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¿Ser o no ser?

Irreconocible, Porfirio Muñoz Ledo en el papel de Hamlet. Lo acompañan Carlos Fuentes y Carlos Monsiváis, trajeados como buenos estudiantes de leyes, que solían ser jóvenes aspirantes a cuadros del sistema, en su caso miembros distinguidísimos de la autodenominada Generación “Medio Siglo” en la Facultad de Derecho de la UNAM.

Es difícil imaginar que ciertas personas fueron jóvenes alguna vez, acaso en una vida pasada, que lo es en estricto sentido cronológico, valga la tautología.

También el ala juvenil del PRI vestía de traje y corbata, lo cual resultaba del todo antijuvenil.

Y pensar que algunos crecimos viendo al PRI desde lejos, pero lejos de veras, como un ente infinitamente distante a nuestras vidas, hasta el fenómeno Cuauhtémoc Cárdenas en 1988, la gestación del PRD y la subordinación de la izquierda política (salvo el trotskismo y escasas reminiscencias del comunismo) al priismo escindido.

Y ahora que rebasamos los cincuenta años de edad entendemos que el PRI no era un partido político, sino la espiral del tiempo en un país ilusorio.

Paradoja de filósofo trasnochado: Si la niñez termina cuando sabes por fin que vas a morir, la vejez nos llega con la conciencia de que mala yerba nunca muere, amargura propia de viejos que nos resistimos a ser y reconocernos. Moriremos antes que nuestro enemigo eterno.

En 1990 fui enviado a Guanajuato por el semanario “6 de Julio” a cubrir un congreso en el que Porfirio Muñoz Ledo se autodestaparía como candidato del PRD a gobernador del estado. Luego del congreso hubo una reunión de petit comité en una bodega de sandía que le ofrecieron a Moñoz Ledo como almacén de propaganda. Allí, Muñoz Ledo exclamó: “¡Este lugar es perfecto para un acopio de armas!” A lo cual respondió alguien: “¡A sus órdenes, senador! ¡Cuando usted diga!” Por lo que él reculó: “Yo me refiero a las armas de la sabiduría, la inteligencia y la sensatez”. En la reunión había un tipo gordo y homosexual que confrontaba a Muñoz Ledo con muchos huevos: “¡Usted será muy senador de la República, pero aquí el partido elige a sus candidatos de manera democrática!” De ahí nos fuimos a una antigua hacienda que Muñoz Ledo hizo pasar por su domicilio en Guanajuato cuando finalmente se registró como candidato. Y nos echamos unos tragos de Johnnie Walker​. Fuimos a comer quesadillas (anécdota censurada) y pasamos la noche en esa antigua hacienda. Al día siguiente buscamos una calle que se llamaba, y quizá se llama todavía, “Porfirio Muñoz Ledo”, nombre que gestionó el PRI cuando el personaje era presidente del Consejo de Seguridad de la ONU o algo así. Al escindirse del PRI con la Corriente Democrática que encabezaba Cuauhtémoc Cárdenas, el mismo PRI quitó la placa con el nombre de la calle, pero una vecina le dio un recibo de teléfono o de electricidad con la dirección: “Calle Porfirio Muñoz Ledo”. Una vez allí, la entonces esposa le preguntó si ya se creía mucho (junto con una broma que también censuro). Yo solté una carcajada y Muñoz Ledo me preguntó muy serio: “¿Te ríes de mí?” A lo cual respondí que sí. Entonces él miró a su esposa y le preguntó: “¿Ves lo que ocasionas?” Lo entrevisté en el camino de regreso al DF y noté que, al pasar por las casetas de cobro, el chofer mostraba la charola del Senado y no le cobraban el peaje. En fin. Platico todo esto porque ya estoy viejo y voy a tomar mi chocolatito caliente antes de dormir. Buenas noches.

 

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Zapatos viejos

 

Foto: Ulises Castellanos

Unos años después,
caminé las cañadas
de la llamada selva Lacandona,
fui tiempo en su calor;
penetré a las montañas,
nube baja en el frío de Los Altos,
viento de agua;
sus ojos de obsidiana me miraron,
reflejaron mi propia rebeldía,
mi propia dignidad;
mi voz habló en la suya de su cosmogonía,
la eterna dualidad
de la noche y el día,
de la vida y la muerte,
de luz y oscuridad;
mientras el verde olivo de la bestia,
más que mimetizarse
con la naturaleza vegetal,
parecía imitar
a la naturaleza de la gran mosca verde.

Cinco lustros después,
la invasión militar
es parte del paisaje;
como la mosca verde,
la bestia prolifera y es coprófaga;
en la guerra biológica,
más bien bacteriológica,
su producción de mierda en abundancia
criminal
es un arma biológica,
más bien bacteriológica,
genocidio de baja intensidad,
complemento del plomo y de la pólvora,
defecación de muerte agusanada
y adelanto del polvo.

Identificación asimilada:
fundida y confundida con las sombras,
a través de la niebla, mi sombra fue una más
entre los caminantes de la noche
que desandan sus pasos por ocultas veredas
en silencios insomnes
para volver a ser, de madrugada,
población de fantasmas;
cinco lustros después,
su mirada nocturna y taciturna
sigue siendo un espejo
de «sueños que no caben en las urnas»,
reflejo de horizontes y utopías posibles,
quimeras suspendidas en la bruma.

La palabra tzotzil
significa murciélago en tzotzil;
el idioma tzeltal
es llamado también
palabra verdadera,
bats´il k´op;
los hombres, las mujeres, las niñas y los niños
que habitan estos mundos
tienden y extienden puentes
al hablar,
responden con su propia construcción
al odio destructivo de la bestia,
cuyo engendro asesino,
con ojos como espejos de la sangre
y espuma en el hocico,
pasea su impudicia,
su impunidad campante,
y exhibe la inmundicia
de su rabia,
se nutre de abyección
y deyección,
«armas que matan bien»
por cortesía de nuestros impuestos
en diálogo artillado:
ráfagas de palabras repelen la metralla
cuando calla.

La suma de masacres
amontona cadáveres al alba
para saciar el hambre
de la tierra;
la suma es una resta,
cúmulo de la pérdida,
que nos mancha de sangre,
nos impregna y desangra la memoria,
desangra y oscurece nuestra historia;
las heridas abiertas son abismos,
atisbos de la muerte de un país,
en los que mora un árido silencio,
abismos en tinieblas,
de los que mana olvido y emerge otro silencio,
que imitan los cobardes.

¡Todos somos Guajardos!

Y la estúpida moda
con paliacate rojo y paranoia
de la yupiza huera,
turba de advenedizos y turistas en pos
de una estúpida foto,
repite «digna rabia» como un eco vacío,
que «para todos todo, nada para nosotros»
los pobres mercenarios;
«Votán Zapata vive en nuestras muertes»
muy cómodamente.

Zapata es bienvenido en todas partes,
como todos los muertos y el folclor;
los indios son bien vistos en retratos,
su presencia decora las paredes
y los muebles de lujo;
la hipocresía que los llama hermanos,
¿tiene limpias las manos?

