Archivo de la categoría: Crítica

Micro realidad

El legado

Había una pareja que, a partir de su identificación ideológica y sus fuertes lazos de unidad, se puso un membrete panfletario para participar en el lucrativo negocio de la prostitución política; tuvo muchos vástagos y, con el paso de lustros y décadas, uno de los hijos se unió a la causa de los padres, de modo que la organización creció y siguió creciendo cuando, al paso de más lustros y décadas, uno de los nietos se unió también a la causa de los abuelos, y vino el homenaje a la perseverancia y la tenacidad, la unidad inquebrantable, los principios y los fines, todo inflexible y puro en teoría. La pareja fundadora de la organización murió al pie del cañón, en pie de guerra, y su legado es conocido por las nuevas generaciones de activistas que ven el imaginativo membrete de panfleto en las redes sociales, con cuentas administradas por el hijo y su pareja, el nieto y su pareja. “¡Seguimos unidos y cada vez somos más! ¡La lucha sigue! ¡Venceremos!” –reza el perfil de la empresa.

El anatema

“Pero queremos dejar claro –dijo el gran líder– que nos referimos a la prensa y no a la policía con gafete de prensa”. Entonces todos aplaudieron con entusiasmo fanático: frenético y estridente, incluidos los incontables emisarios de corporaciones policíacas y militares que trataban de pasar desapercibidos; sólo se abstuvo alguien por disentir de la fórmula discursiva y advertir su fracaso, alguien que ahora es señalado por todos desde la sombra: ¡Policía!

Los universitarios progres

Reunidos en Sanborns, llevaban puestos blue jeans Levi’s y tenis Nike, y fumaban Marlboro en el área de fumadores; pusieron sus dispositivos Apple en la mesa, pidieron Coca Cola y Banana Split, y se aventaron cinco horas disertando en tono yupi sobre la vigencia del marxismo y la revolución socialista.

El amor obligatorio

–¡Debes amar a tu país! –sentenció el profesor de civismo, señalando con un dedo flamígero el rostro de su alumno, a quien inculcan “amor” desde entonces con la hiriente disonancia de tambores y trompetas, obligándolo a marchar en solemne ceremonia de corte militar, cuando él todavía no despierta del todo, pesadilla semanal que recordará con rencor durante décadas, una vez liberado, y optará por el odio y la violencia retroactiva como efecto directo, no colateral, de asociar el verbo “amar” con la imposición de nociones demagógicas y vacuas, obligaciones irracionales, así como el sustantivo “país” con ausencia de contenidos y significados reales, acumulación de vacío y verborrea, y preferirá vivir por su parte a morir por la patria.

Degradación privada

El Chupacabras vendió Telmex a su prestanombres, que primero reemplazó a los humanos por máquinas y luego contrató a miles de autómatas infrahumanos que, además de creer en el mito de la infalibilidad sistémica y obedecer a ciegas, son baratos. Desde entonces, mi contestadora telefónica recibe hasta diez llamadas que, a veces con voz grabada, me cobran durante una semana o más, después de que pago muy caro por un mes de servicio incompleto y pésimo.

(Esta historia continuará…)

Democracia

Érase un restaurante llamado México en el que había dos opciones de bebidas: Coca Cola y Pepsi, pero algunos comensales no querían beber eso; entonces Coca Cola se mezcló con Pepsi y surgió así «la izquierda»; luego Pepsi mezclóse con Coca Cola y surgieron los «candidatos independientes»; unos cuantos millones de pendejos creyeron ser electores de sus bebidas; los dueños del restaurante les dieron a comer mierda, y ellos bebieron y vivieron infelices para siempre. Fin.

Perpetuación de la enfermedad

Hubo dos candidatos en la elección municipal. El primero declaraba: “Soy orgullosamente mexicano; amo a mi país”, mientras el segundo espetaba: “La naturaleza del mexicano es una porquería y por eso México perpetúa todos sus males, en vez de erradicarlos de raíz”. Como era previsible, el candidato nacionalista ganó con el cien por ciento de los votos, y el oponente confirmó el acierto de su diagnóstico.

El votante

Al ensuciar su dedo, limpió su conciencia y, cuando despertó, el dinosaurio era él.


El demente

Érase un candidato a presidente de México que, para acabar con la corrupción, ofrecía perdonar a los corruptos y, para acabar con la violencia, ofrecía perdonar a los capos del crimen organizado, y todo era perdón en su programa de impunidad llamado Proyecto de Amor y Paz 2018.

Calabaza

El 12 de diciembre, día de la Virgen de Guadalupe, se registró AMLO como candidato del partido Morena del Tepeyac y envió una carta a los Reyes Magos en la que decía: “Prometo ser buen priista si me dejan llegar”. Pero llegó el esperado 6 de enero y San Peje se quedó esperando su regalo.

La contienda

–¡Respetable público: Lucharaaán a dos de tres caídaaas sin límite de tiempo, en esta esquinaaa el PRI original y, en esta otraaa, su copiaaa “morena”!

En campaña

Un escalofrío invadió mi cuerpo al ver el Zócalo infestado por una desbordante y aplastante masa de zombis. En el templete, los arengaba El Peje.

Masoquismo

La moda zombi alcanzó tal desproporción que, en México, por ejemplo, formaron partidos políticos y ganaron todas las elecciones.

En México

La epidemia zombi se generalizó y terminó por identificar y unir a los infectados, que ahora la llaman nacionalismo.


Obnubilación

El Maratón Guadalupe – Reyes fue creado por el Diablo para que sus abyectos súbditos en México pudieran engendrar la nueva Ley de Seguridad Interior, también llamada Ley de Represión Interior, pues en vísperas de la próxima sucesión presidencial no estaba programado ningún partido de la Selección Nacional de Futbol.

Mucho gusto

Aquí entre sicópatas, me presento: Causé un genocidio con 121 mil 683 personas asesinadas y más de 26 mil desaparecidas en seis años, según cifras oficiales, y ahora pretendo que mi cónyuge (una buena para nada que ni siquiera sabe hablar) lo continúe.

No es cuento

Los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki tuvieron una réplica mexicana que duró dos sexenios con el nombre de «guerra contra el narcotráfico», un número similar de bajas mortales y 38 mil desaparecidos, pero en versión perpetua y empeorada, pues México se acostumbra siempre a lo que sea y terminó legalizando el genocidio y la barbarie.

Desvergüenza

El Partido presentó en comisiones y al pleno de la Cámara de Diputados un proyecto de Ley para la abolición de la vergüenza y la conciencia, castigando con cárcel y elevadas multas a quien fomente sedición informativa y pesquisas morales cuando atenten contra la falta de principios y valores éticos. [1]


El innombrable

Érase un país tan pobre que ni siquiera tenía nombre ni cultura propia y tan loco estaba el pobre que solía confundir su demencia con democracia.


