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26 microrrelatos

Maratón Guadalupe – Reyes

Los Reyes Magos se guiaron por una estrella que alumbraba el pesebre donde había nacido Brian, el mesías de Los Monty Python en su genial parodia, inspirada en una historia verídica. Por suerte para los peregrinos de Oriente, Jesús nació la misma noche en un pesebre vecino. ¡Qué feliz coincidencia!

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Llegaron tres reyes montados en camellos al lugar de su nacimiento; al verlo, se arrodillaron y ofrendaron sus presentes: sendas bombas nucleares y un profético decreto que leyó José porque María no sabía leer: “Te erigirás como rey de los judíos y tu reino será tan genocida como el imperio nazi”.

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–Mi reino no es de este mundo –sentenció el mesías, y los soldados del imperio lo coronaron con espinas y lo declararon Rey de los Judíos y, cuando agonizaba en la cruz, volvieron los Reyes Magos, ya viejos y seniles, a desvariar:

–¡Ey, INRI, colega! Te trajimos unos regalitos.

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Para renovar la tradición, los Reyes Magos acordaron que los niños malvados, en vez de los regalos que pidieran, recibieran cuadros diabólicos para causarles pesadillas desde las paredes de sus recámaras. Lo malo es que algunos de esos niños se quedaron en el viaje.

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Decidimos que la última cena del año, sin relación alguna con la que pintó Da Vinci, fuera un atracón marca Diablo, pecaminoso, como el último deseo de un condenado a muerte, y ebrios de vino y lujuria, nos revolcamos como cerdos entre carne muerta y besos de mermelada.

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Cuenta la leyenda que, en las noches sin luna, el hombre lobo se transforma en la mujer barbuda del circo y, aunque se parece al Jefe Diego, algunos niños la confunden con Papá Noel. Fuentes confiables que solicitan el anonimato han revelado que así surgió dicho monstruo abominable.

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Guadalupe Reyes nació un 6 de enero, por lo que el «día de su santo» comenzaba un maratón festivo que terminaba el día de su cumpleaños, 26 intensos días y sus noches de juerga ininterrumpida y desgastante, sobre todo para la salud de la festejada, que murió a la edad de 33 años, anciana.

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El Maratón Guadalupe – Reyes fue creado por el Diablo para que sus abyectos súbditos en México pudieran engendrar la nueva Ley de Seguridad Interior, pues en vísperas de la próxima sucesión presidencial no estaba programado ningún partido de la Selección Nacional de Futbol.

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El 12 de diciembre, día de la Virgen de Guadalupe, se registró AMLO como candidato de su Morena del Tepeyac y envió una carta a los Reyes Magos en la que decía: “Prometo ser buen priista si me dejan llegar”. Pero llegó el esperado 6 de enero y San Peje se quedó esperando su regalo.

Otros reyes

–¡Gózame, negra, gózame! –dijo Tin Tan frunciendo la nariz.

–Sí, mi Rey, mi Rey del Barrio –contestó Nigromanta en ropa tan breve como la de Tongolele descalza.

Y Tin Tan siguió tocando los timbales, mientras la mulata sacudía sus caderas de yegua y sus nalgas siderales.

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El Rey ordenó levantar un muro alrededor de sus propios recintos con los huesos de sus enemigos, a quienes empalaba por centenares para verlos agonizar con un dolor insoportable mientras él desayunaba, y el muro creció hasta alcanzar un tamaño inversamente proporcional al de su reino.

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–¡Que mueran todos! (los que tengan que morir) –decretó el rey loco, y entonces los ministros de la Corte se fueron de vacaciones antes de atender a los padres de l@s niñ@s quemad@s en la Guardería ABC y, al volver, exoneraron a los autores materiales de la masacre de Acteal.

La Divina Comedia

Gabo confundió a Remedios con Beatriz, y La Biblia con La Divina Comedia, cuando la bella sin cabello ni ropa interior ascendió como la virgen María, pues también ella era virgen y santa, y mostró al autor el camino al cielo, pues también él se confundió con Dante.

