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Una mujer muy rara

Menuda y cuarentona, tiene la cabeza rapada, viste de negro con un alzacuello de sacerdote (sacerdotisa en su caso, aunque El Vaticano desconoce la ordenación de mujeres y excomulga ipso facto a quien tenga semejante osadía), lleva un crucifijo de metal colgando en el pecho, pantalón de piel, negro también, y los pies descalzos; esto último parece propio de una persona demente y quizás es precisamente la intención; tiene un pequeño ecualizador en la cintura, desde donde modula el volumen de su voz a través del micrófono y quizás el de los músicos que la acompañan. “Buenas noches, muchas gracias por venir”, saluda, y el público responde con una ovación. Sin más, ella comienza a cantar:

Yo quería cambiar el mundo y no podía ni siquiera cambiarme los calzones […]

Ahora me dices que mi vida se basa en una mentira. ¿De casualidad te dije que oriné en tu café? […]

No sé qué esperar del mundo, realmente no sé qué esperar del mundo, no sé qué espera el mundo de mí, nadie tiene ningún derecho a esperar de mí nada en absoluto […]

¡Eres un debilucho cobarde y un patético fraude!

Por el cuello y las muñecas se asoman sus tatuajes religiosos y, más adelante, se arremanga y deja a la vista sus antebrazos tatuados; si alguien no la conociera pensaría que es una fanática, pero quienes la conocemos perdonamos eso y más. Yo la amo y he visto en Tuiter que no soy el único. Es probable que haya eliminado su cuenta personal en Facebook, lo cual sería una lástima porque nos mantenía cotidianamente actualizados acerca de su existencia; allí escribió ella misma:

—Quienes me aman me llaman Magda Davitt, ya no Sinéad O’Connor, que es el pasado y quiero dejarlo atrás. Quienes me aman, entienden eso. Quienes no dejan de llamarme Sinéad O’Connor prefieren tratar con muertos.

Por cortesía de YouTube, uno puede ver y escuchar el concierto que ella dio en 1988 a los 22 años de edad, una maravilla en todos los aspectos. Comienza con Feel So Different, una de sus mejores canciones y de las más representativas, que personalmente me resulta obsesionante, sobre todo por su interpretación allí, una interpretación llena de mímica y lenguaje corporal de sutil expresividad; el arreglo es cautivante y cambia de armonía justamente a la mitad; el diseño de la iluminación es una obra maestra, dicho sea sin temor a exagerar, y tan sorprendente como la compositora y cantante que uno podría imaginar (por error del desconocimiento) siempre melancólica, pero es un torbellino de vitalidad y energía juvenil, que proyecta originalidad tanto en su obra como en toda su personalidad. La balada es cantada con lentes y gabardina, y movimientos lánguidos, pero en la segunda canción, su actitud parece preguntar: ¿Cuál melancolía? Y asegurar: ¡La juventud se impone! En la tercera canción se quita la gabardina mientras canta y emociona al gallinero. Su vestido vaporoso es de viuda negra, casi al estilo de Morticia Addams o Lily Munster y, para cantar la pieza que más fama le ha dado, gracias al “genio disperso” de Prince, se quita el vestido sin que nadie la vea y reaparece con un cubretodo negro y entallado; si la ves con cuidado te das cuenta que no lleva ropa interior, pero su cuerpo incipiente no es muy incitante; su estriptis gradual, más que una exhibición, es expresión de su actitud ante la vida y ante el mundo: está en la cima del éxito y hace lo que se le antoja; sus primeras canciones, aun antes del primer álbum, llegaron al número uno de popularidad en Irlanda y Gran Bretaña, y allí se mantuvieron durante semanas y meses sin competencia preocupante; su primer álbum The Lion and the Cobra (1987) vendió siete millones y medio de copias, y ella (con una congruencia nueva en el mundo del espectáculo) se dio el lujo de rechazar el Grammy, aun cuando el que se le otorgaba, más bien se le ofrecía, inauguraba con ella la categoría de música alternativa. “El Grammy premia el éxito comercial, aunque dicho éxito no se deba necesariamente a la calidad artística; a mí no me interesa un premio cuantitativo”, declaró en su momento.

