Tiempo de ira

I

Ahora llevo un lastre de plomo en arsenal
que me quema las manos y las habas,
una carga que arrastro por el suelo sinuoso
de tortuosas pedreas;
ahora estoy a punto de arrasar con la turba,
la caterva de abyectos y canallas
al amparo del zulo criminal;
ahora soy acopio de coraje iracundo
que sueña con masacres de caníbales
por voluntad humana,
con desatar mi propio cataclismo,
depuración que acabe con monstruos bien peinados,
sanguijuelas de blanca dentadura,
sonrientes alimañas,
asesinos detrás de su escritorio,
ladrones de corbata y cuello blanco…
ahora tengo impulsos kamikazes
de tomar el infierno por asalto
y apagar el incendio con nitroglicerina,
prender fuego al tumulto de impunidad campante
y ajustar viejas cuentas con furia justiciera
y en resumidas cuentas,
devolver el dolor, la enfermedad,
la violencia vigente,
con nunchakus de acero y un martillo ergonómico
de hacer añicos todo, romper todos los huesos,
incluyendo los cráneos,
de aplastar cobardías como a las cucarachas,
y un hacha y un machete de filos carniceros
que acaben con la plaga putrefacta,
con la enfermante peste,
me brinde un desahogo y un respiro:
la colmena me colma y ha rebasado el límite;
ahora me contengo y me reprimo.

«Es preciso matar
para seguir viviendo»,
cantó Miguel Hernández;
es preciso barrer
con la escoria infrahumana
para nacer de nuevo y empezar a vivir,
cantaré cuando muera.

II

En la cueva del hambre un niño llora,
su madre lo esclaviza, pervierte su inocencia,
lo nutre de violencia cotidiana,
vejaciones y abusos,
inclusive sexuales, genitales,
hasta que los asalta una jauría
sin dirección humana
y hace trizas de carne
con jirones de piel
a la madre de sangre
que succionan,
reduciendo su vórtice a los huesos,
y se llevan al niño, liberado,
para educarlo en la naturaleza
legada por los lobos a los perros
más libres y salvajes.
Que así sea.


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Cuentos circenses

Fuentes confiables que solicitaron el anonimato han revelado que, a diferencia de lo que nos vende la historia oficial, el gran jefe de los indios sioux, Toro Sentado, formó parte del circo de Buffalo Bill hasta rebelarse, no por el exterminio de su propio pueblo y los demás nativos de Norteamérica, sino porque otro actor del espectáculo, un hombre blanco de la peor calaña, soldado en retiro con el que debía representar la escena teatral de una batalla verídica, le arrancaba las orejas postizas y nunca se las devolvía.

«Mujer que camina como hombre», así llamada por los indios del circo, había sido pistolera en su juventud y ahora era una tiradora infalible de tamaño monumental, que solía defender del hombre blanco al jefe indio y regalarle un nuevo par de orejas hechas a pedido, pero un día encontró en su casa rodante al abusador y sus cómplices descuartizados a golpes de hacha y sin cuero cabelludo.

Buffalo Bill reprendió a Toro Sentado, lo echó del circo a mitad de una gira por Europa y amenazó con asesinarlo si volvía, pero el legendario cazador y enemigo de los indios fue también objeto de la ira del gran jefe y acabó como sus antiguas víctimas: muerto y desollado.

Con su fundador pasó a la historia el circo de la ignominia yanqui, y Toro Sentado vivió sus últimos días en las tabernas de Inglaterra, borracho, amargado, sin pueblo, sin casa y sin orejas.

***

La mayor atracción del circo rodante de Bronco Billy era el propio Bronco Billy, que lanzaba cuchillos con los ojos vendados al cuerpo giratorio de una mujer, disparaba desde su caballo en movimiento a platos voladores y aconsejaba que los niños comieran avena… hasta que empezó a envejecer y, cada vez con más frecuencia, sus cuchillos se incrustaban en las piernas y los brazos del cuerpo giratorio y, en una ocasión, apuñaló el cuello de la mujer, y también con frecuencia creciente, las balas de sus disparos daban en los postes de la carpa y, en una ocasión, la hizo caer entera sobre el público y, en otra ocasión, disparó a la cabeza de un niño que, desde entonces, compite con el causante de su desgracia como atracción circense: es el niño sin cabeza, y el viejo Bronco Billy, aunque sigue siendo el dueño nominal de la empresa, ya no hace más que mantenerse borracho y cometer despropósitos y descalabros seniles, no da una el pobre diablo ni sirve para nada… ¡puras vergüenzas!

***

Cazada en África y vendida como esclava en Estados Unidos, fue comprada por el dueño de un circo y exhibida como fenómeno, pues era poseedora de unas inmensas nalgas, las más grandes y carnosas del mundo conocido hasta entonces por la “civilización” occidental. Muchos hombres ofrecieron dinero al dueño por usar esas nalgas en la intimidad para saciar el deseo y la curiosidad morbosa, y el dueño, muy complaciente, acumuló una fortuna de tamaño proporcional al de su principal negocio: las nalgas de Saartjie, también llamada «La Venus Hotentote» por su origen en esa tribu del suroeste africano.

Así fue durante años, hasta que unos pescadores hallaron a orillas del río más cercano al circo el cadáver del cirquero venido a proxeneta y muerto de asfixia. La policía, desde luego, averiguó que habían desaparecido al mismo tiempo la negra de nalgas descomunales y la fortuna amasada a costa suya. Tiempo después, se oyó el rumor de que la mujer se ocultaba en la mansión de un nuevo rico en función de prestanombres, donde ella regenteaba un prostíbulo de esclavas liberadas a medias.