En tiempos de canallas,
históricas batallas,
ríos de valentía,
dignidad, rebeldía,
levantamiento armado
y ejército de paz,
de construcción humana;
cinco lustros después,
su ejemplo ha sido en vano.

Polhó invadido


Cuentos circenses

Fuentes confiables que solicitaron el anonimato han revelado que, a diferencia de lo que nos vende la historia oficial, el gran jefe de los indios sioux, Toro Sentado, formó parte del circo de Buffalo Bill hasta rebelarse, no por el exterminio de su propio pueblo y los demás nativos de Norteamérica, sino porque otro actor del espectáculo, un hombre blanco de la peor calaña, soldado en retiro con el que debía representar la escena teatral de una batalla verídica, le arrancaba las orejas postizas y nunca se las devolvía.

«Mujer que camina como hombre», así llamada por los indios del circo, había sido pistolera en su juventud y ahora era una tiradora infalible de tamaño monumental, que solía defender del hombre blanco al jefe indio y regalarle un nuevo par de orejas hechas a pedido, pero un día encontró en su casa rodante al abusador y sus cómplices descuartizados a golpes de hacha y sin cuero cabelludo.

Buffalo Bill reprendió a Toro Sentado, lo echó del circo a mitad de una gira por Europa y amenazó con asesinarlo si volvía, pero el legendario cazador y enemigo de los indios fue también objeto de la ira del gran jefe y acabó como sus antiguas víctimas: muerto y desollado.

Con su fundador pasó a la historia el circo de la ignominia yanqui, y Toro Sentado vivió sus últimos días en las tabernas de Inglaterra, borracho, amargado, sin pueblo, sin casa y sin orejas.

***

La mayor atracción del circo rodante de Bronco Billy era el propio Bronco Billy, que lanzaba cuchillos con los ojos vendados al cuerpo giratorio de una mujer, disparaba desde su caballo en movimiento a platos voladores y aconsejaba que los niños comieran avena… hasta que empezó a envejecer y, cada vez con más frecuencia, sus cuchillos se incrustaban en las piernas y los brazos del cuerpo giratorio y, en una ocasión, apuñaló el cuello de la mujer, y también con frecuencia creciente, las balas de sus disparos daban en los postes de la carpa y, en una ocasión, la hizo caer entera sobre el público y, en otra ocasión, disparó a la cabeza de un niño que, desde entonces, compite con el causante de su desgracia como atracción circense: es el niño sin cabeza, y el viejo Bronco Billy, aunque sigue siendo el dueño nominal de la empresa, ya no hace más que mantenerse borracho y cometer despropósitos y descalabros seniles, no da una el pobre diablo ni sirve para nada… ¡puras vergüenzas!

***

Cazada en África y vendida como esclava en Estados Unidos, fue comprada por el dueño de un circo y exhibida como fenómeno, pues era poseedora de unas inmensas nalgas, las más grandes y carnosas del mundo conocido hasta entonces por la “civilización” occidental. Muchos hombres ofrecieron dinero al dueño por usar esas nalgas en la intimidad para saciar el deseo y la curiosidad morbosa, y el dueño, muy complaciente, acumuló una fortuna de tamaño proporcional al de su principal negocio: las nalgas de Saartjie, también llamada «La Venus Hotentote» por su origen en esa tribu del suroeste africano.

Así fue durante años, hasta que unos pescadores hallaron a orillas del río más cercano al circo el cadáver del cirquero venido a proxeneta y muerto de asfixia. La policía, desde luego, averiguó que habían desaparecido al mismo tiempo la negra de nalgas descomunales y la fortuna amasada a costa suya. Tiempo después, se oyó el rumor de que la mujer se ocultaba en la mansión de un nuevo rico en función de prestanombres, donde ella regenteaba un prostíbulo de esclavas liberadas a medias.

***

Una mujer barbuda y con pelo en el pecho, otra con cuerpo de gallina por haber sido infiel a su marido, una niña con cuerpo de araña por desobedecer a sus padres, unos trapecistas sin piernas, unos payasos que hacen de las suyas (quemar vivos a los indigentes mientras duermen) en los parques de noche, unas hermanas siamesas con diferentes gustos, sobre todo sexuales, unos enanos pedófilos, un gigante con gerontofilia y un domador de miniaturas, entre otros fenómenos y atracciones circenses por curiosidad antropológica, se presentan en compañía de animales mutantes no menos fenomenales por la indefinición de sus especies, y hacen las delicias para el público demente de manicomios infantiles en Serbia.

***

Uno de los locos del público reconoció bajo el maquillaje y los disfraces, entre los fenómenos del circo visitante, a sus antiguos compañeros que escaparon del manicomio y volvieron para dar, ahora de entrada por salida, un espectáculo alucinante.

***

Animales esclavos: un elefante maltratado en el circo, torturado con descargas eléctricas y golpeado con un gancho por el actor Christoph Waltz en el rodaje de la película Water for Elephants, anciano de por sí, fue liberado por una asociación defensora de los derechos animales y, desde entonces, aprende a dibujar y pintar junto con otros de su especie; tres leones sin dientes y domados a latigazos fueron liberados por la misma asociación y ahora se dedican a descansar…

Eso “informaba” el reportaje de un periodista que, chayote mediante, más bien desinformaba para ocultar la triste realidad: que los elefantes aprendían a dibujar y pintar estimulados con más toques y choques eléctricos, o pequeños premios en su caso, y que el descanso de los leones era verídico, pero eterno, todo en eras del dinero que mucha gente donaba para el rescate de animales esclavizados por los circos.

***

Una de las máximas atracciones del circo era una contorsionista que hacía pasar los brazos, el torso y la cabeza entre las piernas hasta volver al lugar original ocho veces, de modo que al final parecía más bien un ser de otra especie, un rarísimo espécimen, y comenzó a cobrar el doble, como contorsionista y fenómeno, lo que originó fricciones y conflictos laborales, causantes a su vez de la bancarrota del espectáculo…

FIN


«Ya nunca seremos los mismos»

Segunda parte

Mientras tanto, los velorios tienen lugar en la vía pública por temor a las réplicas o por la destrucción de la casa que habitaba el hoy difunto; las calles heridas por la devastación son escenario de cortejos fúnebres como parte de la cotidianidad emergente; sus expresiones de luto y tristeza –llantos y canciones, por ejemplo– coinciden con otras procesiones funerarias en los dos panteones municipales, ahora más concurridos que nunca y, para colmo, dañados por el terremoto; el más viejo se llama Domingo de Ramos y está en la primera sección, cerca del Hospital General; el otro tiene por nombre Miércoles Santo y está en la octava sección Cheguigo.

Suceden 10.5 réplicas por hora en promedio, de 4, 5 y 6 grados. A 24 horas del terremoto, se cuentan 36 muertos, más de 300 heridos y unas 260 réplicas, que aumentarán a dos mil, siete días después.