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Tomarían el cielo por asalto con la consigna de la imaginación al poder, pero el infierno se interpuso encarnado por un ejército represor, asesino de estudiantes, y en donde había “caos y anarquía” impuso “orden y respeto”: primero el Infierno, después el Purgatorio y, por último, el Paraíso de la impunidad.

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El Purgatorio no terminó con la muerte de Stalin, pues los sucesores continuaron con las purgas estalinianas, cambiando sólo algunos métodos. En el turno de Brézhnev, por ejemplo, Siberia y los paredones de fusilamiento fueron sustituidos por hospitales siquiátricos.

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En el Purgatorio, quienes pecaron de gula vomitan hasta quedar esqueléticos; a quienes robaron les amputan las manos una y otra vez; quienes mataron mueren como sus víctimas ad paenitentiam reverti… pero con una buena mochada, la burocracia mexicana facilita el tránsito al Paraíso de la impunidad.

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“Eso que para los humanos es el purgatorio es sólo la prisión del alma por el cuerpo”, se dice que escribió Rulfo, mientras que la frase “más púdica” que había escuchado Nietzsche era: “En el verdadero amor, el alma es la que envuelve al cuerpo.”

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Aunque Dante jamás lo habría concebido, el metro de la Ciudad de México es la pesadilla dantesca por antonomasia, salvo para carteristas y acosadores sexuales, que hacen el trabajo sucio de los sirvientes en el infierno, hasta que la cárcel asume función infernal.

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El hacinamiento carcelario es otra pesadilla real que parece concebida por la imaginación dantesca. Para los condenados a cadena perpetua, las cárceles de Brasil hacen preferible la muerte a riesgo de que el infierno eterno supere por un rato a la muerte en vida.

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Todas las religiones cometen un error de cálculo cuando presentan al infierno como estadio subterráneo. Dante no lo corrigió. La espaciosa dimensión celeste parece más lógica, pues la del infierno, a pesar del hacinamiento, es insuficiente para tantos pecadores.

Escuadrones fantasmas

Cuenta la leyenda que el escuadrón aéreo parecía invencible, hasta que fue abatido por un misterio; unos especulan que lo derribó un volcán en nacimiento; otros que sufrió un ataque de visitantes extraterrestres. Lo cierto es que, desde aquella derrota inexplicable, vuelve a ser visto en las alturas, volando como un espectro, para bombardear pueblos fantasmas y, una vez cumplida su misión zombi-sonámbula, regresar victorioso a la Nada.

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Érase un guerrero que, después de muerto, derrotó a su propio ejército en venganza por haberlo fusilado y lo convirtió en un espectro como él para seguir nutriendo sus filas con cadáveres de otros ejércitos hasta que no quedara ninguno y hubiera por fin paz en el mundo.

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“La última vez lo vi irse entre humo y metralla, contento y desnudo; iba matando canallas con su cañón de futuro”, y los canallas muertos se levantaban para unirse a su escuadrón, que llegó a ser batallón y después un ejército, muchos ejércitos con 200 millones de almas invencibles y avergonzadas por su pasado reciente de cobardía.

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Para hacer honor a su nombre, el escuadrón suicida parecía tener espíritu de sacrificio kamikaze, pues moría en cada misión, siempre con éxito, pero su fantasma tenía cada vez menos fuerza y energía, hasta que una petición de jubilación a la comandancia reunió un millón de firmas en @Change.org.

Los universitarios progres

Reunidos en Sanborns, llevaban puestos blue jeans Levi’s y tenis Nike, fumaban Marlboro en el área de fumadores; pusieron sus dispositivos Apple en la mesa, pidieron Coca Cola y Banana Split, y se aventaron cinco horas disertando en tono yupi sobre la vigencia del marxismo y la revolución socialista.

Muerte anónima

Había un cadáver en el callejón del gato. Vestía con elegancia, pero las ratas en harapos lo dejaron en ropa interior. Pasaron días y noches sin que la policía se enterara, de modo que los restos mortales del desconocido se pusieron verdes y se hincharon hasta reventar. Al final, fue imposible identificarlos y dictaminar la causa de su muerte (estrangulamiento con hilo metálico).

