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Micro realidad

El legado

Había una pareja que, a partir de su identificación ideológica y sus fuertes lazos de unidad, se puso un membrete panfletario para participar en el lucrativo negocio de la prostitución política; tuvo muchos vástagos y, con el paso de lustros y décadas, uno de los hijos se unió a la causa de los padres, de modo que la organización creció y siguió creciendo cuando, al paso de más lustros y décadas, uno de los nietos se unió también a la causa de los abuelos, y vino el homenaje a la perseverancia y la tenacidad, la unidad inquebrantable, los principios y los fines, todo inflexible y puro en teoría. La pareja fundadora de la organización murió al pie del cañón, en pie de guerra, y su legado es conocido por las nuevas generaciones de activistas que ven el imaginativo membrete de panfleto en las redes sociales, con cuentas administradas por el hijo y su pareja, el nieto y su pareja. “¡Seguimos unidos y cada vez somos más! ¡La lucha sigue! ¡Venceremos!” –reza el perfil de la empresa.

El anatema

“Pero queremos dejar claro –dijo el gran líder– que nos referimos a la prensa y no a la policía con gafete de prensa”. Entonces todos aplaudieron con entusiasmo fanático: frenético y estridente, incluidos los incontables emisarios de corporaciones policíacas y militares que trataban de pasar desapercibidos; sólo se abstuvo alguien por disentir de la fórmula discursiva y advertir su fracaso, alguien que ahora es señalado por todos desde la sombra: ¡Policía!

Los universitarios progres

Reunidos en Sanborns, llevaban puestos blue jeans Levi’s y tenis Nike, y fumaban Marlboro en el área de fumadores; pusieron sus dispositivos Apple en la mesa, pidieron Coca Cola y Banana Split, y se aventaron cinco horas disertando en tono yupi sobre la vigencia del marxismo y la revolución socialista.

El amor obligatorio

–¡Debes amar a tu país! –sentenció el profesor de civismo, señalando con un dedo flamígero el rostro de su alumno, a quien inculcan “amor” desde entonces con la hiriente disonancia de tambores y trompetas, obligándolo a marchar en solemne ceremonia de corte militar, cuando él todavía no despierta del todo, pesadilla semanal que recordará con rencor durante décadas, una vez liberado, y optará por el odio y la violencia retroactiva como efecto directo, no colateral, de asociar el verbo “amar” con la imposición de nociones demagógicas y vacuas, obligaciones irracionales, así como el sustantivo “país” con ausencia de contenidos y significados reales, acumulación de vacío y verborrea, y preferirá vivir por su parte a morir por la patria.

Degradación privada

El Chupacabras vendió Telmex a su prestanombres, que primero reemplazó a los humanos por máquinas y luego contrató a miles de autómatas infrahumanos que, además de creer en el mito de la infalibilidad sistémica y obedecer a ciegas, son baratos. Desde entonces, mi contestadora telefónica recibe hasta diez llamadas que, a veces con voz grabada, me cobran durante una semana o más, después de que pago muy caro por un mes de servicio incompleto y pésimo.

(Esta historia continuará…)

Democracia

Érase un restaurante llamado México en el que había dos opciones de bebidas: Coca Cola y Pepsi, pero algunos comensales no querían beber eso; entonces Coca Cola se mezcló con Pepsi y surgió así «la izquierda»; luego Pepsi mezclóse con Coca Cola y surgieron los «candidatos independientes»; unos cuantos millones de pendejos creyeron ser electores de sus bebidas; los dueños del restaurante les dieron a comer mierda, y ellos bebieron y vivieron infelices para siempre. Fin.

Perpetuación de la enfermedad

Hubo dos candidatos en la elección municipal. El primero declaraba: “Soy orgullosamente mexicano; amo a mi país”, mientras el segundo espetaba: “La naturaleza del mexicano es una porquería y por eso México perpetúa todos sus males, en vez de erradicarlos de raíz”. Como era previsible, el candidato nacionalista ganó con el cien por ciento de los votos, y el oponente confirmó el acierto de su diagnóstico.

El votante

Al ensuciar su dedo, limpió su conciencia y, cuando despertó, el dinosaurio era él.


El demente

Érase un candidato a presidente de México que, para acabar con la corrupción, ofrecía perdonar a los corruptos y, para acabar con la violencia, ofrecía perdonar a los capos del crimen organizado, y todo era perdón en su programa de impunidad llamado Proyecto de Amor y Paz 2018.