Year of the Horse, se llamó aquella maravilla de concierto; el genial diseño de la iluminación permite apreciar el también maravilloso rostro de la diva entre sombras con un alto contraste que hace de la imagen algo estéticamente fascinante: la cabeza rapada, los inmensos ojos, la nariz puntiaguda, los labios delgados, y ella cantando sin pensar ni por un segundo en su aspecto físico. Ella, que homenajeó a Marilyn Monroe con una canción, es la antítesis de Marilyn Monroe. Y el concierto en general deja una sensación muy duradera, casi obsesionante: mi admiración se deja sorprender positivamente y crece más allá de los límites racionales.

Por cortesía de YouTube, el siguiente concierto de la misma compositora y cantante resulta más bien contrastante; de hecho, ya no es la misma persona, pues su transformación es profunda y notoria, y los prejuicios son muy fuertes y muy grandes (mal de familia paterna en mi caso). Un cuarto de siglo después, cuando la imperfecta belleza de quien fuera el icono más original en la historia de la música pop es gloria pretérita, verla con su indumentaria sacerdotal y ese crucifijo en el pecho, sus horrendos tatuajes asomando por las muñecas y el cuello, sus pies descalzos como de jipi que no respeta las formas, una producción muy modesta en comparación con la parafernalia del concierto que la consagraba… en fin; todo eso me hizo decir: no, gracias, me quedo con la diosa en su apogeo, y el público en su apoteosis, pero quién sabe cómo y por qué dejé pasar la primera canción y, no obstante que se trata de un divertimento comercial (si tuviera una versión en español, podría cantarla también Lupita D’Alessio), me gustó por la música y porque esa letra medio vulgar es característica de la franqueza y el sentido del humor que Magda Davitt se permite inclusive en días de crisis demoledora: “Ven a montarme, jefe. La última vez que un hombre tocó mi cuerpo fue hace dos años cuando el médico me extirpó la matriz”.

Y aunque la transformación de Sinéad O’Connor, ahora Magda Davitt, incluye su voz (más de 30 años fumando acaba por quebrar la garganta, entre otras cosas), algo tienen todavía sus interpretaciones que imprimen un sello muy personal, se hacen parte de la canción como tal y se quedan en la mente y la sensibilidad como una fijación. Yo no conocía La reina de Dinamarca, y además de gustarme, como ya dije, me sorprendió y me puso de buen humor. La siguiente canción del concierto (4th & Vine), sin cháchara de por medio, ni siquiera una mínima presentación, también es de su época madura, por decirlo así, de esta década; habla de la proyección alegre de un matrimonio y, cantada en vivo, me gusta más que en el video “oficial”.

Todas las canciones de ese concierto son geniales, incluida la interpretación y el arreglo, y ahora no dejo de escucharlas una y otra vez; en particular, me fascina Harbour: “Ella es un puerto / y no tiene puerto”, dicen los dos primeros versos, y mi obsesión me hace caer en la cuenta de lo que tienen en común los primeros versos de algunas letras: son poesía si entendemos la poesía como un lenguaje de símbolos. Otra canción que también se llama Harbour y es fácil confundir si no sabes inglés, comienza con un verso por demás interesante: “La calle no tiene alivio”. Voice of My Doctor, quizá pasaría desapercibida como una canción genial si no fuera por la catarsis casi explosiva; escucharla es una experiencia; escucharla y ver a la cantante hacer la mímica de un regaño con los ojos cerrados es otra experiencia. La última canción del video rompe con todo lo anterior y no me gusta.

En suma y en serio, me pregunto si alguien conoce a la compositora y cantante más allá de sus icónicos inicios y no la ama como yo. Sospecho que, así como el mundo está infestado de imbéciles y abunda la incomprensión y la mala leche (hay que leer la biografía de Wikipedia y la campaña difamatoria del diario español El País para saber hasta dónde suele llegar la vileza en aras de la identificación masiva y el consiguiente lucro), el extraordinario talento de Magda Davitt siempre será menos conocido que las controversias y los escándalos con efectos multiplicadores en la órbita mediática. Si uno busca en internet a la creadora encuentra chismes de fricciones entre las putas de moda y “la calva que habla con Dios”, nada sobre la calidad letrística-poética y musical de quien fusiona como nadie la composición con su interpretación en vivo.

