro y diez – Aute
41. Al alba – Aute
42. La belleza – Aute
43. El niño que miraba el mar – Aute
44. Dentro – Aute

45. Maldita sea – Patxi Andión
46. Palabrita de niño – Andión
47. La que guarda la noche – Andión

48. Andaluces de Jaén – Miguel Hernández y Paco Ibáñez
49. La poesía es un arma cargada de futuro – Gabriel Celaya e Ibáñez
50. Como aquella nube blanca – León Felipe y Soledad Bravo
51. Es tan poco – Mario Benedetti y Bravo

52. La historia de las sillas – Silvio Rodríguez
53. Ojalá – Rodríguez
54. Pequeña serenata diurna – Rodríguez
55. Madre – Rodríguez
56. La canción del elegido – Rodríguez
57. Mariposas – Rodríguez
58. El necio – Rodríguez
59. Quién fuera – Rodríguez
60. La gota de rocío – Rodríguez
61. ¿A dónde van? – Rodríguez

Silvio y Pablo | Nueva Trova Cubana

62. El breve espacio – Pablo Milanés
63. Yolanda – Milanés
64. Para vivir – Milanés
65. Yo pisaré las calles nuevamente – Milanés
66. Créeme – Vicente Feliú
67. No lo van a impedir – Amaury Pérez
68. Don Carlos – Mike Porcel
69. Para cuando me vaya – Porcel

70. Hasta siempre, comandante – Carlos Puebla
71. La niña de Guatemala – José Martí y Óscar Chávez
72. Tus ojos – Estéfano y Emilio Estefan Jr.

73. Callejero – Alberto Cortez
74. En un rincón del alma – Cortez
75. El amor desolado – Cortez

76. Sapo cancionero – Francisco Flores del Campo, Nicolás Toledo y Jorge Hugo Chagra
77. Nada saben de ti – Horacio Guarany
78. La nochera – Jaime Dávalos y Ernesto Cabeza
79. Como la cigarra – María Elena Walsh
80. Yo te nombro – Gian Franco Pagliaro
81. Razón de vivir – Víctor Heredia
82. Alfonsina y el mar – Félix Luna y Ariel Ramírez

Mercedes Sosa en 1967

83. Todo cambia – Julio Numhauser Navarro
84. Chiquillada (Pantalón cortito) – José Carbajal «El Sabalero»
85. Macondo – Daniel Camino Diez Canseco
86. El muerto vivo – Guillermo González Arenas
87. El alcaraván – Simón Díaz
88. Las casas de cartón, de Alí Primera
89. Sal a caminar – Roy Brown
90. Cristo de Palacaguina, de Carlos Mejía Godoy
91. Duerme negrito – Nana popular, versión de Atahualpa Yupanqui

Óscar Chávez

92. Flor de azalea – Manuel Esperón
93. Nunca jamás – Óscar Chávez
94. Perdón – Pedro Flores

95. Tiempo de híbridos – Rockdrigo González
96. Distante instante – Rockdrigo
97. Ella – Carlos Arellano
98. Los gatos no creen en los ángeles – Armando Rosas

99. Sol de alas anchas – Israel Vicente
00. El caracol – Gustavo López
01. La tortuga – Son tradicional
02. Petrona de neza guete’ – César López
03. Xquenda – Manuel Reyes Cabrera «Rey Baxa»
04. Ra Bacheeza – «Rey Baxa»

05. Helena – Joan Manuel Serrat
06. La primera – Serrat
07. Pare – Serrat
08. Per al meu amic – Serrat
09. Els vells amants – Serrat
10. El drapaire – Serrat
11. Me’n vaig a peu – Serrat
12. Els titelles – Serrat
13. Paraules d’amor – Serrat
14. Malson per entregues – Josep Maria Bardagí y Serrat
15. Salam Rashid – Serrat
16. El teu àngel de la guarda – Serrat

Lluís Llach y la Nova Cançó

17. L’Estaca – Lluís Llach
18. La gallineta – Llach
19. El bandoler – Llach
20. D’un temps, d’un país – Raimon
21. Perquè vull – Ovidi Montllor
22. Lletania – Miquel Porter, Lluís Serrahima y Jaume Armengol
23. La Lilí i l’Alí Babà – La Trinca
24. Cançó del desig farsant – Josep Maria de Sagarra y Guillermina Motta

