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Cuentos circenses

Fuentes confiables que solicitaron el anonimato han revelado que, a diferencia de lo que nos vende la historia oficial, el gran jefe de los indios sioux, Toro Sentado, formó parte del circo de Buffalo Bill hasta rebelarse, no por el exterminio de su propio pueblo y los demás nativos de Norteamérica, sino porque otro actor del espectáculo, un hombre blanco de la peor calaña, soldado en retiro con el que debía representar la escena teatral de una batalla verídica, le arrancaba las orejas postizas y nunca se las devolvía.

«Mujer que camina como hombre», así llamada por los indios del circo, había sido pistolera en su juventud y ahora era una tiradora infalible de tamaño monumental, que solía defender del hombre blanco al jefe indio y regalarle un nuevo par de orejas hechas a pedido, pero un día encontró en su casa rodante al abusador y sus cómplices descuartizados a golpes de hacha y sin cuero cabelludo.

Buffalo Bill reprendió a Toro Sentado, lo echó del circo a mitad de una gira por Europa y amenazó con asesinarlo si volvía, pero el legendario cazador y enemigo de los indios fue también objeto de la ira del gran jefe y acabó como sus antiguas víctimas: muerto y desollado.

Con su fundador pasó a la historia el circo de la ignominia yanqui, y Toro Sentado vivió sus últimos días en las tabernas de Inglaterra, borracho, amargado, sin pueblo, sin casa y sin orejas.

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La mayor atracción del circo rodante de Bronco Billy era el propio Bronco Billy, que lanzaba cuchillos con los ojos vendados al cuerpo giratorio de una mujer, disparaba desde su caballo en movimiento a platos voladores y aconsejaba que los niños comieran avena… hasta que empezó a envejecer y, cada vez con más frecuencia, sus cuchillos se incrustaban en las piernas y los brazos del cuerpo giratorio y, en una ocasión, apuñaló el cuello de la mujer, y también con frecuencia creciente, las balas de sus disparos daban en los postes de la carpa y, en una ocasión, la hizo caer entera sobre el público y, en otra ocasión, disparó a la cabeza de un niño que, desde entonces, compite con el causante de su desgracia como atracción circense: es el niño sin cabeza, y el viejo Bronco Billy, aunque sigue siendo el dueño nominal de la empresa, ya no hace más que mantenerse borracho y cometer despropósitos y descalabros seniles, no da una el pobre diablo ni sirve para nada… ¡puras vergüenzas!

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Cazada en África y vendida como esclava en Estados Unidos, fue comprada por el dueño de un circo y exhibida como fenómeno, pues era poseedora de unas inmensas nalgas, las más grandes y carnosas del mundo conocido hasta entonces por la “civilización” occidental. Muchos hombres ofrecieron dinero al dueño por usar esas nalgas en la intimidad para saciar el deseo y la curiosidad morbosa, y el dueño, muy complaciente, acumuló una fortuna de tamaño proporcional al de su principal negocio: las nalgas de Saartjie, también llamada «La Venus Hotentote» por su origen en esa tribu del suroeste africano.

Así fue durante años, hasta que unos pescadores hallaron a orillas del río más cercano al circo el cadáver del cirquero venido a proxeneta y muerto de asfixia. La policía, desde luego, averiguó que habían desaparecido al mismo tiempo la negra de nalgas descomunales y la fortuna amasada a costa suya. Tiempo después, se oyó el rumor de que la mujer se ocultaba en la mansión de un nuevo rico en función de prestanombres, donde ella regenteaba un prostíbulo de esclavas liberadas a medias.

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Una mujer barbuda y con pelo en el pecho, otra con cuerpo de gallina por haber sido infiel a su marido, una niña con cuerpo de araña por desobedecer a sus padres, unos trapecistas sin piernas, unos payasos que hacen de las suyas (quemar vivos a los indigentes mientras duermen) en los parques de noche, unas hermanas siamesas con diferentes gustos, sobre todo sexuales, unos enanos pedófilos, un gigante con gerontofilia y un domador de miniaturas, entre otros fenómenos y atracciones circenses por curiosidad antropológica, se presentan en compañía de animales mutantes no menos fenomenales por la indefinición de sus especies, y hacen las delicias para el público demente de manicomios infantiles en Serbia.

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Uno de los locos del público reconoció bajo el maquillaje y los disfraces, entre los fenómenos del circo visitante, a sus antiguos compañeros que escaparon del manicomio y volvieron para dar, ahora de entrada por salida, un espectáculo alucinante.

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Animales esclavos: un elefante maltratado en el circo, torturado con descargas eléctricas y golpeado con un gancho por el actor Christoph Waltz en el rodaje de la película Water for Elephants, anciano de por sí, fue liberado por una asociación defensora de los derechos animales y, desde entonces, aprende a dibujar y pintar junto con otros de su especie; tres leones sin dientes y domados a latigazos fueron liberados por la misma asociación y ahora se dedican a descansar…

Eso “informaba” el reportaje de un periodista que, chayote mediante, más bien desinformaba para ocultar la triste realidad: que los elefantes aprendían a dibujar y pintar estimulados con más toques y choques eléctricos, o pequeños premios en su caso, y que el descanso de los leones era verídico, pero eterno, todo en eras del dinero que mucha gente donaba para el rescate de animales esclavizados por los circos.

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Una de las máximas atracciones del circo era una contorsionista que hacía pasar los brazos, el torso y la cabeza entre las piernas hasta volver al lugar original ocho veces, de modo que al final parecía más bien un ser de otra especie, un rarísimo espécimen, y comenzó a cobrar el doble, como contorsionista y fenómeno, lo que originó fricciones y conflictos laborales, causantes a su vez de la bancarrota del espectáculo…

FIN

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Creepypasta

El lado humano de la oscuridad

Hace unos días escuché de noche, durante unas diez horas continuas, los videos que abundan en YouTube sobre la Deep Web o Red profunda, limitándome al audio mientras hacía otras cosas, y quedé obsesionado con el tema, tanto que volví en los días siguientes a dichos videos, ahora también para verlos, y descubrí muchos otros. Consciente de la falta de seriedad que hace de la Deep Web un conjunto de mitos en la mayoría de los casos, he buscado además información escrita, y mi obsesión llegó al punto de soñar con algunas de las escalas en esta ruta de navegación, despertar pensando en ellas o, como de costumbre, tener insomnio.