Las familias pernoctan en sus patios o en la calle por temor a las réplicas y para proteger sus pertenencias de la posible rapiña, o por su propia condición damnificada; otras acampan en canchas de baloncesto o balompié, otras más lo hacen en los parques y las plazas, y muchas otras en los albergues acondicionados en las escuelas todavía servibles, aprovechando que no hay clases. La Casa de la Cultura, con tradición de ser albergue durante desastres naturales como la inundación de 1993, está colapsada esta vez.

Las redes sociales son el medio masivo para dar a conocer la situación en toda o casi toda la región y las necesidades más apremiantes de los afectados; con ligeras variaciones, urgen medicamentos y material de curación, asistencia médica, alimentos no perecederos y agua potable, croquetas, productos de higiene y limpieza, colchonetas, cobijas o cobertores, lámparas y pilas, cinta adhesiva, cajas de cartón, rescatistas de otras partes del país…

La solidaridad de la sociedad civil no se hace esperar: en diversos puntos del territorio nacional y hasta en otros países del mundo (desde la República bolivariana de Venezuela hasta el Estado sionista, genocida y terrorista de Israel) se organizan brigadas médicas y de rescate, que arriban a Juchitán para cubrir desde allí todo el Istmo oaxaqueño, desplazándose también a otros municipios golpeados: proliferan centros de acopio, se dan a conocer cuentas bancarias para recibir donativos de cualquier parte del mundo…

No obstante, se enfila una crisis alimentaria, pues la comida se reduce a lo que tenían los pobladores en sus casas y lograron rescatar; al acabarse, hay desbasto, pues las tiendas grandes y los restaurantes no abren sus puertas al público; tampoco hay mercado tradicional por el colapso de sus instalaciones.

Entre la desorganización, la improvisación y la mala leche de algunos, parece que los cargamentos de víveres y demás llegan a manos equivocadas. Abundan denuncias en las redes sociales: que la ayuda humanitaria es acaparada por tenderos o termina en bodegas de partidos políticos para repartirla como despensa con sus respectivos membretes al calor de la próxima campaña electoral (el PRD compite con el PRI en esta rapiña y lo supera desde el poder local), que la presidenta municipal Gloria Sánchez López, de extracción perredista, desvía una parte y otra la entrega con criterios clientelares; si eso hace con los víveres, cabe sospechar que también con el dinero. Cámara en mano, un grupo de mujeres sorprende a hombres que descargan dos camiones de acopio humanitario en la casa del secretario municipal Óscar Cruz López.

En las redes sociales abundan también testimonios de angustia y desolación por la súbita pérdida de todo cuanto poseía la gente pobre. Algunas de estas expresiones son desgarradoras, como gritos desesperados que piden auxilio.

–Peña Nieto llegó rapidísimo en helicóptero a Juchitán; así debía de llegar la ayuda, ¿no? Pero no llega –protesta una señora, cuya comparación resume el abismo entre gobernantes y gobernados.

La destrucción telúrica no hizo distinciones entre ricos y pobres, arrasó con sus casas más o menos parejo, pero quienes acaparan lo que llega para todos son los mismos que acaparan capital en detrimento del pueblo, a expensas del trabajo y la precariedad de los demás.

Entre tanto, el levantamiento de los escombros y el cascajo con palas, unas mecánicas, otras manuales, abre paso a las demoliciones, unas con maquinaria pesada, otras con zapapicos y mazos; en casos intermedios, personas, bestias o carros tiran de sogas amarradas a muros o restos de muros inestables, esfuerzos a los cuales sigue la recolección otra vez con palas…

¿En dónde está el gobierno?

El 11 de septiembre, a cuatro días del terremoto, habitantes de la colonia «5 de Abril», ubicada en las inmediaciones del centro de la ciudad, bloquean la carretera Juchitán-Ixtepec para exigir al gobierno del estado y al ayuntamiento municipal que atiendan sus necesidades; casi un centenar de personas informan que peligran sus vidas y las de sus familias ante la falta de alimentos, principalmente. En esa colonia popular, unas 120 familias viven a la intemperie, a expensas de las víboras, desde la medianoche del terremoto.

Agencias municipales de Juchitán como Santa María del Mar, en la zona huave o ikoot’s, continúan incomunicadas, mientras pobladores de Chicapa de Castro y Álvaro Obregón denuncian el mismo “abandono gubernamental”.

A mediados del mes comenzarán las lluvias y la gente que sigue a la intemperie requerirá, entre otras cosas, de lonas en abundancia y plástico grueso, cuerda o mecate, cosas que pueden abastecer a tiempo las voluntades solidarias, pues la prioridad del gobierno local es el palacio municipal, su propio beneficio y su propio bienestar.

***

Además de la solidaridad efectiva, la que se asegura de que los víveres y demás lleguen a quienes lo requieren con más urgencia, un atisbo de regreso paulatino a la normalidad, aunque nunca será como antes, es también un respiro: algunos comerciantes comienzan a traer comida –carne y pescado, huevo y queso, fruta y verdura, totopo y tortilla– de Oaxaca de Juárez, capital del estado, y otros lugares, para venderla frente al palacio de gobierno, en el Parque Municipal Juchitán; este parque albergará quizás a una parte del nuevo mercado popular en la construcción de lo que sería una nueva normalidad, con diferencias formales y sustanciales a la vida anterior, sobre todo por la asimilación de una experiencia inesperada y brutal, para la que no estaba preparado el pueblo ni el gobierno, a pesar de su pasado más o menos reciente, que ha sido intenso.

Por lo que veo, la gente de Juchitán ha cambiado en relación con la que, hace casi treinta años, conocí al calor de una contienda electoral y el regreso de la COCEI al poder municipal, ahora en alianza con el PRD. A partir de la medianoche del 7 de septiembre opera un cambio más rápido, quizás en otra dirección. El tiempo lo dirá.

La reconstrucción de Juchitán, ciudad heredera de los antiguos binnizá, en la medida que recurra de nuevo al trabajo comunitario, puede unir, cohesionar y fortalecer al pueblo. El gobierno local y los partidos políticos pueden dividirlo y debilitarlo, deliberada o inconscientemente. El tiempo tiene la palabra.


«Ya nunca seremos los mismos»

Primera parte

Jueves 7 de septiembre a partir de las 23:49 horas. Un terremoto de 8.2 grados en la escala de Richter, con epicentro en el golfo de Tehuantepec, frente a las costas de Tonalá, Chiapas, sacude al sur y al centro de México durante 87 segundos, casi un minuto y medio. El sacudimiento, que abarca doce entidades federativas en total, contando a la Ciudad de México, se extiende más allá de la frontera con Guatemala hasta El Salvador y Honduras. Las regiones más golpeadas son el Istmo oaxaqueño y la costa de Chiapas, en ese orden y, en menor medida, los estados de Tabasco y Veracruz.