Una última observación: cuando Sinéad O’Connor hizo un retiro espiritual y reapareció gorda, fea y peluda, un ademán de su mano izquierda sustituyó para siempre a la expresividad corporal de la mímica y el lánguido baile de Feel So Different. En su concierto Ancienne Belgique, un cuarto de siglo después, además del ademán, la cantante mueve la cabeza de tal modo que uno difícilmente sabe si lo hace para dar un efecto sonoro o es un tic nervioso. Con los prejuicios que tuve al principio, fue inevitable asociar ese movimiento con el hecho de que la mujer vive ahora empastillada por los siquiatras, y la siquiatría es la “ciencia” de la destrucción del cerebro como negocio de la industria farmacéutica. Más que problemas mentales, que sin duda los tiene, algo en el cerebro de esta brillante, sensible, valiente y honesta mujer, está fallando, y la siquiatría, más que solución, es la sustitución de un problema por otro.

Personalmente, me duele más de lo que puedo expresar el deterioro de Magda Davitt porque, al asomarme a su mundo y hacerlo mío, descubro que se trata del alma más grande y más hermosa de nuestra época, pero como dicen The Beatles en algún lado, nadie quiere a quien está para el arrastre.




 

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De aquellas noches

Edgar Ramírez | Asher

Diciembre 30 de 2007

En el filo de La Navaja bebo el último trago de la noche, último sorbo de oscuridad con luna menguada por la nebulosidad de la mirada, y respiro el último aliento de agonía y soledad en las calles, de las calles en soledad poblada todavía de silencio con eco de caracol, viento que barre la basura y surca el alba. Como quien dibuja el rostro de una mujer compulsivamente antes de perder para siempre su recuerdo, último presente de una relación pretérita, sueño insomne que borra el paso de las horas y los días, me aferro a los restos de este naufragio, vivo intensamente mi pérdida, espero caer la última gota de la noche vacía.

En La Navaja de Garibaldi es de noche todo el día, como en el 13 Negro de Acapulco, donde los noctámbulos de carrera larga prolongaban y extendían sus límites sin dejar de beber para no perder el vuelo, cada vez a menor altura, hasta caer, hasta que no fuera posible llegar más bajo, hasta el cabo del rastro sanguíneo que dejó de correr en alguna parte del subterráneo dédalo de cloacas, laberinto infestado por cucarachas gigantes y ratas en harapos. La Navaja es un punto crítico en la ruta de la muerte, del 33 al Tapanco, donde concurren matones de pacotilla y putas en reposo que no se han bañado ni han dormido en una cama desde su renuncia temporal, desde la primera ola de una marea de insomnio depresivo, desde que el calendario se quedó sin hojas por dárselas al árbol y el árbol tapizó con ellas el otoño, desde la muerte del tiempo con un infarto al reloj.

Del 33 llegan las “vestidas” que antes atracaron a borrachos incautos y solitarios en el cuarto oscuro del Famoso 49, que en paz descanse, a donde llegaban también soldados en sus días francos, francamente desesperados, en busca de un “trenecito”. El Viena era el punto de partida para hombres gay que gustaban de la barra y la sinfonola antes de que el lugar cambiara su look de cantina tradicional por el de la Zona Rosa y lo plagaran puras locas de Cabaretito. El ambiente homosexual degenera gradualmente, sin más pauta que el tedio ni más pausa que el miedo, hasta la sórdida continuidad del Tapanco, en donde la degradación empareja todas las tendencias y preferencias sexuales, dándoles el mismo color, el uniforme de la violencia, la monotonía del odio conservado en alcohol, ahogado en noches y días de rosas en el fango, tirado «a la borrachera y la perdición», dormido y desvalijado en la banqueta. Si el Cabaretito es la Jaula de las Locas, el Tapanco es el Club de la Eutanasia. En la pista de La Navaja una mujer baila desnuda y después tiene sexo allí mismo con cinco hombres, mientras otro es degollado por la espalda en la oscuridad y yo tomo nota desde mi atalaya clandestina.