***

Una mujer barbuda y con pelo en el pecho, otra con cuerpo de gallina por haber sido infiel a su marido, una niña con cuerpo de araña por desobedecer a sus padres, unos trapecistas sin piernas, unos payasos que hacen de las suyas (quemar vivos a los indigentes mientras duermen) en los parques de noche, unas hermanas siamesas con diferentes gustos, sobre todo sexuales, unos enanos pedófilos, un gigante con gerontofilia y un domador de miniaturas, entre otros fenómenos y atracciones circenses por curiosidad antropológica, se presentan en compañía de animales mutantes no menos fenomenales por la indefinición de sus especies, y hacen las delicias para el público demente de manicomios infantiles en Serbia.

***

Uno de los locos del público reconoció bajo el maquillaje y los disfraces, entre los fenómenos del circo visitante, a sus antiguos compañeros que escaparon del manicomio y volvieron para dar, ahora de entrada por salida, un espectáculo alucinante.

***

Animales esclavos: un elefante maltratado en el circo, torturado con descargas eléctricas y golpeado con un gancho por el actor Christoph Waltz en el rodaje de la película Water for Elephants, anciano de por sí, fue liberado por una asociación defensora de los derechos animales y, desde entonces, aprende a dibujar y pintar junto con otros de su especie; tres leones sin dientes y domados a latigazos fueron liberados por la misma asociación y ahora se dedican a descansar…

Eso “informaba” el reportaje de un periodista que, chayote mediante, más bien desinformaba para ocultar la triste realidad: que los elefantes aprendían a dibujar y pintar estimulados con más toques y choques eléctricos, o pequeños premios en su caso, y que el descanso de los leones era verídico, pero eterno, todo en eras del dinero que mucha gente donaba para el rescate de animales esclavizados por los circos.

***

Una de las máximas atracciones del circo era una contorsionista que hacía pasar los brazos, el torso y la cabeza entre las piernas hasta volver al lugar original ocho veces, de modo que al final parecía más bien un ser de otra especie, un rarísimo espécimen, y comenzó a cobrar el doble, como contorsionista y fenómeno, lo que originó fricciones y conflictos laborales, causantes a su vez de la bancarrota del espectáculo…

FIN


Una mujer muy rara

Menuda y cuarentona, tiene la cabeza rapada, viste de negro con un alzacuello de sacerdote (sacerdotisa en su caso, aunque El Vaticano desconoce la ordenación de mujeres y excomulga ipso facto a quien tenga semejante osadía), lleva un crucifijo de metal colgando en el pecho, pantalón de piel, negro también, y los pies descalzos; esto último parece propio de una persona demente y quizás es precisamente la intención; tiene un pequeño ecualizador en la cintura, desde donde modula el volumen de su voz a través del micrófono y quizás el de los músicos que la acompañan. “Buenas noches, muchas gracias por venir”, saluda, y el público responde con una ovación. Sin más, ella comienza a cantar:

Yo quería cambiar el mundo y no podía ni siquiera cambiarme los calzones […]

Ahora me dices que mi vida se basa en una mentira. ¿De casualidad te dije que oriné en tu café? […]

No sé qué esperar del mundo, realmente no sé qué esperar del mundo, no sé qué espera el mundo de mí, nadie tiene ningún derecho a esperar de mí nada en absoluto […]

¡Eres un debilucho cobarde y un patético fraude!

Por el cuello y las muñecas se asoman sus tatuajes religiosos y, más adelante, se arremanga y deja a la vista sus antebrazos tatuados; si alguien no la conociera pensaría que es una fanática, pero quienes la conocemos perdonamos eso y más. Yo la amo y he visto en Tuiter que no soy el único. Es probable que haya eliminado su cuenta personal en Facebook, lo cual sería una lástima porque nos mantenía cotidianamente actualizados acerca de su existencia; allí escribió ella misma:

—Quienes me aman me llaman Magda Davitt, ya no Sinéad O’Connor, que es el pasado y quiero dejarlo atrás. Quienes me aman, entienden eso. Quienes no dejan de llamarme Sinéad O’Connor prefieren tratar con muertos.

Por cortesía de YouTube, uno puede ver y escuchar el concierto que ella dio en 1988 a los 22 años de edad, una maravilla en todos los aspectos. Comienza con Feel So Different, una de sus mejores canciones y de las más representativas, que personalmente me resulta obsesionante, sobre todo por su interpretación allí, una interpretación llena de mímica y lenguaje corporal de sutil expresividad; el arreglo es cautivante y cambia de armonía justamente a la mitad; el diseño de la iluminación es una obra maestra, dicho sea sin temor a exagerar, y tan sorprendente como la compositora y cantante que uno podría imaginar (por error del desconocimiento) siempre melancólica, pero es un torbellino de vitalidad y energía juvenil, que proyecta originalidad tanto en su obra como en toda su personalidad. La balada es cantada con lentes y gabardina, y movimientos lánguidos, pero en la segunda canción, su actitud parece preguntar: ¿Cuál melancolía? Y asegurar: ¡La juventud se impone! En la tercera canción se quita la gabardina mientras canta y emociona al gallinero. Su vestido vaporoso es de viuda negra, casi al estilo de Morticia Addams o Lily Munster y, para cantar la pieza que más fama le ha dado, gracias al “genio disperso” de Prince, se quita el vestido sin que nadie la vea y reaparece con un cubretodo negro y entallado; si la ves con cuidado te das cuenta que no lleva ropa interior, pero su cuerpo incipiente no es muy incitante; su estriptis gradual, más que una exhibición, es expresión de su actitud ante la vida y ante el mundo: está en la cima del éxito y hace lo que se le antoja; sus primeras canciones, aun antes del primer álbum, llegaron al número uno de popularidad en Irlanda y Gran Bretaña, y allí se mantuvieron durante semanas y meses sin competencia preocupante; su primer álbum The Lion and the Cobra (1987) vendió siete millones y medio de copias, y ella (con una congruencia nueva en el mundo del espectáculo) se dio el lujo de rechazar el Grammy, aun cuando el que se le otorgaba, más bien se le ofrecía, inauguraba con ella la categoría de música alternativa. “El Grammy premia el éxito comercial, aunque dicho éxito no se deba necesariamente a la calidad artística; a mí no me interesa un premio cuantitativo”, declaró en su momento.