Juchitán, zona cero

Juchitán de Zaragoza, la capital política y cultural del Istmo, sufre los mayores estragos; las primeras imágenes que aparecen ante los ojos del mundo en la televisión y las redes sociales muestran derrumbada la mitad del palacio municipal; en sentido estricto, es la tercera parte del edificio, la segunda parte de la planta alta, que tenía debajo una porción del Mercado «5 de Septiembre» con alrededor de 50 puestos de comida, ahora sepultados. El emblemático edificio fue construido en 1860, así que 157 años de historia se vinieron abajo. El resto del inmueble, que se mantiene de pie, tiene daños estructurales, por lo que se contempla su demolición.

Todo el municipio –cabecera, rancherías y agencias municipales, con alrededor de 150 mil habitantes en total– queda sin luz eléctrica; en la oscuridad de la medianoche, un reportero de la televisión local describe la situación, mientras alguien levanta de las ruinas una bandera de México en perfecto estado y planta el asta sobre la desolación; la imagen del estandarte nacional que ondea con el viento en la penumbra y lo más alto del promontorio de escombros se convierte de pronto en icono por su fuerte simbolismo, y recorre el mundo.

La policía municipal, Protección Civl y los bomberos, entre otras corporaciones y brigadas de auxilio, no se dan abasto. Los vecinos se movilizan para sacar a la gente atrapada bajo los escombros y llevar a los heridos al Hospital General «Dr. Macedonio Benítez Fuentes», que está devastado; más del 90 por ciento de la estructura hospitalaria queda inservible, por lo que son evacuados los pacientes sobre sus camillas para que el personal médico los atienda en la explanada y el patio, a donde siguen llegando lesionados que se cuentan por decenas y quizá centenares durante la madrugada. El espacio es enorme, pero aun así es rebasado por la aglomeración, de modo que algunas personas reciben atención médica en la calle. Esa noche mueren allí quince personas, cuyos cuerpos son retirados de inmediato.

Este nosocomio se llama general, pero es regional en la medida que atiende a la región del Istmo, principalmente a las agencias municipales de Juchitán –Álvaro Obregón, Chicapa de Castro, La Venta, La Ventosa y Santa María del Mar–, además de los municipios cercanos y menos urbanos, como El Espinal y Santa María Xadani, cuando los enfermos pueden trasladarse.

A nueve cuadras del hospital, mueren cuatro personas al desplomarse el Bar Jardín, y fallecen dos huéspedes bajo el techo del hotel Juchitán. El Hotel del Río, en las afueras de la ciudad, se viene abajo y sepulta, entre otros, a la propietaria, que no sobrevive.

En las secciones séptima y novena, históricamente las más marginales del municipio, las casas son muy viejas en la mayoría de los casos, por lo que no resisten la violencia telúrica y se desmoronan; las que siguen de pie lo hacen con fragilidad y un equilibrio precario. Luego del derrumbe y el apagón, cuando los pobladores intentan sobreponerse, ocurre una serie de explosiones por las fugas de gas.

Media hora después del terremoto, sucede una réplica de 6.1 grados, que será la de mayor intensidad. Además de los muertos, heridos y desaparecidos, hay víctimas de pánico.

Al amanecer, las imágenes son impactantes y deprimentes. Del centro a la periferia, casas, establecimientos comerciales y edificios de diversa índole se reducen a escombros. Saltan a la vista, por alucinantes, los pisos altos con inclinaciones de unos 180 grados. Algunas casas parecen intactas desde la calle, pero por adentro se aprecian hoyos en el techo y grietas o cuarteaduras en las paredes, además de cascajo sobre los muebles y en el suelo. Sobre las banquetas hay también escombros y árboles caídos. En las orillas de calles y avenidas yacen automóviles aplastados por pedazos de fachadas y postes. El pavimento de las calles está roto, inclusive abierto. Hacia las afueras, carreteras y puentes con grietas o, de plano, destruidos.

La Escuela Primaria «Centro Escolar Juchitán», fundada en 1938 por el general Lázaro Cárdenas y emblemática de Juchitán por ser la más grande del Istmo, se halla totalmente devastada. En el templo de San Vicente Ferrer, patrón de Juchitán, junto a la Casa de la Cultura, los muros están derruidos o rotos, ha caído entera una de sus torres y, en la otra, se mantiene en vilo una cúpula, como para venirse abajo con alguna de las réplicas. Son algunas de las edificaciones más antiguas desde los cimientos, con reparaciones, arreglos o remodelaciones posteriores de la obra original hasta nuestros días.

El ogro filantrópico

En la mañana del viernes 8 de septiembre, arriban el ejército federal y la Marina, que activan el Plan Nacional de Respuesta MX y rescatan de las ruinas a personas con vida o recuperan sus cadáveres; opera un equipo especial de la Marina, compuesto por 25 socorristas y tres perros rastreadores, uno de ellos hembra de raza labrador, y dos pastores belgas…

En general, todo cuanto depende del gobierno en cualquiera de sus tres niveles sucede con retraso y es insuficiente. Las vidas que salvan las fuerzas armadas en su ostentoso despliegue y su operativo escenográfico (la friolera de tres o cuatro personas en total) no son más que las rescatadas por bomberos y paramédicos sin tanto alarde. Los Topos de Tlatelolco, brigada histórica de rescatistas voluntarios, realiza una discreta pero heroica labor de salvamento, a pesar del trato recibido y el comportamiento gubernamental.

Más de mil 800 soldados son distribuidos en la región y su “labor social” se reduce a remover y levantar escombros. Se habla de repartir despensas y hay imágenes de soldados descargándolas de aviones y camiones militares, pero no existen testimonios (auténticos sin lugar a dudas) en las redes sociales al respecto. Quizás hubo algo de “ayuda humanitaria” en este aspecto, pero nomás para la foto y el video que verá después el mundo por televisión.

El censo gubernamental de inmuebles afectados por el terremoto, para empezar, burocratiza y retrasa literalmente al máximo “los apoyos” monetarios del Fondo de Desastres Naturales (sic), pero un cálculo preliminar contabiliza más de 5 mil casas con afectaciones graves, dato que no es confiable, pues los soldados califican superficialmente los daños, sin entrar a las casas. En realidad, todas las casas, sin excepción, están dañadas en alguna medida, sea con daños totales o parciales. El censo preliminar contabiliza también alrededor de 50 mil damnificados, pero no abarca más allá de la cabecera municipal.

Como siempre, la visita oficial que realizan los titulares del Ejecutivo federal y del estado, así como de las secretarías concernientes y sus comitivas, limita su función a la emisión de promesas y al baño de pueblo, que aprovecha la ocasión para una sesión de fotos. Gracias a la demagogia declarativa, el 7 de septiembre será oficialmente «Día de luto nacional» y, para efectos inmediatos, se declara también «Zona de desastre» a la región. ¡Uf, qué alivio! Después viene la ocurrencia totalitaria de que las fuerzas armadas repartan el acopio de la sociedad civil.

