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Poemas breves: 7a entrega

Lillianlai

Compañeras

Soledades que oscilan
entre la sed y el deseo
la nostalgia y el olvido
la costumbre y el placer
soledades que musitan
los secretos del silencio
y los mensajes ocultos
en el lenguaje del aire
soledades que perciben
fantasmas en el vacío
monstruos infantiles
en la oscuridad adulta
demonios en el vino
y ausencias en el espejo
de la memoria
soledades que habitan
las playas vírgenes
los claros de luna
y los cementerios
soledades necesarias
inclusive urgentes
soledades misántropas
como la de Bukowski

Sinopsis

El cadáver de un cine
cuyos muros transpiran humedad putrefacta
bajo un techo que llueve
y anega la renuncia y la nostalgia
sirve como refugio de inclemencias mayores
a un criadero masivo de ratas y ratones
diezmado por los gatos alternantes
tampoco los fantasmas tienen descanso aquí
tráfagos de voraces cucarachas
en las rachas de luz que las altera
ruptura del silencio casi pétreo
y de la oscuridad
después vendrá un ejército de niños
indigentes
a morar el recinto
bajo las sucias órdenes
de un cura pederasta
que hará la farsa en público
de salvarlos a todos como Dios
(no cuentes el final)

Habemus pretendere

Así como el puente quiere ser castillo
sobre las aguas del río
que lo miran hacia arriba
y el farol bajo la lluvia
sueña con ser faro
en la isla de las tormentas
el pobre diablo pretende ser el rey
ante los ojos de su hijo
pero no todas las aguas del río
miran hacia arriba
las que pasan en el fondo
por debajo de las demás
creen que el puente es un eclipse
y el farol en las noches sin lluvia
sábese meadero
de perros y borrachos
y vive humillado
y el hijo del pobre diablo
crece hasta saber
que su padre no es rey
sino vasallo

Hipótesis

¿Qué sería de la soledad sin poesía?
Sería quizás lo mismo
que una calle sin árboles
una pared sin cuadros
una estancia sin plantas
el trabajo doméstico
sin música
el café sin azúcar
la comida sin sal
los días sin sol
las noches sin luna
los años sin vida erótica
la vida sin amor
sin amistad

La soledad sin poesía
sería como un cuerpo de mujer
sin humedad

Si así fuera
en vez de leer poesía
tu soledad escribiría
instrucciones para que alguien
te haga llorar

Experiencia sublime

Abrevar de su poesía
libar el néctar de cada verso
imbuirme de su esencia
sucumbir a la seducción
emborracharme de ella
naufragar en sus metáforas
y arrojar al mar
la botella vacía
para que alguien interprete
su encapsulado silencio
y escriba un tratado de filosofía
y sus alumnos vivan en la luna
y yo siga empapándome
de imágenes

Barra libre de placer

Desnúdate del miedo
que tu libertad se quite la ropa
libérate de tela y otros tapujos
sacúdete las perezas y los prejuicios
libera también tu grito
de la mordaza que lo enmudece
descubre la verdad que te humedece
y déjame bajar por tu cabello
desde mi curiosidad antropológica
hasta la cueva en que duerme
tu deseo

Oasis

Entre paja escolástica y bazofia
de la pedantería y el academicismo
frescura y juventud adoctrinadas
hay una que otra broma
y uno que otro desfogue
pasado por alcohol

Instantánea

El mundo es un hotel de paso
donde no hay más futuro
que el presente
y el tiempo al fin y al cabo
es cosa del pasado

Destiempo

Hoy la mañana es ayer
la de mañana será hoy
como he pensado ayer
la mañana de hoy

Lo de siempre

Una voz de ultratumba
susurra pesadillas a mi oído
los fantasmas invaden
la oscuridad nocturna
con alegre locura y sin piedad
la nostalgia que inunda
por los ojos de buey
esta noche de insomnio
hiere mi soledad

FIN


De aquí a la página 50 poemas breves

 

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Licencia poética

Tiempo que duerme a la sombra de su origen
sombra que pepena luz en la penumbra
mazmorra pestilente del desastre
perpetuada condena
que diluye la muerte de los sueños
abulia que resume su agonía
deliquio que rezuma los síntomas del tedio

Los años acumulan abandono y olvido
se hacen viejos los muebles
donde las cosas duermen
entre células muertas su eternidad inmóvil
cosas como el florero venido a sepultura
de las rosas
cuyos restos mortales
descansan bajo un cúmulo
de polvo y telarañas
cultivo de polillas
terreno de alacranes
laberinto mental de las arañas
cortinas macilentas y ojerosas
ventanas con arrugas
verrugas y lagañas
casa pesadillesca de avatares
también el techo llora cuando llueve
lágrimas que derraman las paredes
se hacen viejos los libros
sus cadáveres
y en el aparador
yacen momias de loza y porcelana
voraces cucarachas en las rachas halógenas
larvas de putrefactas soledades