Calabaza

El 12 de diciembre, día de la Virgen de Guadalupe, se registró AMLO como candidato del partido Morena del Tepeyac y envió una carta a los Reyes Magos en la que decía: “Prometo ser buen priista si me dejan llegar”. Pero llegó el esperado 6 de enero y San Peje se quedó esperando su regalo.

La contienda

–¡Respetable público: Lucharaaán a dos de tres caídaaas sin límite de tiempo, en esta esquinaaa el PRI original y, en esta otraaa, su copiaaa “morena”!

En campaña

Un escalofrío invadió mi cuerpo al ver el Zócalo infestado por una desbordante y aplastante masa de zombis. En el templete, los arengaba El Peje.

Masoquismo

La moda zombi alcanzó tal desproporción que, en México, por ejemplo, formaron partidos políticos y ganaron todas las elecciones.

En México

La epidemia zombi se generalizó y terminó por identificar y unir a los infectados, que ahora la llaman nacionalismo.


Obnubilación

El Maratón Guadalupe – Reyes fue creado por el Diablo para que sus abyectos súbditos en México pudieran engendrar la nueva Ley de Seguridad Interior, también llamada Ley de Represión Interior, pues en vísperas de la próxima sucesión presidencial no estaba programado ningún partido de la Selección Nacional de Futbol.

Mucho gusto

Aquí entre sicópatas, me presento: Causé un genocidio con 121 mil 683 personas asesinadas y más de 26 mil desaparecidas en seis años, según cifras oficiales, y ahora pretendo que mi cónyuge (una buena para nada que ni siquiera sabe hablar) lo continúe.

No es cuento

Los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki tuvieron una réplica mexicana que duró dos sexenios con el nombre de «guerra contra el narcotráfico», un número similar de bajas mortales y 38 mil desaparecidos, pero en versión perpetua y empeorada, pues México se acostumbra siempre a lo que sea y terminó legalizando el genocidio y la barbarie.

Desvergüenza

El Partido presentó en comisiones y al pleno de la Cámara de Diputados un proyecto de Ley para la abolición de la vergüenza y la conciencia, castigando con cárcel y elevadas multas a quien fomente sedición informativa y pesquisas morales cuando atenten contra la falta de principios y valores éticos. [1]


El innombrable

Érase un país tan pobre que ni siquiera tenía nombre ni cultura propia y tan loco estaba el pobre que solía confundir su demencia con democracia.


1. Premonición: Días después de publicado este microrrelato en Tuiter, el Senado de la República devolvió a la Cámara de Diputados el proyecto de Ley de Seguridad Interior, también llamada Ley de Represión Interior, y la Cámara baja envió a la Cámara alta un proyecto de «Ley Mordaza».

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La bestia oligofrénica

Hoy a mediodía hice ejercicio totalmente desnudo en mi patio delantero y recordé la película Capitán Fantástico, cuando Viggo Mortensen bebe café también desnudo en un parque público y unos ancianos lo miran. “Se llama pene”, les dice Mortensen; “usted también tiene uno”. Yo recordaba eso, que me hacía pensar a su vez en la desnaturalización de algo tan natural como la desnudez, cuando salió de su casa el vecino que llamo la bestia oligofrénica, calculé que subiría a su carro y se iría sin verme, pero en vez de irse avanzó, me vio y cometí un segundo error: entrar a mi casa como si tuviera algo que ocultar. Entonces la bestia gritó: “¡Voy a poner mi queja en la presidencia (sic) porque no es posible que hagas esas majaderías!” Asomé por mi ventana y respondí, también gritando:

–¿Para qué me avisas? ¡Córrele! ¡Y no olvides decirles que dejas montones de basura en mi puerta, remueves la tierra del empedrado y la dejas en la banqueta, invades mi patio y echas comida por mi ventana!

La bestia se puso a gritar algo que no escuché porque yo seguía diciéndole, tratando de gritar más fuerte que él:

–¡Corre a decirles que encementaste el empedrado de la calle y construiste jardineras en la vía pública sin consultar a nadie, que tu árbol invade mi patio y deja caer duraznos podridos!