25. O sonho – Pedro Ayres Magalhães (Madredeus)
26. Haja o que houver – Magalhães (Madredeus)
27. Guitarra – Madredeus
28. Chanda Mama – Ananda Giri y Enzo Buono
29. Dorogoi dlinnoyu – Konstantin Podrevsky y Boris Fomin

Edith Piaf

30. L’Enfant au tambour – Katherine Kennicott Davis, Henry Onorati y Harry Simeone
31. Que c’est triste Venise – Charles Aznavour
32. Non, Je ne regrette rien – Michel Vaucaire y Charles Dumont
33. Mon Manege A Moi – Jean Constantin y Norbert Glanzberg
34. Padam padam – Henri Contet y Glanzberg
35. Milord – Georges Moustaki y Marguerite Monnot

36. Concierto para una sola voz – Christian Langlade «Saint Preux»
37. Concerto de Tchaikovsky – pieza interpretada por Danielle Licari
38. Gloria eterna (Suite No. 11 Sarabande) – George Frideric Handel
39. Je chante avec toi liberté – música de la ópera Nabucco, de Giuseppe Verdi, con letra de Claude Lemesle y Pierre Delanoë
40. Franz – música de Franz Schubert [1] con letra de Lemesle y Delanoë

41. El cóndor pasa – Daniel Alomía Robles, Jorge MIlchberg y Paul Simon
42. The Sound of Silence – Paul Simon
43. Mamy Blue – Hubert Giraud y Phil Trim (Pop Tops)
44. Road to Freedome – Pop Tops
45. Amazing Grace – John Newton
46. Hallelujah – Leonard Cohen
47. Suzanne – Cohen

McCartney y Lennon en 1967

48. My Clone Sleeps Alone – Pat Benatar
49. Don’t Let It Show – Alan Parsons y Eric Woolfson
50. Gypsy – Stevie Nicks (Fleetwood Mac)
51. Young Turks – Rod Stewart, Carmine Appice, Kevin Savigar y Duane Hitchings
52. Bohemian Rhapsody – Freddie Mercury (Queen)
53. Somebody To Love – Mercury (Queen)
54. Don’t Stop Me Now – Mercury (Queen)
55. The Fool on The Hill – Paul McCartney y John Lennon (The Beatles)
56. A Day In The Life – Lennon y McCartney (The Beatles)
57. Don’t Let Me Down – McCartney y Lennon (The Beatles)
58. Across The Universe – Lennon y McCartney (The Beatles)

Freddie Mercury (Queen)

59. What’s Up – Linda Perry (4 Non Blondes)
60. All that you have is your soul – Tracy Chapman
61. Born To Fight – Chapman
62. You’re The One – Chapman
63. Subcity – Chapman
64. The House of the Rising Sun (Rising Sun Blues) – Autor desconocido
65. Sixteen Tons – Merle Travis
66. In the Ghetto – Mac Davis
67. Take It Easy – Glenn Frey y Jackson Browne (Eagles)
68. Hotel california – Frey, Don Felder y Don Henley (Eagles)
69. Blowin in The Wind – Bob Dylan
70. Don’t Cry for Louie – Dani Klein y Dirk Schoufs (Vaya con Dios)
71. Stand By Me – Ben E King

72. The Night Chicago Died – Peter Callander y Mitch Murray (Paper Lace)
73. Long Cool Woman in a Black Dress – Allan Clarke, Roger Cook y Roger Greenaway (The Hollies)
74. Venus – Robbie van Leeuwen (Shocking Blue)
75. Trouble – Jerry Leiber y Mike Stoller
76. Fever – Eddie Cooley y John Davenport
77. I’d Rather Go Blind – Ellington Jordan y Billy Foster
78. Are You Lonesome Tonight – Roy Turk y Lou Handman
79. Unchained Melody – Hy Zaret y Alex North

Tracy Chapman con Sting y Bruck Sprinfield

80. The Winner Takes It All – Benny Andersson y Björn Ulvaeus (Abba)
81. Fernando – Andersson, Ulvaeus y Stig Anderson (Abba)
82. Andante, andante – Andersson y Ulvaeus (Abba)
83. One Step Beyond – Prince Buster o Cecil Campbell
84. Soolaimon – Neil Diamond