Calabozo de tráfago estridente
que invade mi silencio y la penumbra
la penumbra fundida y confundida
con las sombras
las sombras que mendigan atisbos de fulgores
miserias de penumbras ilusorias
los años han perdido la memoria
del aire saturado con rencores
nada se lleva el viento
he morado en las sombras de un pabellón insomne
y espero todavía como esperan las fosas
el final de la muerte a fuego lento

Letargo por inercia de las horas grisáceas
parálisis del tiempo y paradoja
pues desborda la noche que me habita
la eterna espera engendra
como siempre y por lógica
de la fatalidad
esperanza decrépita y marchita


Poesía prosaica

Estos poemas tienen en común que fueron publicados cada uno en su momento como “prosa poética”, es decir, sin separar los versos (para mí, decir “prosa poética” es tanto como hablar de poesía prosaica). El primero es el primer párrafo de un texto cuya continuación no tiene nada de poética, y es el más reciente. Los otros dos son reproducciones íntegras, pero en verso, a diferencia de su primera versión.

La cueva

Sentado a solas
en un sórdido tugurio,
lupanar de mala muerte y vida peor,
al pie de mi deseo
y al margen de la buena o mala suerte,
discreto como siempre,
taciturno como soy,
bebo un sorbo de alivio;
asido al baso alegre
que, desde su fondo miope,
contiene una carcajada,
etílica tabla en el naufragio
de la noche,
por intangibilidad imaginaria,
soy sombra en la oscuridad,
parte de la penumbra,
inclusive sustancia,
camaleónico mimo.

Con los odios en reposo,
los rencores en fuga,
las soledades en tránsito,
evaporando el peso de mi carga
en progresivo letargo,
sentado a solas, decía,
me siento a salvo
de un impulso recíproco,
un desvío de la mirada,
evasión de la evasión,
interrupción o ruptura
de la continuidad
en este proceso
de emancipación personal.

Zipolite nocturno

Al pie de la madrugada,
cuando las estrellas
duermen el sueño del agua,
y de la menguada luna
pende un incendio de hadas,
escribo el último verso,
como presagio y augurio
del insomnio que no será,
pastillas y tabletas
y cápsulas mediante,
fármacos y drogas
y enervantes en efecto,
y quedará inconcluso
incluso el delirio
del diario que, al fin y al cabo,
ni final acabado,
ni polvo ni cenizas
en la ruta del viento,
ni arena de reloj,
será de nosotros ni de los otros
ni de nadie;
simplemente, no será.

Al filo de la noche,
bajo su manto de luciérnagas
contrastantes,
las olas vienen,
se van y regresan
a la playa de los muertos,
en donde resucito,
vuelvo al mundo en donde abunda
la muerte,
inercia que vienes,
te vas y regresas
a poblar de fantasmas
esta pobre aldea
de peces globo
que aparecen inflados
fuera del mar.

Los murciélagos revolotean
mientras los pájaros duermen…

A la luz de la noche

A la tímida luz
de una cálida noche
y la pálida sombra
de una luna menguante
que asomaba detrás
de los trémulos árboles,
el viento se llevaba
sigilosamente
las caricias y los besos
de una mujer en flor
a la memoria insomne
de un hombre marchito,
y los perros berreaban,
los bebés maullaban,
los gatos aullaban
y los ladrones mordían
a la policía que ladraba,
mientras yo entristecía
con el presagio sísmico
de la madrugada
como iones percibidos
por el olfato canino
ante la proximidad telúrica
del sacudimiento,
al alba de albada y alborada,
presagio instintivo
de la soledad
que agudiza el instinto
y la sensibilidad,
cuando el viento se lleva
las caricias y los besos
de la memoria insomne
al fuego del hogar
y la lluvia inclemente
que apaga la hoguera
nos arroja las cenizas
de los recuerdos a la cara
y nos deja remanentes,
reminiscentes y cenicientos;
de ahí quizá que los pájaros
buscan migajas de soledad
entre los tejados
y el viento me avienta
los chorros de agua triste
que se lleva las caricias
y los besos de mi cuerpo
al de otro animal,
acaso al de un murciélago,
como el que se rompió
contra mi ventana
y la dejó ciega.