Ninguno de los dos dejaba de gritar ni nos escuchábamos y todavía me quedaba un arsenal de quejas y hasta de amenazas cuando la bestia se largó por fin. Ya no le recordé que su hija con parálisis cerebral arrastra muebles a las cuatro de la mañana, escucha el televisor a todo volumen y hace clic hasta dos horas consecutivas en un apagador, y que él poda su pasto con podadora eléctrica cuando yo intento dormir. Tampoco le recordé que mi perra Naomi perdió el ritmo alimenticio y enfermó porque presumiblemente él arrojó comida descompuesta, quién sabe cuántas veces, cuando ella vivía en el patio trasero. En fin.

Me bañé en chinga y salí a pagar el agua con ganas de toparme otra vez a la bestia para decirle que, si vuelve a dejar su montón de basura en mi puerta, la arrojaré a su patio. Cuando regresé, allí estaba su coche de nuevo, pero no nos topamos. Hice jardinería durante dos horas (con ropa deportiva y tapabocas, ni siquiera pantalón corto) y pensé que, por suerte, no se me ocurrió decirle:

–Córrele a poner tu queja en “la presidencia”, pero no me avises porque me da mucho miedo, mucho miedo, mucho miedo.

Seguro que no habría entendido mi burla, pero sabiendo que me escucharía, podando el pasto con tijeras, en la barrida me puse a cantar: “Cuidadito, cuidadito, cuidaaaadito. Me vas a matar de un susto y no es justo, porque yo sufro del corazón. Cuidadito, cuidadito, cuidaaaaaadito”.

Del incidente saco muchas conclusiones; entre ellas, que la imbecilidad suele ser sorprendente, no tiene límites ni remedio que no sea la muerte (tampoco estoy amenazando, consigno un hecho objetivo), y suele haber un egoísmo absoluto en la imbecilidad extrema, y absoluta deshonestidad. Al oligofrénico no le importa que sus pendejadas afecten a otros, pero hace un escándalo rabioso por nada, en este caso, porque me ejercito desnudo en mi patio, calculando que nadie me ve…

¡Qué atrasado está México y el mundo! Y Huichapan es un pueblucho muy representativo de ese atraso y de la pequeñez infrahumana. Quizá las “normas comunitarias” de Facebook están inspiradas en esta mojigatería gritona.

Acerca de “la presidencia” y la autoridad que le atribuye la insignificancia pueblerina-provinciana, mejor no digo nada.

Tengo cinco años y medio sin vacaciones y cómo extraño Zipolite. ¡Ya me urge!


Crónica indignante (continuación)

Juchitán de Zaragoza, Oaxaca. Sábado 14 de octubre. Vicente Marcial Cerqueda, como dijimos en la primera entrega, es presidente de un comité ciudadano que fue constituido junto con otros 67 para recibir y repartir en total 19.5 millones de pesos entre la gente con casas gravemente afectadas por el terremoto del 7 de septiembre, como “apoyo de empleo temporal” que consiste en 2 mil 370 pesos para cada familia.

Más conocido en su pueblo como Chente Marcial, el también lingüista y promotor cultural se prepara para salir de casa y llegar puntual a la cita, cuando recibe una llamada: Liz Rasgado, también presidente de comité, le propone una junta inmediata entre los representantes ciudadanos de la cuarta sección de Juchitán, pues la ha llamado un tal Miguel Ángel Olmedo Cárdenas, funcionario del gobierno estatal, para decirle que todavía no llega el dinero y que habrá que recogerlo en algún lugar distinto a Juchitán.

Los seis presidentes de comité que llegan a casa de Chente traen información encontrada. Unos dicen que les han llamado para que vayan con la gente del gobierno estatal a la base aérea militar de Ixtepec, a donde los habían llevado un día antes para nada; otros dicen que los llamaron a firmar más documentos dizque necesarios para obtener los recursos.

Chente Marcial, en cambio, nunca recibe alguna de esas llamadas. Alrededor de las diez de la mañana, alguien llama de nuevo al teléfono móvil de Liz Rasgado para decirle que debe convencer a todos de ir a la base aérea militar. Todavía reunidos en casa de Chente, los siete representantes de la cuarta sección acuerdan negarse a firmar ningún documento más y exigen a los funcionarios que, en cuanto tengan el dinero, les avisen para que se presenten ellos en las mesas.

Mientras tanto, la gente que tenía dos días formada cuando la dispersó el temblor de 5.5 grados ha vuelto a formarse desde las ocho de la mañana. Y, entre la fila, corre un rumor: “Chente Marcial se niega a ir por el dinero y por eso se está retrasando el pago”. La gente empieza a alborotarse. Las mesas de la cuarta sección están instaladas a una cuadra de la casa de Chente y la gente sabe que los presidentes de comité están reunidos allí.