Segunda parte


Hasta siempre, querido Rius

Hubo un momento, a principios de mis años veinte, en que yo había leído suficientes libros de Rius como para creer que eran todos, seguramente más de veinte, quizá más de treinta, algunos más de una vez, hasta que descubrí muchos títulos nuevos para mí en uno de esos clavados que me aventaba durante horas en la librería Siglo XXI de San Ángel, donde nunca había gente y por eso me gustaba. Cuando el autor llegó a los cien títulos y los tuve todos frente a los ojos en Gandhi, El Sótano, El Parnaso o la librería de la Cineteca Nacional, yo no conocía ni siquiera la mitad, y así me quedé. Pasé de los “monitos” a la bibliografía que los inspiró y documentó, una vez radicalizado el lector, no sólo por el marxismo, sino también por el ateísmo y las posturas más anticlericales, así como por el naturismo y el vegetarianismo, entre otras cosas.

En mi decálogo de libros favoritos, desde hace tres décadas o más, hay dos de Rius: El diablo se llama Trotsky y La vida de cuadritos. El primero lo leí unas veinte veces y transcribí su contenido a máquina, con obsesividad compulsiva y casi fanática. Aun así, nunca fui trotskista, sino un simple admirador de Trotsky.

De la bibliografía consultada para la elaboración de los librajos o libracos (así los llamaba su autor), me hice de títulos que serían lectura obligada en mi formación marxista, y entonces detecté abundantes errores, imprecisiones y hasta falsificaciones deliberadas, como la historia del muro de Berlín en algo más que una frase, por lo mucho un párrafo breve, pasajes de la Revolución Cubana que parecen la versión oficial para poner en ridículo al imperialismo yanqui… etcétera. Luego vino el viraje crítico, de Cuba para principiantes y Cuba libre a Lástima de Cuba, del homenaje romántico a las hazañas de los barbudos, al furioso anticastrismo, un viraje que no comparto en términos generales.

De la gran obra de Rius quizá lo peor sea Marx para principiantes, que para los “marxistas” de bolsillo (analfabetas por hueva) fue una especie de manual deformativo, por contener algunos de los errores más burdos que suelen cometer los simplificadores del marxismo, como confundir a Marx con Dios y hacer un revoltijo marca Diablo en la introducción.

Entre los títulos más importantes en mi vida, por ser primero una muy sonada referencia durante años y por la influencia que tuvo después su lectura, está La panza es primero, que algo tiene de icono en uno de los temas recurrentes de Rius. Años después leí en las mismas sentadas los librajos naturistas de Rius y los manuales de Shaya Michán, que prácticamente coinciden en todo, por lo que sus enseñanzas están en el mismo lugar de la memoria como si fueran de la misma persona.

Los títulos de Rius cuyo consumo recuerdo sin lugar a dudas son, en orden cronológico: La joven Alemania, Cristo de carne y hueso, La panza es primero, Lenin para principiantes, La trukulenta historia del capitalismo, ABChé, Mao en su tinta, Historia rapidísima de España, Manual del perfecto ateo, El diablo se llama Trotsky, La vida de cuadritos, El amor en los tiempos del SIDA, La Revolucioncita Mexicana… Que escapan al orden cronológico: Marx para principiantes, Economía para ignorantes (en economía), El hierverito ilustrado, los dedicados a Cuba…

Los que no estoy seguro de haber leído (es probable que lo haya hecho, pero no pasan la prueba del añejo) son: Compa Nicaragua, Hitler para masoquistas, La iglesia y otros cuentos, Toros sí, toreros no, Puré de Papas

Algunos eran prestados cuando los leí; otros los tengo en cajas que no he desempacado. A la mano, tengo La Invención del Cristianismo, que me regaló mi mamá recientemente y no he leído.

Tan memorable como algunos pasajes del autor es el berrinche que hizo el locutor José González Márquez al aire en Radio Educación por el título de La Revolucioncita Mexicana (¡No fue ninguna “revolucioncita”, sino una gran revolución!) y porque Rius, según su espontáneo crítico, era un “todólogo”, como si eso implicara ser especialista en nada. Yo diría que Rius, un auténtico sabio, era especialista en historia del marxismo, en la crítica del cristianismo y de la Iglesia católica, en naturismo y vegetarianismo (tanto como Shaya Michán, que es autoridad en la materia).

Por lo basto y prolífico de la obra de Rius, por la influencia que tuvo en la radicalización del pensamiento joven y la formación autodidacta (en el transporte colectivo al bachillerato y la universidad), sería un error quedarnos en el lamento por su muerte, que debe ser más bien ocasión para revisar dicha influencia y medir su trascendencia. En lo personal, me apena que Rius padeciera de cáncer y no haya vivido más tiempo, así fuera para descansar y ser feliz. Hace un cuarto de siglo (la mitad de mi vida) confesó en una presentación que se dedicaba principalmente a su salud, y lo entendí, pero nunca dejó de trabajar porque la gente creativa y productiva no lo puede evitar, ni lo intenta. Se va el autor, pero su obra se queda. ¡Hasta siempre! Vaya pues.


Creepypasta

El lado humano de la oscuridad

Hace unos días escuché de noche, durante unas diez horas continuas, los videos que abundan en YouTube sobre la Deep Web o Red profunda, limitándome al audio mientras hacía otras cosas, y quedé obsesionado con el tema, tanto que volví en los días siguientes a dichos videos, ahora también para verlos, y descubrí muchos otros. Consciente de la falta de seriedad que hace de la Deep Web un conjunto de mitos en la mayoría de los casos, he buscado además información escrita, y mi obsesión llegó al punto de soñar con algunas de las escalas en esta ruta de navegación, despertar pensando en ellas o, como de costumbre, tener insomnio.

El video Daisy’s Destruction y la asociación delictuosa de sus autores, No Limits Fun (NLF), como paradigma de la maldad y la perversidad que nomás el humano desarrolla y desata, pues ningún otro animal es capaz de semejante aberración, me hacen pensar, de paso, en la cobarde irresponsabilidad de quienes fomentan ignorancia y aseguran, por ejemplo, que el video snuff es una “leyenda urbana”. Wikipedia, en primer lugar.

Abundan referencias a Normal Porn for Normal People (NPNP), el sitio de la Deep Web más conocido en la actualidad, tanto por su representatividad como por su reciedumbre, pero en términos de formato y contenido, este sitio no representa novedad alguna, pues reproduce un esquema de hace dos décadas, cuando un sitio por el estilo sentó precedentes paradigmáticos en este sentido. Luego de NPNP surgieron otros de índole similar que los nuevos internautas, sobre todo youtubers, han convertido en lugares comunes, como Central Park, que es un directorio, o Dark Scandals, Boy Vids, zPlay y Baby Heart, por mencionar sólo algunos que ofrecen pornografía infantil, violaciones, torturas y asesinatos en línea, entre otras cosas, todo a cambio de pagos anticipados, cuyos montos hacen prohibitivo lo que de por sí es ilegal y criminal desde la perspectiva ética.

