Archivo de la etiqueta: Fantasmas

Poemas breves: 15 mejores

Causa y efecto

El reflejo en tus ojos
es la jaula inasible
del pájaro que miras
cuando posa
más o menos consciente
de sí mismo
nunca de su reflejo
cuando levanta el vuelo
lo hace también tu mirada
como un espejo con alas
y la jaula se hace cielo

Identificación

Desnudos en la playa
sin dejar de mirarnos
ella trenzando espigas
yo mojando los labios
nos identificaba
el deseo momentáneo
de que ardiera en llamas
una lancha en el pantano

Vigilancia

Cuando los perros ladran
mientras dormimos
nos alertan de intrusiones
inasibles intangibles
entes etéreos
pesadillas inminentes
que amenazan la paz
de nuestros sueños

Mujer nueva

Cuando sonríe su mirada
tímida luz que asoma
por la ventana de la vida
como un lucero en ciernes
despierta el alma del mundo
para saludar al sol
de medianoche

Después del agua

Polvo de estrellas
claro de luna marina
la vereda serpentea
bajo la intensidad
de la luz nocturna
que ilumina esta lluvia
de luciérnagas

Estatua

Los pájaros que pueblan tu silencio
presagio de ojos blancos
sin pupilas
y una perpetua inercia
de sombra en movimiento
dan fe de tu existencia

Clausura insomne

La puerta de la noche hacia la noche
de otro sueño
tiene un letrero en sepia
que dice al visitante
durante la vigilia
«Cerrado por derribo»

Barrio antiguo

Los duendes y fantasmas
que habitan estas casonas
mantienen cerradas
todas
las puertas y ventanas
para impedir el paso
de las horas

Acumulación de ausencia

La estrada formada
con el paso de los siglos
por una ciudad
es endecha de la noche
poblada por los sueños
de todos sus fantasmas

Dualidad

El reflejo
de la luz del día
en el agua cálida
proyecta en los muros
los sueños que tuvo
la oscuridad de la noche

Nostalgia

La distancia se peina
con el viento de jóvenes ausencias
que duermen arrulladas
por el rumor en lontananza
de su paso al olvido

Oscura certeza

Silencio insomnio sombra
que oculta el tremedal de las inercias
angustia que acumula esta parálisis
saber que pasa el tiempo y yo me quedo

Incendiaria

Vienen a beber
del fuego que ahoga
mi sed insaciable
de venganza

Contrariedad

Esparcí el polvo de la memoria
sobre los campos alegres del olvido
y la hierba entristeció

Sepultura

La sombra primigenia
de una flor en agonía
yace bajo pétalos caídos

FIN

Anuncios

Poemas breves: 9a entrega

Decantación razonable

Hay quienes hablan con las plantas
con las flores, con los hongos
hay quienes cantan a la flora
quienes abrazan y besan a los árboles
y parecen locos

Yo que soy original
para no parecerme a nadie
y mucho menos a ellos
que parecen locos
hablo con los moscos
antes de dormir

Dejen de joder y déjenme dormir
cállense y duérmanse
detrás de la cortina
no me obliguen a matarlos
les digo en voz baja
y duermo pensando que me obedecen
quizá lo hacen

Buenas noches
Naomi hermosa y amada
que duermas bien
que descanses
hasta mañana
que ya es hoy

De colecciones y farmacias

(A Vanessa Bauche)

La suma del pensamiento en sustantivo es paradójica
por fragmentaria
consuma el resultado que arrojan los fragmentos
a la pizarra llena de nubes en sus abismos
con suma opacidad espirituosa
para drenar tejidos cartilaginosos
con suma y resta de unas y otras partes
dispersas por todas partes
del íntimo producto y su líquido amniótico
liquido y elimino dicho líquido
si pienso en la sustancia de nuestra operación
una vez roto el himen y el imantado limen
de la puerta del tiempo al infinito
que opera el cirujano en su quirófano
con cirugía mayor
para extirpar la piedra de la melancolía
y en su caso triturarla
quiera Dios que así sea
manque no exista

¿Entendiste, querida?