Abba

85. Memory (Cats) – Andrew Lloyd Weber y Trevor Nunn
86. The way we were – Marvin Hamlisch, Alan Bergman y Marilyn Bergman
87. Evergreen (Love Theme from «A Star Is Born») – Paul Williams
88. Don’t Cry for Me, Argentina – Tim Rice y Andrew Lloyd Webber
89. I Dreamed a Dream (Les Misérables) – Claude-Michel Schönberg y Herbert Kretzmer
90. One Day More (Les Misérables) – Schönberg y Kretzmer
91. The Impossible Dream (Man of La Mancha) – Mitch Leigh y Joe Darion
92. I, Don Quixote (Man of La Mancha) – Leigh y Darion
93. Everything’s Alright (Jesus Christ Superstar) – Tim Rice y Andrew Lloyd Webber
94. I Don’t Know How To Love Him (Jesus Christ Superstar) – Rice y Lloyd Webber
95. Who Will Buy (Oliver) – Lionel Bart
96. Reviewing the Situation (Oliver) – Bart
97. The Flesh Failures (Let The Sunshine In) (Hair) – James Rado, Gerome Ragni y Galt MacDermot
98. Maybe This Time (Cabaret) – John Kander y Fred Ebb
99. New York, New York – Fred Ebb y John Kander
00. Why don’t you do right – Kansas Joe McCoy

Liza Minnelli en Cabaret

[1] Adagio (Nocturne, o notturno) in E flat D 897


Creepypasta

El lado humano de la oscuridad

Hace unos días escuché de noche, durante unas diez horas continuas, los videos que abundan en YouTube sobre la Deep Web o Red profunda, limitándome al audio mientras hacía otras cosas, y quedé obsesionado con el tema, tanto que volví en los días siguientes a dichos videos, ahora también para verlos, y descubrí muchos otros. Consciente de la falta de seriedad que hace de la Deep Web un conjunto de mitos en la mayoría de los casos, he buscado además información escrita, y mi obsesión llegó al punto de soñar con algunas de las escalas en esta ruta de navegación, despertar pensando en ellas o, como de costumbre, tener insomnio.

El video Daisy’s Destruction y la asociación delictuosa de sus autores, No Limits Fun (NLF), como paradigma de la maldad y la perversidad que nomás el humano desarrolla y desata, pues ningún otro animal es capaz de semejante aberración, me hacen pensar, de paso, en la cobarde irresponsabilidad de quienes fomentan ignorancia y aseguran, por ejemplo, que el video snuff es una “leyenda urbana”. Wikipedia, en primer lugar.

Abundan referencias a Normal Porn for Normal People (NPNP), el sitio de la Deep Web más conocido en la actualidad, tanto por su representatividad como por su reciedumbre, pero en términos de formato y contenido, este sitio no representa novedad alguna, pues reproduce un esquema de hace dos décadas, cuando un sitio por el estilo sentó precedentes paradigmáticos en este sentido. Luego de NPNP surgieron otros de índole similar que los nuevos internautas, sobre todo youtubers, han convertido en lugares comunes, como Central Park, que es un directorio, o Dark Scandals, Boy Vids, zPlay y Baby Heart, por mencionar sólo algunos que ofrecen pornografía infantil, violaciones, torturas y asesinatos en línea, entre otras cosas, todo a cambio de pagos anticipados, cuyos montos hacen prohibitivo lo que de por sí es ilegal y criminal desde la perspectiva ética.

Cuando comenzó mi experiencia internáutica en 1998, navegué hasta el naufragio por océanos de pornografía y conocí todas las categorías públicamente permitidas, además del bestialismo y otras parafilias ilegales en algunos países, pero quizás entonces no existían límites o fronteras entre la red superficial y la red profunda, de modo que atravesé la delgada línea sin saberlo, al verme de pronto en un sitio llamado The Human Side of Darkness (El lado humano de la oscuridad), con la descripción: Addiction to the Obsessive Search of Dangerous Routes and Shortcuts to Death (Adicción a la búsqueda obsesiva de rutas peligrosas y atajos a la muerte). Como Central Park, contenía un directorio de “todo lo prohibido”, con enlaces a sitios de acceso restringido a pornografía y prostitución infantiles (videos y galerías fotográficas, chats para intercambio de material audiovisual o para concertar “encuentros reales”), tráfico de armas, narcóticos y órganos humanos, video snuff en lo que ahora es conocido como Red Room y un escabroso etcétera. Por increíble que resulte, había un sitio que, según esto, vendía mujeres mutiladas. Otro decía contener material “clasificado” acerca de visitantes extraterrestres… En fin.