Liz Rasgado se comunica con Miguel Ángel Olmedo para exigir que dejen de jugar y les informen exactamente qué pasa con el dinero. El funcionario responde que todavía no llega Cometra, la empresa contratada para el “traslado de valores”. Liz Rasgado exige que, cuando tengan el dinero, los llamen y, por lo pronto, informen a la gente que espera formada, y termina la llamada con furia juchiteca.

–¡Hay que tener muy poca madre para salir con lo que salen ustedes, de veras!

En las filas de algunas secciones (cada cual recibe un trato distinto), la gente de Paco Piza con Miguel Ángel Olmedo al frente reparte papelitos numerados y hace correr el rumor de que el ayuntamiento le pide a la gente formada regresar a sus casas.

10:45 AM. Alguien llama para informar que ha llegado por fin la camioneta blindada de Cometra y que los comités ciudadanos deben recoger el dinero en el hotel Delice, donde se hospedan las delegaciones gubernamentales.

Los representantes de la cuarta sección salen de casa de Chente y piden un taxi. Debido a que la calle Juárez está bloqueada por escombros, caminan hacia la esquina de la calle 2 de Noviembre y, a unos metros de la gente que espera amontonada, sale una vecina al encuentro con Chente para informarle del chisme que ha corrido a lo largo de las filas: “El responsable de que no llegue la lana es Vicente Marcial, que se niega a ir por el dinero”. Chente advierte que la multitud lo mira. Se retrasa el taxi que han pedido; llaman de lejos a los que pasan, pero todos están ocupados.

Visiblemente preocupada, la vecina pide a Chente y compañía que se cuiden, pues parece que alguien azuza un linchamiento entre las hordas priistas, y Chente responde que los responsables de la tardanza son los funcionarios que usan y engañan a los comités ciudadanos, que esa gente ya tiene el dinero y que ellos van a recogerlo.

Abordan el taxi que habían llamado y que se abre paso entre la multitud; Chente fija la vista al frente con gesto adusto sin mirar a nadie.

Llegan al hotel y son guiados por funcionarios estatales con un federal metralleta en mano hacia el pequeño salón en donde los habían amontonado el día anterior.

Los funcionarios federales son de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat); los estatales, de la Secretaría de Vialidad y Transporte (Sevitra) y del Instituto Estatal de Educación para Adultos (IEEA).

Ahora, en el salón, hay varias mesas y, sobre las mesas, unas bolsas negras con fajos de billetes de 500 pesos. Cada quien recibe 237 mil pesos para que los cuente, pero ellos protestan, pues el compromiso de Paco Piza (todavía ojo de hormiga) era entregar el dinero en sobres de 2 mil 370 pesos.

Los funcionarios exaltan su prepotencia, vociferando que ya dejen de discutir y que se apresuren a contar y llevar el dinero a la gente. Los representantes juchitecos paran en seco a los funcionarios y alegan tener derecho a indignarse por la irresponsabilidad gubernamental y la falta de palabra.

Los funcionarios dicen que han avisado a la gente para que se presente con 130 pesos de cambio, que ya está distribuida por mesa con su número de turno y que tienen disponible un vehículo.

A cada quien le entregan una mochila de Adidas para que meta el dinero contado. Los representantes ciudadanos salen cada uno con 237 mil pesos en su mochila. En el estacionamiento del hotel hay una camionetita Nissan con cabina; las mujeres ingresan adelante y los hombres se amontonan en la batea. Con un millón 650 mil pesos, se desplazan entre promontorios de escombros hasta 2 de Noviembre, esquina con Efraín R. Gómez.

El estand instalado por las “autoridades” da sombra sólo a la mitad del espacio en donde trabajarán dos comités por mesa.

En cuanto llegan, los presidentes informan todo cuanto les hicieron pasar los funcionarios; que haber mantenido a todos en ascuas se debe a esos burócratas. La gente escucha, aunque algunos gritan que se callen y empiecen a pagar ya; son una nube de priistas identificados, artífices de propagar rumores y generar caos a conveniencia.

Los representantes acuerdan que el comité ciudadano haga su instalación formal y, desde ahí, asumir toda la responsabilidad de conducir la entrega de los recursos.