1. Premonición: Días después de publicado este microrrelato en Tuiter, el Senado de la República devolvió a la Cámara de Diputados el proyecto de Ley de Seguridad Interior, también llamada Ley de Represión Interior, y la Cámara baja envió a la Cámara alta un proyecto de «Ley Mordaza».

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Hasta siempre, querido Rius

Hubo un momento, a principios de mis años veinte, en que yo había leído suficientes libros de Rius como para creer que eran todos, seguramente más de veinte, quizá más de treinta, algunos más de una vez, hasta que descubrí muchos títulos nuevos para mí en uno de esos clavados que me aventaba durante horas en la librería Siglo XXI de San Ángel, donde nunca había gente y por eso me gustaba. Cuando el autor llegó a los cien títulos y los tuve todos frente a los ojos en Gandhi, El Sótano, El Parnaso o la librería de la Cineteca Nacional, yo no conocía ni siquiera la mitad, y así me quedé. Pasé de los “monitos” a la bibliografía que los inspiró y documentó, una vez radicalizado el lector, no sólo por el marxismo, sino también por el ateísmo y las posturas más anticlericales, así como por el naturismo y el vegetarianismo, entre otras cosas.

En mi decálogo de libros favoritos, desde hace tres décadas o más, hay dos de Rius: El diablo se llama Trotsky y La vida de cuadritos. El primero lo leí unas veinte veces y transcribí su contenido a máquina, con obsesividad compulsiva y casi fanática. Aun así, nunca fui trotskista, sino un simple admirador de Trotsky.

De la bibliografía consultada para la elaboración de los librajos o libracos (así los llamaba su autor), me hice de títulos que serían lectura obligada en mi formación marxista, y entonces detecté abundantes errores, imprecisiones y hasta falsificaciones deliberadas, como la historia del muro de Berlín en algo más que una frase, por lo mucho un párrafo breve, pasajes de la Revolución Cubana que parecen la versión oficial para poner en ridículo al imperialismo yanqui… etcétera. Luego vino el viraje crítico, de Cuba para principiantes y Cuba libre a Lástima de Cuba, del homenaje romántico a las hazañas de los barbudos, al furioso anticastrismo, un viraje que no comparto en términos generales.

De la gran obra de Rius quizá lo peor sea Marx para principiantes, que para los “marxistas” de bolsillo (analfabetas por hueva) fue una especie de manual deformativo, por contener algunos de los errores más burdos que suelen cometer los simplificadores del marxismo, como confundir a Marx con Dios y hacer un revoltijo marca Diablo en la introducción.

Entre los títulos más importantes en mi vida, por ser primero una muy sonada referencia durante años y por la influencia que tuvo después su lectura, está La panza es primero, que algo tiene de icono en uno de los temas recurrentes de Rius. Años después leí en las mismas sentadas los librajos naturistas de Rius y los manuales de Shaya Michán, que prácticamente coinciden en todo, por lo que sus enseñanzas están en el mismo lugar de la memoria como si fueran de la misma persona.

Los títulos de Rius cuyo consumo recuerdo sin lugar a dudas son, en orden cronológico: La joven Alemania, Cristo de carne y hueso, La panza es primero, Lenin para principiantes, La trukulenta historia del capitalismo, ABChé, Mao en su tinta, Historia rapidísima de España, Manual del perfecto ateo, El diablo se llama Trotsky, La vida de cuadritos, El amor en los tiempos del SIDA, La Revolucioncita Mexicana… Que escapan al orden cronológico: Marx para principiantes, Economía para ignorantes (en economía), El hierverito ilustrado, los dedicados a Cuba…

Los que no estoy seguro de haber leído (es probable que lo haya hecho, pero no pasan la prueba del añejo) son: Compa Nicaragua, Hitler para masoquistas, La iglesia y otros cuentos, Toros sí, toreros no, Puré de Papas

Algunos eran prestados cuando los leí; otros los tengo en cajas que no he desempacado. A la mano, tengo La Invención del Cristianismo, que me regaló mi mamá recientemente y no he leído.

Tan memorable como algunos pasajes del autor es el berrinche que hizo el locutor José González Márquez al aire en Radio Educación por el título de La Revolucioncita Mexicana (¡No fue ninguna “revolucioncita”, sino una gran revolución!) y porque Rius, según su espontáneo crítico, era un “todólogo”, como si eso implicara ser especialista en nada. Yo diría que Rius, un auténtico sabio, era especialista en historia del marxismo, en la crítica del cristianismo y de la Iglesia católica, en naturismo y vegetarianismo (tanto como Shaya Michán, que es autoridad en la materia).

Por lo basto y prolífico de la obra de Rius, por la influencia que tuvo en la radicalización del pensamiento joven y la formación autodidacta (en el transporte colectivo al bachillerato y la universidad), sería un error quedarnos en el lamento por su muerte, que debe ser más bien ocasión para revisar dicha influencia y medir su trascendencia. En lo personal, me apena que Rius padeciera de cáncer y no haya vivido más tiempo, así fuera para descansar y ser feliz. Hace un cuarto de siglo (la mitad de mi vida) confesó en una presentación que se dedicaba principalmente a su salud, y lo entendí, pero nunca dejó de trabajar porque la gente creativa y productiva no lo puede evitar, ni lo intenta. Se va el autor, pero su obra se queda. ¡Hasta siempre! Vaya pues.


Creepypasta

El lado humano de la oscuridad

Hace unos días escuché de noche, durante unas diez horas continuas, los videos que abundan en YouTube sobre la Deep Web o Red profunda, limitándome al audio mientras hacía otras cosas, y quedé obsesionado con el tema, tanto que volví en los días siguientes a dichos videos, ahora también para verlos, y descubrí muchos otros. Consciente de la falta de seriedad que hace de la Deep Web un conjunto de mitos en la mayoría de los casos, he buscado además información escrita, y mi obsesión llegó al punto de soñar con algunas de las escalas en esta ruta de navegación, despertar pensando en ellas o, como de costumbre, tener insomnio.

El video Daisy’s Destruction y la asociación delictuosa de sus autores, No Limits Fun (NLF), como paradigma de la maldad y la perversidad que nomás el humano desarrolla y desata, pues ningún otro animal es capaz de semejante aberración, me hacen pensar, de paso, en la cobarde irresponsabilidad de quienes fomentan ignorancia y aseguran, por ejemplo, que el video snuff es una “leyenda urbana”. Wikipedia, en primer lugar.