Cuando comenzó mi experiencia internáutica en 1998, navegué hasta el naufragio por océanos de pornografía y conocí todas las categorías públicamente permitidas, además del bestialismo y otras parafilias ilegales en algunos países, pero quizás entonces no existían límites o fronteras entre la red superficial y la red profunda, de modo que atravesé la delgada línea sin saberlo, al verme de pronto en un sitio llamado The Human Side of Darkness (El lado humano de la oscuridad), con la descripción: Addiction to the Obsessive Search of Dangerous Routes and Shortcuts to Death (Adicción a la búsqueda obsesiva de rutas peligrosas y atajos a la muerte). Como Central Park, contenía un directorio de “todo lo prohibido”, con enlaces a sitios de acceso restringido a pornografía y prostitución infantiles (videos y galerías fotográficas, chats para intercambio de material audiovisual o para concertar “encuentros reales”), tráfico de armas, narcóticos y órganos humanos, video snuff en lo que ahora es conocido como Red Room y un escabroso etcétera. Por increíble que resulte, había un sitio que, según esto, vendía mujeres mutiladas. Otro decía contener material “clasificado” acerca de visitantes extraterrestres… En fin.

Pasarían muchos años, inclusive lustros, para que yo supiera guardar evidencias en capturas de pantalla. Y como jamás pago, además de mi conexión, por tener acceso a nada en internet, lo interesante para mí era el contenido que se ofrecía, de entrada, sin restricciones de ningún tipo, a saber, siete videos muy sórdidos que aumentaban progresivamente de perversión hasta un nivel tóxico y criminal, antes de sendo collage en forma de video clip con algunas escenas también extremas y reales, pero extraídas de películas públicas; esto último lo descubrí en años recientes al conseguir todas las cintas relacionadas en rankings o tops de cine transgresor, controvertido, perturbador y demás por el estilo; en algunas de estas películas vemos asesinatos reales de animales como gatos, zarigüeyas o tlacuaches, tortugas, puercos… Al final daré todas las referencias al respecto.

Arthur Tress | Pesadillas Infantiles

Advertencia: La descripción de los videos no es apta para sensibilidades débiles o delicadas. Como reza el cliché, “se recomienda discreción”.

Video 1: Un par de adolescentes flacos y pálidos con acné, uno de ellos grabando el plano-secuencia con una pequeña cámara de video, llegan a la sala de una casa, en donde una niña de siete años (según mis cálculos), sentada en un sofá, mira televisión. Los jóvenes le dicen en inglés que su mamá está dormida y es la ocasión para vengarse por todo el daño que le ha hecho; le recuerdan prohibiciones, humillaciones, golpes, gritos, amenazas y maltratos de toda índole; la niña los escucha con una expresión creciente de rencor y está por empezar a llorar cuando ellos la consuelan, le dicen que la apoyan, que están de su lado; le proponen matar a la mamá con un gran cuchillo que han sacado de la cocina; el plan es golpearla primero con un bate de beisbol para que ella pueda acuchillarla enseguida. La niña se entusiasma y acepta; los tres suben sigilosos las escaleras, uno de ellos grabando todo, el otro armado con un bate, y ella con el gran cuchillo; abren la puerta de una recámara en silencio y entran de puntillas; el chavo del bate golpea con gran impulso al cuerpo que yace bajo las cobijas; vuelve a golpearlo y le dice a la niña: ¡Ahora tú! ¡Vamos! La niña se arroja sobre el bulto y lo apuñala; se oyen las voces de ellos que ríen y exclaman: “Fuck! Shit!” La niña no deja de propinar cuchilladas, hasta que se cansa y ellos dicen: “A ver cómo quedó”. Quitan las cobijas de encima y ven que debajo había un costal, por cuyas heridas está manando arena. La niña mira a los muchachos que primero fingen sorpresa y luego ríen a carcajadas; ella entonces llora y luego grita; sus llantos y gritos de protesta y frustración aumentan de fuerza; uno de los muchachos le pide el cuchillo y ella lo recuerda, así que trata de apuñalarlos; ellos corren sin dejar de reír, hacer más bromas y burlarse; ella los persigue para vengarse; la escena se agita, se hace confusa y termina.

Video 2: Dos o tres cámaras ocultas dentro de una casa o un departamento graban el momento en que una mujer de unos 24 años, morena y delgada, con gabardina, minifalda y medias oscuras, recibe la visita de una mujer anciana que se presenta para cuidar a un enfermo. Por su acento, ambas podrían ser chicanas o latinas en Estados Unidos. La joven cierra la puerta con llave por dentro; la vieja se tensa y muestra desconfianza, pero intenta disimularla; la joven revela con parsimonia que se trata de una situación anómala, que el enfermo está loco, es un violador sexual y asesino; la anciana dice que no le interesa el trabajo y pide que le abra para irse, pero la muchacha responde: “Lo siento, lo lamento, no puedo dejar que se vaya porque tengo una cita importante y no voy a dejar al enfermo solo, sin que alguien lo cuide; usted ya vivió la vida y ahora me toca a mí”. Están en la sala-comedor. Ella abre una recámara, entra y sale con un hombre muy alto y corpulento, está desnudo, salvo por un pañal como de bebé gigante y una máscara de piel negra; tiene un collar como de perro y ella lo jala del cuello con una cadena. “Oh, My God!” –exclama la vieja con ambas manos en el pecho. “La señora te va cuidar –le dice la joven al hombre–; tócala para que la conozcas”. El hombre la tienta como si estuviera ciego; la anciana parece perder fuerza en las piernas y cae sentada en una silla; su miedo es cada vez más evidente y gime; el hombre toca su pelo y su cara, antes de abrazarla impidiendo que se levante; la muchacha aprovecha para tomar su bolso y abrir la puerta. “Los dejo porque tengo que irme; ya se me hace tarde; regreso en la noche”. Sale y cierra la puerta con llave por fuera. El hombre grita sin dejar de abrazar a la vieja: “¡Mamá, mamá!” Y la vieja: “¡No, no, por favor!” Pero él insiste: “¡Mama, mama!” La imagen del video se oscurece por completo, pero seguimos escuchando sus voces. Algo progresó porque los gritos de la mujer aumentan su fuerza como expresión de angustia. El hombre gime y repite cada vez más fuerte: “¡Mama, mama!” Y ella: “¡No, por favor! ¡Noooooo!” Su grito es desgarrador y hay un corte abrupto.

