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Valentín Rincón


Aunque sus abuelos, sus padres y algunos de sus hermanos son chiapanecos, Valentín Rincón Orta nació en la Ciudad de México el 9 de abril de 1938.

Vivió su niñez en Chiapas y fundó en su primera juventud, con algunos amigos, el grupo musical Los Drópticos.

Casi obligado por sus hermanos mayores, se recibió como contador público y, por gusto propio, estudió música, ambas carreras en la UNAM.

Ejerció durante más de una década como contador público, trabajando para varias empresas, entre ellas, Ingenieros Civiles Asociados (ICA).

En los años 60, Valentín y Gilda, su hermana mayor, empezaron a componer canciones para niños, con letras de ella y música de él.

En 1971, la canción titulada originalmente Nana ganó el segundo lugar en un concurso de la Sociedad de Autores y Compositores de Música (SACM) de México y la marca Nestlé, concurso que tuvo mil 550 participantes.

Ese primer éxito fue también el principal impulso para que ambos hermanos formaran un grupo familiar de música infantil con la integración de César, otro hermano mayor, y optimista ingenuidad.

Gilda es abogada y llegó a ser magistrado de la República. César era químico-matemático y daba clases en la UNAM. Ambos con aptitudes artísticas, Gilda para la literatura y las artes plásticas, César para la música: tocaba la guitarra y cantaba…

La canción ganadora del concurso fue grabada muchos años después con el título de La canción que te canto, para el volumen 5 de la colección El rincón de los niños. Los hermanos Rincón.

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Camino en coche a su trabajo, todas las mañanas, Valentín Rincón escuchaba la radio y notaba que la programación de música infantil, mayoritariamente de Cri-Cri, era siempre la misma, por lo que decidió llevar un casete con sus propias composiciones a Radio UNAM.

Rocío Sanz producía El Rincón de los Niños y abrazó con entusiasmo la iniciativa, tanto que prácticamente abrió las puertas de la emisora, incluyendo canciones de los Rincón en su programa, invitando a los creadores a participar en vivo con regularidad y gestionando los estudios de Radio UNAM para que hicieran sus primeras grabaciones profesionales.

Fue ella quien bautizó al grupo en 1972 como Los Hermanos Rincón.

De contador a cantador

A principios de los años 70, que podríamos llamar la época de Villa de las Flores, Coacalco, además de acrecentar la presencia radiofónica del grupo, Valentín Rincón se presentaba los fines de semana en la peña de Alberto Lozano, donde la familia vendía copias caseras de un casete con las primeras canciones.

En la misma época, Valentín decidió dejar la contaduría para dedicarse de lleno a la música infantil. La decisión no fue fácil; de hecho, fue una crisis existencial, en parte, por la edad. Pero una vez tomada la decisión, el cantautor trabajó compulsivamente hasta el punto de componer dos canciones en un día.

Cuando componía demasiado rápido, cambiaba después la música, de modo que algunas canciones tienen dos versiones musicales, inclusive con ritmos y géneros distintos, como en los casos de La araña y Caracol, entre otras.

Una vez de regreso en la ciudad de México a mediados de la década, Valentín siguió haciendo presentaciones regulares en peñas (El Cóndor Pasa y El Sapo Cancionero, ambas en San Ángel), ahora con sus dos hijos: el menor tocaba la guitarra, y el mayor, que no es músico, la redova con baquetas.

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El primer disco de Los Hermanos Rincón vio la luz hasta 1977 con el padrinazgo de Óscar Chávez, que los escuchó por primera vez, le gustaron y los recomendó en Polydor, así llamada entonces la empresa discográfica que después sería PolyGram Discos.

Para grabar en Radio UNAM y, años después, en Polydor, el grupo integró a mujeres como cantantes. Gabriela Partida y Xóchitl Arévalo fueron las primeras voces femeninas. Adriana Portillo, la más duradera.