Abundan referencias a Normal Porn for Normal People (NPNP), el sitio de la Deep Web más conocido en la actualidad, tanto por su representatividad como por su reciedumbre, pero en términos de formato y contenido, este sitio no representa novedad alguna, pues reproduce un esquema de hace dos décadas, cuando un sitio por el estilo sentó precedentes paradigmáticos en este sentido. Luego de NPNP surgieron otros de índole similar que los nuevos internautas, sobre todo youtubers, han convertido en lugares comunes, como Central Park, que es un directorio, o Dark Scandals, Boy Vids, zPlay y Baby Heart, por mencionar sólo algunos que ofrecen pornografía infantil, violaciones, torturas y asesinatos en línea, entre otras cosas, todo a cambio de pagos anticipados, cuyos montos hacen prohibitivo lo que de por sí es ilegal y criminal desde la perspectiva ética.

Cuando comenzó mi experiencia internáutica en 1998, navegué hasta el naufragio por océanos de pornografía y conocí todas las categorías públicamente permitidas, además del bestialismo y otras parafilias ilegales en algunos países, pero quizás entonces no existían límites o fronteras entre la red superficial y la red profunda, de modo que atravesé la delgada línea sin saberlo, al verme de pronto en un sitio llamado The Human Side of Darkness (El lado humano de la oscuridad), con la descripción: Addiction to the Obsessive Search of Dangerous Routes and Shortcuts to Death (Adicción a la búsqueda obsesiva de rutas peligrosas y atajos a la muerte). Como Central Park, contenía un directorio de “todo lo prohibido”, con enlaces a sitios de acceso restringido a pornografía y prostitución infantiles (videos y galerías fotográficas, chats para intercambio de material audiovisual o para concertar “encuentros reales”), tráfico de armas, narcóticos y órganos humanos, video snuff en lo que ahora es conocido como Red Room y un escabroso etcétera. Por increíble que resulte, había un sitio que, según esto, vendía mujeres mutiladas. Otro decía contener material “clasificado” acerca de visitantes extraterrestres… En fin.

Pasarían muchos años, inclusive lustros, para que yo supiera guardar evidencias en capturas de pantalla. Y como jamás pago, además de mi conexión, por tener acceso a nada en internet, lo interesante para mí era el contenido que se ofrecía, de entrada, sin restricciones de ningún tipo, a saber, siete videos muy sórdidos que aumentaban progresivamente de perversión hasta un nivel tóxico y criminal, antes de sendo collage en forma de video clip con algunas escenas también extremas y reales, pero extraídas de películas públicas; esto último lo descubrí en años recientes al conseguir todas las cintas relacionadas en rankings o tops de cine transgresor, controvertido, perturbador y demás por el estilo; en algunas de estas películas vemos asesinatos reales de animales como gatos, zarigüeyas o tlacuaches, tortugas, puercos… Al final daré todas las referencias al respecto.

Arthur Tress | Pesadillas Infantiles

Advertencia: La descripción de los videos no es apta para sensibilidades débiles o delicadas. Como reza el cliché, “se recomienda discreción”.

Video 1: Un par de adolescentes flacos y pálidos con acné, uno de ellos grabando el plano-secuencia con una pequeña cámara de video, llegan a la sala de una casa, en donde una niña de siete años (según mis cálculos), sentada en un sofá, mira televisión. Los jóvenes le dicen en inglés que su mamá está dormida y es la ocasión para vengarse por todo el daño que le ha hecho; le recuerdan prohibiciones, humillaciones, golpes, gritos, amenazas y maltratos de toda índole; la niña los escucha con una expresión creciente de rencor y está por empezar a llorar cuando ellos la consuelan, le dicen que la apoyan, que están de su lado; le proponen matar a la mamá con un gran cuchillo que han sacado de la cocina; el plan es golpearla primero con un bate de beisbol para que ella pueda acuchillarla enseguida. La niña se entusiasma y acepta; los tres suben sigilosos las escaleras, uno de ellos grabando todo, el otro armado con un bate, y ella con el gran cuchillo; abren la puerta de una recámara en silencio y entran de puntillas; el chavo del bate golpea con gran impulso al cuerpo que yace bajo las cobijas; vuelve a golpearlo y le dice a la niña: ¡Ahora tú! ¡Vamos! La niña se arroja sobre el bulto y lo apuñala; se oyen las voces de ellos que ríen y exclaman: “Fuck! Shit!” La niña no deja de propinar cuchilladas, hasta que se cansa y ellos dicen: “A ver cómo quedó”. Quitan las cobijas de encima y ven que debajo había un costal, por cuyas heridas está manando arena. La niña mira a los muchachos que primero fingen sorpresa y luego ríen a carcajadas; ella entonces llora y luego grita; sus llantos y gritos de protesta y frustración aumentan de fuerza; uno de los muchachos le pide el cuchillo y ella lo recuerda, así que trata de apuñalarlos; ellos corren sin dejar de reír, hacer más bromas y burlarse; ella los persigue para vengarse; la escena se agita, se hace confusa y termina.

Video 2: Dos o tres cámaras ocultas dentro de una casa o un departamento graban el momento en que una mujer de unos 24 años, morena y delgada, con gabardina, minifalda y medias oscuras, recibe la visita de una mujer anciana que se presenta para cuidar a un enfermo. Por su acento, ambas podrían ser chicanas o latinas en Estados Unidos. La joven cierra la puerta con llave por dentro; la vieja se tensa y muestra desconfianza, pero intenta disimularla; la joven revela con parsimonia que se trata de una situación anómala, que el enfermo está loco, es un violador sexual y asesino; la anciana dice que no le interesa el trabajo y pide que le abra para irse, pero la muchacha responde: “Lo siento, lo lamento, no puedo dejar que se vaya porque tengo una cita importante y no voy a dejar al enfermo solo, sin que alguien lo cuide; usted ya vivió la vida y ahora me toca a mí”. Están en la sala-comedor. Ella abre una recámara, entra y sale con un hombre muy alto y corpulento, está desnudo, salvo por un pañal como de bebé gigante y una máscara de piel negra; tiene un collar como de perro y ella lo jala del cuello con una cadena. “Oh, My God!” –exclama la vieja con ambas manos en el pecho. “La señora te va cuidar –le dice la joven al hombre–; tócala para que la conozcas”. El hombre la tienta como si estuviera ciego; la anciana parece perder fuerza en las piernas y cae sentada en una silla; su miedo es cada vez más evidente y gime; el hombre toca su pelo y su cara, antes de abrazarla impidiendo que se levante; la muchacha aprovecha para tomar su bolso y abrir la puerta. “Los dejo porque tengo que irme; ya se me hace tarde; regreso en la noche”. Sale y cierra la puerta con llave por fuera. El hombre grita sin dejar de abrazar a la vieja: “¡Mamá, mamá!” Y la vieja: “¡No, no, por favor!” Pero él insiste: “¡Mama, mama!” La imagen del video se oscurece por completo, pero seguimos escuchando sus voces. Algo progresó porque los gritos de la mujer aumentan su fuerza como expresión de angustia. El hombre gime y repite cada vez más fuerte: “¡Mama, mama!” Y ella: “¡No, por favor! ¡Noooooo!” Su grito es desgarrador y hay un corte abrupto.