Video 3: Alguien (al parecer adulto) sigue a dos niños de cerca, o más bien los acompaña, grabándolos en video. El lugar parece un parque descuidado y sucio, con árboles en abundancia alrededor de unas casas de bajo nivel económico, social y cultural. Los niños tienen unos nueve y once años de edad, están flacos, pálidos y mal vestidos; empuñan palos, cargan un bidón y hacen breves comentarios en inglés mientras recorren una ruta de trampas que atrapan gatos durante la noche; una de esas trampas es una red colgante; otra es una jaula; otras son cepos que atrapan una pata del gato… Los niños asesinan a todas sus presas: al gato atrapado por la red lo golpean con palos como si fuera una piñata; a uno que tiene la pata prensada también lo matan a palos; a otro lo rocían de gasolina y lo queman vivo; los aullidos son desgarradores; al último lo llevan arrastrando con una cuerda hasta unos tambos con agua y lo ahogan…

Video 4: Una mujer muy guapa que no pasa de 30 años, acomoda una cámara oculta en su departamento y, mirando hacia ella, dice en español con acento español: “Hola, chicos; estoy sola y aburrida en casa, y como también tengo hambre de comida y de hombre, he pedido por teléfono una pizza y, cuando venga el repartidor, voy a recibirlo así”. En cuclillas, se pone de pie y se aleja dos pasos de la cámara para mostrarse de cuerpo entero: descalza, viste una blusa entallada y oscura, pero transparente, que permite ver nítidamente la forma de las tetas sin sostén y los pezones; su torso es un poco ancho, propio de la edad, y bajo la cintura está enfundada en una pantaleta no menos ajustada; es muy incitante y apetecible; sus piernas son carnosas, hermosas, espectaculares, como sus nalgas, que asoman a la mitad. “¿Ustedes qué opinan? –pregunta de nuevo a la cámara– ¿Creen que le guste? Espero que sí porque me lo quiero follar delante de esta cámara bien escondidita para que ustedes pasen un rato agradable, como yo”. La mujer camina con calma sobre la alfombra de un lado a otro del departamento; vemos que su cuerpo y las prendas que ha elegido son en verdad excitantes. Suena un timbre ruidoso y vibrante; ella pregunta: “¿Quién es?” Y alguien responde: “El repartidor”. Ella abre, y el supuesto repartidor patea la puerta con tal fuerza y tal violencia que golpea la frente o la cara de la mujer; ella da unos pasos hacia atrás, tambaleándose; el hombre irrumpe; viste de negro todo, incluido un pasamontañas; la golpea de nuevo en la cara, ahora con el puño, que al parecer lleva unos nudillos de metal encima de los guantes negros; la mujer cae al piso y él se arroja sobre ella para golpearla más en la cara con el puño derecho y una saña inexplicable; le propina diez puñetazos y se levanta para cerrar la puerta; vuelve a la mujer y le arranca la blusa, luego la pantaleta; se desabrocha el pantalón y empuña su pene erecto para introducirlo en ella; la penetra gimiendo como si más bien sostuviera una pelea; casi grita cuando eyacula, y entonces hace girar el cuerpo de su víctima; la penetra por detrás con los mismos gemidos; se levanta, se abrocha y, antes de marcharse, asoma con precaución por la puerta entreabierta, se quita el pasamontañas y sale; no alcanzamos a ver su rostro; ella se queda en el suelo, inconsciente; alguien adelanta el video en post-producción y, media hora después, según el reloj de la pantalla, suena el timbre, golpean la puerta, la abren y entran varios hombres, paramédicos y gendarmes, revisan a la mujer, atienden las heridas de su cara, la suben a una camilla y se la llevan; la policía revisa el departamento, pero no se percata de la cámara escondida; todos se marchan y la cámara continúa grabando. Es obvio que alguien llega después y se lleva el video…

Video 5: Una sola toma sin cortes, muy extensa, en un cuarto de la morgue; hay cuerpos sobre las mesas o camas de metal, cubiertos con pequeñas sábanas blancas. Se escucha la respiración de quien maniobra o manipula una cámara en movimiento y desliza lentamente una sábana para dejar al descubierto uno de los cadáveres; obviamente desnudo, es el cuerpo de una mujer de mediana edad y complexión regular; la cámara registra todos sus ángulos, rodeando con morbosa lentitud el lecho metálico, antes de hacer acercamientos al pecho y al pubis. “Tits, tits, pussy, pussy”, dice una voz masculina en tono libidinoso detrás de la cámara. “So beautiful!” La cámara vira hacia otra cama, y el camarógrafo desliza lentamente otra sábana, dejando al descubierto el cuerpo de un niño muerto, pálido y macilento, de unos diez años. Como en el caso anterior, el camarógrafo se asegura de que no quede ni la más mínima duda: se trata de un cadáver. Entonces fija la cámara con miras a la mujer, y el camarógrafo se deja ver; lleva un tapabocas, una bata blanca y guantes de látex; se desnuda sin quitarse los guantes ni el tapabocas; es velludo y obeso; acaricia su propio pene erecto y se pone un condón; acaricia las tetas de la mujer y luego el pubis; introduce los dedos bajo el látex. “Oh, yes! Jeah! –exclama– “This is good, very good”. Lame las tetas, separa las piernas de ella y se acuesta encima; tiene un coito. “Mira cómo la profano”, dice al cadáver infantil en inglés. “Mira cómo lo disfruta”. Su gemido estalla; respira con alivio; se levanta; se cambia el condón. “No seas envidioso”, dice al cadáver infantil, siempre en inglés. “Ahora sigues tú”. Se dirige a la cámara y la apaga.

Video 6: Cubierto de pies a cabeza con piel negra, un hombre amarra a una mujer desnuda, menuda, muy joven y muy blanca, de tal modo que ella queda empinada sobre una cama, pero con las rodillas en el piso. “You’ll like it”, le dice. Ella parece muy tensa; su respiración es muy sonora; él la amordaza y ella reacciona, protesta sin alcanzar a decir palabra; el hombre se va y regresa con un rottweiler muy grande y excitado; él empuña su collar con ambas manos, conteniéndolo; induce que la monte y ella se agita, se convulsiona, emite un sonido frustrado a pesar de que, por lo visto, intenta gritar con todas sus fuerzas; el perro la monta, la penetra; ella gime y llora sin dejar de agitarse; su cara enrojece; cuando el perro termina, el hombre lo jala hacia atrás y lo azuza como impulsándolo para una segunda embestida; repite la maniobra unas cinco veces hasta que el perro gruñe y ladra; entonces lo suelta y el perro se abalanza sobre la mujer, la muerde, agita la cabeza con ella en su hocico, la destroza y se relaja, se calma un poco al empezar a comérsela sin dejar de gruñir. Fundido en negro.