Luego del «primer hijo», cuya portada es una pintura al óleo de Henry Hagan, el grupo contrató a la pintora Leticia Tarragó para las portadas de los siguientes discos: En total, 7 volúmenes de la colección El rincón de los niños, y 3 de Lírica Infantil Mexicana (en equipo con Óscar Chávez), todos con el sello de PolyGram, antes Polydor.

El rincón de los niños Vol. IV se llama también Abecedario y es un álbum doble con 27 canciones, una para cada letra del alfabeto. El rincón de los niños Vol. VII se llama también El Sapito Cro Cro y reúne las canciones de una obra de teatro homónima.

En los años 80, PolyGram “descontinuó” a los artistas alternativos, entre ellos, a Óscar Chávez y Los Hermanos Rincón.

Óscar fundó entonces Discos Tecolote, y Valentín, Ediciones Laúd. Ambas editoras se asociaron con Pentagrama, que produjo los siguientes discos. La distribución corrió por cuenta de la familia.

Ediciones Laúd sirvió también, o más bien, como cobertura legal para registrar la revista Intolerancia, del entonces joven crítico de cine Gustavo García, y Ollinmecah, fundada por el hijo mayor de Valentín.

Cuando el grupo tuvo que grabar de nuevo sus canciones, la segunda versión no alcanzó la calidad artística de la primera; tanto su interpretación como los arreglos y hasta las portadas de los discos fueron inferiores, pero los autores siguieron creciendo con composiciones nuevas y el mismo nivel de contenido, al ampliar su acervo y su público, inclusive más allá de las fronteras nacionales.

En España, Mocedades, Miguel Bosé, Víctor Manuel, Ana Belén y la niña Eva grabaron el disco Cosas de niños, con canciones de Los Hermanos Rincón y Cri-Cri, nada más.

La Red Nacional de los Ferrocarriles Españoles (RENFE), que operó la red ferroviaria de España hasta 2005, utilizó la canción El trenecito como su rúbrica.

En Cuba, el niño robot se hizo famoso al protagonizar un programa de televisión y, en México, fue también protagonista de una tira cómica o historieta dibujada por Ramón Ojeda, que publicó a finales de los años 80 el suplemento infantil de La Jornada y la revista Chispa.

Otros artistas incluyeron canciones de Los Hermanos Rincón en su propio repertorio, como Amparo Ochoa, que hizo una versión personal de El Sembrador para su disco Amparo Ochoa canta con los niños.

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A finales de los años 70, Valentín Rincón demandó a Televisa por plagio y ganó la demanda. Televisa lo había contratado para que compusiera las canciones de Odisea Burbujas, y Valentín compuso Mafafa Musguito, entre otras. Televisa incluyó esa canción en el programa, pero adjudicó su autoría, maniobras mediante, a Silvia Roche. Desde entonces hasta hoy, ella sigue atribuyéndose la autoría de todas las canciones.

El programa Odisea Burbujas primero fue radial y después televisivo. Televisa lo transmitió entre 1979 y 1984, además de sacar a la venta nueve discos y un video, y realizar una segunda edición en años recientes.

A raíz del pleito y dada su inclinación ideológica, Valentín fue vetado por Televisa casi de por vida.

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Los Hermanos Rincón grabaron más de veinte discos y varios casetes que se quedaron en ese formato.

En total, compusieron 120 canciones, contando aparte las que integran su colección de Lírica Infantil Mexicana (tres volúmenes), así como su compilación de rondas o juegos de tradición oral, y el disco Humor y candor en la canción antigua mexicana.

Este último es el único disco de Valentín como cantante solista y el único de canciones que no son propiamente para niños.

Además, el compositor tiene un número indeterminado de canciones para adultos que nunca grabó (El tango del tarjetahabiente, sin duda, es la más cantada en fiestas de amigos y familiares).