Video 3: Alguien (al parecer adulto) sigue a dos niños de cerca, o más bien los acompaña, grabándolos en video. El lugar parece un parque descuidado y sucio, con árboles en abundancia alrededor de unas casas de bajo nivel económico, social y cultural. Los niños tienen unos nueve y once años de edad, están flacos, pálidos y mal vestidos; empuñan palos, cargan un bidón y hacen breves comentarios en inglés mientras recorren una ruta de trampas que atrapan gatos durante la noche; una de esas trampas es una red colgante; otra es una jaula; otras son cepos que atrapan una pata del gato… Los niños asesinan a todas sus presas: al gato atrapado por la red lo golpean con palos como si fuera una piñata; a uno que tiene la pata prensada también lo matan a palos; a otro lo rocían de gasolina y lo queman vivo; los aullidos son desgarradores; al último lo llevan arrastrando con una cuerda hasta unos tambos con agua y lo ahogan…

Video 4: Una mujer muy guapa que no pasa de 30 años, acomoda una cámara oculta en su departamento y, mirando hacia ella, dice en español con acento español: “Hola, chicos; estoy sola y aburrida en casa, y como también tengo hambre de comida y de hombre, he pedido por teléfono una pizza y, cuando venga el repartidor, voy a recibirlo así”. En cuclillas, se pone de pie y se aleja dos pasos de la cámara para mostrarse de cuerpo entero: descalza, viste una blusa entallada y oscura, pero transparente, que permite ver nítidamente la forma de las tetas sin sostén y los pezones; su torso es un poco ancho, propio de la edad, y bajo la cintura está enfundada en una pantaleta no menos ajustada; es muy incitante y apetecible; sus piernas son carnosas, hermosas, espectaculares, como sus nalgas, que asoman a la mitad. “¿Ustedes qué opinan? –pregunta de nuevo a la cámara– ¿Creen que le guste? Espero que sí porque me lo quiero follar delante de esta cámara bien escondidita para que ustedes pasen un rato agradable, como yo”. La mujer camina con calma sobre la alfombra de un lado a otro del departamento; vemos que su cuerpo y las prendas que ha elegido son en verdad excitantes. Suena un timbre ruidoso y vibrante; ella pregunta: “¿Quién es?” Y alguien responde: “El repartidor”. Ella abre, y el supuesto repartidor patea la puerta con tal fuerza y tal violencia que golpea la frente o la cara de la mujer; ella da unos pasos hacia atrás, tambaleándose; el hombre irrumpe; viste de negro todo, incluido un pasamontañas; la golpea de nuevo en la cara, ahora con el puño, que al parecer lleva unos nudillos de metal encima de los guantes negros; la mujer cae al piso y él se arroja sobre ella para golpearla más en la cara con el puño derecho y una saña inexplicable; le propina diez puñetazos y se levanta para cerrar la puerta; vuelve a la mujer y le arranca la blusa, luego la pantaleta; se desabrocha el pantalón y empuña su pene erecto para introducirlo en ella; la penetra gimiendo como si más bien sostuviera una pelea; casi grita cuando eyacula, y entonces hace girar el cuerpo de su víctima; la penetra por detrás con los mismos gemidos; se levanta, se abrocha y, antes de marcharse, asoma con precaución por la puerta entreabierta, se quita el pasamontañas y sale; no alcanzamos a ver su rostro; ella se queda en el suelo, inconsciente; alguien adelanta el video en post-producción y, media hora después, según el reloj de la pantalla, suena el timbre, golpean la puerta, la abren y entran varios hombres, paramédicos y gendarmes, revisan a la mujer, atienden las heridas de su cara, la suben a una camilla y se la llevan; la policía revisa el departamento, pero no se percata de la cámara escondida; todos se marchan y la cámara continúa grabando. Es obvio que alguien llega después y se lleva el video…

Video 5: Una sola toma sin cortes, muy extensa, en un cuarto de la morgue; hay cuerpos sobre las mesas o camas de metal, cubiertos con pequeñas sábanas blancas. Se escucha la respiración de quien maniobra o manipula una cámara en movimiento y desliza lentamente una sábana para dejar al descubierto uno de los cadáveres; obviamente desnudo, es el cuerpo de una mujer de mediana edad y complexión regular; la cámara registra todos sus ángulos, rodeando con morbosa lentitud el lecho metálico, antes de hacer acercamientos al pecho y al pubis. “Tits, tits, pussy, pussy”, dice una voz masculina en tono libidinoso detrás de la cámara. “So beautiful!” La cámara vira hacia otra cama, y el camarógrafo desliza lentamente otra sábana, dejando al descubierto el cuerpo de un niño muerto, pálido y macilento, de unos diez años. Como en el caso anterior, el camarógrafo se asegura de que no quede ni la más mínima duda: se trata de un cadáver. Entonces fija la cámara con miras a la mujer, y el camarógrafo se deja ver; lleva un tapabocas, una bata blanca y guantes de látex; se desnuda sin quitarse los guantes ni el tapabocas; es velludo y obeso; acaricia su propio pene erecto y se pone un condón; acaricia las tetas de la mujer y luego el pubis; introduce los dedos bajo el látex. “Oh, yes! Jeah! –exclama– “This is good, very good”. Lame las tetas, separa las piernas de ella y se acuesta encima; tiene un coito. “Mira cómo la profano”, dice al cadáver infantil en inglés. “Mira cómo lo disfruta”. Su gemido estalla; respira con alivio; se levanta; se cambia el condón. “No seas envidioso”, dice al cadáver infantil, siempre en inglés. “Ahora sigues tú”. Se dirige a la cámara y la apaga.

Video 6: Cubierto de pies a cabeza con piel negra, un hombre amarra a una mujer desnuda, menuda, muy joven y muy blanca, de tal modo que ella queda empinada sobre una cama, pero con las rodillas en el piso. “You’ll like it”, le dice. Ella parece muy tensa; su respiración es muy sonora; él la amordaza y ella reacciona, protesta sin alcanzar a decir palabra; el hombre se va y regresa con un rottweiler muy grande y excitado; él empuña su collar con ambas manos, conteniéndolo; induce que la monte y ella se agita, se convulsiona, emite un sonido frustrado a pesar de que, por lo visto, intenta gritar con todas sus fuerzas; el perro la monta, la penetra; ella gime y llora sin dejar de agitarse; su cara enrojece; cuando el perro termina, el hombre lo jala hacia atrás y lo azuza como impulsándolo para una segunda embestida; repite la maniobra unas cinco veces hasta que el perro gruñe y ladra; entonces lo suelta y el perro se abalanza sobre la mujer, la muerde, agita la cabeza con ella en su hocico, la destroza y se relaja, se calma un poco al empezar a comérsela sin dejar de gruñir. Fundido en negro.