Reaparece entonces, como por arte de magia, un montón de funcionarios estatales, aduciendo que ellos conocían las reglas de operación y, por consiguiente, iban a conducir el proceso. Los presidentes les dicen con firmeza, recuento de agravios mediante, que ya los han soportado bastante y que mejor se mantengan al margen.

La multitud escucha callada esa queja y dirige una mirada de enojo a los burócratas; ellos y sus secuaces gritones se escurren entonces como cucarachas. Cesan los gritos y la gente se dirige ordenada y exclusivamente a los comités ciudadanos.

Una señora se acerca a la mesa con unas hojas en la mano, argumentando que viene en representación de su marido… Un funcionario estatal se acerca también y dice: “Las reglas de operación marcan que…”. Lo representantes ciudadanos, una vez más, lo detienen en seco y le dicen que el comité decidirá, que si él trae consigo las mentadas reglas de operación las entregue para que ellos guíen sus criterios. “Mientras no estén a la vista dichas reglas, nos atenemos al conocimiento de los vecinos para dar certeza de cada caso”, deciden.

Algunos vecinos llevan cartas poder, otros las dos credenciales, otros más sus hojas de seguro popular enmicadas. En casos especiales, los vecinos simplemente dicen: “Viene a nombre de su marido porque si él falta al trabajo le descuentan…” Y en esos casos, los comités deciden que a la persona se le paga. Los funcionarios federales y estatales, callados, sólo miran.

Al final, la fuerza que tiene la transparencia del conocimiento popular, a través del criterio de su representatividad, se impone a las rígidas reglas de la burocracia.

Corre la voz de que los funcionarios estatales quieren tomar el control para quedarse con el dinero que no sea cobrado.

La decisión de los comités ciudadanos es que, si algún vecino no llega, será porque tiene un problema mayor, así que ellos asumen también la responsabilidad de hacerle llegar el dinero a como dé lugar.

Hasta el domingo en la noche, faltaba por localizar a doce beneficiarios, y los presidentes de los comités están dispuestos a remover escombros hasta encontrar a los faltantes.

Sin contar los escasos recesos ni los esporádicos relevos, la gente hizo fila durante 60 horas (para el Record Guiness).

Después del viacrucis causado por su vergonzosa ineptitud, los funcionarios públicos no se han quedado con el dinero sobrante, sino con un palmo de narices. La actitud solidaria de la gente otra vez ha salido avante.


Relatos sucios

Foto de García-Gálvez

Foto de García-Gálvez

Irrealidad verídica

Miguel Badillo, Juan Antonio Zúñiga y yo hicimos escala en un tramo selvático de la cañada para comer antes de llegar a La Realidad. Badillo había comprado 50 pesos de tostadas en la primera comunidad sin calcular que llenarían un costal y no sabíamos qué hacer con ellas, pues ocupaban un espacio privilegiado en el bocho que nos había prestado el matrimonio Avendaño-Villafuerte, cuando algo sorprendente y sorpresivo solucionó el problema. El sonido de unos pasos y gruñidos entre la maleza nos alteró. Las inmensas hojas de las plantas se agitaban. Unos puercos marca Diablo irrumpieron furiosos en el camino real, de pronto invadido por la irrealidad como recordatorio de que todavía no llegábamos a La Realidad. De un salto, nos pusimos de pie, y los puercos aprovecharon nuestra reacción de pánico para atragantarse de tostadas preparadas con frijoles, sardinas, mayonesa y chiles en rajas; batieron todo cuanto dejamos en el piso y se fueron sobre el costal de las tostadas que habíamos dejamos provisionalmente apoyado en el coche. Una vez agandallada nuestra comida, se retiraron satisfechos, no sólo por el atracón, sino también por el susto que nos dieron; en cierto modo, la retirada fue más prepotente que la llegada. Y no bien asimilábamos lo que acababa de suceder cuando escuchamos otros ruidos amenazantes en la maleza: unas gallinas saltaron frenéticas sobre los restos del banquetazo, aleteando y cacareando con histérica estridencia. Menos conscientes de su comportamiento y más grotescas, tan pronto acabaron con lo que podían, siguieron los pasos de los puercos. Badillo, Zúñiga y yo nos miramos sin atinar qué decir y, en cuanto volvimos a respirar, soltamos una carcajada. Los puercos se alejaban tranquilos con las gallinas detrás y nomás les faltaba pedorrearse.

