Archivo de la categoría: Personal

Poemas breves: 5a entrega

Me pregunto

¿Podré salir del pozo al que arrojaron
los monjes a los niños
por desobedecer
sus patrañas cristianas
y patrióticas?
¿Podré salir acaso
de la fosa común
en donde la raigambre
nos ata de los pies
para que nos hundamos
con común alegría
y el consuelo tarugo
de la unanimidad
como un gran sacrificio
voluntario
de alegre comunión
y alegoría?

Materialización

Si acaso el infinito
se aburre hasta el delirio
con el paso del tiempo
como los inmortales
que -lejos de ser dandis
con el refinamiento aristocrático
de la ficción ridícula y absurda-
son más bien indolentes y salvajes
quizá falta en el árbol de los años
materia de los sueños

Vibraciones

Espíritu de piedra que asecha en el asfalto
serpiente de basalto
prosapia de reptiles
invisible presencia de grillos y cigarras
ausencia de guitarras
y voces infantiles

Cripta vacía

Tanto esperó
su alejamiento en el tiempo
distancia irreversible
y el envejecimiento
de los recuerdos
que al abrir de nuevo
el álbum familiar
las fotos de aquellos días
oh días de aquellas fotos
habían anochecido
y al abrir también el viejo baúl
salieron volando
murciélagos revinientes
que lo dejaron desierto
baúl en vano
desde entonces las sombras
de la memoria
pueblan el alma
de oscuridad

El coleccionista

Disecaba estelas de sonido
y atrapaba murmullos y susurros
con su red cazamariposas
y una vez fotografiados
y catalogados
los dejaba libres de nuevo
para que volaran
por el aire lleno de agujeros
hasta perderse con el silencio
y caer en el despeñadero
del mundanal ruido

Causa y efecto

(o correspondencia)

El reflejo en tus ojos
es la jaula inasible
del pájaro que miras
cuando posa
más o menos consciente
de sí mismo
nunca de su reflejo
cuando levanta el vuelo
lo hace también tu mirada
como espejo con alas
y la jaula se hace cielo

Permanencia

Nuestro reflejo
nos mira siempre
desde adentro del espejo
aunque dejemos
de mirarlo

Vayamos a donde vayamos
siempre estaremos
del otro lado
del espejo

Aberración

La gente dice
que el tiempo vuela
pero yo creo
que más bien repta
gruñe como la pérdida
que engendra
sangra y su rastro
hiede a la noche
cuando agoniza
y muere

Ahora lo entiendo

Mi exploración erógena
de tu cuerpo
era una búsqueda
buscaba una mujer
que me satisficiera
más que tú

Subjetividad

Cuanto más
desnuda estás
más me gusta
lo que escribes

FIN

Anuncios

¿Ser o no ser?

Irreconocible, Porfirio Muñoz Ledo en el papel de Hamlet. Lo acompañan Carlos Fuentes y Carlos Monsiváis, trajeados como buenos estudiantes de leyes, que solían ser jóvenes aspirantes a cuadros del sistema, en su caso miembros distinguidísimos de la autodenominada Generación “Medio Siglo” en la Facultad de Derecho de la UNAM.

Es difícil imaginar que ciertas personas fueron jóvenes alguna vez, acaso en una vida pasada, que lo es en estricto sentido cronológico, valga la tautología.

También el ala juvenil del PRI vestía de traje y corbata, lo cual resultaba del todo antijuvenil.

Y pensar que algunos crecimos viendo al PRI desde lejos, pero lejos de veras, como un ente infinitamente distante a nuestras vidas, hasta el fenómeno Cuauhtémoc Cárdenas en 1988, la gestación del PRD y la subordinación de la izquierda política (salvo el trotskismo y escasas reminiscencias del comunismo) al priismo escindido.

Y ahora que rebasamos los cincuenta años de edad entendemos que el PRI no era un partido político, sino la espiral del tiempo en un país ilusorio.

Paradoja de filósofo trasnochado: Si la niñez termina cuando sabes por fin que vas a morir, la vejez nos llega con la conciencia de que mala yerba nunca muere, amargura propia de viejos que nos resistimos a ser y reconocernos. Moriremos antes que nuestro enemigo eterno.