A la tímida luz
de una luna sombría
y la pálida sombra
de una cálida noche
que llovía llovía
y el chubasco bañaba
la frondosidad selvática
y transparentaba
un vestido rojo
sin ropa interior debajo,
ni cuerpo de mujer
ni quimera del oro
ni maniquí de cartón piedra,
mi voz quedó hecha humo de cigarro
y el viento negado a despeinarme
se llevó mi cabello
en vez de las caricias y los besos,
y sorprendí a Tahoma,
besando a Soralia,
que se decía encantada…
¡pinche rana!

A la indiscreta luz
de una luna taimada y mustia
que acostumbra escuchar
las pláticas de los árboles,
mi voz quedó en los huesos,
mis huesos hechos polvo
y mi polvo hecho silencio.


Poemas breves: 5a entrega

Me pregunto

¿Podré salir del pozo al que arrojaron
los monjes a los niños
por desobedecer
sus patrañas cristianas
y patrióticas?
¿Podré salir acaso
de la fosa común
en donde la raigambre
nos ata de los pies
para que nos hundamos
con común alegría
y el consuelo tarugo
de la unanimidad
como un gran sacrificio
voluntario
de alegre comunión
y alegoría?

Materialización

Si acaso el infinito
se aburre hasta el delirio
con el paso del tiempo
como los inmortales
que -lejos de ser dandis
con el refinamiento aristocrático
de la ficción ridícula y absurda-
son más bien indolentes y salvajes
quizá falta en el árbol de los años
materia de los sueños

Vibraciones

Espíritu de piedra que asecha en el asfalto
serpiente de basalto
prosapia de reptiles
invisible presencia de grillos y cigarras
ausencia de guitarras
y voces infantiles

Cripta vacía

Tanto esperó
su alejamiento en el tiempo
distancia irreversible
y el envejecimiento
de los recuerdos
que al abrir de nuevo
el álbum familiar
las fotos de aquellos días
oh días de aquellas fotos
habían anochecido
y al abrir también el viejo baúl
salieron volando
murciélagos revinientes
que lo dejaron desierto
baúl en vano
desde entonces las sombras
de la memoria
pueblan el alma
de oscuridad

El coleccionista

Disecaba estelas de sonido
y atrapaba murmullos y susurros
con su red cazamariposas
y una vez fotografiados
y catalogados
los dejaba libres de nuevo
para que volaran
por el aire lleno de agujeros
hasta perderse con el silencio
y caer en el despeñadero
del mundanal ruido

Causa y efecto

(o correspondencia)

El reflejo en tus ojos
es la jaula inasible
del pájaro que miras
cuando posa
más o menos consciente
de sí mismo
nunca de su reflejo
cuando levanta el vuelo
lo hace también tu mirada
como espejo con alas
y la jaula se hace cielo

Permanencia

Nuestro reflejo
nos mira siempre
desde adentro del espejo
aunque dejemos
de mirarlo

Vayamos a donde vayamos
siempre estaremos
del otro lado
del espejo

Aberración

La gente dice
que el tiempo vuela
pero yo creo
que más bien repta
gruñe como la pérdida
que engendra
sangra y su rastro
hiede a la noche
cuando agoniza
y muere

Ahora lo entiendo

Mi exploración erógena
de tu cuerpo
era una búsqueda
buscaba una mujer
que me satisficiera
más que tú

Subjetividad

Cuanto más
desnuda estás
más me gusta
lo que escribes

FIN


Diez poemas breves

Reproducción alienante

Gime una mancha en el tiempo
duele arena corrosiva y oquedad
por el odio que respiro
reptan despojos de la descomposición
sombras que hieden su estridencia
miasmas infalibles y obligatorios
como un himno nacional
emergen pesadillas de la luz del día
hirientes disonancias y torturas
horrores infantiles de guerra
llamados honores a la bandera
no hay descanso del caos
escarbo mi piel en busca de ideas
ato y desato mis venas
hago y deshago nudos gordianos
bebo mi propia sangre
si dormito los veo
con los ojos cerrados
su imagen en el Aleph
es cada vez más nítida
bajo un monte de basura
yacen los niños muertos
si abro los ojos siguen allí
la escuela y sus padres
alienan sus cadáveres

Compulsión

Exploración de las calles
en la noche infatigable
su dédalo se repite
cada vez más pequeño
soledad en el bullicio
tránsito por las estaciones
y los estacionamientos
dinámica y estática
búsqueda ubicua de la profundidad
entre los intersticios
y las intríngulis
de una ciudad en ebullición
con un plazo fatal
siempre intuido
si acaso tiene hallazgo
tanta y tan apremiante intensidad
como angustia inconsciente
del instinto que me juego
es un trágico límite
de la pérdida sin tregua
su final forzado