Year of the Horse, se llamó aquella maravilla de concierto; el genial diseño de la iluminación permite apreciar el también maravilloso rostro de la diva entre sombras con un alto contraste que hace de la imagen algo estéticamente fascinante: la cabeza rapada, los inmensos ojos, la nariz puntiaguda, los labios delgados, y ella cantando sin pensar ni por un segundo en su aspecto físico. Ella, que homenajeó a Marilyn Monroe con una canción, es la antítesis de Marilyn Monroe. Y el concierto en general deja una sensación muy duradera, casi obsesionante: mi admiración se deja sorprender positivamente y crece más allá de los límites racionales.

Por cortesía de YouTube, el siguiente concierto de la misma compositora y cantante resulta más bien contrastante; de hecho, ya no es la misma persona, pues su transformación es profunda y notoria, y los prejuicios son muy fuertes y muy grandes (mal de familia paterna en mi caso). Un cuarto de siglo después, cuando la imperfecta belleza de quien fuera el icono más original en la historia de la música pop es gloria pretérita, verla con su indumentaria sacerdotal y ese crucifijo en el pecho, sus horrendos tatuajes asomando por las muñecas y el cuello, sus pies descalzos como de jipi que no respeta las formas, una producción muy modesta en comparación con la parafernalia del concierto que la consagraba… en fin; todo eso me hizo decir: no, gracias, me quedo con la diosa en su apogeo, y el público en su apoteosis, pero quién sabe cómo y por qué dejé pasar la primera canción y, no obstante que se trata de un divertimento comercial (si tuviera una versión en español, podría cantarla también Lupita D’Alessio), me gustó por la música y porque esa letra medio vulgar es característica de la franqueza y el sentido del humor que Magda Davitt se permite inclusive en días de crisis demoledora: “Ven a montarme, jefe. La última vez que un hombre tocó mi cuerpo fue hace dos años cuando el médico me extirpó la matriz”.

Y aunque la transformación de Sinéad O’Connor, ahora Magda Davitt, incluye su voz (más de 30 años fumando acaba por quebrar la garganta, entre otras cosas), algo tienen todavía sus interpretaciones que imprimen un sello muy personal, se hacen parte de la canción como tal y se quedan en la mente y la sensibilidad como una fijación. Yo no conocía La reina de Dinamarca, y además de gustarme, como ya dije, me sorprendió y me puso de buen humor. La siguiente canción del concierto (4th & Vine), sin cháchara de por medio, ni siquiera una mínima presentación, también es de su época madura, por decirlo así, de esta década; habla de la proyección alegre de un matrimonio y, cantada en vivo, me gusta más que en el video “oficial”.

Todas las canciones de ese concierto son geniales, incluida la interpretación y el arreglo, y ahora no dejo de escucharlas una y otra vez; en particular, me fascina Harbour: “Ella es un puerto / y no tiene puerto”, dicen los dos primeros versos, y mi obsesión me hace caer en la cuenta de lo que tienen en común los primeros versos de algunas letras: son poesía si entendemos la poesía como un lenguaje de símbolos. Otra canción que también se llama Harbour y es fácil confundir si no sabes inglés, comienza con un verso por demás interesante: “La calle no tiene alivio”. Voice of My Doctor, quizá pasaría desapercibida como una canción genial si no fuera por la catarsis casi explosiva; escucharla es una experiencia; escucharla y ver a la cantante hacer la mímica de un regaño con los ojos cerrados es otra experiencia. La última canción del video rompe con todo lo anterior y no me gusta.

En suma y en serio, me pregunto si alguien conoce a la compositora y cantante más allá de sus icónicos inicios y no la ama como yo. Sospecho que, así como el mundo está infestado de imbéciles y abunda la incomprensión y la mala leche (hay que leer la biografía de Wikipedia y la campaña difamatoria del diario español El País para saber hasta dónde suele llegar la vileza en aras de la identificación masiva y el consiguiente lucro), el extraordinario talento de Magda Davitt siempre será menos conocido que las controversias y los escándalos con efectos multiplicadores en la órbita mediática. Si uno busca en internet a la creadora encuentra chismes de fricciones entre las putas de moda y “la calva que habla con Dios”, nada sobre la calidad letrística-poética y musical de quien fusiona como nadie la composición con su interpretación en vivo.

Una última observación: cuando Sinéad O’Connor hizo un retiro espiritual y reapareció gorda, fea y peluda, un ademán de su mano izquierda sustituyó para siempre a la expresividad corporal de la mímica y el lánguido baile de Feel So Different. En su concierto Ancienne Belgique, un cuarto de siglo después, además del ademán, la cantante mueve la cabeza de tal modo que uno difícilmente sabe si lo hace para dar un efecto sonoro o es un tic nervioso. Con los prejuicios que tuve al principio, fue inevitable asociar ese movimiento con el hecho de que la mujer vive ahora empastillada por los siquiatras, y la siquiatría es la “ciencia” de la destrucción del cerebro como negocio de la industria farmacéutica. Más que problemas mentales, que sin duda los tiene, algo en el cerebro de esta brillante, sensible, valiente y honesta mujer, está fallando, y la siquiatría, más que solución, es la sustitución de un problema por otro.