Pasarían muchos años, inclusive lustros, para que yo supiera guardar evidencias en capturas de pantalla. Y como jamás pago, además de mi conexión, por tener acceso a nada en internet, lo interesante para mí era el contenido que se ofrecía, de entrada, sin restricciones de ningún tipo, a saber, siete videos muy sórdidos que aumentaban progresivamente de perversión hasta un nivel tóxico y criminal, antes de sendo collage en forma de video clip con algunas escenas también extremas y reales, pero extraídas de películas públicas; esto último lo descubrí en años recientes al conseguir todas las cintas relacionadas en rankings o tops de cine transgresor, controvertido, perturbador y demás por el estilo; en algunas de estas películas vemos asesinatos reales de animales como gatos, zarigüeyas o tlacuaches, tortugas, puercos… Al final daré todas las referencias al respecto.

Arthur Tress | Pesadillas Infantiles

Advertencia: La descripción de los videos no es apta para sensibilidades débiles o delicadas. Como reza el cliché, “se recomienda discreción”.

Video 1: Un par de adolescentes flacos y pálidos con acné, uno de ellos grabando el plano-secuencia con una pequeña cámara de video, llegan a la sala de una casa, en donde una niña de siete años (según mis cálculos), sentada en un sofá, mira televisión. Los jóvenes le dicen en inglés que su mamá está dormida y es la ocasión para vengarse por todo el daño que le ha hecho; le recuerdan prohibiciones, humillaciones, golpes, gritos, amenazas y maltratos de toda índole; la niña los escucha con una expresión creciente de rencor y está por empezar a llorar cuando ellos la consuelan, le dicen que la apoyan, que están de su lado; le proponen matar a la mamá con un gran cuchillo que han sacado de la cocina; el plan es golpearla primero con un bate de beisbol para que ella pueda acuchillarla enseguida. La niña se entusiasma y acepta; los tres suben sigilosos las escaleras, uno de ellos grabando todo, el otro armado con un bate, y ella con el gran cuchillo; abren la puerta de una recámara en silencio y entran de puntillas; el chavo del bate golpea con gran impulso al cuerpo que yace bajo las cobijas; vuelve a golpearlo y le dice a la niña: ¡Ahora tú! ¡Vamos! La niña se arroja sobre el bulto y lo apuñala; se oyen las voces de ellos que ríen y exclaman: “Fuck! Shit!” La niña no deja de propinar cuchilladas, hasta que se cansa y ellos dicen: “A ver cómo quedó”. Quitan las cobijas de encima y ven que debajo había un costal, por cuyas heridas está manando arena. La niña mira a los muchachos que primero fingen sorpresa y luego ríen a carcajadas; ella entonces llora y luego grita; sus llantos y gritos de protesta y frustración aumentan de fuerza; uno de los muchachos le pide el cuchillo y ella lo recuerda, así que trata de apuñalarlos; ellos corren sin dejar de reír, hacer más bromas y burlarse; ella los persigue para vengarse; la escena se agita, se hace confusa y termina.

Video 2: Dos o tres cámaras ocultas dentro de una casa o un departamento graban el momento en que una mujer de unos 24 años, morena y delgada, con gabardina, minifalda y medias oscuras, recibe la visita de una mujer anciana que se presenta para cuidar a un enfermo. Por su acento, ambas podrían ser chicanas o latinas en Estados Unidos. La joven cierra la puerta con llave por dentro; la vieja se tensa y muestra desconfianza, pero intenta disimularla; la joven revela con parsimonia que se trata de una situación anómala, que el enfermo está loco, es un violador sexual y asesino; la anciana dice que no le interesa el trabajo y pide que le abra para irse, pero la muchacha responde: “Lo siento, lo lamento, no puedo dejar que se vaya porque tengo una cita importante y no voy a dejar al enfermo solo, sin que alguien lo cuide; usted ya vivió la vida y ahora me toca a mí”. Están en la sala-comedor. Ella abre una recámara, entra y sale con un hombre muy alto y corpulento, está desnudo, salvo por un pañal como de bebé gigante y una máscara de piel negra; tiene un collar como de perro y ella lo jala del cuello con una cadena. “Oh, My God!” –exclama la vieja con ambas manos en el pecho. “La señora te va cuidar –le dice la joven al hombre–; tócala para que la conozcas”. El hombre la tienta como si estuviera ciego; la anciana parece perder fuerza en las piernas y cae sentada en una silla; su miedo es cada vez más evidente y gime; el hombre toca su pelo y su cara, antes de abrazarla impidiendo que se levante; la muchacha aprovecha para tomar su bolso y abrir la puerta. “Los dejo porque tengo que irme; ya se me hace tarde; regreso en la noche”. Sale y cierra la puerta con llave por fuera. El hombre grita sin dejar de abrazar a la vieja: “¡Mamá, mamá!” Y la vieja: “¡No, no, por favor!” Pero él insiste: “¡Mama, mama!” La imagen del video se oscurece por completo, pero seguimos escuchando sus voces. Algo progresó porque los gritos de la mujer aumentan su fuerza como expresión de angustia. El hombre gime y repite cada vez más fuerte: “¡Mama, mama!” Y ella: “¡No, por favor! ¡Noooooo!” Su grito es desgarrador y hay un corte abrupto.