El frígido esperpento

En venganza por una mirada, la profesora de geografía –mujer prematuramente anciana, más deforme y flácida que obesa– llevó al extremo su fealdad con un castigo desproporcionado y fuera de lugar, empuñando el cabello del insolente y osado alumno para zarandearlo con tal violencia que se quedó con el cabello en las manos, antes de obligarlo a cargar sus pesados bolsos de un salón a otro durante horas. Muy caro pagaría la decrépita bestia por ese abuso: Primero encontró ponchadas las llantas, rotos los vidrios y rayada la pintura de su coche; días después, alguien arrancó los faros, los espejos laterales y la antena del mismo coche; luego, alguien escribió palabras obscenas con tinta roja de nuevo en el exterior del coche. Por último, el inconfesable origen de sus fantasías sexuales pasó de los sueños pervertidos y depravados al insomnio con fiebre y ansiedad sin remedio ni control. Al mes de ausencia laboral, la encontraron muerta en su cama con los ojos bizcos, una sonrisa idiota y ambas manos adentro de su húmeda cueva. La baba en abundancia que había manado espumosa de su horrenda boca estaba seca. Un tufo nauseabundo a pescado pútrido y sudor rancio impregnaba el aire. Nadie nunca supo que sus últimas palabras fueron: “Nadie nunca me había mirado así”.

De mi diario adolescente

Un error de cálculo llegó a ser exhibicionismo: se encamaban en la recámara central cuando los demás habitantes de la casa dormíamos, y el gemido a dos voces culminaba en un grito unánime; si alguien todavía no despertaba, lo hacía entonces, y sobrevenía el insomnio colectivo en la oscuridad. Un primo, compañero de cuarto, se masturbaba inspirado en el sonido, que sumaba el rechinar de la cama desvencijándose y unas inquietantes palmadas al resuello lascivo y voluptuoso. “No prendas la luz”, me dijo un susurro la primera vez. Entre la pareja y yo no había más que una pared atravesada por la impudicia sonora de sus actos, hasta que, memorizada la rutina, entendí por qué llaman gatas a las sirvientas: ella salía de la recámara siempre a oscuras con felino sigilo, sus sandalias de plástico en la mano y sus resabios de adolescencia en el silencio de sus pasos, se encerraba en el baño más grande sin correr el seguro ni prender la luz y se calzaba para saltar a las escaleras de caracol por la ventana y subir a la azotea. Una noche hice lo mismo tras la interfecta y, desde entonces, me revuelco en el “cuarto de servicio” con ese animal insaciable que, a falta de un regaderazo con agua que tarda media hora en calentarse, huele a sus propios fluidos y los de mi adúltero tío cuando agrego los míos.

 


Contrastes

Es alentador que Holanda haya legalizado hace lustros el matrimonio entre personas del mismo sexo, así como la producción y el consumo de marihuana, y que ahora construya sus carreteras con plástico rescatado del mar y no tenga contaminación ni perros sin hogar. Es alentador que Noruega prohíba los vehículos con gasolina y la tala de árboles, que la población de Islandia sea cien por ciento atea y que Suecia cierre sus cárceles por falta de presos. Es alentador inclusive que Japón haga sus fiestas patrias con pirotecnia silenciosa para dejar de agredir, sobre todo, a los perros.

Mientras Nigeria prohíbe la mutilación genital de mujeres y niñas como paso tardío hacia una sociedad civilizada, la normalidad musulmana pasa por encima de toda normatividad cuando una niña de ocho años es casada por la fuerza con un hombre de cuarenta y muere en la noche de bodas, aberración que manifiesta el atraso de la humanidad en su conjunto, incluidos los países más “avanzados”.

México prohíbe las corridas de toros y los circos con animales en algunos estados, pero la despenalización del legrado voluntario también por algunas legislaturas locales enfrenta una efectiva resistencia de sectores retrógrados que atentan contra el carácter laico de la función pública en los hechos, pues la normalidad en nuestro caso es la perpetuación de los males, que nunca desaparecen del todo y sólo empeoran; esta normalidad es una cultura nacional de la miseria y el atraso, un pueblo amorfo con mentes colonizadas, que asume con devoción una religión impuesta y la usa como anestesia para evadir la realidad que lo destruye…

En México, por cada paso que damos hacia adelante, la Iglesia católica nos lleva de regreso a la Edad Media, porque la Santa Inquisición permanece agazapada entre nosotros hasta nuestros días, los del fundamentalismo juangabrielero como fenómeno de masas, cuando el pueblo festeja su involución con petardos y campanadas. Aunque teóricamente laica, la educación primaria y secundaria inculca el “amor a la patria” como resignación popular al arraigo de la corrupción en el Estado y la sociedad, a la parasitocracia. En la llamada educación cívica, el nacionalismo no es más que un disfraz demagógico del conformismo y la mediocridad en masa, como asimilación obligatoria y obligatoriamente alegre a la injusticia social, a un sistema patriarcal de relaciones opresivas, inclusive a la barbarie de la destrucción capitalista por costumbre y tradición, a la depredación de la vorágine megalópata que la ignorancia institucional llama progreso.