El séptimo video no era propiamente narrativo como los anteriores, sino una especie de collage elaborado con todos los recursos técnicos de un trabajo profesional, básicamente post-producción; tenía mucho de video clip y era el más extenso: duraba entre quince y veinte minutos; comenzaba con escenas aparentemente caseras de una niña rubia que jugaba con sus papás o con alguno de ellos mientras el otro la grababa; ella tenía tres o cuatro años de edad, según mis cálculos; sonaba Everything’s alright del musical Jesus Christ Superstar, o una canción muy parecida, sobre todo por el arreglo; cuando cantaba Yvonne Elliman veíamos las escenas candorosas y familiares, pero cuando irrumpía la voz del Judas negro, aparecía una foto, al parecer de la misma niña, pero ahora muerta, con acercamientos y alejamientos rápidos; no podíamos apreciar nada con detenimiento; cuando las voces alternaban en la misma canción, también alternaban escenas fijas de la niña viva y la niña muerta, implicando que se trataba de la misma persona; el cadáver yacía boca arriba con sangre escurrida desde la boca y la nariz; tenía el rostro desfigurado, como si alguien lo hubiera golpeado con un tubo de metal; sus calzones estaban a la altura de los tobillos y había sangre escurrida desde la entrepierna; entonces aparecía un hombre con un antifaz similar al de Batman, pero sin las orejas; tenía el torso desnudo y flaco, y empuñaba un tubo metálico; sonreía con algo entre los dientes, quizás un hueco, un diente negro o algo así, y señalaba a la cámara con el dedo índice de la mano izquierda, mientras empuñaba con la derecha el tubo metálico, apoyándolo sobre su hombro; volvía el cadáver de la niña cada vez más cerca y de nuevo la foto fija de la niña viva y alegre, también cada vez más cerca, en alternancias sádicamente comparativas. De allí a la imagen en movimiento de un hombre que golpeaba con un mazo, una cachiporra o algo así, la panza de una mujer embarazada y acostada boca arriba en el piso; la escena era interrumpida una fracción de segundo antes del impacto para alternar sin transición con el asesinato de una foca bebé, reventando su cabeza, como siempre, y de nuevo el golpe a la panza de la mujer embarazada para sustituir el impacto por el que rompe la cabeza de la foca bebé. De allí al festival de Yulín, en donde abunda el horror: las escenas más nítidas mostraban la muerte de un perro que se convulsionaba colgado mientras lo golpeaban con palos entre dos personas; escenas menos nítidas insinuaban que otros perros eran hervidos en vida. De allí al decapitamiento lentísimo de un toro amarrado que giraba alrededor de una noria mientras un hombre y una mujer ancianos, en los dos extremos del círculo, golpeaban su cuello con machetes; la cabeza terminaba colgando y el toro seguía dando vueltas. De allí a la muerte de un gato blanco que alguien arrojaba a un calabozo con decenas o cientos de ratas negras; en segundos, las ratas atacaban furiosas al gato que corría sin escapatoria hasta terminar acostado con una rata sometida por sus pesuñas delanteras mientras la mordía y decenas de ellas lo mordían a él, que, de pronto, se sobreponía, se levantaba furioso y rugía, mordiendo a varias ratas y tirando zarpazos asesinos, pero caía de nuevo y repetía el sometimiento de una sola rata mientras las demás lo destruían. Bañado en su propia sangre, el gato no dejaba de respirar agitadamente, y yo deseaba que muriera lo más pronto posible para dejar de padecer esa violencia, pero nunca veíamos el final; el abrazo a la única rata que podía someter tenía algo sobrecogedor; sus maullidos de agonía se fundían con llantos de bebés y escenas que insinuaban una violencia no menos brutal contra los seres más inocentes, vulnerables y tiernos, en este caso de la humanidad; aquí me reservo la descripción por razones obvias. Seguían decapitaciones de personas por hombres encapuchados mientras el fondo musical progresaba por encima de los alaridos a rock pesado o Heavy Metal. No recuerdo más.

Observacones

Hay una gran similitud entre los asesinatos de gatos que narra la película Gummo (Estados Unidos, 1997), de Harmony Korine, y los que vemos en el primer video de este sitio, con la única diferencia de que aquí son reales, mientras que en la película son simulados (espero que así sea, pues también parecen reales, pero supongo que hay maneras de convencernos sin “hablar de bulto”). Dicha película no consta en ningún ranking o top de cine perturbador, pero vaya que lo es, tanto por la muerte de los gatos como por la degradación de niños y adolescentes en una zona marginal de Estados Unidos.

La muerte del gato en el collage del video clip fue tomada, me parece, de la cinta Los hombres detrás del sol (Hong Kong, 1988), de Tun Fei Mou, que narra los horrores del “Escuadrón 731”, un campo de concentración y laboratorio de experimentación con humanos y otros animales en el contexto de la guerra química y bacteriológica durante la ocupación de China por Japón, que duró una década y coincidió, en parte, con la Segunda Guerra Mundial. Era lógico que hubiera un criadero masivo de ratas, pero la muerte del gato no tiene más justificación que la crueldad y una metáfora de lo que parecía suceder con el “Batallón Juvenil”. La secuencia puede resultar profundamente hiriente por su realismo, sobre todo para quien ignore que los cadáveres humanos también son reales y que los hechos narrados ocurrieron en realidad. Cabe sospechar que las mentes de los realizadores de la película terminaron corrompidas y enfermas por las atrocidades que narran y denuncian, hasta el punto de asumir esa maldad y esa perversidad. No encuentro ninguna otra explicación de que fueran incluidas estas brutales y viscerales escenas…

Ahora está prohibido, pero entonces era lícito (no ético) asesinar animales en el rodaje de una película, como en Holocausto caníbal (Italia, 1980), de Ruggero Deodato, que muestra la muerte de un tlacuache o zarigüeya, una tortuga, un puerco y una víbora. En una película mexicana (cuyo título no recuerdo, afortunadamente), hay decenas de gatos en cautiverio, uno de ellos escapa y el anti-actor Hugo Stiglitz lo ahoga en la piscina…

Matar a machetazos a un toro amarrado es tradición en algunos países asiáticos y algo así vemos en Apocalipsis ahora (Estados Unidos, 1979), de Francis Ford Coppola, cuando un toro es rebanado todavía de pie durante una ceremonia, pero sin prolongar su agonía como hacen los asesinos en el collage. Un video publicado en Facebook denunciaba esta práctica, pero fue censurado por “contener contenido gráfico” (sic). La barbarie llamada fiesta brava o tauromaquia, en cambio, tiene todavía la categoría de “arte” en el inventario del atraso evolutivo de la especie humana y su imbecilidad sin límites.

Es muy deprimente la crueldad humana. Nunca faltan videos de torturas y asesinatos de animales por personas, y videos de animales que salvan a otros animales, incluidas personas, tanto de la muerte como de la soledad, en aleccionador contraste.

Urge reflexión acerca de la infinita maldad que motiva la destrucción humana por placer y diversión. Irónica paradoja o paradójica ironía: Oculta en la oscuridad, no obstante que algunas de sus expresiones son literalmente demenciales y más que nauseabundas, la violencia gráfica suele causar fascinación cuando es real. La oferta corresponde a la demanda, y el mercado se expande con los mismos límites que la piratería (en los hechos, ninguno). Con la misma lógica de las drogas ilegales, que dejarían de ser negocio si fueran legales, esta violencia deja de interesar cuando sale a la superficie, en donde no es menos abundante. Por debajo y detrás del interés antropológico, máscara intelectual de quien se atreve a bajar de su atalaya, se asoma la curiosidad morbosa. La Deep Web o Red profunda es análoga en la realidad social y cultural de Nueva York, Tokio, París o la Ciudad de México, a su respectiva ruta de la muerte, lo que llamábamos underground a finales del siglo pasado. Basta con salir de nuestro nicho o “zona de confort” para conocer dicho mundo, tanto debajo como alrededor.