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25 microrrelatos

Simon Marsden

Simon Marsden

Casas embrujadas

La enfermedad de la casa es contagiosa, pero los mortales que viven en ella  son indolentes, como los fantasmas y otros habitantes etéreos, a diferencia de los duendes y demonios, que optaron por emigrar. Tan enferma está la casa que hasta las gárgolas se han ido.

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El fantasma de un niño atormentó a su padre hasta el suicidio por haberlo asesinado y, reconciliados en la muerte, para evitar el aburrimiento, ambos impiden ahora que alguien más viva en esa casa.

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Era una casa lóbrega y fría, llena de ruidos y presencias invisibles, hasta que un exorcismo acabó con la invasión de seres mortales y, desde entonces, los fantasmas deambulan en armonía.

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Los demonios de la casa expulsaron a Norman Bates, que se mudó a su propio hotel, cuyos huéspedes son peores, pero a diferencia de los demonios, es posible exterminarlos.

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Se dice que la casa está embrujada porque todos los martes a las diez de la noche, los fantasmas de las brujas que siglos atrás vivieron allí hacen sus aquelarres.

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Guillermo del Toro rodaría otra cinta sobre una casa embrujada, pero los fantasmas se pusieron en huelga por el abuso de efectos especiales.

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El director de la cinta hizo morar a los actores en la casa embrujada para que se aclimataran y ahora sólo escucha sus pasos.

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Las casas embrujadas estaban tan choteadas que el autor optó por inventar una calle poblada por los fantasmas del teatro Tívoli.

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Agobiados por susurros, pasos y sombras en movimiento, los habitantes abandonaron la casa y, fuera de su hábitat, se desintegraron.

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La casa no estaba embrujada, sino aburrida; no soportaba el vacío y la soledad porque todos se iban cuando ella quería jugar…

Corazones destrozados

Al arrancarlo de su pecho, el corazón de la bestia se disipó en la niebla del bosque a la luz de la luna llena y, con música muy triste, comenzaron los créditos finales.

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Le declaró su amor con el corazón en la mano, pero ella respondió con horror a tal escena (por gráfica, sanguinaria y aberrante) y el corazón dejó de palpitar.

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Ella no lo dijo en sentido metafórico y él lo supo al ver los pedazos de su corazón esparcidos por el suelo al cabo de rastros de sangre.

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–Ahora eres un hombre –dijo su padre al entregar el corazón del ciervo que su hijo había cazado; él se lo comió y murió esa noche.

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Todos lo imaginaban encantador, pero “El Rompecorazones” era un vulgar asesino que hacía de las suyas con martillo y cincel en mano.

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Cuando Frankenstein era niño, su madre murió de un infarto y él extirpó el corazón de su perro, pero el implante fue un fracaso.

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Una sombra invadió el sueño de Ellen y le arrancó el corazón. Al despertar, ella lo encontró palpitando fuera de su pecho.

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–Me comeré tu corazón –dijo Hannibal Lecter al enfermo cardíaco, provocándole un infarto, y su corazón le supo del carajo.

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Al estallar dentro de ella con un deseo acumulado desde su despertar sexual, también estalló su corazón. Fin de la historia.

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La paradoja de un corazón de vampiro es que, a pesar de no latir, hay que atravesarlo con una estaca para matar al portador.

Brevedad erótica

Primero ascendí; mis labios fueron alpinistas para escalar hasta la cima de tu busto en donde mi descanso fue saliva; luego descendí hacia tu selva y penetré a la cueva en donde mi urgencia fue alivio.

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Las estrellas dormidas en el agua son como las mujeres cuando nos sumergirnos en ellas y bogamos en la profunda intimidad de sus humedades.

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De su acumulación durante años, el deseo pasó en segundos a las caricias apremiantes y los besos húmedos, el estallido y la lluvia…

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Demoré cuanto pude la cerveza más cara de mi vida en espera de la bailarina que, tras bambalinas, gemía un coito dilatorio.