La identidad idiosincrásica de México no tiene virtudes ni cualidades, sino defectos y lacras, es un lastre que impide al país existir como tal. Ahogado en su propia sangre y en cada parto de la historia, México está muerto desde entonces y ni siquiera lo sabe. De ahí que lo más difícil para el hijo devorado por una madre sanguinaria sea entender que su construcción como nación requerirá de que primero asuma su condición de cadáver y declare formalmente su defunción.

Imagen híbrida


Yulin

El festival de torturar y comer perros

Queridos amigos y amigas:

Para el Festival de Carne de Perro de Yulin, roban a muchos canes que tienen dueño y los golpean o los desangran hasta la muerte. Después, los cuelgan boca abajo con ganchos, les hacen una incisión desde el ano y les arrancan la piel para venderlos como alimento.

El sufrimiento debe de ser insoportable — nuevos estudios indican que, en lo que se refiere a las emociones, los cerebros de los canes son muy similares a los nuestros, algo que los dueños y amantes de los perros entienden muy bien. Cuando somos capaces de ver a los perros por lo que son — seres vivos con pensamientos y sentimientos, la tortura a la que se les somete en este ‘festival’ se convierte en algo inimaginable.

Miles de ciudadanos chinos ya han manifestado su oposición al festival, pero las autoridades no tomarán medidas hasta que vean lo mucho que afecta a la imagen de China en el mundo, la cual están tratando de mejorar con mucho trabajo. Ahí es donde entramos nosotros. ¡Vamos a demostrarle al gobierno de China que al mundo le importa esta carnicería de perros y que queremos que la detengan inmediatamente!

Cuando tengamos suficientes firmas, Avaaz publicará anuncios, trabajará con famosos influyentes, realizará la primera encuesta independiente sobre el consumo de carne de perro a nivel nacional en China y llevará este asunto a las portadas de medios de todo el mundo hasta que las autoridades chinas se decidan a actuar. Suma tu nombre a la petición con un clic y díselo a todo el mundo:

Para firmar la petición, haz clic aquíAl presidente chino, el Sr. Xi Jinping; al gobernador de la provincia de Guangxi, el Sr. Chen Wu; y a los miembros del gobierno central chino:

Como ciudadanos de todo el mundo profundamente preocupados por los abusos y el consumo de perros en el Festival de Yulin, les instamos encarecidamente a que prohíban inmediatamente dicho festival. Millones de ciudadanos chinos apoyan la legislación para frenar la industria de carne de perro, y nos sumamos a ese llamamiento para ponerle fin a este cruel negocio.

Para firmar la petición, haz clic aquí

Gracias a la valentía de los activistas chinos, el festival se hace más pequeño cada año y las autoridades de Yulin finalmente le han retirado su patrocinio e incluso prohibido acudir a sus empleados. Esto demuestra que hay voluntad. Si millones de personas alzamos ya nuestras voces, podremos salvar a miles de perros de esta horrible tortura.

El Festival de Yulin no es una tradición milenaria — ¡empezó en 2010! Y mucha gente asegura que se creó con el objetivo de impulsar las ventas de la industria cárnica.

El tiempo se agota — el festival es en unas semanas. Firma la petición con un clic en el enlace, y después reenvíaselo a amigos y familiares — ¡vamos a hacer de esto algo enorme!

Para firmar la petición, haz clic aquí

Nuestra comunidad ha hecho campaña contra uno de los festivales taurinos más crueles de España, contra el descarte y matanza de pollitos macho en Alemania y contra las terribles condiciones de las granjas de España y Francia. Es hora de salir en defensa del mejor amigo del hombre y conseguir que detengan esta carnicería de perros para siempre.