El síndrome de Cronos

El tiempo se hace viejo en mi retrato
su paso amarillenta ese recuerdo
se instala en todas partes
para dormir llenándonos de ruido
cansancio que se cansa de sí mismo
dolencias resignadas
o camina dormida su ancianidad sonámbula
contagiando a los seres y las cosas
sus crónicas inercias
el síndrome de Cronos
Cromagnon patológico
decrépita burbuja de juventud eterna
crones que no distinguen
entre la eternidad
y la inmortalidad

Si el envase del alma y hasta el alma
con el tiempo se caen en pedazos
yo sigo siendo joven frente al espejo umbrío
dentro y fuera de mí todo envejece
con excepción de mí

Maravilla de soslayo

Entre dos ladrillos
y humedad pluvial
se gesta un milagro
y emerge del musgo
le salen alas verdes
pero no puede volar
lo detienen sus raíces
lo asesina en apariencia
la intemperie
y el milagro retoña
en un ciclo dual
un eterno retorno
de la vida y la muerte
como intencionalidad
una vital metáfora
de obstinación y tenacidad
ante la insistencia
de la destrucción
y la desaparición
pero no pasa de ahí

Sensibilidad

La música de los lobos y de la poesía
la música del agua y de los sueños
la música del viento y del silencio
que transmite la música de las caricias
y de los besos
la música del aire
que viste, arropa y cobija
tu desnudez
aire poblado por un instante de pájaros
ha de pasar de largo
jamás la escucharán esos seres
que se dicen humanos
inmersos en el ruido que los ciega
ni la verán sus ojos sordos
y pasará de largo

El sueño de las letras

Si vivir fuera leer nuestra biografía
sería posible acaso
volver a los mejores capítulos
y hasta corregir algunas páginas fallidas
pero vivir es más bien
emanar palabras para que discurran
y el tiempo las distorsione
y el olvido las devore
con la voracidad de la carcoma
que al morir es polvo en donde yace
—cuando el tiempo duerme—
el sueño de las letras

Delirio de buró

Emerges del olvido a la nostalgia
como nítida imagen
que libera del polvo acumulado
un hálito de luz en la memoria
repentino y casual
una mirada incólume
a través del cristal
que empañaba el rencor
y ahora es un fantasma proyectado
por la imaginación

Por apego a la renuncia de mi pérdida

Arrancaré de cuajo
un gajo de la noche
asido a su recuerdo
para que no se vaya
del todo para siempre
y mis dedos meñiques
sigan elucubrando
nocturnos desvelados
cronopios y alebrijes

Causas ocultas – efectos nonatos

Si miente la simiente ser estéril
resulta que no es cáncer en el cólon
esa cosa que crece
como bola de nieve amenazante
sino engendro fatal de la mentira
y el Espíritu Santo

Aliteración en vano

Catacumba de Argel en argelina rumba
si la tumba un estruendo que retumba
sobre la helada tumba
y el ingenio no pasa del sonido
cual caja que recojo
sin contenido alguno

FIN

 


Poemas breves: 8a entrega

James Kroner

Nostalgia que agoniza

El alma de la madera
cubre tu ausencia y el vacío
detenida en el silencio
la memoria del tiempo
sopla el polvo que nubla
tu retrato en sepia
sopla el polvo que empaña
tu recuerdo
el polvo que lo mantiene
sepultado
la memoria del tiempo
mermada por su agonía

Preludio

Durante la tormenta
que azota la noche
se asoma el alba
en los resplandores
de los relámpagos
que también adelantan
los corajes del día
mientras las nubes
nutren el llanto
de los sauces

Vigilancia

Cuando los perros ladran
mientras dormimos
nos alertan de intrusiones
inasibles intangibles
entes etéreos
pesadillas inminentes
que amenazan la paz
de nuestros sueños