El séptimo video no era propiamente narrativo como los anteriores, sino una especie de collage elaborado con todos los recursos técnicos de un trabajo profesional, básicamente post-producción; tenía mucho de video clip y era el más extenso: duraba entre quince y veinte minutos; comenzaba con escenas aparentemente caseras de una niña rubia que jugaba con sus papás o con alguno de ellos mientras el otro la grababa; ella tenía tres o cuatro años de edad, según mis cálculos; sonaba Everything’s alright del musical Jesus Christ Superstar, o una canción muy parecida, sobre todo por el arreglo; cuando cantaba Yvonne Elliman veíamos las escenas candorosas y familiares, pero cuando irrumpía la voz del Judas negro, aparecía una foto, al parecer de la misma niña, pero ahora muerta, con acercamientos y alejamientos rápidos; no podíamos apreciar nada con detenimiento; cuando las voces alternaban en la misma canción, también alternaban escenas fijas de la niña viva y la niña muerta, implicando que se trataba de la misma persona; el cadáver yacía boca arriba con sangre escurrida desde la boca y la nariz; tenía el rostro desfigurado, como si alguien lo hubiera golpeado con un tubo de metal; sus calzones estaban a la altura de los tobillos y había sangre escurrida desde la entrepierna; entonces aparecía un hombre con un antifaz similar al de Batman, pero sin las orejas; tenía el torso desnudo y flaco, y empuñaba un tubo metálico; sonreía con algo entre los dientes, quizás un hueco, un diente negro o algo así, y señalaba a la cámara con el dedo índice de la mano izquierda, mientras empuñaba con la derecha el tubo metálico, apoyándolo sobre su hombro; volvía el cadáver de la niña cada vez más cerca y de nuevo la foto fija de la niña viva y alegre, también cada vez más cerca, en alternancias sádicamente comparativas. De allí a la imagen en movimiento de un hombre que golpeaba con un mazo, una cachiporra o algo así, la panza de una mujer embarazada y acostada boca arriba en el piso; la escena era interrumpida una fracción de segundo antes del impacto para alternar sin transición con el asesinato de una foca bebé, reventando su cabeza, como siempre, y de nuevo el golpe a la panza de la mujer embarazada para sustituir el impacto por el que rompe la cabeza de la foca bebé. De allí al festival de Yulín, en donde abunda el horror: las escenas más nítidas mostraban la muerte de un perro que se convulsionaba colgado mientras lo golpeaban con palos entre dos personas; escenas menos nítidas insinuaban que otros perros eran hervidos en vida. De allí al decapitamiento lentísimo de un toro amarrado que giraba alrededor de una noria mientras un hombre y una mujer ancianos, en los dos extremos del círculo, golpeaban su cuello con machetes; la cabeza terminaba colgando y el toro seguía dando vueltas. De allí a la muerte de un gato blanco que alguien arrojaba a un calabozo con decenas o cientos de ratas negras; en segundos, las ratas atacaban furiosas al gato que corría sin escapatoria hasta terminar acostado con una rata sometida por sus pesuñas delanteras mientras la mordía y decenas de ellas lo mordían a él, que, de pronto, se sobreponía, se levantaba furioso y rugía, mordiendo a varias ratas y tirando zarpazos asesinos, pero caía de nuevo y repetía el sometimiento de una sola rata mientras las demás lo destruían. Bañado en su propia sangre, el gato no dejaba de respirar agitadamente, y yo deseaba que muriera lo más pronto posible para dejar de padecer esa violencia, pero nunca veíamos el final; el abrazo a la única rata que podía someter tenía algo sobrecogedor; sus maullidos de agonía se fundían con llantos de bebés y escenas que insinuaban una violencia no menos brutal contra los seres más inocentes, vulnerables y tiernos, en este caso de la humanidad; aquí me reservo la descripción por razones obvias. Seguían decapitaciones de personas por hombres encapuchados mientras el fondo musical progresaba por encima de los alaridos a rock pesado o Heavy Metal. No recuerdo más.

Observacones

Hay una gran similitud entre los asesinatos de gatos que narra la película Gummo (Estados Unidos, 1997), de Harmony Korine, y los que vemos en el primer video de este sitio, con la única diferencia de que aquí son reales, mientras que en la película son simulados (espero que así sea, pues también parecen reales, pero supongo que hay maneras de convencernos sin “hablar de bulto”). Dicha película no consta en ningún ranking o top de cine perturbador, pero vaya que lo es, tanto por la muerte de los gatos como por la degradación de niños y adolescentes en una zona marginal de Estados Unidos.

La muerte del gato en el collage del video clip fue tomada, me parece, de la cinta Los hombres detrás del sol (Hong Kong, 1988), de Tun Fei Mou, que narra los horrores del “Escuadrón 731”, un campo de concentración y laboratorio de experimentación con humanos y otros animales en el contexto de la guerra química y bacteriológica durante la ocupación de China por Japón, que duró una década y coincidió, en parte, con la Segunda Guerra Mundial. Era lógico que hubiera un criadero masivo de ratas, pero la muerte del gato no tiene más justificación que la crueldad y una metáfora de lo que parecía suceder con el “Batallón Juvenil”. La secuencia puede resultar profundamente hiriente por su realismo, sobre todo para quien ignore que los cadáveres humanos también son reales y que los hechos narrados ocurrieron en realidad. Cabe sospechar que las mentes de los realizadores de la película terminaron corrompidas y enfermas por las atrocidades que narran y denuncian, hasta el punto de asumir esa maldad y esa perversidad. No encuentro ninguna otra explicación de que fueran incluidas estas brutales y viscerales escenas…

Ahora está prohibido, pero entonces era lícito (no ético) asesinar animales en el rodaje de una película, como en Holocausto caníbal (Italia, 1980), de Ruggero Deodato, que muestra la muerte de un tlacuache o zarigüeya, una tortuga, un puerco y una víbora. En una película mexicana (cuyo título no recuerdo, afortunadamente), hay decenas de gatos en cautiverio, uno de ellos escapa y el anti-actor Hugo Stiglitz lo ahoga en la piscina…

Matar a machetazos a un toro amarrado es tradición en algunos países asiáticos y algo así vemos en Apocalipsis ahora (Estados Unidos, 1979), de Francis Ford Coppola, cuando un toro es rebanado todavía de pie durante una ceremonia, pero sin prolongar su agonía como hacen los asesinos en el collage. Un video publicado en Facebook denunciaba esta práctica, pero fue censurado por “contener contenido gráfico” (sic). La barbarie llamada fiesta brava o tauromaquia, en cambio, tiene todavía la categoría de “arte” en el inventario del atraso evolutivo de la especie humana y su imbecilidad sin límites.