Personalmente, me duele más de lo que puedo expresar el deterioro de Magda Davitt porque, al asomarme a su mundo y hacerlo mío, descubro que se trata del alma más grande y más hermosa de nuestra época, pero como dicen The Beatles en algún lado, nadie quiere a quien está para el arrastre.




 


Micro realidad

El legado

Había una pareja que, a partir de su identificación ideológica y sus fuertes lazos de unidad, se puso un membrete panfletario para participar en el lucrativo negocio de la prostitución política; tuvo muchos vástagos y, con el paso de lustros y décadas, uno de los hijos se unió a la causa de los padres, de modo que la organización creció y siguió creciendo cuando, al paso de más lustros y décadas, uno de los nietos se unió también a la causa de los abuelos, y vino el homenaje a la perseverancia y la tenacidad, la unidad inquebrantable, los principios y los fines, todo inflexible y puro en teoría. La pareja fundadora de la organización murió al pie del cañón, en pie de guerra, y su legado es conocido por las nuevas generaciones de activistas que ven el imaginativo membrete de panfleto en las redes sociales, con cuentas administradas por el hijo y su pareja, el nieto y su pareja. “¡Seguimos unidos y cada vez somos más! ¡La lucha sigue! ¡Venceremos!” –reza el perfil de la empresa.

El anatema

“Pero queremos dejar claro –dijo el gran líder– que nos referimos a la prensa y no a la policía con gafete de prensa”. Entonces todos aplaudieron con entusiasmo fanático: frenético y estridente, incluidos los incontables emisarios de corporaciones policíacas y militares que trataban de pasar desapercibidos; sólo se abstuvo alguien por disentir de la fórmula discursiva y advertir su fracaso, alguien que ahora es señalado por todos desde la sombra: ¡Policía!

Los universitarios progres

Reunidos en Sanborns, llevaban puestos blue jeans Levi’s y tenis Nike, y fumaban Marlboro en el área de fumadores; pusieron sus dispositivos Apple en la mesa, pidieron Coca Cola y Banana Split, y se aventaron cinco horas disertando en tono yupi sobre la vigencia del marxismo y la revolución socialista.

El amor obligatorio

–¡Debes amar a tu país! –sentenció el profesor de civismo, señalando con un dedo flamígero el rostro de su alumno, a quien inculcan “amor” desde entonces con la hiriente disonancia de tambores y trompetas, obligándolo a marchar en solemne ceremonia de corte militar, cuando él todavía no despierta del todo, pesadilla semanal que recordará con rencor durante décadas, una vez liberado, y optará por el odio y la violencia retroactiva como efecto directo, no colateral, de asociar el verbo “amar” con la imposición de nociones demagógicas y vacuas, obligaciones irracionales, así como el sustantivo “país” con ausencia de contenidos y significados reales, acumulación de vacío y verborrea, y preferirá vivir por su parte a morir por la patria.

Degradación privada

El Chupacabras vendió Telmex a su prestanombres, que primero reemplazó a los humanos por máquinas y luego contrató a miles de autómatas infrahumanos que, además de creer en el mito de la infalibilidad sistémica y obedecer a ciegas, son baratos. Desde entonces, mi contestadora telefónica recibe hasta diez llamadas que, a veces con voz grabada, me cobran durante una semana o más, después de que pago muy caro por un mes de servicio incompleto y pésimo.

(Esta historia continuará…)

Democracia

Érase un restaurante llamado México en el que había dos opciones de bebidas: Coca Cola y Pepsi, pero algunos comensales no querían beber eso; entonces Coca Cola se mezcló con Pepsi y surgió así «la izquierda»; luego Pepsi mezclóse con Coca Cola y surgieron los «candidatos independientes»; unos cuantos millones de pendejos creyeron ser electores de sus bebidas; los dueños del restaurante les dieron a comer mierda, y ellos bebieron y vivieron infelices para siempre. Fin.

Perpetuación de la enfermedad

Hubo dos candidatos en la elección municipal. El primero declaraba: “Soy orgullosamente mexicano; amo a mi país”, mientras el segundo espetaba: “La naturaleza del mexicano es una porquería y por eso México perpetúa todos sus males, en vez de erradicarlos de raíz”. Como era previsible, el candidato nacionalista ganó con el cien por ciento de los votos, y el oponente confirmó el acierto de su diagnóstico.

El votante

Al ensuciar su dedo, limpió su conciencia y, cuando despertó, el dinosaurio era él.


El demente

Érase un candidato a presidente de México que, para acabar con la corrupción, ofrecía perdonar a los corruptos y, para acabar con la violencia, ofrecía perdonar a los capos del crimen organizado, y todo era perdón en su programa de impunidad llamado Proyecto de Amor y Paz 2018.

Calabaza

El 12 de diciembre, día de la Virgen de Guadalupe, se registró AMLO como candidato del partido Morena del Tepeyac y envió una carta a los Reyes Magos en la que decía: “Prometo ser buen priista si me dejan llegar”. Pero llegó el esperado 6 de enero y San Peje se quedó esperando su regalo.

La contienda

–¡Respetable público: Lucharaaán a dos de tres caídaaas sin límite de tiempo, en esta esquinaaa el PRI original y, en esta otraaa, su copiaaa “morena”!

En campaña

Un escalofrío invadió mi cuerpo al ver el Zócalo infestado por una desbordante y aplastante masa de zombis. En el templete, los arengaba El Peje.

Masoquismo

La moda zombi alcanzó tal desproporción que, en México, por ejemplo, formaron partidos políticos y ganaron todas las elecciones.

En México

La epidemia zombi se generalizó y terminó por identificar y unir a los infectados, que ahora la llaman nacionalismo.