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Atravesé el desierto de la ciudad a medianoche para saciar mi sed en el oasis de tu regazo y ser pes dentro de ti.


Jorge Ochoterena


Era perfecto en todos sus errores; vivía para tener pasado.

La brutalidad y la minucia construyen la infamia en torno al vacío.

El procedimiento digestivo es el holocausto del alma.

Este video es un hallazgo fascinante, una reliquia en todos los sentidos. El entrevistado parece más joven y, sobre todo, más delgado que durante la época de mis visitas a su departamento en un viejo edificio de avenida Juárez, hoy Plaza de la República, pero la atmósfera es la misma: sombría, nomás falta una calavera de cartón piedra que guardaba las espaldas de nuestro anfitrión en esa esquina de La Carverna, como la llamaban. Cuando nos conocimos, dos o tres años después de la entrevista, Jorge Ochoterena Bergstrom, alias «El Ocho», era más corpulento y tenía un aire de Orson Welles, muy discreto, casi taciturno, menos ególatra que su visitante, entonces más interesado en Lorena Cuerno, la compañera en turno (cuando la entrevista, su compañera era otra mujer, como podemos ver al final, quizá la «esposa oficial»).

Aquí Ochoterena se niega como artista y reflexiona en voz alta sobre su relación personal con el arte. En la fenomenología –dice la semblanza de Carlos Franco Muñoz en la voz, entonces joven, de Patricia Kelly– Ochoterena «encuentra el terreno propicio para explorar la razón verdadera del ser». El austero sueldo que tenía como docente, afirma, era suficiente para «obstinarse en su sincero cometido: estar siendo, no más, como conde excelentísimo de los hipogeos nocturnos que gobierna bajo los ecos insomnes de Anton A. Nartov, Martin Heidegger y Lucha Reyes».

Además de la semblanza, Paty Kelly declama fragmentos poéticos y aforismos filosóficos del entrevistado: «El acto distante responde a una desbordada sensualidad y en la abstención está el extremo del deseo: despojarse», por ejemplo. «La sutileza demencial y la falta de perspicacia onírica te dejan a mitad de la incisión, sin pretéritos qué disgregar; los instantes de dolor transgreden el tiempo», es otro ejemplo. «Han creído en su materia, detraen las sombras perdidas en la memoria», es un ejemplo más.

Ochoterena habla con los ojos cerrados, como si buscara en su interior las mejores palabras para expresar el pensamiento, y resulta paradójico verlo y escucharlo así, de entrada, en su disertación sobre «un mundo en el que las imágenes tienen un valor absoluto, pero no superior a la realidad de su origen, es decir, al fenómeno que las conceptúa, las erige y las contempla».

El entrevistado reflexiona sobre la culpa y su origen en la religión, que sirve al poder; diserta sobre la existencia de Dios como noción en el imaginario de la ignorancia y el miedo a la muerte; define al cinismo como «solución» a la muerte de la especie humana: la humanidad, para él, son las ratas de un barco que se hunde sin remedio; habla de las drogas en general y el alcohol en particular. En la penumbra de la esquina que ocupaba también ante sus visitantes, razona sobre la dimensión marginal que llamamos underground…

Huraño en «sociedad» o reacio a la vida socialmente abierta, más bien solitario, Jorge parecía tener en casa una tertulia permanente, como si el simple hecho de visitarlo fuera pasar por un filtro selectivo. Irónica paradoja, digo en el texto sobre la noticia de su muerte, haber sido tan sociable y al mismo tiempo tan solitario, tan lo uno como lo otro.

«La soledad –nos dice aquí– tiene un valor absoluto en el entendimiento de la realidad: entender la realidad te confina a la soledad». Y acerca de su principal motivación como persona: «La autenticidad es la correlación que estableces contigo mismo ante la realidad».

«La vida es un conjunto de fantasmas animados por un cierto acto de aprehensión», parafrasea.