Es muy deprimente la crueldad humana. Nunca faltan videos de torturas y asesinatos de animales por personas, y videos de animales que salvan a otros animales, incluidas personas, tanto de la muerte como de la soledad, en aleccionador contraste.

Urge reflexión acerca de la infinita maldad que motiva la destrucción humana por placer y diversión. Irónica paradoja o paradójica ironía: Oculta en la oscuridad, no obstante que algunas de sus expresiones son literalmente demenciales y más que nauseabundas, la violencia gráfica suele causar fascinación cuando es real. La oferta corresponde a la demanda, y el mercado se expande con los mismos límites que la piratería (en los hechos, ninguno). Con la misma lógica de las drogas ilegales, que dejarían de ser negocio si fueran legales, esta violencia deja de interesar cuando sale a la superficie, en donde no es menos abundante. Por debajo y detrás del interés antropológico, máscara intelectual de quien se atreve a bajar de su atalaya, se asoma la curiosidad morbosa. La Deep Web o Red profunda es análoga en la realidad social y cultural de Nueva York, Tokio, París o la Ciudad de México, a su respectiva ruta de la muerte, lo que llamábamos underground a finales del siglo pasado. Basta con salir de nuestro nicho o “zona de confort” para conocer dicho mundo, tanto debajo como alrededor.


Contrastes

Es alentador que Holanda haya legalizado hace lustros el matrimonio entre personas del mismo sexo, así como la producción y el consumo de marihuana, y que ahora construya sus carreteras con plástico rescatado del mar y no tenga contaminación ni perros sin hogar. Es alentador que Noruega prohíba los vehículos con gasolina y la tala de árboles, que la población de Islandia sea cien por ciento atea y que Suecia cierre sus cárceles por falta de presos. Es alentador inclusive que Japón haga sus fiestas patrias con pirotecnia silenciosa para dejar de agredir, sobre todo, a los perros.

Mientras Nigeria prohíbe la mutilación genital de mujeres y niñas como paso tardío hacia una sociedad civilizada, la normalidad musulmana pasa por encima de toda normatividad cuando una niña de ocho años es casada por la fuerza con un hombre de cuarenta y muere en la noche de bodas, aberración que manifiesta el atraso de la humanidad en su conjunto, incluidos los países más “avanzados”.

México prohíbe las corridas de toros y los circos con animales en algunos estados, pero la despenalización del legrado voluntario también por algunas legislaturas locales enfrenta una efectiva resistencia de sectores retrógrados que atentan contra el carácter laico de la función pública en los hechos, pues la normalidad en nuestro caso es la perpetuación de los males, que nunca desaparecen del todo y sólo empeoran; esta normalidad es una cultura nacional de la miseria y el atraso, un pueblo amorfo con mentes colonizadas, que asume con devoción una religión impuesta y la usa como anestesia para evadir la realidad que lo destruye…

En México, por cada paso que damos hacia adelante, la Iglesia católica nos lleva de regreso a la Edad Media, porque la Santa Inquisición permanece agazapada entre nosotros hasta nuestros días, los del fundamentalismo juangabrielero como fenómeno de masas, cuando el pueblo festeja su involución con petardos y campanadas. Aunque teóricamente laica, la educación primaria y secundaria inculca el “amor a la patria” como resignación popular al arraigo de la corrupción en el Estado y la sociedad, a la parasitocracia. En la llamada educación cívica, el nacionalismo no es más que un disfraz demagógico del conformismo y la mediocridad en masa, como asimilación obligatoria y obligatoriamente alegre a la injusticia social, a un sistema patriarcal de relaciones opresivas, inclusive a la barbarie de la destrucción capitalista por costumbre y tradición, a la depredación de la vorágine megalópata que la ignorancia institucional llama progreso.

La identidad idiosincrásica de México no tiene virtudes ni cualidades, sino defectos y lacras, es un lastre que impide al país existir como tal. Ahogado en su propia sangre y en cada parto de la historia, México está muerto desde entonces y ni siquiera lo sabe. De ahí que lo más difícil para el hijo devorado por una madre sanguinaria sea entender que su construcción como nación requerirá de que primero asuma su condición de cadáver y declare formalmente su defunción.

Imagen híbrida


Conspiracy theories

El que vuelve y revuelve

Cuando intelectuales como Alfredo Jalife Rahme y José Alberto Villasana dicen que el 11-S fue un montaje joligudense, que Al Qaeda es un engendro de la CIA y el Pentágono, que ISIS lo es de los servicios secretos de Estados Unidos, Israel y Gran Bretaña, que Saddam Hussein y Osama Bin Laden están vivos, que algunos terremotos, como el que destruyó la ciudad china de Tangshan en 1976, fueron provocados por Estados Unidos, y explican una tecnología cuya perversidad supera a la ciencia ficción… Cuando fundamentan sus hipótesis, más que teorías, las argumentan y articulan con una misma lógica y se remiten a múltiples fuentes serias y creíbles… Cuando intelectuales como Noam Chomsky, James Petras y otros por el estilo respaldan esas hipótesis con precedentes como el de Stanley Kubrick, que denunció la mentira del arribo gringo a la luna, ¿existe alguna razón para sospechar que deliran?

Cuando, en triste contraste, intelectuales de pacotilla como Jaime Avilés y John Ackerman afirman o insinúan que el EZLN sirve a Carlos Salinas de Gortari, ofenden a la inteligencia desde la deshonestidad, al cabo los destinatarios de sus calumnias carecen de inteligencia y honestidad. El objetivo es favorecer a una mafia de la que forman parte orgánica: la de AMLO, que forma parte a su vez de la “mafia del poder”, así llamada por el propio AMLO, y que es, más allá de cualquier teoría de la conspiración, salinismo mutante.

Hace unos días comprobé personalmente que si alguien cree que el subcomandante Galeano, antes Marcos, es un “infiltrado”, ese alguien es de una especie que no piensa, no razona, prefiere hacer eco de chismes a informarse y tampoco sabe de honestidad, ni tiene caso alguno decirle, por ejemplo, que la Secretaría de Gobernación contrató a la hermana de Rafael Sebastián Guillén Vicente precisamente para que los microcéfalos esparcieran el rumor de sus facilísimas conjeturas en las redes sociales, para restar credibilidad al EZLN, que Marcos-Galeano es fundador del EZLN y una figura clave en su gestación, no un arribista, que ser hermano de quien sea no quiere decir nada, que Lenin tuvo un hermano anarco-terrorista, que su tío presidió el gobierno provisional… En fin.