«Esta es la canción de las noches perdidas», canta Joaquín Sabina con voz aguardientosa por «el aguardiente de la despedida». Subo las escaleras hasta que me detienen en seco las suculentas piernas de una vecina adolescente que mira con tanta intensidad como para provocar un segundo trastorno hormonal y dejarme en el viaje. Una puta de nombre falso dejó mojado mi pantalón en el Tapanco. Hay que llegar urgentemente al quinto piso y destapar una botella antes de padecer la resaca, y vivir encerrado más de un mes hasta que la soledad me haga descolgar el teléfono en cuanto pase la crisis de hipo. ¡Que escampe tu llanto hasta que amaine mi odio! Este departamento es el callejón sin salida en donde los gatos huraños se refugian y asimilan a las sombras y la basura y suben a la azotea para bañarse de luna y maullar sus dolencias del alma. Los vecinos del edificio viven con terror a mis recaídas etílicas, que sólo podré conjurar huyendo cada invierno de la ciudad.

Joaquín Sabina canta La canción de las noches perdidas, y recuerdo que debo continuar el cuento a ritmo de blues, Los muertos no mienten, narrado en forma de espiral, variación literaria de la película más original del cine negro. «Los fugitivos del deber cogen su maldición y se la beben». Supongo que el insomnio, así como es causa de mi adicción al vino tinto, es efecto a su vez de mi adicción a la noche, debilidad que no he padecido por mujer alguna, pero en este caso es imposible la ruptura. La canción de las noches perdidas, que me fascina en la voz de Pasión Vega y la de Mara Barros, es un homenaje de su autor al singularísimo Tom Waits. Mi variación o desvarío, en cambio, mejoraría su letra con el sabor amargo que deja la ruta de la muerte:

El consuelo es un hombre con nombre de mujer,
el odio se bebe hasta la embriaguez
y después se vomita con el estómago vacío…
No encuentro taxi libre que me lleve al infierno.

[…]

No encuentro taxi libre en el infierno.





Magda Davitt

Identidad propia

¿En dónde comienza mi admiración a la cantante y compositora irlandesa Sinéad O’Connor, ahora Magda Davitt? Quizás en su calidad musical como punto de partida; quizás en el momento que se rapó la cabeza para siempre al advertir que la sociedad de consumo, a través de sus medios de difusión, pretendía convertirla en símbolo sexual; quizás en su rechazo al Grammy (no obstante que inauguraba con ella la categoría de música alternativa) por considerar que premiaba más el éxito comercial que la calidad artística; quizás en la prohibición de que un concierto suyo en Estados Unidos comenzara con el himno nacional de ese país y su amenaza de hacer mutis si le era impuesto; quizás en el simbólico momento que rompió una foto del Papa Juan Pablo II y gritó “lucha contra el verdadero enemigo” frente a las cámaras de televisión durante un programa de “máxima audiencia” en vivo, también en Estados Unidos; quizá cuando respondió al abucheo en el Madison Square Garden gritando la canción War, de Bob Marley, que había cantado a capela en aquel programa de televisión; quizás al declararse partidaria del Ejército Republicano Irlandés y festejar después la independencia de Irlanda; quizá desde la continuación de su protesta contra el abuso sexual de niños por curas pederastas y la complicidad encubridora del Vaticano; quizá desde que empezó a denunciar los abusos y maltratos de sus propios padres; quizá desde su defensa del derecho al aborto; quizá desde el reconocimiento público de su propia bisexualidad; quizá desde su crítica y su denuncia de la sociedad de consumo, algo que los medios difusores de chismes reducen a la fricción con cantantes representativ@s del vacío y la superficialidad…

Todo eso tiene su propia historia de pormenores importantes y su contexto no menos trascendental, cuya omisión hace imposible entender cada uno de los actos de rebeldía temeraria que los seres mediocres, insignificantes y cobardes confunden con la secuela del maltrato en la infancia, según los diagnósticos siquiátricos. Las mujeres y los hombres inconformes con el mundo suelen vivir rodeados de una incomprensión aplastante y, a menudo, son tildados de locos, “conflictivos”, protagónicos en busca de notoriedad… ¿Por qué no habría de inconformarse y rebelarse contra el mundo, empezando por su familia, una mujer con más dignidad y sensibilidad que la gente ordinaria, si el mundo es un cúmulo de aberraciones execrables.