El video Daisy’s Destruction y la asociación delictuosa de sus autores, No Limits Fun (NLF), como paradigma de la maldad y la perversidad que nomás el humano desarrolla y desata, pues ningún otro animal es capaz de semejante aberración, me hacen pensar, de paso, en la cobarde irresponsabilidad de quienes fomentan ignorancia y aseguran, por ejemplo, que el video snuff es una “leyenda urbana”. Wikipedia, en primer lugar.

Abundan referencias a Normal Porn for Normal People (NPNP), el sitio de la Deep Web más conocido en la actualidad, tanto por su representatividad como por su reciedumbre, pero en términos de formato y contenido, este sitio no representa novedad alguna, pues reproduce un esquema de hace dos décadas, cuando un sitio por el estilo sentó precedentes paradigmáticos en este sentido. Luego de NPNP surgieron otros de índole similar que los nuevos internautas, sobre todo youtubers, han convertido en lugares comunes, como Central Park, que es un directorio, o Dark Scandals, Boy Vids, zPlay y Baby Heart, por mencionar sólo algunos que ofrecen pornografía infantil, violaciones, torturas y asesinatos en línea, entre otras cosas, todo a cambio de pagos anticipados, cuyos montos hacen prohibitivo lo que de por sí es ilegal y criminal desde la perspectiva ética.

Cuando comenzó mi experiencia internáutica en 1998, navegué hasta el naufragio por océanos de pornografía y conocí todas las categorías públicamente permitidas, además del bestialismo y otras parafilias ilegales en algunos países, pero quizás entonces no existían límites o fronteras entre la red superficial y la red profunda, de modo que atravesé la delgada línea sin saberlo, al verme de pronto en un sitio llamado The Human Side of Darkness (El lado humano de la oscuridad), con la descripción: Addiction to the Obsessive Search of Dangerous Routes and Shortcuts to Death (Adicción a la búsqueda obsesiva de rutas peligrosas y atajos a la muerte). Como Central Park, contenía un directorio de “todo lo prohibido”, con enlaces a sitios de acceso restringido a pornografía y prostitución infantiles (videos y galerías fotográficas, chats para intercambio de material audiovisual o para concertar “encuentros reales”), tráfico de armas, narcóticos y órganos humanos, video snuff en lo que ahora es conocido como Red Room y un escabroso etcétera. Por increíble que resulte, había un sitio que, según esto, vendía mujeres mutiladas. Otro decía contener material “clasificado” acerca de visitantes extraterrestres… En fin.

Pasarían muchos años, inclusive lustros, para que yo supiera guardar evidencias en capturas de pantalla. Y como jamás pago, además de mi conexión, por tener acceso a nada en internet, lo interesante para mí era el contenido que se ofrecía, de entrada, sin restricciones de ningún tipo, a saber, siete videos muy sórdidos que aumentaban progresivamente de perversión hasta un nivel tóxico y criminal, antes de sendo collage en forma de video clip con algunas escenas también extremas y reales, pero extraídas de películas públicas; esto último lo descubrí en años recientes al conseguir todas las cintas relacionadas en rankings o tops de cine transgresor, controvertido, perturbador y demás por el estilo; en algunas de estas películas vemos asesinatos reales de animales como gatos, zarigüeyas o tlacuaches, tortugas, puercos… Al final daré todas las referencias al respecto.

Arthur Tress | Pesadillas Infantiles

Advertencia: La descripción de los videos no es apta para sensibilidades débiles o delicadas. Como reza el cliché, “se recomienda discreción”.

Video 1: Un par de adolescentes flacos y pálidos con acné, uno de ellos grabando el plano-secuencia con una pequeña cámara de video, llegan a la sala de una casa, en donde una niña de siete años (según mis cálculos), sentada en un sofá, mira televisión. Los jóvenes le dicen en inglés que su mamá está dormida y es la ocasión para vengarse por todo el daño que le ha hecho; le recuerdan prohibiciones, humillaciones, golpes, gritos, amenazas y maltratos de toda índole; la niña los escucha con una expresión creciente de rencor y está por empezar a llorar cuando ellos la consuelan, le dicen que la apoyan, que están de su lado; le proponen matar a la mamá con un gran cuchillo que han sacado de la cocina; el plan es golpearla primero con un bate de beisbol para que ella pueda acuchillarla enseguida. La niña se entusiasma y acepta; los tres suben sigilosos las escaleras, uno de ellos grabando todo, el otro armado con un bate, y ella con el gran cuchillo; abren la puerta de una recámara en silencio y entran de puntillas; el chavo del bate golpea con gran impulso al cuerpo que yace bajo las cobijas; vuelve a golpearlo y le dice a la niña: ¡Ahora tú! ¡Vamos! La niña se arroja sobre el bulto y lo apuñala; se oyen las voces de ellos que ríen y exclaman: “Fuck! Shit!” La niña no deja de propinar cuchilladas, hasta que se cansa y ellos dicen: “A ver cómo quedó”. Quitan las cobijas de encima y ven que debajo había un costal, por cuyas heridas está manando arena. La niña mira a los muchachos que primero fingen sorpresa y luego ríen a carcajadas; ella entonces llora y luego grita; sus llantos y gritos de protesta y frustración aumentan de fuerza; uno de los muchachos le pide el cuchillo y ella lo recuerda, así que trata de apuñalarlos; ellos corren sin dejar de reír, hacer más bromas y burlarse; ella los persigue para vengarse; la escena se agita, se hace confusa y termina.

Video 2: Dos o tres cámaras ocultas dentro de una casa o un departamento graban el momento en que una mujer de unos 24 años, morena y delgada, con gabardina, minifalda y medias oscuras, recibe la visita de una mujer anciana que se presenta para cuidar a un enfermo. Por su acento, ambas podrían ser chicanas o latinas en Estados Unidos. La joven cierra la puerta con llave por dentro; la vieja se tensa y muestra desconfianza, pero intenta disimularla; la joven revela con parsimonia que se trata de una situación anómala, que el enfermo está loco, es un violador sexual y asesino; la anciana dice que no le interesa el trabajo y pide que le abra para irse, pero la muchacha responde: “Lo siento, lo lamento, no puedo dejar que se vaya porque tengo una cita importante y no voy a dejar al enfermo solo, sin que alguien lo cuide; usted ya vivió la vida y ahora me toca a mí”. Están en la sala-comedor. Ella abre una recámara, entra y sale con un hombre muy alto y corpulento, está desnudo, salvo por un pañal como de bebé gigante y una máscara de piel negra; tiene un collar como de perro y ella lo jala del cuello con una cadena. “Oh, My God!” –exclama la vieja con ambas manos en el pecho. “La señora te va cuidar –le dice la joven al hombre–; tócala para que la conozcas”. El hombre la tienta como si estuviera ciego; la anciana parece perder fuerza en las piernas y cae sentada en una silla; su miedo es cada vez más evidente y gime; el hombre toca su pelo y su cara, antes de abrazarla impidiendo que se levante; la muchacha aprovecha para tomar su bolso y abrir la puerta. “Los dejo porque tengo que irme; ya se me hace tarde; regreso en la noche”. Sale y cierra la puerta con llave por fuera. El hombre grita sin dejar de abrazar a la vieja: “¡Mamá, mamá!” Y la vieja: “¡No, no, por favor!” Pero él insiste: “¡Mama, mama!” La imagen del video se oscurece por completo, pero seguimos escuchando sus voces. Algo progresó porque los gritos de la mujer aumentan su fuerza como expresión de angustia. El hombre gime y repite cada vez más fuerte: “¡Mama, mama!” Y ella: “¡No, por favor! ¡Noooooo!” Su grito es desgarrador y hay un corte abrupto.