Chapuzas

Al cegar nuestra imagen
reflejada en los charcos
de las calles
ahogamos a los espejos
que deja la lluvia
hechos pedazos
como piezas de un puzzle
cuando escampa

Población de abandono

Cuando el tiempo duerme
su polvo sepulta el sueño de las cosas
cuando el tiempo sueña
un hálito de antiguas ilusiones
dibuja su fantasma en el aire
y lo desampara

Acumulación de ausencia

La estrada formada
con el paso de los siglos
por una ciudad
es endecha de la noche
poblada por los sueños
de todos sus fantasmas

Dualidad

El reflejo
de la luz del día
en el agua cálida
proyecta en los muros
los sueños que tuvo
la oscuridad de la noche

Amor platónico

La tarde se llanó de suspiros
y la noche de bostezos
a la mañana siguiente
no había más que nostalgia
de un sueño adolescente

Nostalgia

La distancia se peina
con el viento de jóvenes ausencias
que duermen arrulladas
por el rumor en lontananza
de su paso al olvido

Contrariedad

Esparcí el polvo de la memoria
sobre los campos alegres del olvido
y la hierba entristeció

FIN


De aquí a la página 50 poemas breves

 


Poemas breves: 7a entrega

Lillianlai

Compañeras

Soledades que oscilan
entre la sed y el deseo
la nostalgia y el olvido
la costumbre y el placer
soledades que musitan
los secretos del silencio
y los mensajes ocultos
en el lenguaje del aire
soledades que perciben
fantasmas en el vacío
monstruos infantiles
en la oscuridad adulta
demonios en el vino
y ausencias en el espejo
de la memoria
soledades que habitan
las playas vírgenes
los claros de luna
y los cementerios
soledades necesarias
inclusive urgentes
soledades misántropas
como la de Bukowski

Sinopsis

El cadáver de un cine
cuyos muros transpiran humedad putrefacta
bajo un techo que llueve
y anega la renuncia y la nostalgia
sirve como refugio de inclemencias mayores
a un criadero masivo de ratas y ratones
diezmado por los gatos alternantes
tampoco los fantasmas tienen descanso aquí
tráfagos de voraces cucarachas
en las rachas de luz que las altera
ruptura del silencio casi pétreo
y de la oscuridad
después vendrá un ejército de niños
indigentes
a morar el recinto
bajo las sucias órdenes
de un cura pederasta
que hará la farsa en público
de salvarlos a todos como Dios
(no cuentes el final)

Habemus pretendere

Así como el puente quiere ser castillo
sobre las aguas del río
que lo miran hacia arriba
y el farol bajo la lluvia
sueña con ser faro
en la isla de las tormentas
el pobre diablo pretende ser el rey
ante los ojos de su hijo
pero no todas las aguas del río
miran hacia arriba
las que pasan en el fondo
por debajo de las demás
creen que el puente es un eclipse
y el farol en las noches sin lluvia
sábese meadero
de perros y borrachos
y vive humillado
y el hijo del pobre diablo
crece hasta saber
que su padre no es rey
sino vasallo

Hipótesis

¿Qué sería de la soledad sin poesía?
Sería quizás lo mismo
que una calle sin árboles
una pared sin cuadros
una estancia sin plantas
el trabajo doméstico
sin música
el café sin azúcar
la comida sin sal
los días sin sol
las noches sin luna
los años sin vida erótica
la vida sin amor
sin amistad

La soledad sin poesía
sería como un cuerpo de mujer
sin humedad

Si así fuera
en vez de leer poesía
tu soledad escribiría
instrucciones para que alguien
te haga llorar

Experiencia sublime

Abrevar de su poesía
libar el néctar de cada verso
imbuirme de su esencia
sucumbir a la seducción
emborracharme de ella
naufragar en sus metáforas
y arrojar al mar
la botella vacía
para que alguien interprete
su encapsulado silencio
y escriba un tratado de filosofía
y sus alumnos vivan en la luna
y yo siga empapándome
de imágenes