Ahora, inspirada en los “afroamericanos” que, además de las cadenas, se quitaban los nombres de esclavos, ella se ha cambiado el “nombre patriarcal” de Sinéad O’Connor por Magda Davitt, después de hacer las revelaciones familiares que he publicado aquí en cuanto suceden. Un acto de ruptura radical a los 50 años de edad. Admirable.



La causa de mi creciente admiración en este caso es que una mujer hermosa decida cantar y componer música alternativa de gran calidad y desafiar al poder criminal con actitudes y comportamientos rebeldes, subversivos, inclusive revolucionarios, además de temerarios, valientes y “terriblemente honestos”, como diría Vanessa Bauche. Eso es obvio. Pero también hay un antecedente familiar: ella es sobreviviente del divorcio de sus padres (algo estigmatizado por el conservadurismo católico de Irlanda), así como del maltrato que sufrió en la infancia, primero por parte de sus padres y después por el colegio-reclusorio en donde fue internada para castigar y reprimir su rebeldía. Al protestar por el abuso sexual de curas pederastas y el encubrimiento del Papa y la jerarquía católica, lo hacía también por el maltrato y el abuso de los que fue víctima ella misma. Pero algo tan fácil de comprender por alguien medianamente informado, sensible y solidario, es más bien imposible para la turba irremediablemente aturdida por la religión. Cuando ella era víctima de vejaciones y abuso sexual en su infancia, buscaba refugio en Dios, a quien prometió que, si lograba salir de ese infierno, denunciaría con todas sus fuerzas a “quienes usan el nombre Dios para hacer el mal”, y empezó por el principal encubridor de la pederastia en el Vaticano, organización a la que acusó de ser un “nido de demonios”. Pocos años después de aquel escándalo en el mundo del espectáculo, y el veto de por vida en la televisión gringa, Sinéad se ordenó sacerdotisa para “rescatar a Dios de la religión”, ordenación que, desde luego, desconoció el Vaticano y la excomulgó.



Desde que Sinéad O’Connor, ahora Magda Davitt, publicó un video en el que habla entre lágrimas y a bocajarro de su soledad, su enfermedad y su crisis en general, me empapo obsesivamente de todo cuanto se refiere a ella y, en la búsqueda, antes de sus revelaciones familiares con dos cartas a su padre, tuve este gran hallazgo, una auténtica joya que también me permito compartir. Se trata de un texto escrito por ella en abril de 2010 y publicado en español por El País (diario que ahora sirve y obedece a la estrategia mediática de Washington, el Pentágono y la CIA contra el pueblo y el gobierno de Venezuela, entre otras cosas). Si alguien no conoce a Magda Davitt, en aquel entonces Sinéad O’Connor, ni es capaz de intuir las razones de su rebeldía y su temeridad, se quedará boquiabierto ante la valentía y la honestidad con que denuncia la hipocresía y la incongruencia criminal de la iglesia católica y el Vaticano ante los abusos sexuales de miles de niños, particularmente irlandeses y gringos, por curas pederastas. El texto es también un testimonio personal, un relato en primera persona de su propia experiencia, lo que añade valor a la denuncia. Los errores de sintaxis, sobre todo hacia el final del texto, son atribuibles a la traducción.

Una variante brutal del catolicismo



Yo soy misántropo y, si acaso tengo algún tipo de fe, la deposito en los seres excepcionales, extraordinarios.