El 30 por ciento de las canciones para niños son totalmente de su autoría (es decir, música y letra), como La vaquita de Martín, por mencionar la primera que compuso y, desde entonces, la más conocida.

El último de sus discos es De Rusia a China pasando por la tienda de Jonás, cuyas canciones son, letra y música, de su autoría.

La obra musical de Valentín abarca todos los géneros, y así como algunas canciones nacieron el mismo día que otras, en el extremo opuesto, La bola de niños tardó un año en gestarse.

Voy silbando tenía 30 años guardada cuando fue incluida en el último disco.

Títulos de los discos y casetes producidos por Ediciones Pentagrama: Los Hermanos Rincón y la vaquita de Martín, Los Rincón y Don Pulpo, Los Hermanos Rincón y su niño-robot, Los Rincón y la bola de niños, Los Hermanos Rincón y la víbora de la mar, Los Hermanos Rincón y la pájara pinta, Un maullido en la azotea, Riqui Ran, Ensamble Rincón, Por todos los rincones, Humor y candor en la canción antigua mexicana, De Rusia a China pasando por la tienda de Jonás.

Trabajo escénico

Pasada la época de las peñas con su impronta de izquierda romántica y «orgullosamente marginal» (parafraseando al propio Valentín, que parecía tener vocación de pobre, más que de progre), Los Hermanos Rincón saltaron a los escenarios de teatros y auditorios medianos con espectáculos más completos que incorporaban elementos visuales, principalmente títeres, además de niños con disfraces de animales, payasos y hasta una bailarina de ballet, interactuando siempre con el público hasta el punto de que todos los niños subieran al escenario y recorrieran los pasillos entre las butacas para ser un tren.

Eréndira Rincón, la menor de los hermanos, participó al principio como cantante y luego como fabricante de marionetas que manipulaba detrás de un teatrino plegable, salvo el niño robot, el único títere manipulado con hilos.

Además de sus presentaciones esporádicas en teatros y escenarios callejeros o espacios abiertos, el grupo tuvo y mantuvo una presencia regular en la Carpa Geodésica de San Ángel y el Museo Universitario del Chopo, todos los fines de semana durante años.

Valentín decía que se cansaba más dando autógrafos después de la función que dando la función, porque seguramente se juntaban los cansancios por ambos esfuerzos.

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En los años 80 se formó la Asociación Mexicana de Cantautores de Música Infantil (Amexcami), cuyo acrónimo era pronunciado «Amechcami», como si fuera una palabra náhuatl, y cuyos pilares fueron Los Hermanos Rincón, Grupo Cántaro y Pepe Frank, principalmente, aunque también participaban Kitzia y Gabriela (antes de su divorcio), Ezequiel de la Parra, Pepe Toño y Rolis el payaso, entre otros.

En su culminación, la agrupación montó un espectáculo conjunto en el Teatro de la Ciudad, que estuvo cerca de fracasar por el sabotaje de los técnicos de sonido.

«Nosotros, que nos queremos tanto»

Los Hermanos Rincón se dividieron en 1992 por la coincidencia de los siguientes hechos: Poco después de que César abandona el grupo al emerger su acumulación de rencor en una discusión con Valentín, la dirección musical recayó en Andrés, el hijo menor de este último. Andrés participaba en el grupo desde la niñez, y Valentín integró como cantante a Jazmín, su hija adoptiva, aun cuando ella no sabía ni podía cantar. Como director musical, Andrés la dejó fuera de todas las canciones en los ensayos (que tenían lugar en casa de su abuela) y, luego de la respectiva discusión sin acuerdos, Valentín abandonó el grupo que había fundado para formar ahora el Dueto Rincón o Dúo Rincón al lado de su hija no-cantante.

Con la incorporación de Paloma Rojas, el dueto se hizo trío y grabó el disco Un maullido en la azotea (Trío Rincón).

Andrés comenzó a presentarse después como Andrés Rincón y su Grupo, y más o menos al mismo tiempo, José Omar (hijo de Gilda) formó su propio grupo con las viejas canciones de los Rincón.