Video 3: Alguien (al parecer adulto) sigue a dos niños de cerca, o más bien los acompaña, grabándolos en video. El lugar parece un parque descuidado y sucio, con árboles en abundancia alrededor de unas casas de bajo nivel económico, social y cultural. Los niños tienen unos nueve y once años de edad, están flacos, pálidos y mal vestidos; empuñan palos, cargan un bidón y hacen breves comentarios en inglés mientras recorren una ruta de trampas que atrapan gatos durante la noche; una de esas trampas es una red colgante; otra es una jaula; otras son cepos que atrapan una pata del gato… Los niños asesinan a todas sus presas: al gato atrapado por la red lo golpean con palos como si fuera una piñata; a uno que tiene la pata prensada también lo matan a palos; a otro lo rocían de gasolina y lo queman vivo; los aullidos son desgarradores; al último lo llevan arrastrando con una cuerda hasta unos tambos con agua y lo ahogan…

Video 4: Una mujer muy guapa que no pasa de 30 años, acomoda una cámara oculta en su departamento y, mirando hacia ella, dice en español con acento español: “Hola, chicos; estoy sola y aburrida en casa, y como también tengo hambre de comida y de hombre, he pedido por teléfono una pizza y, cuando venga el repartidor, voy a recibirlo así”. En cuclillas, se pone de pie y se aleja dos pasos de la cámara para mostrarse de cuerpo entero: descalza, viste una blusa entallada y oscura, pero transparente, que permite ver nítidamente la forma de las tetas sin sostén y los pezones; su torso es un poco ancho, propio de la edad, y bajo la cintura está enfundada en una pantaleta no menos ajustada; es muy incitante y apetecible; sus piernas son carnosas, hermosas, espectaculares, como sus nalgas, que asoman a la mitad. “¿Ustedes qué opinan? –pregunta de nuevo a la cámara– ¿Creen que le guste? Espero que sí porque me lo quiero follar delante de esta cámara bien escondidita para que ustedes pasen un rato agradable, como yo”. La mujer camina con calma sobre la alfombra de un lado a otro del departamento; vemos que su cuerpo y las prendas que ha elegido son en verdad excitantes. Suena un timbre ruidoso y vibrante; ella pregunta: “¿Quién es?” Y alguien responde: “El repartidor”. Ella abre, y el supuesto repartidor patea la puerta con tal fuerza y tal violencia que golpea la frente o la cara de la mujer; ella da unos pasos hacia atrás, tambaleándose; el hombre irrumpe; viste de negro todo, incluido un pasamontañas; la golpea de nuevo en la cara, ahora con el puño, que al parecer lleva unos nudillos de metal encima de los guantes negros; la mujer cae al piso y él se arroja sobre ella para golpearla más en la cara con el puño derecho y una saña inexplicable; le propina diez puñetazos y se levanta para cerrar la puerta; vuelve a la mujer y le arranca la blusa, luego la pantaleta; se desabrocha el pantalón y empuña su pene erecto para introducirlo en ella; la penetra gimiendo como si más bien sostuviera una pelea; casi grita cuando eyacula, y entonces hace girar el cuerpo de su víctima; la penetra por detrás con los mismos gemidos; se levanta, se abrocha y, antes de marcharse, asoma con precaución por la puerta entreabierta, se quita el pasamontañas y sale; no alcanzamos a ver su rostro; ella se queda en el suelo, inconsciente; alguien adelanta el video en post-producción y, media hora después, según el reloj de la pantalla, suena el timbre, golpean la puerta, la abren y entran varios hombres, paramédicos y gendarmes, revisan a la mujer, atienden las heridas de su cara, la suben a una camilla y se la llevan; la policía revisa el departamento, pero no se percata de la cámara escondida; todos se marchan y la cámara continúa grabando. Es obvio que alguien llega después y se lleva el video…

Video 5: Una sola toma sin cortes, muy extensa, en un cuarto de la morgue; hay cuerpos sobre las mesas o camas de metal, cubiertos con pequeñas sábanas blancas. Se escucha la respiración de quien maniobra o manipula una cámara en movimiento y desliza lentamente una sábana para dejar al descubierto uno de los cadáveres; obviamente desnudo, es el cuerpo de una mujer de mediana edad y complexión regular; la cámara registra todos sus ángulos, rodeando con morbosa lentitud el lecho metálico, antes de hacer acercamientos al pecho y al pubis. “Tits, tits, pussy, pussy”, dice una voz masculina en tono libidinoso detrás de la cámara. “So beautiful!” La cámara vira hacia otra cama, y el camarógrafo desliza lentamente otra sábana, dejando al descubierto el cuerpo de un niño muerto, pálido y macilento, de unos diez años. Como en el caso anterior, el camarógrafo se asegura de que no quede ni la más mínima duda: se trata de un cadáver. Entonces fija la cámara con miras a la mujer, y el camarógrafo se deja ver; lleva un tapabocas, una bata blanca y guantes de látex; se desnuda sin quitarse los guantes ni el tapabocas; es velludo y obeso; acaricia su propio pene erecto y se pone un condón; acaricia las tetas de la mujer y luego el pubis; introduce los dedos bajo el látex. “Oh, yes! Jeah! –exclama– “This is good, very good”. Lame las tetas, separa las piernas de ella y se acuesta encima; tiene un coito. “Mira cómo la profano”, dice al cadáver infantil en inglés. “Mira cómo lo disfruta”. Su gemido estalla; respira con alivio; se levanta; se cambia el condón. “No seas envidioso”, dice al cadáver infantil, siempre en inglés. “Ahora sigues tú”. Se dirige a la cámara y la apaga.