Sendero sonámbulo

En el atajo de la cotidianidad
mis pasos desbrozan el campo baldío
dibujan una estrada
la rutina se hace ruta
vereda entre la flora de la noche
sendero en punto muerto a la memoria
senda que vuelve del olvido
ahora en punto vivo
desandando su rastro
el viento se abre paso entre las nubes
y descubre una brecha
camino en el vacío y la oscuridad
como un ciego sin báculo
mis pies guían al barro
dibujan una estrada
la rutina se hace ruta
y la ruta rutina
que siguen los sonámbulos

Nocturno

Camino en el remanso de la noche
por donde pastan caballos y corren los perros
que ahora duermen
a la sombra de sus sueños en silencio
soy soledad que busca soledad
y abreva de su elemento
galápago que surca el agua dulce
piedra lisa que salta sobre un lago
luego me hundo entre paredes
voy del cuerpo al pensamiento y de regreso
cuando me llama el dolor aprisionado
la enfermedad de la casa
las venas abiertas del alba
intento dormir

Síndrome de abstinencia

Alucinación famélica
de mi casa hecha refugio
como cueva de osos flacos
o murciélagos que duermen
el sueño de los justos
exilio de la lluvia
cielo plenilunar
difuminada esfinge de la luna roja
luz del sol en agonía
pirámide mortuoria del eclipse
pero esta casa
no es refugio de nada
sino sepulcro de todo
yacimiento de mis huesos
sofocante cautiverio
de las células muertas
como polvo de estrellas
en el fuego

Ambiciones

Las llamas de las velas
bailan con el céfiro entre tinieblas
y con la esperanza de ser albores
al despertar

Las llamas de las antorchas
son menos ambiciosas
se conforman
con incendiar la noche
para llamar al sol

¿Qué tenemos aquí?

Galerías de sombras de sombreros
espejos que reflejan su vacío
ventanas al abismo de los sueños
un salto del trapecio perdido en el espacio
y el instante inundado
por la lluvia de arroz

Soy parte del incendio
medio siglo de insidia
de incidencia insolente
de acumular insomnio
y aguzar el instinto

En deuda con Serrat

Penélope confundía
las estaciones del año
con las del tren
y el paso de las horas
con el rumor del viento
y el reloj del andén
con su propio corazón
y su espera inútil
con la esperanza
de un improbable regreso
y el luto de la noche
con el duelo de la vida
por el tiempo muerto

Saeta

Cuando te atrevas a mirar
todas las cosas
detrás de sus máscaras
conocerás el rostro de algún astro
pero también el rastro
de las víboras
que mediante círculos viciosos
y concéntricos
han vuelto al gobierno
de la muerte
con otros nombres

Seducción

Una mujer otoñal
peina plata del invierno
pero mira con un sol de primavera
cuando el verano sonríe
y humedece los labios
para que bebamos juntos
las cuatro estaciones del año
resumidas en horas de felicidad
desde la noche que fue su cabello
hasta el amanecer
que sigue siendo el mío

FIN


Alejandra

La soledad que habita este lado de la noche
te esperaba también del otro lado
la escalera tejida con tus venas
ha caído al mar
de sangre que anega el silencio
donde naufraga el tiempo
bajo el agua de mujer
que ahoga los suspiros
el eco de las olas
dentro de caracolas
enterradas
el rumor de la música
de palabras legadas sin alivio
evasión del suicidio
del pájaro hecho jaula
como el viento sin alas encerrado en tus ojos
abismos desolados entre sombras
abismales ventanas
al desierto en tinieblas
árida sepultura
de un vuelo en llamas
«pájaro asido a su fuga»
como eterno retorno
incendio de tu sueño sin edad
sin nombre
el olvido que puebla este lado de la noche
duerme también del otro lado
espejo de la soledad
y el reloj que latía dentro de ti
para que nunca despertaras
yace desde entonces
en el fondo del mar



Zipolite

Algo había rasgado el manto de la noche
para bañar de luz el mar
y el pueblo que dormía;
algo había corrido el negro telón del cielo
para desvelar la plenitud lunar
y prolongar mi vigilia;
tanto y tan intrusivo era el efluvio
que mi soledad insomne,
sofocada,
optó por salir a caminar
«la playa de los muertos»,
simbiosis de las olas
entre clepsidra y reloj de arena,
acuático vaivén de ritmo hipnótico,
rumor que arrulla el sueño de las aves
como terapia musical.