 


Imprescindibles

Serrat flaqueado por Sabina y Aute

Las mejores canciones de mi vida

He seleccionado cien en español y cien en otros idiomas. Ordenadas por autor, género musical y origen geográfico, también hay un orden aproximadamente cronológico. Más adelante haré de cada título un enlace. Por lo pronto, espero que disfrutes la revisión. Vaya pues.

01. Mediterráneo – Joan Manuel Serrat
02. De cartón piedra – Serrat
03. Señora – Serrat
04. Tu nombre me sabe a hierva – Serrat
05. Fiesta – Serrat
06. Vagabundear – Serrat
07. Barquito de papel – Serrat
08. Pueblo blanco – Serrat
09. El titiritero – Serrat
10. Tío Alberto – Serrat

Serrat y Cortez

11. Cantares – Antonio Machado y Serrat
12. Las moscas – Machado y Alberto Cortez
13. La saeta – Machado y Serrat
14. Parábola – Machado y Serrat
15. Españolito – Machado y Serrat
16. Vencidos – León Felipe y Serrat
17. Para la libertad – Miguel Hernández y Serrat
18. El niño yuntero – Hernández y Serrat
19. Elegía – Hernández y Serrat
20. Nanas de la cebolla – Hernández y Alberto Cortez

*

21. Penélope – Augusto Algueró y Serrat
22. El carrusel del furo – Serrat
23. Disculpe el señor – Serrat
24. Niño silvestre – Serrat
25. Benito – Serrat

26. La del pirata cojo – Joaquín Sabina, Antonio García de Diego y Pancho Varona
27. La canción de las noches perdidas – Sabina, García de Diego y Varona
28. Contigo – Sabina
29. Yo quiero ser una chica Almodóvar – Sabina, García de Diego y Luis Eduardo Aute
30. Más de cien mentiras – Sabina
31. Ruido – Sabina
32. Como un explorador -Sabina
33. Tan joven y tan viejo – Sabina
34. Esta boca es mía – Sabina
35. Y sin embargo – Sabina, García de Diego y Varona
36. El capitán de su calle – Sabina
37. A la sombra de un león – Sabina
38. Y nos dieron las diez – Sabina

Patxi Andión

39. De alguna manera – Luis Eduardo Aute
40. Las cuatro y diez – Aute
41. Al alba – Aute
42. La belleza – Aute
43. El niño que miraba el mar – Aute
44. Dentro – Aute

45. Maldita sea – Patxi Andión
46. Palabrita de niño – Andión
47. La que guarda la noche – Andión

48. Andaluces de Jaén – Miguel Hernández y Paco Ibáñez
49. La poesía es un arma cargada de futuro – Gabriel Celaya e Ibáñez
50. Como aquella nube blanca – León Felipe y Soledad Bravo
51. Es tan poco – Mario Benedetti y Bravo

52. La historia de las sillas – Silvio Rodríguez
53. Ojalá – Rodríguez
54. Pequeña serenata diurna – Rodríguez
55. Madre – Rodríguez
56. La canción del elegido – Rodríguez
57. Mariposas – Rodríguez
58. El necio – Rodríguez
59. Quién fuera – Rodríguez
60. La gota de rocío – Rodríguez
61. ¿A dónde van? – Rodríguez

Silvio y Pablo | Nueva Trova Cubana

62. El breve espacio – Pablo Milanés
63. Yolanda – Milanés
64. Para vivir – Milanés
65. Yo pisaré las calles nuevamente – Milanés
66. Créeme – Vicente Feliú
67. No lo van a impedir – Amaury Pérez
68. Don Carlos – Mike Porcel
69. Para cuando me vaya – Porcel

70. Hasta siempre, comandante – Carlos Puebla
71. La niña de Guatemala – José Martí y Óscar Chávez
72. Tus ojos – Estéfano y Emilio Estefan Jr.