Durante la entrevista, se emborracha con vodka y, ya borracho, sigue disertando con profundidad y lucidez hasta que empieza a delirar y emerge discretamente la genialidad. Tumbado en su cama, salta del amor a la muerte. «El amor no existe», delira medio dormido, mientras la voz de Cruz Mejía canta Pregúntale a las estrellas. «¿Qué puede extrañar la vida sin la muerte? El amor de la vida es la muerte, es el otro lado, el extraño ser que no se es, a lo que se va, a la muerte».

(En otros momentos, acompaña la entrevista Louis Armstrong).

Y Ochoterena rubrica su colofón cantando el Himno Nacional, como las transmisiones radiofónicas al terminar el día.

Los dejo, pues, con el video y la entrevista, no sin antes comentar a título personal que, hasta donde recuerdo, nunca estuve consciente de tratar con un sabio y mucho menos con un genio, aunque siempre tuvo atisbos; se reservaba conmigo el ego intelectual, como si prefiriera conocerme que darse a conocer, como si prefiriera escucharme a que yo lo escuchara, quizá para confirmar primero su identificación a cuentagotas; quizá yo era demasiado ignorante y superficial como interlocutor de alguien de su talla y veinte años mayor. Lo seguro es que su reserva no era desconfianza, pues conocí aspectos de su personalidad que no son de interés público. Más que oscuro, él era hospitalario, pero discreto, insisto, reservado, buen cocinero y enemigo de la violencia en cualquiera de sus formas. No recuerdo que recitara en algún momento poemas suyos, pero sí recuerdo que una vez leímos en voz alta letras de las canciones de Lorena Cuerno. Hay muchas anécdotas, que platicaré quizá más adelante… Como Lorena, a quien ya dediqué una publicación en este blog, Jorge era un personaje de antología. La reliquia que hallé sin búsqueda en YouTube da cuenta de ello con elocuencia inusual. Vaya pues.

Necrofilia con vodka

Necrofilia con vodka

Léanse también: Coincidencia macabra y Una ruta irrepetible


Inventario de silencios

En la noche que me habita he sido tránsito apacible de silencio y mansedumbre, letargo del instinto, cataclismo en reposo. «Entre los asfodelos de la sombra», del poema de Borges que me alude, troqué su diminuto colibrí por un murciélago gigante. Cuando las aves del olvido anidan en mi cama, la memoria despliega las alas del tiempo y, con el rumor de las horas muertas, levanta el vuelo. En el aire invadido por los fantasmas del insomnio, viciado por los ruidos viscerales de mi recaída en las inercias obsesivas, por el vaho de las incurias y abulias depresivas, en la oscuridad colmada por el odio y la envenenada calma de sus demonios, soy piedra que respira soledad por las heridas abiertas del alma, por sus poros alotrópicos, soy piedra pómez con osteoporosis leve y esguinces por infartos en las articulaciones, por inactividad física en mi época de borracho, por actividad vegetativa sin pausa ni descanso…

En las tinieblas del mundo humano y su negro abismo he sido un hálito de luz, un soplo al corazón, entre sístole y diástole, golpe que irriga sangre al tálamo cerebral en ebullición, estimulando «la glándula de los presagios» y las intuiciones. Como he dicho antes, pero no pones atención, entre dos gotas de agua, la eternidad naufraga y un silencio palpita. La erupción del volcán que llevo dentro desborda la noche que me habita.

Cuando amaina el pandemonio del infierno en la tierra y escampa el llanto inconsolable de los sauces, y los perros dejan de ladrar al paso de las nubes que desvelan el plenilunio, más o menos a las tres de la madrugada, escucho una voz de niña-diablo, un grito que se ahoga por el nudo en la garganta con el chiste del ahorcado, un estrépito de vidrios rotos y un tráfago de gatos en los contenedores de basura; el espejo de cuerpo entero ha cegado el reflejo de Medusa, como el de Narciso en un manantial de barro, y una racha de viento se ha llevado la música del fauno; un ilusorio canto de sirena hizo naufragar el soliloquio de mi romance con la noche, y volví al remanso amniótico de mi lecho con Tahoma, que suele caminar los sueños en el fondo más hondo y silencioso del mar, «donde los peces son ciegos y los buzos se mueren de nostalgia», como escribiera Gabo en sus mejores años, los de Macondo, la epopeya de un siglo de soledad. Como los murmullos de los difuntos en el Comala de Juan Rulfo, el acúfeno acuático es otra forma de silencio, y el agua de mujer descalza es tan cálida como sus pies. Tahoma boga desnuda en la bruma de los sueños, entre los palafitos de la noche.