Video 3: Alguien (al parecer adulto) sigue a dos niños de cerca, o más bien los acompaña, grabándolos en video. El lugar parece un parque descuidado y sucio, con árboles en abundancia alrededor de unas casas de bajo nivel económico, social y cultural. Los niños tienen unos nueve y once años de edad, están flacos, pálidos y mal vestidos; empuñan palos, cargan un bidón y hacen breves comentarios en inglés mientras recorren una ruta de trampas que atrapan gatos durante la noche; una de esas trampas es una red colgante; otra es una jaula; otras son cepos que atrapan una pata del gato… Los niños asesinan a todas sus presas: al gato atrapado por la red lo golpean con palos como si fuera una piñata; a uno que tiene la pata prensada también lo matan a palos; a otro lo rocían de gasolina y lo queman vivo; los aullidos son desgarradores; al último lo llevan arrastrando con una cuerda hasta unos tambos con agua y lo ahogan…

Video 4: Una mujer muy guapa que no pasa de 30 años, acomoda una cámara oculta en su departamento y, mirando hacia ella, dice en español con acento español: “Hola, chicos; estoy sola y aburrida en casa, y como también tengo hambre de comida y de hombre, he pedido por teléfono una pizza y, cuando venga el repartidor, voy a recibirlo así”. En cuclillas, se pone de pie y se aleja dos pasos de la cámara para mostrarse de cuerpo entero: descalza, viste una blusa entallada y oscura, pero transparente, que permite ver nítidamente la forma de las tetas sin sostén y los pezones; su torso es un poco ancho, propio de la edad, y bajo la cintura está enfundada en una pantaleta no menos ajustada; es muy incitante y apetecible; sus piernas son carnosas, hermosas, espectaculares, como sus nalgas, que asoman a la mitad. “¿Ustedes qué opinan? –pregunta de nuevo a la cámara– ¿Creen que le guste? Espero que sí porque me lo quiero follar delante de esta cámara bien escondidita para que ustedes pasen un rato agradable, como yo”. La mujer camina con calma sobre la alfombra de un lado a otro del departamento; vemos que su cuerpo y las prendas que ha elegido son en verdad excitantes. Suena un timbre ruidoso y vibrante; ella pregunta: “¿Quién es?” Y alguien responde: “El repartidor”. Ella abre, y el supuesto repartidor patea la puerta con tal fuerza y tal violencia que golpea la frente o la cara de la mujer; ella da unos pasos hacia atrás, tambaleándose; el hombre irrumpe; viste de negro todo, incluido un pasamontañas; la golpea de nuevo en la cara, ahora con el puño, que al parecer lleva unos nudillos de metal encima de los guantes negros; la mujer cae al piso y él se arroja sobre ella para golpearla más en la cara con el puño derecho y una saña inexplicable; le propina diez puñetazos y se levanta para cerrar la puerta; vuelve a la mujer y le arranca la blusa, luego la pantaleta; se desabrocha el pantalón y empuña su pene erecto para introducirlo en ella; la penetra gimiendo como si más bien sostuviera una pelea; casi grita cuando eyacula, y entonces hace girar el cuerpo de su víctima; la penetra por detrás con los mismos gemidos; se levanta, se abrocha y, antes de marcharse, asoma con precaución por la puerta entreabierta, se quita el pasamontañas y sale; no alcanzamos a ver su rostro; ella se queda en el suelo, inconsciente; alguien adelanta el video en post-producción y, media hora después, según el reloj de la pantalla, suena el timbre, golpean la puerta, la abren y entran varios hombres, paramédicos y gendarmes, revisan a la mujer, atienden las heridas de su cara, la suben a una camilla y se la llevan; la policía revisa el departamento, pero no se percata de la cámara escondida; todos se marchan y la cámara continúa grabando. Es obvio que alguien llega después y se lleva el video…