Video 6: Cubierto de pies a cabeza con piel negra, un hombre amarra a una mujer desnuda, menuda, muy joven y muy blanca, de tal modo que ella queda empinada sobre una cama, pero con las rodillas en el piso. “You’ll like it”, le dice. Ella parece muy tensa; su respiración es muy sonora; él la amordaza y ella reacciona, protesta sin alcanzar a decir palabra; el hombre se va y regresa con un rottweiler muy grande y excitado; él empuña su collar con ambas manos, conteniéndolo; induce que la monte y ella se agita, se convulsiona, emite un sonido frustrado a pesar de que, por lo visto, intenta gritar con todas sus fuerzas; el perro la monta, la penetra; ella gime y llora sin dejar de agitarse; su cara enrojece; cuando el perro termina, el hombre lo jala hacia atrás y lo azuza como impulsándolo para una segunda embestida; repite la maniobra unas cinco veces hasta que el perro gruñe y ladra; entonces lo suelta y el perro se abalanza sobre la mujer, la muerde, agita la cabeza con ella en su hocico, la destroza y se relaja, se calma un poco al empezar a comérsela sin dejar de gruñir. Fundido en negro.

El séptimo video no era propiamente narrativo como los anteriores, sino una especie de collage elaborado con todos los recursos técnicos de un trabajo profesional, básicamente post-producción; tenía mucho de video clip y era el más extenso: duraba entre quince y veinte minutos; comenzaba con escenas aparentemente caseras de una niña rubia que jugaba con sus papás o con alguno de ellos mientras el otro la grababa; ella tenía tres o cuatro años de edad, según mis cálculos; sonaba Everything’s alright del musical Jesus Christ Superstar, o una canción muy parecida, sobre todo por el arreglo; cuando cantaba Yvonne Elliman veíamos las escenas candorosas y familiares, pero cuando irrumpía la voz del Judas negro, aparecía una foto, al parecer de la misma niña, pero ahora muerta, con acercamientos y alejamientos rápidos; no podíamos apreciar nada con detenimiento; cuando las voces alternaban en la misma canción, también alternaban escenas fijas de la niña viva y la niña muerta, implicando que se trataba de la misma persona; el cadáver yacía boca arriba con sangre escurrida desde la boca y la nariz; tenía el rostro desfigurado, como si alguien lo hubiera golpeado con un tubo de metal; sus calzones estaban a la altura de los tobillos y había sangre escurrida desde la entrepierna; entonces aparecía un hombre con un antifaz similar al de Batman, pero sin las orejas; tenía el torso desnudo y flaco, y empuñaba un tubo metálico; sonreía con algo entre los dientes, quizás un hueco, un diente negro o algo así, y señalaba a la cámara con el dedo índice de la mano izquierda, mientras empuñaba con la derecha el tubo metálico, apoyándolo sobre su hombro; volvía el cadáver de la niña cada vez más cerca y de nuevo la foto fija de la niña viva y alegre, también cada vez más cerca, en alternancias sádicamente comparativas. De allí a la imagen en movimiento de un hombre que golpeaba con un mazo, una cachiporra o algo así, la panza de una mujer embarazada y acostada boca arriba en el piso; la escena era interrumpida una fracción de segundo antes del impacto para alternar sin transición con el asesinato de una foca bebé, reventando su cabeza, como siempre, y de nuevo el golpe a la panza de la mujer embarazada para sustituir el impacto por el que rompe la cabeza de la foca bebé. De allí al festival de Yulín, en donde abunda el horror: las escenas más nítidas mostraban la muerte de un perro que se convulsionaba colgado mientras lo golpeaban con palos entre dos personas; escenas menos nítidas insinuaban que otros perros eran hervidos en vida. De allí al decapitamiento lentísimo de un toro amarrado que giraba alrededor de una noria mientras un hombre y una mujer ancianos, en los dos extremos del círculo, golpeaban su cuello con machetes; la cabeza terminaba colgando y el toro seguía dando vueltas. De allí a la muerte de un gato blanco que alguien arrojaba a un calabozo con decenas o cientos de ratas negras; en segundos, las ratas atacaban furiosas al gato que corría sin escapatoria hasta terminar acostado con una rata sometida por sus pesuñas delanteras mientras la mordía y decenas de ellas lo mordían a él, que, de pronto, se sobreponía, se levantaba furioso y rugía, mordiendo a varias ratas y tirando zarpazos asesinos, pero caía de nuevo y repetía el sometimiento de una sola rata mientras las demás lo destruían. Bañado en su propia sangre, el gato no dejaba de respirar agitadamente, y yo deseaba que muriera lo más pronto posible para dejar de padecer esa violencia, pero nunca veíamos el final; el abrazo a la única rata que podía someter tenía algo sobrecogedor; sus maullidos de agonía se fundían con llantos de bebés y escenas que insinuaban una violencia no menos brutal contra los seres más inocentes, vulnerables y tiernos, en este caso de la humanidad; aquí me reservo la descripción por razones obvias. Seguían decapitaciones de personas por hombres encapuchados mientras el fondo musical progresaba por encima de los alaridos a rock pesado o Heavy Metal. No recuerdo más.

Observacones

Hay una gran similitud entre los asesinatos de gatos que narra la película Gummo (Estados Unidos, 1997), de Harmony Korine, y los que vemos en el primer video de este sitio, con la única diferencia de que aquí son reales, mientras que en la película son simulados (espero que así sea, pues también parecen reales, pero supongo que hay maneras de convencernos sin “hablar de bulto”). Dicha película no consta en ningún ranking o top de cine perturbador, pero vaya que lo es, tanto por la muerte de los gatos como por la degradación de niños y adolescentes en una zona marginal de Estados Unidos.