Con esperanza,

Rewan, Danny, Luis, Patricia, Jooyea, Mike, Ricken y todo el equipo de Avaaz

Activistas, protectores y defensores de los animales compran decenas de perros para salvarlos de la barbarie

Más información:

Vídeo: “Festival de la carne de perro”: 11 semanas para lograr #StopYulin (ABC)

China se revoluciona contra el consumo de carne de perro: “No te lo comas; él nunca lo haría” (ABC)

Campaña mundial contra el ‘festival’ de carne de perro de Yulin (La Vanguardia)

Activistas luchan por prohibir carne de perro en China (Excelsior)

¿Sabes por qué tu perro te echa de menos cuando no estás? Acá te lo contamos (El Ciudadano)

 


Estado del tiempo

Al frío invernal que padecí en Huichapan siguieron los vientos huracanados y luego la primavera, pero esta última no duró mucho, pues la interrumpieron a mediados de abril los días grises con lluvia. Hoy tenemos una tormenta con relámpagos, una más, que ojalá hubiera caído encima de la feria del Calvario. Al terminar Semana Santa, por costumbre y tradición, hay una feria que llaman “la fiesta del pueblo” y es una pesadilla de ruido que llega a diez kilómetros de distancia y quizá más lejos. En la madrugada, cuando ya no hay canciones a todo volumen y simultáneas, además de un locutor, animador, maestro de ceremonias o lo que sea, gritando una demagogia de nacionalismo fanático y haciendo chistes machistas, ocurre un ataque de petardos y campanazos, también simultáneos; podrían ser algo así como cien de los más furiosos petardos y 50 campanazos. El templo en donde perpetran este ataque está demasiado cerca de mi casa, en el mismo barrio, igual que el lienzo charro y un salón de fiestas, lugares al servicio del pandemonio que llaman feria, junto con la calle que llaman avenida (porque tiene banquetas, quizá) y el adoquinado entre ambos espacios cerrados. La feria del Calvario es algo nuevo, me parece, y este año coincide con las campañas electorales, que también son contaminación auditiva. Cuando escucho la grabación con altavoz que pasa en carro, diciendo soy el candidato de tu partido y soy honesto y orgullosamente mexicano y orgullosamente huichapeño y tengo preparación académica, vota por mí, el cielo se oscurece y se oscurece el día, las nubes grises ocultan el sol y el aire se enfría. Cuando los candidatos o sus operadores (choferes de automotores con altavoces) rebasan el límite de mi tolerancia, entonces llueve…

Ayer, en el camino a pie rumbo al supermercado, me rebasó una camioneta blanca y su grabación a los cuatro vientos, gritando a todo pulmón por si el altavoz no transmitiera el entusiasmo: “¡Soy candidato del PRI, el mejor partido, ya lo conoces, el de las mayorías, que se preocupa por ti, que te escucha, el que mejoró tu barrio! Este 5 de junio, ¡vota por mí!” Al regresar en taxi, el taxista me hizo plática sobre las variaciones climáticas y, a punto de llegar, dijo:

-Lo qué sea es bueno, todo es bien recibido, con optimismo.

-No sé que tenga de bueno el cambio climático, el calentamiento global, el efecto invernadero… -comenté.

-Todo es voluntad de Dios -dijo el taxista.

-No sé qué madres tenga que ver Dios con las montañas de unicel que consume Huichapan. ¿El cáncer como castigo? Si en la bodega de Aurrerá no les alcanza la inteligencia para tener bolsas grandes y, cuando se me olvida llevar mis propias bolsas, tengo que llevarme todo hasta en 20 bolsitas, ¿es voluntad de Dios? Pues voy a buscar su dirección en la sección amarilla para reclamarle por tanta estupidez.

El taxista guardó silencio y por un momento supuse que pensaría en lo que yo acababa de decir, pero en cuanto bajé del carro y le pagué, antes de sacar mis 20 bolsas de la cajuela, percibí que sufría un trastorno sicológico de huichapeño acomplejado y submental, y no movió un dedo para ayudarme con las bolsas.

-Con estas pinches bolsitas, los pendejos de Aurrerá gastan más, contaminan más y me hacen perder más tiempo, además del que pierden ellos a lo pendejo -resongué mientras bajaba el “mandado” y lo ponía junto a mi reja.

El taxista no dijo nada porque pensar cosas como esas es algo muy lejano a sus posibilidades y muy ajeno a sus intereses. Los taxistas de aquí practican un deporte que consiste en hacer el menor esfuerzo posible, aunque no sirva para nada.