En 1990 fui enviado a Guanajuato por el semanario “6 de Julio” a cubrir un congreso en el que Porfirio Muñoz Ledo se autodestaparía como candidato del PRD a gobernador del estado. Luego del congreso hubo una reunión de petit comité en una bodega de sandía que le ofrecieron a Moñoz Ledo como almacén de propaganda. Allí, Muñoz Ledo exclamó: “¡Este lugar es perfecto para un acopio de armas!” A lo cual respondió alguien: “¡A sus órdenes, senador! ¡Cuando usted diga!” Por lo que él reculó: “Yo me refiero a las armas de la sabiduría, la inteligencia y la sensatez”. En la reunión había un tipo gordo y homosexual que confrontaba a Muñoz Ledo con muchos huevos: “¡Usted será muy senador de la República, pero aquí el partido elige a sus candidatos de manera democrática!” De ahí nos fuimos a una antigua hacienda que Muñoz Ledo hizo pasar por su domicilio en Guanajuato cuando finalmente se registró como candidato. Y nos echamos unos tragos de Johnnie Walker​. Fuimos a comer quesadillas (anécdota censurada) y pasamos la noche en esa antigua hacienda. Al día siguiente buscamos una calle que se llamaba, y quizá se llama todavía, “Porfirio Muñoz Ledo”, nombre que gestionó el PRI cuando el personaje era presidente del Consejo de Seguridad de la ONU o algo así. Al escindirse del PRI con la Corriente Democrática que encabezaba Cuauhtémoc Cárdenas, el mismo PRI quitó la placa con el nombre de la calle, pero una vecina le dio un recibo de teléfono o de electricidad con la dirección: “Calle Porfirio Muñoz Ledo”. Una vez allí, la entonces esposa le preguntó si ya se creía mucho (junto con una broma que también censuro). Yo solté una carcajada y Muñoz Ledo me preguntó muy serio: “¿Te ríes de mí?” A lo cual respondí que sí. Entonces él miró a su esposa y le preguntó: “¿Ves lo que ocasionas?” Lo entrevisté en el camino de regreso al DF y noté que, al pasar por las casetas de cobro, el chofer mostraba la charola del Senado y no le cobraban el peaje. En fin. Platico todo esto porque ya estoy viejo y voy a tomar mi chocolatito caliente antes de dormir. Buenas noches.

 


Otros poemas breves

Divertimento

Alucinado fondo en la cadencia de mi vaso
donde se ahoga el pasmo de su concupiscencia
la volatilidad espirituosa y el contagio
su contagioso espacio
que dilata el instante como baso sanguíneo
con un beso baboso como de caracol
se dilata y deleita la pupila
que ocasiona por táctil una erección post mortem
en el umbral umbrío, cumbre de la penumbra
sombra de la costumbre y el hambre de placer
el consuelo es un hombre con nombre de mujer
demiurgo del estiércol, letargo estrangulado
lascivia sin alivio, libido alivianado
la esencia que distancia tu demencia
de la maledicencia
la estancia que sentencia mi silencio
y escancia tu cansancio

Pentimento

Con el paso del tiempo
desapareció la callejuela empedrada
por donde caminaba una mujer anciana
bajo su negro reboso
rumbo al templo católico
entre casas de barro
con techos de teja
y quedó a la vista
un paisaje de montañas
detrás de grandes árboles
en primer plano
hasta que también desapareció
y apareció debajo
una muchacha desnuda
que se baña y lava
su ropa en un riachuelo
bajo el sol filtrado
por un denso ramaje

Los arrepentimientos del pintor
narran al óleo una historia
la muchacha desnuda envejeció
creció un poblado en el valle
que antes poblaban árboles
entre montañas
y ahora beata y anciana
la mujer acude a misa
dos veces por semana

Llámame o escríbeme

No mueras de silencio ni de noche
no te cortes las venas
tampoco te atragantes de barbitúricos
no te arrojes de un puente
ni a las vías del metro
llámame o escríbeme
para que bebamos juntos
uno o más poemarios
los que alcance la velada
la desvelada y el cuerpo
hasta emborracharnos
de belleza

No mueras en vano ni en secreto
ni por falta de público
ni por exceso de texto
no te des un balazo en la cabeza
ni en el corazón
llámame o escríbeme
para vencer el tedio
con versos legados por autoras suicidas
legado inmortal de poetas malditas
para seguir sus pasos
hasta el arrepentimiento

Cotidianas

Bajo mis cortinas gruesas
de color café
mis cortinas transparentes
de color hueso
que antes contenían
por unas horas
la fuga de mis sueños
están rotas y rasgadas
también están sucias
seis años sin lavarlas
huelen a polvo y lluvia
sus heridas son rendijas
por donde pasa el tiempo
y miro a la ventana
que suele mirarme
desde la oscuridad
al otro lado de la calle
por mi ventana

Vocación

Yo y el niño que fui
caminamos de la mano del recuerdo
desde un pasado que jamás olvido yo
hasta un futuro que nunca imaginó él
para perdernos de vista los dos
empequeñeciendo con la distancia
dentro de un dibujo perdido a su vez
en el basurero de la vida