Barra libre de placer

Desnúdate del miedo
que tu libertad se quite la ropa
libérate de tela y otros tapujos
sacúdete las perezas y los prejuicios
libera también tu grito
de la mordaza que lo enmudece
descubre la verdad que te humedece
y déjame bajar por tu cabello
desde mi curiosidad antropológica
hasta la cueva en que duerme
tu deseo

Oasis

Entre paja escolástica y bazofia
de la pedantería y el academicismo
frescura y juventud adoctrinadas
hay una que otra broma
y uno que otro desfogue
pasado por alcohol

Instantánea

El mundo es un hotel de paso
donde no hay más futuro
que el presente
y el tiempo al fin y al cabo
es cosa del pasado

Destiempo

Hoy la mañana es ayer
la de mañana será hoy
como he pensado ayer
la mañana de hoy

Lo de siempre

Una voz de ultratumba
susurra pesadillas a mi oído
los fantasmas invaden
la oscuridad nocturna
con alegre locura y sin piedad
la nostalgia que inunda
por los ojos de buey
esta noche de insomnio
hiere mi soledad

FIN


De aquí a la página 50 poemas breves

 


Ausencia

Quiero desnudar tu sombra
tu fantasma
quitarte la sábana de encima
despejarte de polvo y telarañas
despojarte de los nombres que te dieron
liberarte de sinónimos y nubes
y arrancarte las entrañas
talar los eufemismos de tu cuerpo
y prenderles fuego
hacer una fogata con todos tus letreros
una hoguera seglar
que haga cenizas la ropa de la década
para saciar mi sed
entre sus muslos sudorosos
hasta quedarme sin recuerdos
y una vez consumados los ogros de los siglos
lapidar la edad del tiempo

Quiero inducir el suicidio de las ninfas
a menos que sean nereidas o dríadas
oréadas o sílfides o náyades
o que tengan la forma de muchachas
afilar las navajas de sus miradas
beber la insolente lascivia de sus labios
la desnuda humedad que destila su piel
incitar la malicia de sus frases
la promiscuidad de las palabras
su voluptuosa danza
una orgía de sangre

Que nos miren los ojos de la niebla
que sonrían los helechos y los musgos
en el bosque del país de los fantasmas
donde levitan los espíritus
de corrientes migratorias
que yacen en la fosa
y llueve cuando los nombran
cuando alguien piensa en ellos

En bosques abiertos a la muerte
y en los parques
los árboles no tienen epitafios
sino heridas
no hay frases lapidarias en sus troncos
sino evidencias de tortura
de la cursilería sádica
lacerante anticipo a cuentagotas
de la devastación
la vorágine megalópata
y el ultraje
que los electrocuta
con cables y foquitos intermitentes
los mutila con alegre saña
los asfixia con chicles
les clava corcholatas y letreros
para que hablen por nosotros
en nuestro lenguaje

Yo prefiero
desnudar tu sombra
despejarte de polvo y telarañas
despojarte de los nombres que te dieron
liberarte de sinónimos y nubes
y arrancarte las entrañas


Poemas breves

Vuelo enjaulado

Sembrar escaleras en los tremedales
para escalar al mar desde las nubes
sumergirme a las montañas
y volar hacia la noche
desde la madrugada

Las almas no tienen alas
pero vuelan
como fantasmas entre las ruinas
de un pueblo abandonado por la vida
páramo de sombras y susurros
descrito por Juan Rulfo

Las almas vuelan
hacia la proximidad ilusoria del alba
desde un poema que anochece
duerme y sueña
que jamás despertará