Video 5: Una sola toma sin cortes, muy extensa, en un cuarto de la morgue; hay cuerpos sobre las mesas o camas de metal, cubiertos con pequeñas sábanas blancas. Se escucha la respiración de quien maniobra o manipula una cámara en movimiento y desliza lentamente una sábana para dejar al descubierto uno de los cadáveres; obviamente desnudo, es el cuerpo de una mujer de mediana edad y complexión regular; la cámara registra todos sus ángulos, rodeando con morbosa lentitud el lecho metálico, antes de hacer acercamientos al pecho y al pubis. “Tits, tits, pussy, pussy”, dice una voz masculina en tono libidinoso detrás de la cámara. “So beautiful!” La cámara vira hacia otra cama, y el camarógrafo desliza lentamente otra sábana, dejando al descubierto el cuerpo de un niño muerto, pálido y macilento, de unos diez años. Como en el caso anterior, el camarógrafo se asegura de que no quede ni la más mínima duda: se trata de un cadáver. Entonces fija la cámara con miras a la mujer, y el camarógrafo se deja ver; lleva un tapabocas, una bata blanca y guantes de látex; se desnuda sin quitarse los guantes ni el tapabocas; es velludo y obeso; acaricia su propio pene erecto y se pone un condón; acaricia las tetas de la mujer y luego el pubis; introduce los dedos bajo el látex. “Oh, yes! Jeah! –exclama– “This is good, very good”. Lame las tetas, separa las piernas de ella y se acuesta encima; tiene un coito. “Mira cómo la profano”, dice al cadáver infantil en inglés. “Mira cómo lo disfruta”. Su gemido estalla; respira con alivio; se levanta; se cambia el condón. “No seas envidioso”, dice al cadáver infantil, siempre en inglés. “Ahora sigues tú”. Se dirige a la cámara y la apaga.

Video 6: Cubierto de pies a cabeza con piel negra, un hombre amarra a una mujer desnuda, menuda, muy joven y muy blanca, de tal modo que ella queda empinada sobre una cama, pero con las rodillas en el piso. “You’ll like it”, le dice. Ella parece muy tensa; su respiración es muy sonora; él la amordaza y ella reacciona, protesta sin alcanzar a decir palabra; el hombre se va y regresa con un rottweiler muy grande y excitado; él empuña su collar con ambas manos, conteniéndolo; induce que la monte y ella se agita, se convulsiona, emite un sonido frustrado a pesar de que, por lo visto, intenta gritar con todas sus fuerzas; el perro la monta, la penetra; ella gime y llora sin dejar de agitarse; su cara enrojece; cuando el perro termina, el hombre lo jala hacia atrás y lo azuza como impulsándolo para una segunda embestida; repite la maniobra unas cinco veces hasta que el perro gruñe y ladra; entonces lo suelta y el perro se abalanza sobre la mujer, la muerde, agita la cabeza con ella en su hocico, la destroza y se relaja, se calma un poco al empezar a comérsela sin dejar de gruñir. Fundido en negro.