La separación duró dos años, pues en 1994 fueron invitados por Casa de las Américas a participar en el Primer Encuentro de la Canción Infantil Latinoamericana y del Caribe, celebrado en La Habana, Cuba.

En 1996 asistieron al Segundo Encuentro, que tuvo lugar en Maracaibo, Venezuela, donde formaron parte del Consejo Consultivo para la tercera edición, efectuada en Ciudad de México al año siguiente y donde fueron ponentes.

También participaron en las ediciones siguientes: la de Córdoba, Argentina, en 1999, y la de Bogotá, Colombia, en 2001, presentando siempre una muestra de su trabajo.

De estos encuentros surgió el Movimiento de la Canción Infantil Latinoamericana y Caribeña (MoCILyC).

Al cumplir 25 años en 1996, Los Hermanos Rincón recibieron un homenaje de sus colegas (inclusive Óscar Chávez), que interpretaron canciones clásicas del grupo en el Teatro Tepeyac, y fue publicado un cancionero ilustrado.

Al reunirse de nuevo, los Rincón y su cantante femenina grabaron un disco como ensamble vocal y otros más como grupo, ahora llamado simplemente Los Rincón.

El disco Ensamble Rincón versiona canciones clásicas del grupo y es de gran calidad —hay que reconocerlo—, aun cuando la voz de Valentín ya era la de alguien que debía jubilarse…

Valentín se retiró de los escenarios en 2012 a los 74 años de edad con un concierto-recital titulado Vuelta de hoja, en la plaza del Centro Nacional de las Artes (Cenart).

12 años antes, en el 2000, había empezado a publicar libros para niños. En total, publicó la friolera de 15 libros, la mayoría en equipo con Cuca Serratos y por lo menos uno con Andrés, todos con ilustraciones de Alejandro Magallanes y el sello de Nostra Ediciones en su colección Recreo. El libro Las canciones de Valentín fue publicado por el gobierno de Chiapas.

Títulos de los libros publicados por Nostra Ediciones: Acertijero, Adivinancero I y II, Ajedrecero, Animalero Cua Cua y Miau Miau, Cuentero, Jueguero, Kikiriki (Cómo cantan y juegan los niños de aquí), Kiko Robot, Leyendero (Leyendas y relatos de misterio), Palabrero (La palabra y sus insólitos recovecos), Palindromero, Sinonimero, Trabalengüero.

Artistas venidos a empresarios

En 1996, Valentín Rincón y Pepe Frank grabaron un casete de apoyo al EZLN, titulado ¡Ya basta! Y al año siguiente grabaron otro, ahora de juegos y arrullos, titulado Riqui Ran, ambos producidos por Ediciones Pentagrama, el primero con el precedente de un casete que intentó apoyar a Cuauhtémoc Cárdenas en 1994 y resultó una vergüenza: una borrachada impresentable; en ese no participó Pepe Frank.

Además de su trabajo conjunto como artistas, Pepe y Valentín se asociaron para crear la empresa Trova para los Niños, a la cual se integró Hernando Peniche, de Grupo Cántaro, también como “socio”.

La empresa inició en 1998 con varios proyectos, el principal de los cuales era organizar actividades regulares —artísticas y culturales— para jóvenes y niños en todo el Distrito Federal.

El Instituto de Cultura de la Ciudad de México (ICCM), adscrito al Gobierno del Distrito Federal (GDF), les dio un voto de absoluta confianza y todo el presupuesto para ese rubro.

El Programa Juglares y Jugares por Todos los Lugares organizó entonces actividades en las 16 delegaciones políticas los fines de semana, y grandes festivales como la Rosca del Milenio, con foros ubicados desde el Zócalo hasta Izazaga.

En cada “evento” delegacional participaba un juglar, un narrador y un grupo de música, danza, teatro, títeres o pantomima.