Obnubilación

El Maratón Guadalupe – Reyes fue creado por el Diablo para que sus abyectos súbditos en México pudieran engendrar la nueva Ley de Seguridad Interior, también llamada Ley de Represión Interior, pues en vísperas de la próxima sucesión presidencial no estaba programado ningún partido de la Selección Nacional de Futbol.

Mucho gusto

Aquí entre sicópatas, me presento: Causé un genocidio con 121 mil 683 personas asesinadas y más de 26 mil desaparecidas en seis años, según cifras oficiales, y ahora pretendo que mi cónyuge (una buena para nada que ni siquiera sabe hablar) lo continúe.

No es cuento

Los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki tuvieron una réplica mexicana que duró dos sexenios con el nombre de «guerra contra el narcotráfico», un número similar de bajas mortales y 38 mil desaparecidos, pero en versión perpetua y empeorada, pues México se acostumbra siempre a lo que sea y terminó legalizando el genocidio y la barbarie.

Desvergüenza

El Partido presentó en comisiones y al pleno de la Cámara de Diputados un proyecto de Ley para la abolición de la vergüenza y la conciencia, castigando con cárcel y elevadas multas a quien fomente sedición informativa y pesquisas morales cuando atenten contra la falta de principios y valores éticos. [1]


El innombrable

Érase un país tan pobre que ni siquiera tenía nombre ni cultura propia y tan loco estaba el pobre que solía confundir su demencia con democracia.


1. Premonición: Días después de publicado este microrrelato en Tuiter, el Senado de la República devolvió a la Cámara de Diputados el proyecto de Ley de Seguridad Interior, también llamada Ley de Represión Interior, y la Cámara baja envió a la Cámara alta un proyecto de «Ley Mordaza».


Cinco sentidos eróticos

Mirada

Él era voyerista y ella exhibicionista, por lo que se complementaban tanto como un sádico y una masoquista, pero compartiendo su afición, pues hacían partícipes a otros que, a veces en grupo, tenían sexo con ella sin saber que eran grabados por cámaras ocultas. Nunca extorsionaron a nadie, pero un día sufrieron un asalto en su propia casa, les robaron los videos de sus aventuras sexuales y los hicieron públicos, de modo que ellos tuvieron que migrar a otro país con otra identidad para seguir con lo suyo.

***

El voyerista sueña con ser invisible y volar al mismo tiempo, asomarse por las ventanas abiertas de los edificios y las casas a donde tenga lugar la intimidad femenina, su total o parcial desnudez, y sueña que allana esa privacidad hasta la regadera como un ser etéreo.

***

Se dice que de la vista nace el amor, cuando lo que nace al ver algo que nos gusta es más bien deseo y atracción, sobre todo entre seres vivos, aunque no sea un efecto recíproco. Por ejemplo, una muchacha con minifalda, sentada en el cine a mi lado, hace que la vista prefiera ser tacto. Si el deseo no es cumplido, el amor es tema de otra charla.

***

El joven solía ejercitarse desnudo y pasó mucho tiempo antes de percatarse de que un vecino viejo y casado lo miraba desde su azotea con la idea de que él se exhibía y era gay. El joven disipó con su actitud la ilusión del closetero y ahora posa con un cálculo sádico.

***

En la adolescencia, la que me quitaba el sueño era Nora, pero la que bailaba en ese momento era su inseparable amiga “La Negra” con un pantalón amarillo de satín ajustado y unos zapatos de tacones altos, y la miré quizá con aparente libido hasta sentir que Nora me miraba a su vez con actitud de novia traicionada, como un reproche, cuando no éramos nada.

Oído

Uno de los sonidos con mayor efecto en mi percepción auditiva y mi sensibilidad en general es el que hacen los gatos cuando fornican, en parte, por su escalofriante parecido al berrido y el llanto de un bebé, pero también por el aumento gradual de su fuerza. Mientras ellos pasan del maullido al chillido final, yo voy del oído a la piel de gallina.

***

Cuando el placer estalla, la sensibilidad auditiva se anula, deja de existir por un instante. Lo que al principio es gemido y respiración anhelante, al final es un grito que nunca escucha quien lo emite, si acaso lo oye sin atención alguna. La intensidad de las sensaciones tiene otros sentidos, otras direcciones, otros puntos.

***

Su marido y yo subimos a los asientos delanteros de la camioneta. Ella y su pequeña hija tomaron asiento en la parte de atrás y, durante el camino, la escuché hablar a mis espaldas con la bebé, y entendí que sus caricias al oído habían sido leitmotiv de la seducción subliminal.

***

Era un sonido húmedo, como de riachuelo que desemboca en un manantial, a su vez remanso musical. Yo dormitaba medio borracho en mi cama, escuchando la erótica voz de Sabrina en la radio. Me puse de pie para ir al baño y, una vez allí, supe que debía llamar al plomero.

***

Su oído lo hacía demasiado sensible a las voces femeninas; idealizaba siempre a las dueñas de voces musicales y sensuales, sobre todo a locutoras; entablar con ellas conversaciones telefónicas era una experiencia erótica. Al conocerlas en persona ocurría la decepción.

***

La oscuridad era propicia para que un oído aguzado percibiera cuando alguien se acercaba; escuchaba unos pasos en las escaleras y camino a la cama, escuchaba una respiración cada vez más fuerte y agitada, sentía unas manos tocar su cuerpo desnudo bocabajo y oía un resuello a dos voces.

Gusto

Monica Bellucci derramó caviar con lascivia en su pecho desnudo y sentí un impulso irresistible de lamerlo, pero se me adelantó Sophie Marceau, que luego pasó de la degustación a los besos con tinta en los labios y la lengua, y recordé que yo no era más que un espectador en su butaca.