El color del tiempo

Azul es el presente
rojo el instante de sangre fresca
negro el pasado
y amarillo grisáceo su recuerdo
como un antiguo retrato
el paso del tiempo es gris
y oscurece al alejarse
luego entonces
el futuro nunca es blanco

Después del agua

Polvo de estrellas
claro de luna marina
la vereda serpentea
bajo la intensidad
de la luz nocturna
que ilumina esta lluvia
de luciérnagas

De mi propia novela

He sido y soy acuático silencio
de arrecifes
en la isla de los murciélagos
silencio sepulcral
en el cementerio
de los monjes ciegos

Barrio antiguo

Los duendes y fantasmas
que habitan estas casonas
mantienen cerradas
todas
las puertas y ventanas
para impedir el paso
de las horas

Presagio

Entre dos gotas de agua
la eternidad naufraga
y un silencio palpita
los relojes de piedra se derriten
en la fragua
cueva del tiempo sombra estalactita
la erupción del volcán
que llevo dentro
desbordará la noche
que me habita

FIN


Atmósfera famélica

Sin pensarlo
tengo la sensación de que me queda poco tiempo
y es mi última oportunidad
si no lo hago ahora
nunca jamás

Del deseo que me colma
con incontenible ansiedad
paso a la urgencia desbordante
y atravieso la plaza
bajo por la rambla
me dejo llevar por el instinto de los pasos
hasta el más sórdido tugurio
donde la juventud parece una epidemia
cuerpos a la vista y al alcance de la mano
desnudez parcial
carne que transpira y transparenta
la ropa que se ajusta como una segunda piel
la economía de tela no basta
quiere ser más ligera
las libertades abrevan de la brevedad

Me zambullo en el tumulto
me imbuyo de su calor
empapado en un sudor igualitario
las caricias nos liberan
de opresiones ancestrales
y los besos nos abren
las puertas de ciudades
prohibidas y secretas
estoy mimetizado

Una voz al oído contagia su libido
y unas lenguas liban
el néctar de otras lenguas
sed de humedades y fluidos
saliva y sudor
apetito de labios y muslos
mis labios en esos muslos
que pedían a gritos una mordida
y ahora quieren más

Una mano busca
bajo la minúscula falda
lo que no encuentra la mirada
otra mano incursiona en el escote
del que asoma una voluptuosa invitación
y emerge sorprendente la inocencia
un pudor insospechado

Hombre al que cimbran las hembras
hembra con hambre de los hombres
acumulación visual desde las sombras
soledad sobre los hombros
en el regreso a la calle

Se acaba el tiempo y decido
que mi borrachera evada la resaca
y que venga el tequila y la cerveza
o el mezcal y la cerveza
o el ron de las Antillas

Se acaba el tiempo
y no me resigno a la cama vacía
la fiesta debe continuar
dentro de otra penumbra y otro hedor
con mujeres todavía insatisfechas
de modo que avante
que siga la noche
y el derroche de salud
hasta morir

¡Salud!


Más poemas breves

Entelequia

Si el cuerpo que habito
más que mi casa
fuera un puerto
y el alma fuera un barco
y el universo mar
zarparía sin recuerdos
al planeta que miro y me mira
todas la noches
cuando la imaginación
transgrede la distancia
con el arte de lo imposible
desde mi utopía

Delirios

Quiero poblar de plantas
el interior de un espejo
y sembrar palabras en el silencio
para cosechar colores
que bailen en los ojos
de un niño ciego

Quiero tatuar el aire
con el dibujo críptico del cielo
encerrado en las alas
de una mariposa nocturna
para disecar su vuelo

Quiero enjaular el vuelo de las horas
para causar la muerte del tiempo
y encausarla por la oscuridad
de su carcelario pabellón
hasta un agujero negro

Ruptura

Endecha de las horas
que musitan la música del viento
como lamento de violín
en la noche primigenia
susurro de las estrofas
entre suspiro por la herida
y reproche de mirada
colmada por la lluvia
el tiempo sangra
se desangra
respiro gotas de sangre
como lágrimas del techo
que transpiran las paredes
manantial de soledades
soliloquios delirantes
deprimentes
el canto de los pájaros es hielo
en el frío de la parálisis
hay que romperlo todo
para empezar de nuevo
que así sea

Confesión

Memoria que naufraga en la playa del olvido
recuerdos que se rompen contra los acantilados
mi barco encalla entre arrecifes de rencor
estoy anclado

¿Cómo hacer del naufragio mi refugio?
¿cómo hacer del insomnio un incendio?
¿prendo fuego a las cortinas
al ocurrir el milagro del sueño?