Esta gente jamás ha leído un libro sobre el EZLN y si lo hiciera serían los “partes policiacos” de Carlos Tello, Bertrand de la Grange y Maite Rico, en primer lugar, y el de la asesora priista de la ARIC Oficial y la mierda cagada en una noche por Luis Pazos o, ya de perdis, el bodrio autocomplaciente que perpetró Enrique Krauze para su propia revista. Peor aún, esta gente se basa en “comentarios” de facebook y, mucho más, se “informa” con imágenes de texto publicadas en ese y otros basureros.

Alguien capaz de confundir al EZLN con la OIR-LM (muy de pejezombi) y creer que Marcos-Galeano es un “infiltrado”, alguilen que difunda versiones de semejante índole, es absolutamente incapaz de aportar algo, de crear o construir algo, alguien obsesionado con los “infiltrados”, perseguido por el fantasma de Gobernación, que suele confundir con su propia sombra, alguien fascinado con los espías, igual calumnia y difama a cualquiera que tenga más actividad neuronal, igual termina por ser espía (la contrainteligencia, en este caso, es más bien estupidez) o por hacer el trabajo sucio de la infiltración real, que es sembrar desconfianzas paranoicas entre compañeros y causar divisiones en donde haya equipo y hasta unidad.

La propuesta “zapatista” de asimilación a la destrucción capitalista por la vía electoral enmascara la realidad y abona en esta esquizofrenia, factor que hace más complejo todo y reclama un mayor esfuerzo para su entendimiento, no simplificaciones maniqueas ni política ficción y calumnias al amparo de la ignorancia popular.

En este sentido, así cambie de tema, las versiones de que Fidel Castro y el Ché Guevera primero asesinaron a Camilo Cienfuegos y luego Fidel traicionó al Ché, dejándolo solo en Bolivia, tienen un origen análogo y la misma finalidad. Abunda cizaña en la mitología que aturde al público de autores aturdidos, que venden sospechosismo y conspiracionismo a falta de talento y honestidad para una investigación exhaustiva y seria (el protagonismo histérico-gritón de Ackerman reposa cuando elucubra revoltijos mareadores, mientras Avilés aporrea el teclado, mezclando mariguana con alcohol).

Puede haber teorías de la conspiración informadas, inteligentes, fundamentadas, como las que fascinaron y obsesionaron en su momento a Marion Cotillard (una mujer fascinante que acabo de soñar por este asunto), pero el conspiracionismo paranoico es debilidad mental, se basa en la desinformación y es peligrosamente efectivo entre la masa oligofrénica, entre gente infrahumana, descerebrada, microcéfala, que abunda en México, un país de cuarto mundo, si acaso es un país. Una mente aviesa prefiere las telarañas al pensamiento, el chisme a la información. Y la paranoia nunca está sola, suele acompañarla una buena dosis de sicosis y hacer simbiosis con la oligofrenia, que no por ser enfermedades mentales excluyen a la imbecilidad, la deshonestidad y la cobardía.

La subcomandancia electorera

La subcomandancia electorera


Preguntas al EZLN y al CNI

(Para entender mejor la propuesta “zapatista” de asimilación electoral a la descomposición capitalista cuando México está en llamas y es una fosa común)

¿Cuanto más violenta y criminal es la dictadura del capital, más tibios, pusilánimes y hasta cobardes hemos de ser los ofendidos? ¿Cuánto más cruenta la barbarie que viene de arriba, mejor portados y hasta institucionales hemos de ser nosotros, los de abajo y de a pie? ¿Y la rebeldía, señores? ¿Y la dignidad? ¿Y la valentía de los zapatistas que se levantaron en armas? A 23 años del levantamiento indígena en Chiapas, ¿las elecciones en México son democráticas? Ahora que las cosas han empeorado hasta el límite de la tolerancia popular, ¿hay que abandonar los principios éticos, los valores humanos, hay que asimilarnos por la vía electoral a la descomposición capitalista? En México, las cosas llegaron a tal punto que votar por cualquiera de las opciones electorales fue votar por el PRI el año pasado. ¿Entonces ahora sí le entramos? ¿Que viva la democracia simulada y la farsa electoral? ¿Damos la espalda a la realidad que justificó el surgimiento del EZLN? ¿Damos la espalda a su lucha y la traicionamos aceptando las reglas del PRI para competir con quienes carecen de principios y nomás fines de lucro tienen? ¿Tan sucios somos también nosotros que ahora nos revolcamos en su lodo? ¿Nos sumamos con singular entusiasmo a la legitimación formal del capitalismo y su corrupción en condiciones de barbarie y guerra civil? ¿La necesidad de hacer visible la problemática indígena y popular justifica una traición al espíritu primigenio del zapatismo histórico?

Quedo pues en espera de respuesta, compañeras y compañeros.


Adiós a las armas

Por más que la muerte de Fidel Castro incida en el ánimo colectivo, no cambiará nada en la política del mundo, ni siquiera en el proceso cubano, que ha de continuar como hasta hoy, inexorable. Aunque, por lo demás, el líder ideológico y moral de la Revolución Cubana sea el último de los grandes hombres del siglo XX, yo no he lamentado su muerte, pues tenía una década en franco declive, pero ha sido ocasión para reflexionar en perspectiva sobre nuestro tiempo y nuestro lugar como revolucionarios que somos o fuimos en algún momento.

A un cuarto de siglo de la desintegración de la URSS tras el fracaso del llamado «socialismo real», atrás quedaron las revoluciones de inspiración o tendencia marxista y los revolucionarios románticos, al menos en América Latina, con el ocaso de la guerra de guerrillas como estrategia libertaria contra la dictadura del capital: Primero cayó Camilo Cienfuegos en un misterioso accidente aéreo, luego el Ché Guevara en su aventura boliviana y, en la noche del pasado 25 de noviembre, a los 90 años de edad, murió de viejo Fidel Castro. La fecha de su muerte, por cierto, coincide con la fecha en que salió del puerto de Tuxpan, Mexico, en 1956, un yate llamado Granma rumbo a Cuba. En Nicaragua, mientras tanto, los sandinistas han hecho del vicio una virtud, como diría Rosa Luxemburgo también en este caso, como dijo a propósito de Lenin y los bolcheviques cuando disolvieron la Asamblea Constituyente.