La muerte del gato en el collage del video clip fue tomada, me parece, de la cinta Los hombres detrás del sol (Hong Kong, 1988), de Tun Fei Mou, que narra los horrores del “Escuadrón 731”, un campo de concentración y laboratorio de experimentación con humanos y otros animales en el contexto de la guerra química y bacteriológica durante la ocupación de China por Japón, que duró una década y coincidió, en parte, con la Segunda Guerra Mundial. Era lógico que hubiera un criadero masivo de ratas, pero la muerte del gato no tiene más justificación que la crueldad y una metáfora de lo que parecía suceder con el “Batallón Juvenil”. La secuencia puede resultar profundamente hiriente por su realismo, sobre todo para quien ignore que los cadáveres humanos también son reales y que los hechos narrados ocurrieron en realidad. Cabe sospechar que las mentes de los realizadores de la película terminaron corrompidas y enfermas por las atrocidades que narran y denuncian, hasta el punto de asumir esa maldad y esa perversidad. No encuentro ninguna otra explicación de que fueran incluidas estas brutales y viscerales escenas…

Ahora está prohibido, pero entonces era lícito (no ético) asesinar animales en el rodaje de una película, como en Holocausto caníbal (Italia, 1980), de Ruggero Deodato, que muestra la muerte de un tlacuache o zarigüeya, una tortuga, un puerco y una víbora. En una película mexicana (cuyo título no recuerdo, afortunadamente), hay decenas de gatos en cautiverio, uno de ellos escapa y el anti-actor Hugo Stiglitz lo ahoga en la piscina…

Matar a machetazos a un toro amarrado es tradición en algunos países asiáticos y algo así vemos en Apocalipsis ahora (Estados Unidos, 1979), de Francis Ford Coppola, cuando un toro es rebanado todavía de pie durante una ceremonia, pero sin prolongar su agonía como hacen los asesinos en el collage. Un video publicado en Facebook denunciaba esta práctica, pero fue censurado por “contener contenido gráfico” (sic). La barbarie llamada fiesta brava o tauromaquia, en cambio, tiene todavía la categoría de “arte” en el inventario del atraso evolutivo de la especie humana y su imbecilidad sin límites.

Es muy deprimente la crueldad humana. Nunca faltan videos de torturas y asesinatos de animales por personas, y videos de animales que salvan a otros animales, incluidas personas, tanto de la muerte como de la soledad, en aleccionador contraste.

Urge reflexión acerca de la infinita maldad que motiva la destrucción humana por placer y diversión. Irónica paradoja o paradójica ironía: Oculta en la oscuridad, no obstante que algunas de sus expresiones son literalmente demenciales y más que nauseabundas, la violencia gráfica suele causar fascinación cuando es real. La oferta corresponde a la demanda, y el mercado se expande con los mismos límites que la piratería (en los hechos, ninguno). Con la misma lógica de las drogas ilegales, que dejarían de ser negocio si fueran legales, esta violencia deja de interesar cuando sale a la superficie, en donde no es menos abundante. Por debajo y detrás del interés antropológico, máscara intelectual de quien se atreve a bajar de su atalaya, se asoma la curiosidad morbosa. La Deep Web o Red profunda es análoga en la realidad social y cultural de Nueva York, Tokio, París o la Ciudad de México, a su respectiva ruta de la muerte, lo que llamábamos underground a finales del siglo pasado. Basta con salir de nuestro nicho o “zona de confort” para conocer dicho mundo, tanto debajo como alrededor.


Breviario de vampiros

Fantasma en el espejo

El espejo sombrío

El vampiro sin sombra ni reflejo en ningún lado vio pasar un alma humana como imagen cautiva dentro del espejo, y vio pasar también el tiempo a través de la inmortalidad hacia su morada final en el olvido, tiempo aliado, mientras tanto, en la consolidación de su amistad con el fantasma, quien lo acompañó en silencio durante siglos, dibujándolo en varias y variadas ocasiones para que supiera cómo era él mismo… El vampiro conserva los dibujos a lápiz en papel cada vez más percudido y frágil, con los tonos ambarinos del autor, y el espejo, otrora ventanilla de una relación no menos sombría, cuyo reflejo es cada vez más opaco, pero la vieja casa fue demolida por el viento y, desde entonces, parece que su difuso habitante hubiera diseminado sus fragmentos con el destino disperso de los escombros o se hubiera hecho uno con el polvo, porque los fantasmas desaparecen fuera de su hábitat. Y el vampiro, en su eterna soledad, sin sol ni edad, lamenta no haber tenido aptitudes artísticas o la imaginación necesaria para corresponder el gesto.

Modernidad vampírica

No será fácil conservar el romanticismo literario y cinematográfico en el futuro, una vez que la ciencia pueda producir sangre con vida humana en laboratorios, así como cremas y lentes oscuros que protejan del sol a los vampiros, criaturas nocturnas por naturaleza y antonomasia, y cuenten además con dentistas especializados en colmillos succionantes, y sicoanalistas que sepan tratar los padecimientos propios de la inmortalidad.

Ava, hermana de Eve

Si algo hacía difícil de creer su edad era la inmadurez que arrastraba como lastre desde que, siglos atrás, un vampiro inmortalizó el paso de su existencia por la pubertad con una transfusión sanguínea.

Monterroso y Poe

Cuando despertó, alguien había cerrado por fuera el ataúd.

Only Lovers Left Alive

 


Eros ideológico

Doris Finsecker

Maureen Teefy

Yo estaba sentado en un sillón de piel a media luz y abrazaba el respaldo a mi derecha, cuando llegó por detrás Doris Finsecker con su característica inocencia, se detuvo al ver mi mano y la tocó delicadamente. “¿Está viva?” -preguntó. A punto de responder algo obvio, sentí que sus dos manos abrigaban la mía y se acariciaba con ella la cara. “¡Está viva!” -exclamó al sentir el intercambio de calor. “Es mía”, le dije, pero la tímida y pálida estudiante de artes escénicas siguió acariciando su rostro con los ojos cerrados. Ese comportamiento haría imaginar más bien a Nell (Jodie Foster), pero era Doris, sin duda, el más cautivante de los personajes creados por el guionista Christopher Gore y el director Alan Parker en 1980. Al final, fue Maureen Teefy quien dio vida y esencia con su personalidad a la memorable adolescente de ingenuidad entrañable, núbil de lánguida belleza, en la película Fama… Teefy tenía 26 años de edad cuando encarnó ese papel, pero logró transmitir la vulnerabilidad propia de una muchacha sin contacto con el mundo, lo que propiciaba imaginarla virgen tanto en el aspecto sexual y genital como en todos los demás.

Doris es “mariliendre”, pero yo soy hetero, así que la continuación del sueño es erótica-pornográfica. No recuerdo la transición o el trámite de continuidad ante su cuerpo desnudo y de espaldas, ambos de pie, y ella más pequeña y más joven que en los minutos previos; su piel tenía un tono azul claro, quizá por la iluminación de neón, y la más excitante suavidad. Ahora mi mano izquierda era la protagonista de la exploración erógena; las yemas de los dedos confirmaban la virginidad intuida y su respuesta: una palpitante respiración de la humedad en aumento… La otra mano introdujo un dedo en el pezón derecho y, como si mi otro yo dijera “eso no se hace, majadero”, lo saqué sorprendido al sentir que, detrás de mi dedo, salía también el pezón. ¡Plup! Ella no hacía más que atender con pasiva sensitividad la guía intuitiva de mi actividad. Sus manos encima de las mías como caricias sobrepuestas, los ojos cerrados, la respiración anhelante, los desiguales gemidos con uno que otro sobresalto, y yo reprimiendo nada más el impulso de morder su cuello.