73. Callejero – Alberto Cortez
74. En un rincón del alma – Cortez
75. El amor desolado – Cortez

76. Sapo cancionero – Francisco Flores del Campo, Nicolás Toledo y Jorge Hugo Chagra
77. Nada saben de ti – Horacio Guarany
78. La nochera – Jaime Dávalos y Ernesto Cabeza
79. Como la cigarra – María Elena Walsh
80. Yo te nombro – Gian Franco Pagliaro
81. Razón de vivir – Víctor Heredia
82. Alfonsina y el mar – Félix Luna y Ariel Ramírez

Mercedes Sosa en 1967

83. Todo cambia – Julio Numhauser Navarro
84. Chiquillada (Pantalón cortito) – José Carbajal «El Sabalero»
85. Macondo – Daniel Camino Diez Canseco
86. El muerto vivo – Guillermo González Arenas
87. El alcaraván – Simón Díaz
88. Las casas de cartón – Alí Primera
89. Sal a caminar – Roy Brown
90. Cristo de Palacaguina – Carlos Mejía Godoy
91. Duerme negrito – Nana popular, versión de Atahualpa Yupanqui

Óscar Chávez

92. Flor de azalea – Manuel Esperón
93. Nunca jamás – Óscar Chávez
94. Perdón – Pedro Flores

95. Tiempo de híbridos – Rockdrigo González
96. Distante instante – Rockdrigo
97. Ella – Carlos Arellano
98. Los gatos no creen en los ángeles – Armando Rosas

99. Sol de alas anchas – Israel Vicente
00. El caracol – Gustavo López
01. La tortuga – Son tradicional
02. Petrona de neza guete’ – César López
03. Xquenda – Manuel Reyes Cabrera «Rey Baxa»
04. Ra Bacheeza – «Rey Baxa»

05. Helena – Joan Manuel Serrat
06. La primera – Serrat
07. Pare – Serrat
08. Per al meu amic – Serrat
09. Els vells amants – Serrat
10. El drapaire – Serrat
11. Me’n vaig a peu – Serrat
12. Els titelles – Serrat
13. Paraules d’amor – Serrat
14. Malson per entregues – Josep Maria Bardagí y Serrat
15. Salam Rashid – Serrat
16. El teu àngel de la guarda – Serrat

Lluís Llach y la Nova Cançó

17. L’Estaca – Lluís Llach
18. La gallineta – Llach
19. El bandoler – Llach
20. D’un temps, d’un país – Raimon
21. Perquè vull – Ovidi Montllor
22. Lletania – Miquel Porter, Lluís Serrahima y Jaume Armengol
23. La Lilí i l’Alí Babà – La Trinca
24. Cançó del desig farsant – Josep Maria de Sagarra y Guillermina Motta

25. O sonho – Pedro Ayres Magalhães (Madredeus)
26. Haja o que houver – Magalhães (Madredeus)
27. Guitarra – Madredeus
28. Chanda Mama – Ananda Giri y Enzo Buono
29. Dorogoi dlinnoyu – Konstantin Podrevsky y Boris Fomin

Joan Baez y Bob Dylan

30. L’Enfant au tambour – Katherine Kennicott Davis, Henry Onorati y Harry Simeone
31. Que c’est triste Venise – Charles Aznavour
32. Non, Je ne regrette rien – Michel Vaucaire y Charles Dumont
33. Mon Manege A Moi – Jean Constantin y Norbert Glanzberg
34. Padam padam – Henri Contet y Glanzberg
35. Milord – Georges Moustaki y Marguerite Monnot

Edith Piaf

36. Concierto para una sola voz – Christian Langlade «Saint Preux»
37. Concerto de Tchaikovsky – pieza interpretada por Danielle Licari
38. Gloria eterna (Suite No. 11 Sarabande) – George Frideric Handel
39. Je chante avec toi liberté – música de la ópera Nabucco, de Giuseppe Verdi, con letra de Claude Lemesle y Pierre Delanoë
40. Franz – música de Franz Schubert [1] con letra de Lemesle y Delanoë

41. El cóndor pasa – Daniel Alomía Robles, Jorge Milchberg y Paul Simon
42. The Sound of Silence – Paul Simon
43. Mamy Blue – Hubert Giraud y Phil Trim (Pop Tops)
44. Road to Freedome – Pop Tops
45. Amazing Grace – John Newton
46. Hallelujah – Leonard Cohen
47. Suzanne – Cohen