***

Un custodio sometía por las muñecas a la reclusa Linda Blair mientras la jefa Sylvia Kristel, que solía lamer el sudor de otros, palpaba las inmensas tetas de su víctima y recorría con la lengua el camino entre ellas desde los labios vaginales hasta los de la boca.

***

Ebrio de sus fluidos, enredé mi lengua con la suya como hacen las serpientes cuando se aparean y entonces probé mis propios fluidos en su boca y entendí por qué ella también estaba ebria. Embotados por la ebriedad nos entregamos al vicio con intensidad caníbal…

***

Saben a ti mis besos, a coctel de humedades acumuladas en un instante, a líquida caricia de mi lengua; saben al flujo que mojó mis labios, al pez que mordí en el agua y al agua que inunda tus profundidades por saciar mi sed entre tus muslos. Si no te gusta es tu culpa.

Olfato

El olor de tu desnudez en la penumbra delató un deseo que hizo crecer el mío y fuimos dos cuerpos unidos en el intercambio de fluidos y placer. Ahora huelo a ti y me excito, me satisfago en tu ausencia. Ya no te necesito. Gracias.

***

Cuando la señora se despidió del amigo de su hijo con un beso en la mejilla percibió un olor a urgencia sexual de adolescente y le transmitió la suya de mujer experimentada pero abandonada y sola. Cuando el amigo se atrevió por fin a visitarla en ausencia del hijo, pasaron del olfato a la complementación de las urgencias.

***

Conocer su anatomía dejó un aroma en mi piel y un recuerdo en la memoria, que se disipan ahora y es urgente renovarlos.

***

Era una experiencia odorífera-sensual-espirituosa, casi erótica y espiritual: los aromas armonizaban como notas musicales en concierto, hasta que alguien soltó un pedo y alguien más un eructo, y la molestia de algunos emanó adrenalina captada por los perros y gatos que irrumpieron furiosos, y todo terminó en un desastre.

***

El olfato del violador percibe miedo cuando su presa camina por la oscuridad; él desprende un hedor genital cuando ella se acerca, mezclando el miedo con repugnancia, que también capta su victimario. Al ocurrir el abrazo, los olores se condensan en un grito ahogado.

***

No es lo mismo aroma que tufo. La bella tenía lo primero; la bestia lo segundo. El sudor de la bella era nuevo y limpio; el de la bestia estaba intoxicado, acumulado y viejo, como el rencor… hasta que el cuerpo de la joven perdió su olor natural en el congelador.

***

El olor aumenta en la medida que te acercas al cuarto oscuro, en donde los cuerpos están en contacto y constante movimiento; es un olor a sudor y otros fluidos, y es intenso. La mirada cede al olfato su función sensitiva y, una vez adentro, tiene su turno el tacto.

Tacto

Tacto, caricia, de piel a piel, tocamiento sensitivo, sentir que sientes mis manos, sentir que tus manos sienten; la oscuridad aguza los sentidos, en este caso el tacto, como el olfato y el oído, la sensibilidad táctil, el contacto dactilar, exploración erógena…

***

Yo despertaba. Con los ojos todavía cerrados, palpé las sábanas a mi lado, esperando sentir la suavidad de su piel, la que recorrí también con mis labios, pero no había más que sábanas. Abrí los ojos y entendí que recordaba un sueño.

***

Quizá buscaba algo en los bolsillos de mis camisas y chamarras, cuando levanté un poco el plástico protector, introduje una mano por debajo y palpé con tiento (la sinonimia entre delicadeza, cuidado y tacto no es casual) y experimenté una sorprendente sensación erótica, pero…

***

Al cerrar los ojos para concentrarme, irrumpió un recuerdo violento, intrusivo, contrastante con el deslizamiento sutil de las yemas de los dedos al invadir mi memoria: Oscuridad repentina en el metro; una mano tosca me toca sin pudor, con desesperación, y abro los ojos…

***

Cuando me invitaron por primera vez a una tienta sin aclarar que se trataba de algo taurino, imaginé una reunión en un cuarto donde apagaban las luces y nos tocábamos, o un juego en el que le vendaban los ojos a alguien para que adivinara quién era quién con el tacto.


26 microrrelatos

Maratón Guadalupe – Reyes

Los Reyes Magos se guiaron por una estrella que alumbraba el pesebre donde había nacido Brian, el mesías de Los Monty Python en su genial parodia, inspirada en una historia verídica. Por suerte para los peregrinos de Oriente, Jesús nació la misma noche en un pesebre vecino. ¡Qué feliz coincidencia!

***

Llegaron tres reyes montados en camellos al lugar de su nacimiento; al verlo, se arrodillaron y ofrendaron sus presentes: sendas bombas nucleares y un profético decreto que leyó José porque María no sabía leer: “Te erigirás como rey de los judíos y tu reino será tan genocida como el imperio nazi”.

***

–Mi reino no es de este mundo –sentenció el mesías, y los soldados del imperio lo coronaron con espinas y lo declararon Rey de los Judíos y, cuando agonizaba en la cruz, volvieron los Reyes Magos, ya viejos y seniles, a desvariar:

–¡Ey, INRI, colega! Te trajimos unos regalitos.

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Para renovar la tradición, los Reyes Magos acordaron que los niños malvados, en vez de los regalos que pidieran, recibieran cuadros diabólicos para causarles pesadillas desde las paredes de sus recámaras. Lo malo es que algunos de esos niños se quedaron en el viaje.

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Decidimos que la última cena del año, sin relación alguna con la que pintó Da Vinci, fuera un atracón marca Diablo, pecaminoso, como el último deseo de un condenado a muerte, y ebrios de vino y lujuria, nos revolcamos como cerdos entre carne muerta y besos de mermelada.