Una pareja de estudiantes pasó juntó a nosotros y se detuvo. “¿Te excita verlos?” -preguntó él a su novia. “No sé”, respondió ella, viéndonos con expectación y curiosidad morbosa.

Suzi Quatro

Suzi Quatro

Algo causó una ruptura, quizás un ruido en la calle, un tlacuache detrás de mi pared o Naomi diciéndome que necesitaba salir al patio. Lo seguro es que un abrazo a mis espaldas me alteró, acaso por el miedo inconsciente al mito andrógino. “A mí no me gusta que me abracen por detrás”, dijo una voz de mujer tres años mayor que Doris, pero físicamente más pequeña. Con la mano derecha, que no estaba mojada, toqué su cadera y sentí que vestía un pantalón de piel, y la inercia intuitiva me dijo que el pantalón era negro y enfundaba unas botas de tacón muy alto, que la mujer medía un metro y medio, y era Suzi Quatro.

-¿Nunca te has puesto falda? -le pregunté.

-Cuando me presentaba con mis hermanas -respondió-, lo hacíamos en minifalda, y yo tenía las mejores piernas. Busca una foto de la banda y verás que además tenía el cabello negro para contrastar con las melenas rubias.

-Yo tenía quince años y te amé -le dije.

-¿En 1980? Ya había pasado mi época de gloria… También tenías quince años cuando viste a Doris por primera vez.

Giré hacia la púber desnuda y azulada, cuyas zonas dormidas habían despertado en mis manos como hielo al calor del fuego, pero ya no estaba conmigo. Ni rastro de ella más allá de la humedad que menguaba en mis dedos y el olor disipado en la memoria.

-¿Ves lo que ocasionas? ¡Se ha ido!

-Esa no era Doris, viruela pervertido. ¡También tenía quince años! ¿Te importaría saber que ahora estamos sesentonas?

-¡Claro que me importa! Por eso las sueño veinteañeras.

-Y por eso estás solo, porque son mujeres idealizadas las que te interesan, no concibes deterioro ni lo toleras. Deberías tolerar nuestra imperfección en justa correspondencia. Tú eres más imperfecto que nosotras y, así como no hay luces sin sombras, tampoco hay virtudes sin defectos.

Confieso que te amé

Confieso que te amé

-Yo tolero el hecho de que tú y tus hermanas animaran a las tropas del país que te ignoró para que invadieran otro país y lo destruyeran. ¡Bravo por imprimir al glam rock un sello imperialista! De no ser por eso, estarías en el mismo salón que Rosa Luxemburgo, Isadora Duncan y Jane Fonda, entre otras mujeres revolucionarias. No lo estás, pero admiro tu fuerza, tu carisma, tan menudo tu cuerpo y tan poderosa y explosiva tu presencia, eres como una bala…

-Las balas matan y yo doy vida, contagio energía y vitalidad…

-A los soldados que acribillan civiles en las pobres aldeas de un pueblo heroico.

-También a ti que no eres soldado y al público en general, que superó por miles a nuestro ejército, les alegré un poco la vida. Además, nuestra intervención en Vietnam fue hace mucho, inclusive antes de la década que admiras.

-Fue antes, pero yo lo supe después.

-Jane Fonda se arrepintió de su visita a Hanoi y hoy reniega de su amistad con el Viet Cong. Si yo me arrepintiera de haber animado musicalmente una invasión genocida, tampoco me darías el lugar que le das a ella.

-Sí te lo daría, porque, mientras cantautores como Serrat traicionan su propia tradición, dando conciertos en Israel que alientan su barbarie terrorista en Palestina, Jane Fonda visita Tel Aviv en apoyo a las Mujeres de Negro y se apersona en manifestaciones de protesta pública frente a la casa del presidente en turno.

-Bien por ella, pero tú eras más sabio y más sano a los quince años, cuando amabas a una mujer por sus cosas buenas, en vez de odiarla por sus cosas malas, como ahora.

-No te odio, pero tampoco te amo. Te amaría si no me hubieras decepcionado.

-Ni hablar. Te dejo entonces… If You Can’t Give Me Love.


 


Secretos íntimos

Chloë Sevigny

Chloë Sevigny

–A veces creo –dice Chloë acostada en el diván del sicoanalista– que Brandon sabe de mis preferencias y apetitos sexuales, de mis fantasías y mis sueños. Me preocupa que yo externe dormida lo que pasa en ese aspecto por mi mente y me escuche. A veces creo que ya sucedió.

–¿Por qué lo crees? –se oye la voz del sicoanalista.

–Porque sus historietas narran algunas cosas que me suceden sin que se las cuente. Parecen guiños. Uno de sus personajes femeninos tiene muchos rasgos de mi personalidad: Viste siempre de pantalón corto y saco, por ejemplo. En una escena, ella sufre acoso sexual en el metro por dos mujeres sentadas, una a su lado y otra en frente; feas y gordas, ambas tocan sus piernas desnudas como si no lo supieran. Cuando lo vi, soñé que yo era el personaje y que las mujeres pasaban al abuso descarado, que me metían mano entre las piernas y por el escote; los pasajeros que estaban cerca de pie se excitaban y decidían participar en el festín; yo me resistía primero con discreción y después con gritos; los gritos me despertaron y no había nadie más en la cama. Brandon estaba en su estudio, dibujando y tomando café; antes me hablaba de lo que hacía; ahora lo hace casi en la clandestinidad.

Durante una breve pausa, a Chloë le extraña el silencio del sicoanalista y está por voltear a verlo, cuando escucha su voz:

–¿Qué piensas de eso?

–¿De qué?

–De lo que acabas de narrarme.

–Ya lo dije: creo que Brandon conoce mis fobias y filias secretas, mis íntimos deseos y mis miedos ocultos de quedar al descubierto. Quizá dejaron de ser íntimos y secretos. El acoso lésbico nunca sucedió, pero me acosan algunos hombres con frotamientos y tocamientos abusivos y deshonestos, esté sentada o de pie. Sólo una vez he sentido el libido de una mujer que miraba mis muslos desde su asiento. El pasajero sentado junto a ella se levantó y yo ocupé su lugar; la respiración de ella se agitó y trató de controlarse viendo hacia otro lado; era tan agradable que estuve a punto de hablarle, pero su incomodidad me inhibió. Desde entonces, fantaseo que me toca y nos besamos… También hay algo parecido en las historietas de Brandon.