Soy todo cuanto he sido y lo recuerdo: minotauro en su laberinto y laberinto sin minotauro, andadura de plantígrado y escritura de madrugada, penumbra de burdel marginal que hiede a cerveza rancia y huachinango crudo, anguila entre los húmedos muslos de Tahoma, sed insaciable que bebe de sus pétalos intensamente rojos el dulce rocío, cocodrilo de ciénaga que llora por la muerte de una flor, espesas lágrimas que inundan su pantano, espantajo sin ojos por culpa de los cuervos, pájaro lleno de paja, «pájaro lleno de pájaros, / canción que vuelve las alas / hacia arriba y hacia abajo», como canta la boca de Miguel Hernández.

He sido y soy acuático silencio de arrecifes en la isla de los murciélagos, silencio sepulcral en el cementerio de los monjes ciegos, litúrgico letargo entre palmatorias y candelabros, silencio de piedra pactado por las gárgolas y roto por los rayos, truenos y relámpagos de la tempestad, por la fuerza telúrica de un sacudimiento de la conciencia, silencio de la noche que me habita en la ciudad que llevo dentro, la de los cuatro perros que salen del parque Xicoténcatl a caminar de madrugada en unánime silencio.

Soy silencio de hielo que no hiela, pero hiere con saña y, debajo de la cama de una mujer encinta, hiede a mandrágora. Soy silencio del que mana otro silencio, como secuencia de la banda silente de una época, la que vivo y muere silenciosamente, la muerte que vivo y escribo en silencio. Que así sea.


Breviario de vampiros

Fantasma en el espejo

El espejo sombrío

El vampiro sin sombra ni reflejo en ningún lado vio pasar un alma humana como imagen cautiva dentro del espejo, y vio pasar también el tiempo a través de la inmortalidad hacia su morada final en el olvido, tiempo aliado, mientras tanto, en la consolidación de su amistad con el fantasma, quien lo acompañó en silencio durante siglos, dibujándolo en varias y variadas ocasiones para que supiera cómo era él mismo… El vampiro conserva los dibujos a lápiz en papel cada vez más percudido y frágil, con los tonos ambarinos del autor, y el espejo, otrora ventanilla de una relación no menos sombría, cuyo reflejo es cada vez más opaco, pero la vieja casa fue demolida por el viento y, desde entonces, parece que su difuso habitante hubiera diseminado sus fragmentos con el destino disperso de los escombros o se hubiera hecho uno con el polvo, porque los fantasmas desaparecen fuera de su hábitat. Y el vampiro, en su eterna soledad, sin sol ni edad, lamenta no haber tenido aptitudes artísticas o la imaginación necesaria para corresponder el gesto.

Modernidad vampírica

No será fácil conservar el romanticismo literario y cinematográfico en el futuro, una vez que la ciencia pueda producir sangre con vida humana en laboratorios, así como cremas y lentes oscuros que protejan del sol a los vampiros, criaturas nocturnas por naturaleza y antonomasia, y cuenten además con dentistas especializados en colmillos succionantes, y sicoanalistas que sepan tratar los padecimientos propios de la inmortalidad.

Ava, hermana de Eve

Si algo hacía difícil de creer su edad era la inmadurez que arrastraba como lastre desde que, siglos atrás, un vampiro inmortalizó el paso de su existencia por la pubertad con una transfusión sanguínea.

Monterroso y Poe

Cuando despertó, alguien había cerrado por fuera el ataúd.

Only Lovers Left Alive

 


Diez microrrelatos

alienigenasMisantropía galáctica

Sintió un dolor intenso en el estómago y, ante el asombro de sus compañeros de viaje a través de las galaxias, expulsó de su vientre a la más horrible de las criaturas: ¡un humano!