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Cuenta la leyenda que, en las noches sin luna, el hombre lobo se transforma en la mujer barbuda del circo y, aunque se parece al Jefe Diego, algunos niños la confunden con Papá Noel. Fuentes confiables que solicitan el anonimato han revelado que así surgió dicho monstruo abominable.

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Guadalupe Reyes nació un 6 de enero, por lo que el «día de su santo» comenzaba un maratón festivo que terminaba el día de su cumpleaños, 26 intensos días y sus noches de juerga ininterrumpida y desgastante, sobre todo para la salud de la festejada, que murió a la edad de 33 años, anciana.

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El Maratón Guadalupe – Reyes fue creado por el Diablo para que sus abyectos súbditos en México pudieran engendrar la nueva Ley de Seguridad Interior, pues en vísperas de la próxima sucesión presidencial no estaba programado ningún partido de la Selección Nacional de Futbol.

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El 12 de diciembre, día de la Virgen de Guadalupe, se registró AMLO como candidato de su Morena del Tepeyac y envió una carta a los Reyes Magos en la que decía: “Prometo ser buen priista si me dejan llegar”. Pero llegó el esperado 6 de enero y San Peje se quedó esperando su regalo.

Otros reyes

–¡Gózame, negra, gózame! –dijo Tin Tan frunciendo la nariz.

–Sí, mi Rey, mi Rey del Barrio –contestó Nigromanta en ropa tan breve como la de Tongolele descalza.

Y Tin Tan siguió tocando los timbales, mientras la mulata sacudía sus caderas de yegua y sus nalgas siderales.

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El Rey ordenó levantar un muro alrededor de sus propios recintos con los huesos de sus enemigos, a quienes empalaba por centenares para verlos agonizar con un dolor insoportable mientras él desayunaba, y el muro creció hasta alcanzar un tamaño inversamente proporcional al de su reino.

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–¡Que mueran todos! (los que tengan que morir) –decretó el rey loco, y entonces los ministros de la Corte se fueron de vacaciones antes de atender a los padres de l@s niñ@s quemad@s en la Guardería ABC y, al volver, exoneraron a los autores materiales de la masacre de Acteal.

La Divina Comedia

Gabo confundió a Remedios con Beatriz, y La Biblia con La Divina Comedia, cuando la bella sin cabello ni ropa interior ascendió como la virgen María, pues también ella era virgen y santa, y mostró al autor el camino al cielo, pues también él se confundió con Dante.

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Tomarían el cielo por asalto con la consigna de la imaginación al poder, pero el infierno se interpuso encarnado por un ejército represor, asesino de estudiantes, y en donde había “caos y anarquía” impuso “orden y respeto”: primero el Infierno, después el Purgatorio y, por último, el Paraíso de la impunidad.

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El Purgatorio no terminó con la muerte de Stalin, pues los sucesores continuaron con las purgas estalinianas, cambiando sólo algunos métodos. En el turno de Brézhnev, por ejemplo, Siberia y los paredones de fusilamiento fueron sustituidos por hospitales siquiátricos.

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En el Purgatorio, quienes pecaron de gula vomitan hasta quedar esqueléticos; a quienes robaron les amputan las manos una y otra vez; quienes mataron mueren como sus víctimas ad paenitentiam reverti… pero con una buena mochada, la burocracia mexicana facilita el tránsito al Paraíso de la impunidad.

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“Eso que para los humanos es el purgatorio es sólo la prisión del alma por el cuerpo”, se dice que escribió Rulfo, mientras que la frase “más púdica” que había escuchado Nietzsche era: “En el verdadero amor, el alma es la que envuelve al cuerpo.”

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Aunque Dante jamás lo habría concebido, el metro de la Ciudad de México es la pesadilla dantesca por antonomasia, salvo para carteristas y acosadores sexuales, que hacen el trabajo sucio de los sirvientes en el infierno, hasta que la cárcel asume función infernal.

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El hacinamiento carcelario es otra pesadilla real que parece concebida por la imaginación dantesca. Para los condenados a cadena perpetua, las cárceles de Brasil hacen preferible la muerte a riesgo de que el infierno eterno supere por un rato a la muerte en vida.

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Todas las religiones cometen un error de cálculo cuando presentan al infierno como estadio subterráneo. Dante no lo corrigió. La espaciosa dimensión celeste parece más lógica, pues la del infierno, a pesar del hacinamiento, es insuficiente para tantos pecadores.

Escuadrones fantasmas

Cuenta la leyenda que el escuadrón aéreo parecía invencible, hasta que fue abatido por un misterio; unos especulan que lo derribó un volcán en nacimiento; otros que sufrió un ataque de visitantes extraterrestres. Lo cierto es que, desde aquella derrota inexplicable, vuelve a ser visto en las alturas, volando como un espectro, para bombardear pueblos fantasmas y, una vez cumplida su misión zombi-sonámbula, regresar victorioso a la Nada.

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Érase un guerrero que, después de muerto, derrotó a su propio ejército en venganza por haberlo fusilado y lo convirtió en un espectro como él para seguir nutriendo sus filas con cadáveres de otros ejércitos hasta que no quedara ninguno y hubiera por fin paz en el mundo.

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“La última vez lo vi irse entre humo y metralla, contento y desnudo; iba matando canallas con su cañón de futuro”, y los canallas muertos se levantaban para unirse a su escuadrón, que llegó a ser batallón y después un ejército, muchos ejércitos con 200 millones de almas invencibles y avergonzadas por su pasado reciente de cobardía.