McCartney y Lennon en 1967

48. My Clone Sleeps Alone – Pat Benatar
49. Don’t Let It Show – Alan Parsons y Eric Woolfson
50. Gypsy – Stevie Nicks (Fleetwood Mac)
51. Young Turks – Rod Stewart, Carmine Appice, Kevin Savigar y Duane Hitchings
52. Bohemian Rhapsody – Freddie Mercury (Queen)
53. Somebody To Love – Mercury (Queen)
54. Don’t Stop Me Now – Mercury (Queen)
55. The Fool on The Hill – Paul McCartney y John Lennon (The Beatles)
56. A Day In The Life – Lennon y McCartney (The Beatles)
57. Don’t Let Me Down – McCartney y Lennon (The Beatles)
58. Across The Universe – Lennon y McCartney (The Beatles)

Freddie Mercury (Queen)

59. What’s Up – Linda Perry (4 Non Blondes)
60. All that you have is your soul – Tracy Chapman
61. Born To Fight – Chapman
62. You’re The One – Chapman
63. Subcity – Chapman
64. The House of the Rising Sun (Rising Sun Blues) – Autor desconocido
65. Sixteen Tons – Merle Travis
66. In the Ghetto – Mac Davis
67. Take It Easy – Glenn Frey y Jackson Browne (Eagles)
68. Hotel california – Frey, Don Felder y Don Henley (Eagles)
69. Blowin in The Wind – Bob Dylan
70. Don’t Cry for Louie – Dani Klein y Dirk Schoufs (Vaya con Dios)
71. Stand By Me – Ben E King

72. The Night Chicago Died – Peter Callander y Mitch Murray (Paper Lace)
73. Long Cool Woman in a Black Dress – Allan Clarke, Roger Cook y Roger Greenaway (The Hollies)
74. Venus – Robbie van Leeuwen (Shocking Blue)
75. Trouble – Jerry Leiber y Mike Stoller
76. Fever – Eddie Cooley y John Davenport
77. I’d Rather Go Blind – Ellington Jordan y Billy Foster
78. Are You Lonesome Tonight – Roy Turk y Lou Handman
79. Unchained Melody – Hy Zaret y Alex North

Tracy Chapman con Sting y Bruck Sprinfield

80. The Winner Takes It All – Benny Andersson y Björn Ulvaeus (Abba)
81. Fernando – Andersson, Ulvaeus y Stig Anderson (Abba)
82. Andante, andante – Andersson y Ulvaeus (Abba)
83. One Step Beyond – Prince Buster o Cecil Campbell
84. Soolaimon – Neil Diamond

Pat Benatar

85. Memory (Cats) – Andrew Lloyd Weber y Trevor Nunn
86. The way we were – Marvin Hamlisch, Alan Bergman y Marilyn Bergman
87. Evergreen (Love Theme from «A Star Is Born») – Paul Williams
88. Don’t Cry for Me, Argentina – Tim Rice y Andrew Lloyd Webber
89. I Dreamed a Dream (Les Misérables) – Claude-Michel Schönberg y Herbert Kretzmer
90. One Day More (Les Misérables) – Schönberg y Kretzmer
91. The Impossible Dream (Man of La Mancha) – Mitch Leigh y Joe Darion
92. I, Don Quixote (Man of La Mancha) – Leigh y Darion
93. Everything’s Alright (Jesus Christ Superstar) – Tim Rice y Andrew Lloyd Webber
94. I Don’t Know How To Love Him (Jesus Christ Superstar) – Rice y Lloyd Webber
95. Who Will Buy (Oliver) – Lionel Bart
96. Reviewing the Situation (Oliver) – Bart
97. The Flesh Failures (Let The Sunshine In) (Hair) – James Rado, Gerome Ragni y Galt MacDermot
98. Maybe This Time (Cabaret) – John Kander y Fred Ebb
99. New York, New York – Fred Ebb y John Kander
00. Why don’t you do right – Kansas Joe McCoy

Abba

[1] Adagio (Nocturne, o notturno) in E flat D 897