El séptimo video no era propiamente narrativo como los anteriores, sino una especie de collage elaborado con todos los recursos técnicos de un trabajo profesional, básicamente post-producción; tenía mucho de video clip y era el más extenso: duraba entre quince y veinte minutos; comenzaba con escenas aparentemente caseras de una niña rubia que jugaba con sus papás o con alguno de ellos mientras el otro la grababa; ella tenía tres o cuatro años de edad, según mis cálculos; sonaba Everything’s alright del musical Jesus Christ Superstar, o una canción muy parecida, sobre todo por el arreglo; cuando cantaba Yvonne Elliman veíamos las escenas candorosas y familiares, pero cuando irrumpía la voz del Judas negro, aparecía una foto, al parecer de la misma niña, pero ahora muerta, con acercamientos y alejamientos rápidos; no podíamos apreciar nada con detenimiento; cuando las voces alternaban en la misma canción, también alternaban escenas fijas de la niña viva y la niña muerta, implicando que se trataba de la misma persona; el cadáver yacía boca arriba con sangre escurrida desde la boca y la nariz; tenía el rostro desfigurado, como si alguien lo hubiera golpeado con un tubo de metal; sus calzones estaban a la altura de los tobillos y había sangre escurrida desde la entrepierna; entonces aparecía un hombre con un antifaz similar al de Batman, pero sin las orejas; tenía el torso desnudo y flaco, y empuñaba un tubo metálico; sonreía con algo entre los dientes, quizás un hueco, un diente negro o algo así, y señalaba a la cámara con el dedo índice de la mano izquierda, mientras empuñaba con la derecha el tubo metálico, apoyándolo sobre su hombro; volvía el cadáver de la niña cada vez más cerca y de nuevo la foto fija de la niña viva y alegre, también cada vez más cerca, en alternancias sádicamente comparativas. De allí a la imagen en movimiento de un hombre que golpeaba con un mazo, una cachiporra o algo así, la panza de una mujer embarazada y acostada boca arriba en el piso; la escena era interrumpida una fracción de segundo antes del impacto para alternar sin transición con el asesinato de una foca bebé, reventando su cabeza, como siempre, y de nuevo el golpe a la panza de la mujer embarazada para sustituir el impacto por el que rompe la cabeza de la foca bebé. De allí al festival de Yulín, en donde abunda el horror: las escenas más nítidas mostraban la muerte de un perro que se convulsionaba colgado mientras lo golpeaban con palos entre dos personas; escenas menos nítidas insinuaban que otros perros eran hervidos en vida. De allí al decapitamiento lentísimo de un toro amarrado que giraba alrededor de una noria mientras un hombre y una mujer ancianos, en los dos extremos del círculo, golpeaban su cuello con machetes; la cabeza terminaba colgando y el toro seguía dando vueltas. De allí a la muerte de un gato blanco que alguien arrojaba a un calabozo con decenas o cientos de ratas negras; en segundos, las ratas atacaban furiosas al gato que corría sin escapatoria hasta terminar acostado con una rata sometida por sus pesuñas delanteras mientras la mordía y decenas de ellas lo mordían a él, que, de pronto, se sobreponía, se levantaba furioso y rugía, mordiendo a varias ratas y tirando zarpazos asesinos, pero caía de nuevo y repetía el sometimiento de una sola rata mientras las demás lo destruían. Bañado en su propia sangre, el gato no dejaba de respirar agitadamente, y yo deseaba que muriera lo más pronto posible para dejar de padecer esa violencia, pero nunca veíamos el final; el abrazo a la única rata que podía someter tenía algo sobrecogedor; sus maullidos de agonía se fundían con llantos de bebés y escenas que insinuaban una violencia no menos brutal contra los seres más inocentes, vulnerables y tiernos, en este caso de la humanidad; aquí me reservo la descripción por razones obvias. Seguían decapitaciones de personas por hombres encapuchados mientras el fondo musical progresaba por encima de los alaridos a rock pesado o Heavy Metal. No recuerdo más.

Observacones

Hay una gran similitud entre los asesinatos de gatos que narra la película Gummo (Estados Unidos, 1997), de Harmony Korine, y los que vemos en el primer video de este sitio, con la única diferencia de que aquí son reales, mientras que en la película son simulados (espero que así sea, pues también parecen reales, pero supongo que hay maneras de convencernos sin “hablar de bulto”). Dicha película no consta en ningún ranking o top de cine perturbador, pero vaya que lo es, tanto por la muerte de los gatos como por la degradación de niños y adolescentes en una zona marginal de Estados Unidos.

La muerte del gato en el collage del video clip fue tomada, me parece, de la cinta Los hombres detrás del sol (Hong Kong, 1988), de Tun Fei Mou, que narra los horrores del “Escuadrón 731”, un campo de concentración y laboratorio de experimentación con humanos y otros animales en el contexto de la guerra química y bacteriológica durante la ocupación de China por Japón, que duró una década y coincidió, en parte, con la Segunda Guerra Mundial. Era lógico que hubiera un criadero masivo de ratas, pero la muerte del gato no tiene más justificación que la crueldad y una metáfora de lo que parecía suceder con el “Batallón Juvenil”. La secuencia puede resultar profundamente hiriente por su realismo, sobre todo para quien ignore que los cadáveres humanos también son reales y que los hechos narrados ocurrieron en realidad. Cabe sospechar que las mentes de los realizadores de la película terminaron corrompidas y enfermas por las atrocidades que narran y denuncian, hasta el punto de asumir esa maldad y esa perversidad. No encuentro ninguna otra explicación de que fueran incluidas estas brutales y viscerales escenas…