Prefiero subir al barco de la muerte
para que me lleve al otro lado de la noche
y encontrarme allí
con Alejandra Pizarnik

Cirugía mayor

Para triturar la piedra de la tristeza
que mora en tu mirada
y extraer del alma
el émbolo del insomnio
y curar la tiricia
que acaricia la idea
de hallar alivio
en el suicidio
de la muerte en vida
esa muerte que dura
lo que tarda en llegar
a veces demasiado
la segunda muerte
la definitiva

Proyecto

Cuando pierda la vista
y el oído y el olfato
y el tacto y el gusto
y el buen gusto
la sensibilidad
la percepción
cuando esté muerto en vida y no lo sepa
me sentaré a fumar
beber coca cola y comer chatarra
frente al televisor

Cuando ya no tenga dientes
ni cabello
y mis entrañas
estén llenas de ruido
y mi sexo no sea
ni siquiera nostalgia
de la gloria pretérita
por haber perdido
también la memoria
escribiré un escalofrío
y lo llamaré poema

Ostracismo

Quiero escribir un libro que me guarde
que sea mi refugio
mi escondite
que me proteja del mundo humano
de su oligofrenia y su miseria
un libro donde no exista la realidad
esta pesadilla engendrada por la humanidad
un libro que sea inaccesible para ella
un libro que tenga y contenga
su propio universo
mi universo

Niños rata

Los ojos que brillan
bajo las alcantarillas
tienen cuerpos con órganos
para el mercado negro
las ciudades son criaderos
sus dueños son empresas
que cotizan en la bolsa
de precios con acciones
a falta de valores
y de principios éticos
sólo fines de lucro
negocio del ultraje y del estupro
una vez exprimido
el producto se vacía
y sigue dando jugo

Epopeya

Narra la historia
del monte Vesubio
desde su nacimiento
hasta las últimas noches
de Pompeya
los negros capítulos
que siguen
son páginas en blanco

Incoherencia

Mi cama vuela en parvada
con otras camas gregarias
en los sueños de sus dueños
y en los míos
crece una crisis larvada
bajo el cielo de los parias
entre nubes y risueños
caseríos

FIN

 


Diez poemas breves

Reproducción alienante

Gime una mancha en el tiempo
duele arena corrosiva y oquedad
por el odio que respiro
reptan despojos de la descomposición
sombras que hieden su estridencia
miasmas infalibles y obligatorios
como un himno nacional
emergen pesadillas de la luz del día
hirientes disonancias y torturas
horrores infantiles de guerra
llamados honores a la bandera
no hay descanso del caos
escarbo mi piel en busca de ideas
ato y desato mis venas
hago y deshago nudos gordianos
bebo mi propia sangre
si dormito los veo
con los ojos cerrados
su imagen en el Aleph
es cada vez más nítida
bajo un monte de basura
yacen los niños muertos
si abro los ojos siguen allí
la escuela y sus padres
alienan sus cadáveres

Compulsión

Exploración de las calles
en la noche infatigable
su dédalo se repite
cada vez más pequeño
soledad en el bullicio
tránsito por las estaciones
y los estacionamientos
dinámica y estática
búsqueda ubicua de la profundidad
entre los intersticios
y las intríngulis
de una ciudad en ebullición
con un plazo fatal
siempre intuido
si acaso tiene hallazgo
tanta y tan apremiante intensidad
como angustia inconsciente
del instinto que me juego
es un trágico límite
de la pérdida sin tregua
su final forzado

Sendero sonámbulo

En el atajo de la cotidianidad
mis pasos desbrozan el campo baldío
dibujan una estrada
la rutina se hace ruta
vereda entre la flora de la noche
sendero en punto muerto a la memoria
senda que vuelve del olvido
ahora en punto vivo
desandando su rastro
el viento se abre paso entre las nubes
y descubre una brecha
camino en el vacío y la oscuridad
como un ciego sin báculo
mis pies guían al barro
dibujan una estrada
la rutina se hace ruta
y la ruta rutina
que siguen los sonámbulos

Nocturno

Camino en el remanso de la noche
por donde pastan caballos y corren los perros
que ahora duermen
a la sombra de sus sueños en silencio
soy soledad que busca soledad
y abreva de su elemento
galápago que surca el agua dulce
piedra lisa que salta sobre un lago
luego me hundo entre paredes
voy del cuerpo al pensamiento y de regreso
cuando me llama el dolor aprisionado
la enfermedad de la casa
las venas abiertas del alba
intento dormir