Mis pasos me llevaron al más lejano extremo
de la playa en forma de luna menguante,
donde las rocas se nublan
al morir un día y nacer otro;
allí terminaba el claro de luna llena
y comenzaba el oscuro de sol vacío,
misterioso lindero,
como si también allí terminara el verano
y comenzara un otoño invernal,
así que me dispuse a desandar el camino,
volver sobre mis pasos
a la claridad estival,
cuando sentí su presencia,
y un escalofrío de pies a cabeza
me paralizó por un instante;
era una muchacha de melancólica belleza
y aura espectral,
ataviada con velos de insinuante transparencia,
desnudez velada,
y el viento de agua, cada vez más furioso,
no se llevaba sus nubes ni su aire fantasmal;
su piel era de nácar,
su pelo una cascada
más negra que los cuervos de mis sueños,
sus húmedos muslos de marfil pulido
se abrían paso entre los lirios de su talle,
descalza para siempre;
sus labios tenían el color de la sangre,
sus ojos afilados me miraban,
grises como los peces que saltaban
o se asomaban a verla,
y una sonrisa tenue iluminó de pronto
el astro de su rostro.

-Hermosa noche -dijo.
¡Qué voz profunda y sensual!
-Lo es gracias a ti -respondí sin pensarlo,
y ella tocó su pecho intacto
con un ademán que agradecía
mi espontánea sinceridad.

-Vengo todas las noches de plenilunio
cuando su luz disipa las sombras del estío,
inminente agonía de paraíso infestado,
entre la primavera y el otoño;
como puedes ver
por ser un alma solitaria,
caminante de zonas que habitan los fantasmas
del deseo y la nostalgia,
como puedes ver,
el solsticio de verano boreal
comienza en el otro extremo de la playa
y aquí el equinoccio de otoño
hacia donde las olas,
como las gaviotas y los náufragos,
se rompen contra las rocas.

-¿Puedo saber a qué vienes,
milagro del destino,
lucero que ilumina mi extravío
entre un pasado que me bebe
y el presente de mi sed?
¿Acaso eres astrónoma?

Sutil como la brisa que nos acariciaba,
ella esbozó una mueca de ambigüedad
que parecía burlarse de mi pretendido ingenio
por ser más bien ingenuo.

-Espero el barco tripulado por el tiempo
de la oscuridad océana
para que me lleve al otro lado
del mar de la tristeza y la desolación
cuando acabe mi condena,
si acaso tiene final,
esta pena perpetua de vacío que llena
la eternidad en el limbo.

-¿Quién te condenó y por qué?
-Me condenó la muerte por preferirla.
-¿Puedo hacer algo por ti?
-Puedes venir conmigo a morir
y acompañarme hasta que olvidemos juntos el olvido;
por caminar la noche a solas
al margen de las olas
y escuchar sin miedo alguno
los cantos de sirenas,
dispuesto a su fatal seducción,
eres el elegido.

-¡Enorme privilegio!
¿Morir a tu lado? ¡Lo haré con gusto!
¡Seré tu fiel compañero
en esta dilatada orfandad de caracolas!
Mi vida no ha sido más que tedio,
penumbra y miseria humana.

Con la generosidad de un árbol,
extendió los brazos hacia mí,
tomé sus manos pálidas
pero sorprendentemente cálidas
y caminamos como si flotáramos
sobre las rocas nubladas
y pulidas por la tenacidad marina,
con testigos y cómplices
en los intersticios azules y salados,
refugio de las hadas,
población oculta
de cangrejo, arbacia y musgo.

En el letargo del abrazo,
un placer desbordante se hizo alma
y abandonó su cárcel,
derramado como espuma de champán,
hasta perder la conciencia y la memoria.

Los pescadores del pueblo
hallaron mi cadáver al amanecer,
mi cuerpo sin sangre
ni explicación alguna de su pérdida,
y ahora estoy aquí
sin restos mortales,
desnudo como el aire,
esperando el arribo
del barco tripulado por el tiempo
que ha de llevarme al otro lado
del mar de la tristeza y la desolación
para encontrarme algún día
con aquella encarnación de leyenda inmortal
y experimentar de nuevo,
si la suerte vuelve a sonreírme,
su caricia infinita.

Los muertos nos aburrimos en el limbo
y, aunque algunas mujeres
han caminado el claro de luna llena
sin compañía masculina
hasta el oscuro de sol vacío,
yo no logro más que espantarlas;
un siglo de repudio,
como una maldición,
ha sido el precio de mi desprecio a los hombres,
un siglo de mirar la arena del verano
desde las rocas del otoño nublado,
siempre de noche.

FIN