Ahora está prohibido, pero entonces era lícito (no ético) asesinar animales en el rodaje de una película, como en Holocausto caníbal (Italia, 1980), de Ruggero Deodato, que muestra la muerte de un tlacuache o zarigüeya, una tortuga, un puerco y una víbora. En una película mexicana (cuyo título no recuerdo, afortunadamente), hay decenas de gatos en cautiverio, uno de ellos escapa y el anti-actor Hugo Stiglitz lo ahoga en la piscina…

Matar a machetazos a un toro amarrado es tradición en algunos países asiáticos y algo así vemos en Apocalipsis ahora (Estados Unidos, 1979), de Francis Ford Coppola, cuando un toro es rebanado todavía de pie durante una ceremonia, pero sin prolongar su agonía como hacen los asesinos en el collage. Un video publicado en Facebook denunciaba esta práctica, pero fue censurado por “contener contenido gráfico” (sic). La barbarie llamada fiesta brava o tauromaquia, en cambio, tiene todavía la categoría de “arte” en el inventario del atraso evolutivo de la especie humana y su imbecilidad sin límites.

Es muy deprimente la crueldad humana. Nunca faltan videos de torturas y asesinatos de animales por personas, y videos de animales que salvan a otros animales, incluidas personas, tanto de la muerte como de la soledad, en aleccionador contraste.

Urge reflexión acerca de la infinita maldad que motiva la destrucción humana por placer y diversión. Irónica paradoja o paradójica ironía: Oculta en la oscuridad, no obstante que algunas de sus expresiones son literalmente demenciales y más que nauseabundas, la violencia gráfica suele causar fascinación cuando es real. La oferta corresponde a la demanda, y el mercado se expande con los mismos límites que la piratería (en los hechos, ninguno). Con la misma lógica de las drogas ilegales, que dejarían de ser negocio si fueran legales, esta violencia deja de interesar cuando sale a la superficie, en donde no es menos abundante. Por debajo y detrás del interés antropológico, máscara intelectual de quien se atreve a bajar de su atalaya, se asoma la curiosidad morbosa. La Deep Web o Red profunda es análoga en la realidad social y cultural de Nueva York, Tokio, París o la Ciudad de México, a su respectiva ruta de la muerte, lo que llamábamos underground a finales del siglo pasado. Basta con salir de nuestro nicho o “zona de confort” para conocer dicho mundo, tanto debajo como alrededor.


Pinches zombis

zombies

Simulé ser uno de ellos para pasar desapercibido, pero a la hora de comer gente viva entendí que yo había dejado de simular.

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Lo más nefasto de ser devorado por zombis es reconocer, entre sus rostros famélicos, los de mi familia.

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Los zombis se alimentaban con gente viva, las momias caminaban como sonámbulos y yo bostezaba mientras los cerebros del público se hacían pedazos.

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En una película serbia, el horror se tornó bizarro cuando, asediado por los zombis, el protagonista se atragantó de Viagra.

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Aquella película causó la bancarrota de los estudios cuando, a mitad del rodaje, miles de zombis emplazaron a huelga de extras.

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–¡Un ángel! –exclamó alguien.
–¡Te amo! -declaró una muchacha.
Grenouille se había echado encima el perfume y, con pasividad saturnina, esperó a que sus antiguos compañeros de penurias lo devoraran. ¡Hasta sus ropas y zapatos se tragaron los muertos de hambre!

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El homenaje multitudinaria a los grandes veteranos del rock degeneró en catarsis caníbal cuando las hordas zombis irrumpieron en la gradería. No quedó nadie vivo.

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Infestaron el mundo, caminando con la vista fija en las pantallas de sus teléfonos celulares y pasaron del autismo a la muerte cerebral.

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No era un bodrio de horror barato ni un simple problema de lenguaje, sino la realidad mexicana: estaba en tierra de zombis.

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Un escalofrío invadió mi cuerpo al ver el zócalo infestado por una desbordante y aplastante masa de zombis. En el templete, los arengaba El Peje.

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La moda zombi alcanzó tal desproporción que, en México, por ejemplo, formaron partidos políticos y ganaron todas las elecciones.

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En México, la epidemia zombi se generalizó y terminó por identificar y unir a los infectados, que ahora la llaman nacionalismo. zombies