Síndrome de abstinencia

Alucinación famélica
de mi casa hecha refugio
como cueva de osos flacos
o murciélagos que duermen
el sueño de los justos
exilio de la lluvia
cielo plenilunar
difuminada esfinge de la luna roja
luz del sol en agonía
pirámide mortuoria del eclipse
pero esta casa
no es refugio de nada
sino sepulcro de todo
yacimiento de mis huesos
sofocante cautiverio
de las células muertas
como polvo de estrellas
en el fuego

Ambiciones

Las llamas de las velas
bailan con el céfiro entre tinieblas
y con la esperanza de ser albores
al despertar

Las llamas de las antorchas
son menos ambiciosas
se conforman
con incendiar la noche
para llamar al sol

¿Qué tenemos aquí?

Galerías de sombras de sombreros
espejos que reflejan su vacío
ventanas al abismo de los sueños
un salto del trapecio perdido en el espacio
y el instante inundado
por la lluvia de arroz

Soy parte del incendio
medio siglo de incidencia
de insidiosa insolencia
de acumular insomnio
y aguzar el instinto

En deuda con Serrat

Penélope confundía
las estaciones del año
con las del tren
y el paso de las horas
con el rumor del viento
y el reloj del andén
con su propio corazón
y su espera inútil
con la esperanza
de un improbable regreso
y el luto de la noche
con el duelo de la vida
por el tiempo muerto

Saeta

Cuando te atrevas a mirar
todas las cosas
detrás de sus máscaras
conocerás el rostro de algún astro
pero también el rastro
de las víboras
que mediante círculos viciosos
y concéntricos
han vuelto al gobierno
de la muerte
con otros nombres

Seducción

Una mujer otoñal
peina plata del invierno
pero mira con un sol de primavera
cuando el verano sonríe
y humedece los labios
para que bebamos juntos
las cuatro estaciones del año
resumidas en horas de felicidad
desde la noche que fue su cabello
hasta el amanecer
que sigue siendo el mío

FIN


Espectros

Coyoacán a medianoche
tiempo en trance que parece detenido
postal de la eternidad inmóvil
frente al poste orinado por un perro y un borracho
a la luz de un farol
nebulosa y fantasmal
yace la oficina de correo
y en un claro de luna
testigo de los dichos y los hechos
una banca en la plaza
guarda el rumor de nuestra plática
las palomas dormidas
confunden el recuerdo que dejamos
con el olor identitario
la nostalgia disemina en la vía pública
su esencia como vaho de incienso
y aroma de café recién tostado
en las horas que los lobos de la fuente
miraban unos muslos desnudos
que saltaban a la vista de todos
horas después la oscuridad está despejada
la silueta de un anciano
camina detrás de su errática sombra
figura triste y grisácea
de artritis y diabetes con demencia senil
el viento se ha llevado sus aires de grandeza
mientras un pobre diablo
llamado el camarón
anestesia su dolor de muelas
con licor de anís
entre perros que dormitan en el parque
sobre cartón desplegado
frente al mercado
para las ratas está por despertar el mundo feliz

en lo alto de una barda
el gato peludo, funámbulo y necio de la infancia de Serrat
mira extasiado al gato azul de Roberto Carlos
que devuelve la mirada
como reflejo de un espejo ante un espejo
que refleja otro reflejo
con infinita reciprocidad
y narcisismo indirecto
yo miro el tiempo hacia atrás
un pájaro bebé cayó del nido
lo descubrimos Carmen y yo
porque chillaba en la banqueta
y trepé al árbol con el ave en la mano
para devolverlo al nido
cuando una anciana me regañó desde su ventana
luego volvió a su soledad
con la edad hecha un nudo en la garganta
para seguir ignorando que sus sueños sin realizar
ya no eran ni siquiera sueños marchitos
o distorsión acumulada
sino polvo de cadáveres
vestigio de su hedor entre las sábanas

en el camino a Portales Sur
escuché más de una vez a los fantasmas
gritar desde la casa de Trotski
y una noche lloré por la muerte de Leticia
con veinte años de retraso
cada una de mis pérdidas
tiene su propio efecto con distinto retraso
posposición del duelo
por Francisco, por Lucía, por Graciela, por Gustavo
por todas las ausencias
que me acompañan cuando camino la ciudad
la memoria de los adoquines
atesora mi soliloquio como un eterno murmullo
conserva el silencio trashumado
en rutinaria ruta de soledad cotidiana
los árboles distinguen las lágrimas de la lluvia
bajo el cemento de aceras arboladas
suena el eco de mis pasos