Chloë hace otra pausa y escucha un sonido repetitivo y acompañado por la respiración agitada del sicoanalista. Ella se incorpora y voltea para verlo; él se masturba sin control; su rostro está descompuesto como si pujara estreñido y muerde compulsivamente su labio inferior.

–¡Sigue, sigue! -exclama– ¡No te detengas!

Ella tensa los músculos de su rostro, conteniendo la ira, y se levanta.

–¡Dime más! ¡Cuéntamelo todo! -implora el sicoanalista.

La ira de Chloë se desborda y golpea con la mano abierta y largo impulso al depravado. El efecto es tan contundente que parece dejarlo sin cara, y unos lentes se rompen contra la pared. Ella levanta con ambas manos la mesa central de la sala, y la mesa cae encima del sicoanalista, quien cae a su vez de espaldas con el sillón. Chloë toma su bolso y se marcha furiosa.

Look Sevigny

Look Sevigny

En el crepúsculo, camina por el parque, toma asiento en una banca, observa a las palomas, a los niños que las espantan corriendo hacia ellas, a las parejas, a los transeúntes solitarios. Al caer la noche, va al cine para ver a su antítesis Meryl Streep y su némesis Anne Hathaway en la primera película de un programa doble. En seguida, su antítesis alterna con Julia Roberts, otra némesis, en una película menos improbable para Chloë. Al salir, vuelve a caminar, ahora comiendo churros y una dona, acompañado el pan con un baso de chocolate caliente. Su plan inconsciente es evitar al marido en casa, y el plan funciona, pues lo encuentra dormido. Luego de lavarse la boca, ella se desviste y se mete bajo las cobijas en ropa interior; apaga la lámpara de su buró y ocurre la oscuridad.

–Sí, sí, dame con todo –murmura Brandon.

Ella prende la lámpara de nuevo y lo observa con expectación; él habla dormido:

–Sí, tómame. ¡Dame durísimo!

Ella frunce el ceño y presiona los dientes; sus labios esbozan una mueca trompuda.

–Mi culo es tuyo –murmura de nuevo el marido– ¡Métemela toda!

Ella monta en cólera, se levanta, avienta las cobijas y arrastra el buró, como si tratara de interrumpir el sueño de Brandon o declarar con esa deliberada falta de cuidado su pérdida irremediable de respeto, su renuncia irrevocable, pero nada lo despierta. Ella vuelve a mirarlo y escucharlo con incredulidad, por si acaso está fingiendo para gastarle una broma de mal gusto.

–Sí, lastímame, rompe mi culo. ¡Ay! ¡Qué fuerte!

Chloë toma la ropa que llevaba puesta para vestirse afuera del cuarto y largarse lo más pronto posible. Sin apagar la luz, azota la puerta con todas sus fuerzas y, obviando la salida estrepitosa del departamento y el fugaz descenso por las escaleras o el ascensor, la vemos huir del edificio.

–¡Amor! –le grita su marido asomado por la ventana– ¿Qué pasa?

Ella sube al primer taxi que se acerca y, una vez adentro, prende un cigarro.

–¡Aquí nadie fuma! –espeta el taxista con voz de fumador.

Ella arroja el cigarro prendido al piso, el taxista frena y ella baja, deja abierta la puerta y echa a correr.

–¡Ey! –grita el taxista.

Chloë corre hasta cansarse y entonces camina con la respiración agitada; su melena es un desastre. Dos mujeres jóvenes y apetecibles se besan y acarician junto al muro exterior de un bar. Ella las observa caminando lento. Las jóvenes la ven y vuelven a lo suyo. Unos metros adelante, otra mujer joven y guapa viste chamarra negra de piel, como de motociclista, y pantalones de mezclilla medio rotos; lleva un cinturón muy ancho, también negro de piel, y una camiseta blanca y simple, sin sostén debajo. Sonríe y extiende publicidad impresa en la mano.

–Te esperamos –le dice con voz musical a Chloë, quien devuelve la sonrisa y lee la publicidad.

–No es necesario -responde.

–Bienvenida entonces –dice la bella portera de atuendo informal.

Para entrar al bar, Chloë asume una actitud que expresa vulnerabilidad y sensualidad a la vez. Desde afuera vemos que adentro hay más mujeres vestidas como la primera, cuya mirada sigue a la esbelta visitante de pantalón mínimo hasta que se pierde en la profundidad de la penumbra.


Sinónimos

Wikipedia_mini_globe

Ya se ha dicho bastante sobre las burradas de la Real Academia Española, estúpida desde el nombre, pero Wikipedia sigue impune, aun cuando nadie la respeta, digo, nadie que se respete, porque Pedro Miguel tiene un enlace con esa cosa en su blog…

Al decir, por ejemplo, que la pederastia es “etimológicamente” sinónimo de pedofilia, Wikipedia hace lo mismo que la Real Academia en este caso: fomentar una ignorancia depravada, pues la gente mojigata imagina relaciones sexuales con niños al leer la palabra pedofilia, cuya etimología se refiere al amor y la amistad, no al abuso (el origen de filia es φιλία, que significa amistad en griego). El colmo es afirmar, bromas aparte, que “el término pederastia puede aludir” tanto a la “pedofilia o inclinación erótica hacia niños” (¡sic!) como a “la práctica del coito anal” (¡resic!). Si no tienen una puta idea de lo que hablan, podrían empezar por aprender a escribir.

Tampoco es broma ni exageración que este tipo de fomento irresponsable, deshonesto y estúpido, además del descrédito que se gana, debería tener algún tipo de sanción o penalización. La falta de cuidado en temas delicados es imperdonable.

Tratándose de cine, Wikipedia parece competir por la mayor cantidad posible de pifias y encima se permite narrar las películas, incluidos muchos detalles y el final, sin aportar al menos calidad literaria.

El artículo sobre los hermanos Lumiere, por ejemplo, dice que La llegada del tren es un “travelling inverso, que permite apreciar la profundidad de campo” (pedantería que transmite ignorancia). En la película vemos llegar un tren a la estación, y el movimiento es registrado por una cámara fija. ¿Cuál travelling? ¡Travelling es desplazamiento de la cámara! El artículo sobre Roman Polanski llama claustrofobia a la claustrofilia, y habla todavía de una “trilogía del departamento”, como si Carnage (Un dios salvaje) y un capítulo entero de El pianista no ocurriesen también dentro de un departamento. El artículo sobre Mulholland Drive, de David Lynch, dice que Naomi Watts hace un “doble papel”, como si fuera tan difícil entender que primero está dormida y después despierta, y considera que la película es “confusa”, igualito que Filmaffinity, otra ventana de la idiotez (hay que borrar mis críticas de allí). El artículo sobre Terciopelo azul, del mismo Lynch, dice que ese thriller policiaco es “un ejemplo de surrealismo”.