En México, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) se propone participar en las elecciones presidenciales de 2018 como si el sistema electoral mexicano mereciera un ápice de credibilidad y no sirviera principalmente para legitimar el capitalismo y su corrupción en condiciones de barbarie. La propuesta electoral del EZLN, una vez cocinada entre sus propias filas desde hace dos años, haciendo consenso y “reuniendo paga”, es ahora objeto de consulta por el Congreso Nacional Indígena (CNI) con sus bases, organizaciones, pueblos y comunidades, y conoceremos el resultado de esta consulta en las últimas horas del año. La probable aceptación de la propuesta zapatista significará una claudicación en la línea revolucionaria que mantuvo el EZLN desde su fundación formal a finales de 1983, así como una traición a los principios éticos del zapatismo histórico, por múltiples razones que algunos críticos hemos expuesto hasta el cansancio. Aun si la propuesta zapatista fuera rechazada por las bases del CNI, debemos estar conscientes de que un cambio radical en la orientación del EZLN lo aleja de su espíritu primigenio. Quienes creíamos que el zapatismo de Chiapas era un paradigma en la construcción de nuevas generaciones humanas con valores y principios superiores a la normalidad mexicana y su cultura de la miseria y el atraso, nos equivocamos. Ojalá que sea una corriente al interior del EZLN, representada por los subcomandantes Moisés, antes mayor, y Galeano, antes Marcos, la que torció el camino y propuso a su caballo de batalla que asuma esta desviación. Ojalá que así sea para que los auténticos zapatistas, los que resisten el asedio militar y paramilitar en los municipios autónomos, con sus Juntas de Buen Gobierno, sus caracoles, su “escuelita” y todo eso, decidan sacudirse las lacras, eliminar sus lastres y enderezar el rumbo, al cabo la desviación no implica renunciar al proyecto autonómico en lo inmediato, sino quizás a mediano o largo plazo.

Por lo pronto, el zapatismo de Chiapas ha perdido también su aura romántica; el pasamontañas o la cara de trapo, la gorra con tres estrellas (de las cuales sobrevive sólo una), la garra amarillenta de paliacate anudado, la pipa y los dos relojes que marcan el tiempo de ida y vuelta, ya no son más que partes de un disfraz. Los comunicados de Marcos-Galeano, con sus libérrimas digresiones y sus posdatas literarias, si acaso tienen algún efecto, en el mejor de los casos, es tedio.

Siempre tuvo algo de moda consumista y pose progresista el efecto de todo esto en la sociedad civil, sobre todo entre yupis unamitas, efecto reforzado por la diferencia sustancial entre movimiento zapatista y guerrilla de corte maoísta, probablemente patrocinada por el propio narco-Estado. Estas diferencias son análogas a las que separan en nuestro hemisferio y el resto del mundo al castrismo-guevarismo de sectas terroristas como Sendero Luminoso en Perú, partidos genocidas como los Jemeres Rojos de Pol Pot, y regímenes totalitarias como los de Camboya y Corea del Norte. En el ínter, un abanico de matices abarca también a las guerrillas domesticadas en países de Centro y Sudamérica como Colombia y El Salvador. Mientras tanto, los regímenes de partido de Estado, con el ejemplo máximo de China, sin dejar de ser autoritarios, asumen un papel de reparto en el capitalismo mundial.

En México no existe izquierda política desde 1989, pero sobrevive un gran movimiento indígena-social con tres niveles de participación (insurgentes, milicianos y bases de apoyo) en su estructura otrora militar, sus autonomías y autogobiernos, entre otras formas de organización comunitaria y paradójicamente horizontal, que a pesar de ser local ejerce una poderosa influencia internacional. El año de la gestación del PRD, que supuso para la izquierda política una renuncia claudicante al proyecto socialista y una subordinación a la socialdemocracia emanada del PRI, cayó el muro de Berlín, y el mundo festejó el fracaso del llamado «socialismo real», como si un nuevo fantasma recorriera Europa: el fantasma de la democracia. Las masas liberadas abrazaron a la derecha mundial, a sus ideólogos y voceros, mientras la URSS se desintegraba y algunos de sus satélites se balcanizaban. Pero Cuba decidió que no había derrota entre sus opciones, diversificó sus relaciones comerciales, reforzó el turismo, se abrió al capital canadiense y francés para la exploración petrolífera en zonas específicas de la isla, siempre bajo la política rectora del Estado, aplicando hasta sus últimas consecuencias el Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas. Con costos inferiores a los que paga México por su miseria idiosincrásica y su identitaria mediocridad, Cuba logró vencer al imperialismo, al bloqueo comercial impuesto durante medio siglo por la mayor potencia económica y militar del planeta…

Pero las grandes hazañas de un país pequeño y pobre son de interés minoritario en un país del tamaño de México, cuyo fanatismo multitudinario desfiló durante varios días alrededor de las cenizas de Juanga, el ídolo del pueblo por antonomasia, como lo hacen ahora millones de cubanos alrededor de las cenizas de su líder, con la diferencia de que las masas mexicanas son ignorantes, están desnutridas y anestesiadas con religión, futbol y telenovelas, entre otras cosas, mientras que las multitudes cubanas, mayoritariamente jóvenes con estudios, están bien alimentadas, practican algún deporte y dicen adiós al comandante de la gloriosa y todavía joven Revolución Cubana. Menudo contraste: Un personaje insignificante y grotesco es a México lo que un gigante a Cuba. Juanga es representativo de la mediocridad mexicana, mientras Fidel representa el heroísmo de un pueblo que llevó de la mano a la grandeza.

Con esa comparación, la propuesta “zapatista” de asimilación electoral a la descomposición capitalista y la elección de Trump en «el país de la democracia perfecta», con todo lo que implica esta otra desgracia de la humanidad, ha comenzado una era de nostalgia para los revolucionarios de hoy. Si alguna vez hubo en el mundo una «muerte de las ideologías», ahora el marxismo es exclusivo de las aulas y, como cadáver disecado en un museo de reliquias paleolíticas, no sale de allí. La imagen de Fidel, como las de Camilo y el Ché, se quedarán un tiempo más estampadas en pósters y camisetas, mientras las mentes débiles saturan YouTube con videos sobre la maldad del tirano y dictador estalinista, el comunismo intrínsecamente perverso y nociones de Cuba como una cárcel, según versiones de la peor basura de Joligud. En México, los rostros de Zapata, Jaramillo, Villa, Cabañas y Vázquez, entre otros, están bien para panfletos de la izquierda lúmpen y para decorar, con anuncios comerciales, taquerías y bares estilo kirsch.

El discurso inverosímil, demagógico y fundamentalista de Galeano y Moi (el zapatismo en tiempos de fundamentalismo juangabrielero) hará de su apariencia física un modelo anacrónico a reproducir para fiestas de disfraces, mientras la canción pancartista o de protesta es grabada con arreglo al mercado y sintetizadores electrónicos para el consumo de la yupiza huera de Filosofía y Letras, Ciencias Políticas y Sociales, y otros semilleros de guerrillas virtuales, o para el acompañamiento de quienes se dicen activistas por su actividad en Feisbuc. Mientras el discurso es sustituido por «frijol con gorgojo» en la dislexia oligofrénica y pasan de moda también las entelequias de la izquierda cafetera, seguiremos dando seguimiento muy seguido a la degeneración ideológica en cultura de la vida chatarra y el envase desechable.

¡Hasta la derrota siempre!