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Horrorizados por la vocación destructiva de la especie que habitaba el planeta visitado, así como por su infinita estupidez, los visitantes extraterrestres huyeron de regreso a su galaxia.

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La llamada “conquista del espacio” por la peor de las especies fue más bien su contaminación con guerras, epidemias y redes sociales.

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A su paso por La Zona, la tripulación de la nave tendría impulsos caníbales, así que se ató a sus asientos y, mirándose unos a otros con baba en abundancia, murió de hambre.

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Siglos después, la nave de la primera expedición fue hallada en un planeta lejano con restos de toda la tripulación en una misma cama.

loco_sueltoHorror terrícola

Condenado a morir en el cadalso, el asesino de niños fue invitado a donar sus ojos y aceptó sin que nadie previera las consecuencias: El receptor, que ignoraba la identidad del donante, veía muertos a los niños en las calles y los parques. Ahora vive atormentado por esa visión en el manicomio.

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El vecino asesinó al perro de Frankenstein y Frankenstein asesinó al perro del vecino para usar el corazón en la revivificación de su propio perro, pero éste prefirió al vecino y no duró ni un día.

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La víctima jaló de la sábana para descubrir el cuerpo de su victimario, pero nadie dormía debajo y, desde entonces, ambos dedican sus noches en el limbo a perturbar el sueño de alguien.

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Se refugió en el bosque para esperar su transformación a la luz de la luna llena y escuchamos aullidos esa noche; al día siguiente, hallamos sus restos en una guarida de lobos.

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Solicitó su mano… para disecarla.

 


Escribir por escribir

44 publicadoQuiero escribir esta noche de insomnio una vez más, y describir mi laberinto en penumbra o luz mortecina, fuego fatuo de infierno en vida, legado por El Diablo, para gárgolas insomnes en sus horas de piedra, vampiros trashumantes y murciélagos gigantes al llamado telepático de la sangre, brujas en sus aquelarres de placer dionisiaco, lascivo y sucio, cuervos a través de sus ojos, lobos que surcan el frío de la madrugada…

Quiero escribir cobijado por la soledad, bajo la lluvia de agosto y el influjo lunar, al que seguirá una estela de silencio como paso del tiempo hacia la muerte durante la oscuridad, abismo abandonado por los sueños y su renuncia, nostalgia que duele a la deriva en la sórdida ciudad, al garete por sus calles y al socaire del olvido como polvo acumulado en los rincones de la memoria.

Quiero escribir desde los intersticios del instinto ilusorio y los resquicios invadidos por las telarañas del odio, que un grito emerge del pasado y estremece el remanso en la profundidad del vacío, cuando tu mano busca una caricia y, sobre las grietas de otra piel, dibuja un plano de su búsqueda en vano.

Quiero escribir por escribir, pues he vivido en agonía, sin más compañía que una lejana y esporádica presencia: gatos noctámbulos de sigiloso tacto sobre la piel de asfalto entre sombras del parque al amparo de la pálida luna, como fantasmas, espectros de mitades, partida en dos la noche, a medias el reflejo del sol en otros astros; medialuna es un cuarto en estricto sentido y rigor físico-matemático; fantasmas son también los borrachos disidentes con el curso de la vida, y entonces no están a salvo de sus pisadas los caracoles de paso lento y rastro baboso como beso de borracho.

Quiero escribir melancolía de manantial y viceversa, como quien sabe que su cuerpo es savia y lo habita como tal, inoculado por las letras, para evadir el riesgo de naufragio aun con madera porosa, flotante a la manera de los recuerdos en el aire, que se lleva el viento, y para respirar un hálito de mar en la tierra mojada por agua de mujer durante sus espasmos de insoportable levedad…

Quiero escribir por no dejar de mencionar mis obsesiones en este blog: noche, insomnio, soledad, lluvia, luna, silencio, tiempo, muerte, oscuridad, sueños, nostalgia, ciudad, olvido, memoria, odio, instinto, laberinto, infierno, El Diablo, gárgolas, vampiros, murciélagos, sangre, brujas, aquelarres, cuervos, lobos y demás.