En fin. Tratándose de cine, quizá no hay peor fuente que Wikipedia.

Los casos graves son suficientes y bastantes, como dicen los abogados, pero veamos otros ejemplos: El artículo sobre Los Hermanos Rincón habla del pasado en presente y omite que el grupo se desintegró por enésima y última vez hace siete años. También el artículo sobre Nayeli Nesme omite un pequeñísimo detalle: sus discos.

Lo que sí hace Wikipedia con sospechosa diligencia es actualizar todos los días la cantidad de dinero que posee Carlos Slim.


Reseña fragmentaria

monsi

Selfie oportuna

Jugando a ser odioso en paréntesis de lectura, publiqué primero en facebook las siguientes notas. Las causas de mi ánimo son diversas: 1) debatí por error con un detractor de Carlos Monsiváis que jamás ha leído un libro suyo ni tiene las neuronas requeridas para semejante empresa; 2) tengo alrededor de medio año durmiendo en promedio cuatro horas diarias o menos, insuficiencia que me hace todavía más intolerante; 3) detesto facebook…

I

Narración verbal de película vieja, cuando el cine mudo era todavía reciente y una voz en off, siempre masculina, reforzaba las imágenes, guiando nuestros sentimientos con grandilocuencia y excesos épicos de metáforas, con menos poesía que cursilería y solemnidad, la condensa Monsiváis en Escenas de pudor y liviandad, al reproducir una frase que (mejorada por mí), si no me corriges, tiene tanto de cita memorable como de falso recuerdo, invención literaria sin intención o voluntad: “Desde la cumbre de su loca pasión, las dos víctimas caen en el abismo de la voluptuosidad felina”. ¡Carajo! ¡De antología!

No es recomendable dejarse deslumbrar por frases, y mucho menos en facebook, un medio cuya normalidad identitaria es no leer más que frases y nomás cuando tienen formato de imagen, pero antes de llegar a la página 30 del mencionado libro (que leí por primera vez a mitad de la edad que tengo ahora), uno tiene material suficiente para compartir aquí, en el espacio para lectores negados por antonomasia.

“El libertinaje es la libertad regañada por la moral tradicional”, define con aforístico acierto el autor, que más adelante cita con rango de ley universal a Virginia Woolf: “Las mujeres han servido a lo largo de estos siglos como espejos cuyo mágico y delicioso poder es duplicar el tamaño natural de la figura del hombre”. ¡Genial!

Voy de regreso al libro y los dejo con sus ondas.

II

Si en la primera sentada no llegas por lo menos a la página 46, donde termina el primer capítulo, mejor dedícate a navegar por internet en busca de imágenes como las que atribuyen a Zapata frases de Flores Magón y hasta de Mao Zedong, y reducen a la categoría de lugar común las máximas de Allende, y endilgan al pobre Gabo la cursilería de gente que no conoce la creatividad literaria, pero tiene ocurrencias verbales mientras caga, imágenes que hacen de Coelho el escritor más popular entre la masa de antilectores, esos que prefieren las redes sociales a los libros.

Monsiváis divide el primer capítulo, dedicado al teatro frívolo, con versos de una canción popular, el mejor de los cuales parece responder al machismo bíblico desde la jocosa irreverencia y el ingenio lírico: “Si tú eres oda, seré soneto; si eres costilla, seré bistec”. Y el verso continúa las primeras 30 páginas que cité ayer.

III

El principio de la autocrítica es la insistencia en la responsabilidad ajena. Que mi madre enferma me mandó llamar. Psicologismo barato: gracias a la satisfacción que impera en el Salón Los Ángeles nos enteramos de las ventajas de ser muy exigente con quienes son como uno pero no son uno. A través del espejo.

Luego de anunciarse como la neta (El que no conoce Los Ángeles tampoco ha leído esta crónica), la implacable sorna de Monsiváis parece inspirada en el reflejo de su propia imagen, como si la concurrencia universitaria de mezclilla con morral, barbas largas y lentes, al menos en el caso de los hombres, y por el estilo en el de las mujeres, al invadir un espacio para el esparcimiento musical y sensual del proletariado, fuera en efecto un espejo y, a falta de autocrítica, la vacante fuera ocupada por la autoburla, con ironía desatada incontenible y una carga de veneno, quizá personal…

Por hacer de su propia índole una caricatura, resulta bastante agradecible, pero he de confesar que no siempre toleré a Monsiváis con este ánimo, que me fue insoportable cuando se lo permitió para pitorrearse del PRI-gobierno y sus aliados en la revista Proceso hace más de veinte años, pues el tema del momento ameritaba descripción con seriedad. Más que destilar ingenio, su humor parecía un autosabotaje antiperiodístico, propio de “jornalero” que mezcla marihuana con alcohol y entonces escribe, sin información suficiente ni respeto a los posibles lectores, y como un locutor de la radio “cultural” que leía borracho el noticiero de la mañana.

IV

Ávida y acuciosa lectora de Gabriel García Márquez, una colega confiesa que no ha leído libro alguno de Monsiváis y me pregunta con cuál empezar. Para su decepción, le respondo que no le recomiendo ninguno: Monsiváis no es, como Gabo, para cualquier lector, ni es fácil leerlo, pues requiere de un ánimo que no siempre se tiene. La sabiduría que se le atribuye es abrumadora, indiscutible, pero la prosa de sus libros es desigual, y se permite licencias que serían inaceptables en autores menos brillantes, como hacer citas, una tras otra, sin dar créditos. Por tanto, si alguien decide incursionar en su mundo de palabras, que lo haga bajo su propio riesgo.

Libros como Escenas de pudor y liviandad, o Los rituales del caos, incitan a su lectura en desorden. El primero que leí (hace 27 años) fue Entrada libre: crónicas de la sociedad que se organiza, y reconocí la mayoría de los capítulos cuya primera versión habíase publicado en Proceso. Desde entonces, Monsiváis es, para mí, un autor imprescindible y fundamental.

V

Por último, aunque nadie llena el vacío que dejó, algunos talentos pueden considerarse como dignos herederos, y el que mejor me ha caído, sobre todo en estos días de contaminación electoral, es el de Ximena Peredo. En vez de su blog, que no me parece representativo, propongo este video que transmite algo de lo cual carecía Monsiváis: el carisma propio de una persona inteligente. Los dejo con ella.