Cuatro y cuarto

En mi recámara
proliferaron las arañas y sus redes
el polvo y la pelusa
las grietas en el techo
los mosquitos aplastados
que tapizan las paredes
los mosquitos que vuelan
y zumban en mi oído
asimilados al insomnio
las horas que succionan mi sangre
inasibles vampiros
mientras un coro de ladridos
hiere la oscuridad de la intemperie
y arrastra las hebras
del tiempo muerto
los guiñapos de la noche
rastro del sueño hecho pedazos
por fin asesinado
cuatro de la mañana
entre muros de rabia
sobreviene la claustrofobia
cuando todo empequeñece
y el rencor me sofoca

Espiral

Amanece
los pájaros cantan y vuelan
las personas trabajan
anochece
los perros ladran
el mundo humano duerme
los gatos maúllan
en mi delirio insomne
los gatos cantan y vuelan
los pájaros trabajan
las personas ladran
los perros duermen
el mundo humano maúlla
y amanece
los pájaros cantan y vuelan
las personas trabajan
anochece

Verano

Quisiera estar allí donde las olas
del mar insomne a veces o sonámbulo
también a veces mustio y asesino
son un vaivén hipnótico
de cadencioso ritmo
que aplaca la neurosis estridente
del esperado estío

Quisiera estar aquí ciudad vacía
que respira por fin y en cuyas calles
los árboles conocen
un momento de alivio
los pájaros alegran la mañana
con la sencilla magia
de sus trinos
libre de ruido humano
mientras el mundo humano
pepena en el olvido
su nostalgia

Leyenda lapidaria

Antiguos soles decantan
el vino de los dioses del Olimpo
curso del agua y de mi sed
río arriba y hacia el sur
de un país que no existe
porque todavía nadie
lo imagina

Depresión climática

Negra luna con leucemia
el cielo tiene ojos tristes
como si hubiera llorado
míticos vientos debaten
el destino de la lluvia
cuando el luto de la noche
a falta de estrellas
quiere seguir llorando

Reciprocidad

Ayer sembramos lunas
y hoy cosechamos soles
un reflejo de luz
se ha materializado
y ahora es otro espejo
que refleja otra luz
o la contiene

Mudanza

Los cuatro perros que salían
del parque de día
y caminaban
en unánime silencio
por el parque de noche
ahora exploran el bosque
de mis sueños

La vecina creció

Volar como vuela una caricia
de la voz al oído
en un sueño adolescente
la obesidad no obsta ni merma el deseo
ella despertó incipiente mujer
en una cama húmeda
con urgencias tan grandes
como su cuerpo

Café de la tarde

Silencio de resolana
luz silente y palpitante
que irriga el tímido músculo
-cuidadosa filigrana-
de la soledad pensante
con la sangre del crepúsculo
a través de mi ventana

FIN

 


Zipolite

Algo había rasgado el manto de la noche
para bañar de luz el mar
y el pueblo que dormía;
algo había corrido el negro telón del cielo
para desvelar la plenitud lunar
y prolongar mi vigilia;
tanto y tan intrusivo era el efluvio
que mi soledad insomne,
sofocada,
optó por salir a caminar
«la playa de los muertos»,
simbiosis de las olas
entre clepsidra y reloj de arena,
acuático vaivén de ritmo hipnótico,
rumor que arrulla el sueño de las aves
como terapia musical.

Mis pasos me llevaron al más lejano extremo
de la playa en forma de luna menguante,
donde las rocas se nublan
al morir un día y nacer otro;
allí terminaba el claro de luna llena
y comenzaba el oscuro de sol vacío,
misterioso lindero,
como si también allí terminara el verano
y comenzara un otoño invernal,
así que me dispuse a desandar el camino,
volver sobre mis pasos
a la claridad estival,
cuando sentí su presencia,
y un escalofrío de pies a cabeza
me paralizó por un instante;
era una muchacha de melancólica belleza
y aura espectral,
ataviada con velos de insinuante transparencia,
desnudez velada,
y el viento de agua, cada vez más furioso,
no se llevaba sus nubes ni su aire fantasmal;
su piel era de nácar,
su pelo una cascada
más negra que los cuervos de mis sueños,
sus húmedos muslos de marfil pulido
se abrían paso entre los lirios de su talle,
descalza para siempre;
sus labios tenían el color de la sangre,
sus ojos afilados me miraban,
grises como los peces que saltaban
o se asomaban a verla,
y una sonrisa tenue iluminó de pronto
el astro de su rostro.