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Para hacer honor a su nombre, el escuadrón suicida parecía tener espíritu de sacrificio kamikaze, pues moría en cada misión, siempre con éxito, pero su fantasma tenía cada vez menos fuerza y energía, hasta que una petición de jubilación a la comandancia reunió un millón de firmas en @Change.org.

Los universitarios progres

Reunidos en Sanborns, llevaban puestos blue jeans Levi’s y tenis Nike, fumaban Marlboro en el área de fumadores; pusieron sus dispositivos Apple en la mesa, pidieron Coca Cola y Banana Split, y se aventaron cinco horas disertando en tono yupi sobre la vigencia del marxismo y la revolución socialista.

Muerte anónima

Había un cadáver en el callejón del gato. Vestía con elegancia, pero las ratas en harapos lo dejaron en ropa interior. Pasaron días y noches sin que la policía se enterara, de modo que los restos mortales del desconocido se pusieron verdes y se hincharon hasta reventar. Al final, fue imposible identificarlos y dictaminar la causa de su muerte (estrangulamiento con hilo metálico).


De aquellas noches

Edgar Ramírez | Asher

Diciembre 30 de 2007

En el filo de La Navaja bebo el último trago de la noche, último sorbo de oscuridad con luna menguada por la nebulosidad de la mirada, y respiro el último aliento de agonía y soledad en las calles, de las calles en soledad poblada todavía de silencio con eco de caracol, viento que barre la basura y surca el alba. Como quien dibuja el rostro de una mujer compulsivamente antes de perder para siempre su recuerdo, último presente de una relación pretérita, sueño insomne que borra el paso de las horas y los días, me aferro a los restos de este naufragio, vivo intensamente mi pérdida, espero caer la última gota de la noche vacía.

En La Navaja de Garibaldi es de noche todo el día, como en el 13 Negro de Acapulco, donde los noctámbulos de carrera larga prolongaban y extendían sus límites sin dejar de beber para no perder el vuelo, cada vez a menor altura, hasta caer, hasta que no fuera posible llegar más bajo, hasta el cabo del rastro sanguíneo que dejó de correr en alguna parte del subterráneo dédalo de cloacas, laberinto infestado por cucarachas gigantes y ratas en harapos. La Navaja es un punto crítico en la ruta de la muerte, del 33 al Tapanco, donde concurren matones de pacotilla y putas en reposo que no se han bañado ni han dormido en una cama desde su renuncia temporal, desde la primera ola de una marea de insomnio depresivo, desde que el calendario se quedó sin hojas por dárselas al árbol y el árbol tapizó con ellas el otoño, desde la muerte del tiempo con un infarto al reloj.

Del 33 llegan las “vestidas” que antes atracaron a borrachos incautos y solitarios en el cuarto oscuro del Famoso 49, que en paz descanse, a donde llegaban también soldados en sus días francos, francamente desesperados, en busca de un “trenecito”. El Viena era el punto de partida para hombres gay que gustaban de la barra y la sinfonola antes de que el lugar cambiara su look de cantina tradicional por el de la Zona Rosa y lo plagaran puras locas de Cabaretito. El ambiente homosexual degenera gradualmente, sin más pauta que el tedio ni más pausa que el miedo, hasta la sórdida continuidad del Tapanco, en donde la degradación empareja todas las tendencias y preferencias sexuales, dándoles el mismo color, el uniforme de la violencia, la monotonía del odio conservado en alcohol, ahogado en noches y días de rosas en el fango, tirado «a la borrachera y la perdición», dormido y desvalijado en la banqueta. Si el Cabaretito es la Jaula de las Locas, el Tapanco es el Club de la Eutanasia. En la pista de La Navaja una mujer baila desnuda y después tiene sexo allí mismo con cinco hombres, mientras otro es degollado por la espalda en la oscuridad y yo tomo nota desde mi atalaya clandestina.

«Esta es la canción de las noches perdidas», canta Joaquín Sabina con voz aguardientosa por «el aguardiente de la despedida». Subo las escaleras hasta que me detienen en seco las suculentas piernas de una vecina adolescente que mira con tanta intensidad como para provocar un segundo trastorno hormonal y dejarme en el viaje. Una puta de nombre falso dejó mojado mi pantalón en el Tapanco. Hay que llegar urgentemente al quinto piso y destapar una botella antes de padecer la resaca, y vivir encerrado más de un mes hasta que la soledad me haga descolgar el teléfono en cuanto pase la crisis de hipo. ¡Que escampe tu llanto hasta que amaine mi odio! Este departamento es el callejón sin salida en donde los gatos huraños se refugian y asimilan a las sombras y la basura y suben a la azotea para bañarse de luna y maullar sus dolencias del alma. Los vecinos del edificio viven con terror a mis recaídas etílicas, que sólo podré conjurar huyendo cada invierno de la ciudad.

Joaquín Sabina canta La canción de las noches perdidas, y recuerdo que debo continuar el cuento a ritmo de blues, Los muertos no mienten, narrado en forma de espiral, variación literaria de la película más original del cine negro. «Los fugitivos del deber cogen su maldición y se la beben». Supongo que el insomnio, así como es causa de mi adicción al vino tinto, es efecto a su vez de mi adicción a la noche, debilidad que no he padecido por mujer alguna, pero en este caso es imposible la ruptura. La canción de las noches perdidas, que me fascina en la voz de Pasión Vega y la de Mara Barros, es un homenaje de su autor al singularísimo Tom Waits. Mi variación o desvarío, en cambio, mejoraría su letra con el sabor amargo que deja la ruta de la muerte:

El consuelo es un hombre con nombre de mujer,
el odio se bebe hasta la embriaguez
y después se vomita con el estómago vacío…
No encuentro taxi libre que me lleve al infierno.

[…]

No encuentro taxi libre en el infierno.