-Hermosa noche -dijo.
¡Qué voz profunda y sensual!
-Lo es gracias a ti -respondí sin pensarlo,
y ella tocó su pecho intacto
con un ademán que agradecía
mi espontánea sinceridad.

-Vengo todas las noches de plenilunio
cuando su luz disipa las sombras del estío,
inminente agonía de paraíso infestado,
entre la primavera y el otoño;
como puedes ver
por ser un alma solitaria,
caminante de zonas que habitan los fantasmas
del deseo y la nostalgia,
como puedes ver,
el solsticio de verano boreal
comienza en el otro extremo de la playa
y aquí el equinoccio de otoño
hacia donde las olas,
como las gaviotas y los náufragos,
se rompen contra las rocas.

-¿Puedo saber a qué vienes,
milagro del destino,
lucero que ilumina mi extravío
entre un pasado que me bebe
y el presente de mi sed?
¿Acaso eres astrónoma?

Sutil como la brisa que nos acariciaba,
ella esbozó una mueca de ambigüedad
que parecía burlarse de mi pretendido ingenio
por ser más bien ingenuo.

-Espero el barco tripulado por el tiempo
de la oscuridad océana
para que me lleve al otro lado
del mar de la tristeza y la desolación
cuando acabe mi condena,
si acaso tiene final,
esta pena perpetua de vacío que llena
la eternidad en el limbo.

-¿Quién te condenó y por qué?
-Me condenó la muerte por preferirla.
-¿Puedo hacer algo por ti?
-Puedes venir conmigo a morir
y acompañarme hasta que olvidemos juntos el olvido;
por caminar la noche a solas
al margen de las olas
y escuchar sin miedo alguno
los cantos de sirenas,
dispuesto a su fatal seducción,
eres el elegido.

-¡Enorme privilegio!
¿Morir a tu lado? ¡Lo haré con gusto!
¡Seré tu fiel compañero
en esta dilatada orfandad de caracolas!
Mi vida no ha sido más que tedio,
penumbra y miseria humana.

Con la generosidad de un árbol,
extendió los brazos hacia mí,
tomé sus manos pálidas
pero sorprendentemente cálidas
y caminamos como si flotáramos
sobre las rocas nubladas
y pulidas por la tenacidad marina,
con testigos y cómplices
en los intersticios azules y salados,
refugio de las hadas,
población oculta
de cangrejo, arbacia y musgo.

En el letargo del abrazo,
un placer desbordante se hizo alma
y abandonó su cárcel,
derramado como espuma de champán,
hasta perder la conciencia y la memoria.

Los pescadores del pueblo
hallaron mi cadáver al amanecer,
mi cuerpo sin sangre
ni explicación alguna de su pérdida,
y ahora estoy aquí
sin restos mortales,
desnudo como el aire,
esperando el arribo
del barco tripulado por el tiempo
que ha de llevarme al otro lado
del mar de la tristeza y la desolación
para encontrarme algún día
con aquella encarnación de leyenda inmortal
y experimentar de nuevo,
si la suerte vuelve a sonreírme,
su caricia infinita.

Los muertos nos aburrimos en el limbo
y, aunque algunas mujeres
han caminado el claro de luna llena
sin compañía masculina
hasta el oscuro de sol vacío,
yo no logro más que espantarlas;
un siglo de repudio,
como una maldición,
ha sido el precio de mi desprecio a los hombres,
un siglo de mirar la arena del verano
desde las rocas del otoño nublado,
siempre de noche.

FIN