Antes de cumplir los primeros tres años de iniciado el programa cultural, más de mil 600 artistas habían participado en 284 foros de las 16 delegaciones, atendiendo a dos millones y medio de niñas y niños, prioritariamente de recursos escasos, inclusive en situación de calle, según informe.

En tiempos de la empresa, Valentín comenzó a realizar el programa radiofónico semanal Trovando para los Niños, en Radio UNAM, conducido al principio por Angélica Castilla, gerente general de Trova para los Niños. Ella lo condujo durante un año y medio; luego lo hizo Ixtlixóchitl y al final Andrés, que al principio ayudaba en la elaboración de los guiones. Valentín fungió siempre como productor y al principio también como conductor, junto con Angélica.

Trova para los Niños dejó de existir a principios de milenio, pero Trovando para los Niños continuó hasta cumplir, unos dicen que 12 años, otros que 14, y Valentín dijo en entrevista con El Taller de Gabriel Sanvicente que su programa de radio había durado 18 años.

También al calor del éxito inicial de la empresa, Valentín abrió un restaurante de comida italiana en Coyoacán, a unos pasos de las oficinas. Villa Verona, se llamaba, y tampoco duró mucho; de hecho, fue manzana de la discordia y uno de los factores menos importantes que al final concurrieron en la defunción de Trova para los Niños; otros factores fueron: la grilla calumniosa de Gabriela Huesca y sus aliados con apoyo del PAN, el fraude cometido por Hernando Peniche, que acabó fichado, y la personalidad de Valentín: hiperactivo y disperso hasta la demencia propia y la exasperación ajena…

Una vez finiquitada Trova para los Niños, Valentín, visiblemente avejentado, recurrió a sesiones de terapia con un psicoanalista.

El frente político

En 1988, con el impulso del movimiento encabezado por Cárdenas y del descontento causado por el fraude electoral, Óscar Chávez invitó a los Rincón a presentarse con él en el Auditorio Nacional. Los Rincón hicieron entonces una serie de parodias políticas a partir de rondas infantiles (creo que no están grabadas, salvo acaso en la memoria).

En 1992, Valentín Rincón encabezó primero la oposición y después las protestas por la desaparición de Radio RIN, la primera y única estación de radio dedicada por entero al público infantil en América Latina; formaba parte del IMER, que a su vez dependía de la Secretaría de Educación Pública.

El movimiento involucró a la mayoría de los cantautores que integraban Amexcami, además de personalidades como Jesusa Rodríguez y Gustavo García, y culminó con un festival en el hemiciclo a Juárez de la Alameda Central, realizado con apoyo del PRD en la Asamblea de Representantes.

En general, cuando se trataba de activismo y participación política, Valentín no contaba con sus hermanos mayores, que, si alguna vez participaban en algo, lo hacían a regañadientes.

Para el asunto de Radio RIN, Valentín contó con el apoyo absoluto de su hijo mayor, así como el de su hermana Eréndira y su sobrino José Omar. Andrés se limitó a participar en el festival con su grupo, y el resto de la familia brilló por su ausencia.

En 1994, Valentín Rincón y Valentín Orozco realizaron el programa Los Tocayos para Radio Pirata, que transmitía desde Coyoacán bajo la dirección de Claudia Sheinbaum.

Antes y después, el cantautor apoyó casi todas las iniciativas de su hijo mayor, que se decantaba por el periodismo militante y el activismo político: un foro de apoyo internacional a los sandinistas cuando perdieron las elecciones en 1989, un intento de recuperar el registro electoral del PRT en 1991, el intento de enviar escudos humanos a Irak, seguido por una serie de conciertos maratónicos frente a la embajada gringa en 2003 (esfuerzos en los que también participó Gabriel Sanvicente, director del grupo Son de la Ciudad y coautor de la canción El becerro de la vaca de Martín, con Cruz Mejía) y un etcétera interminable.

Valentín adhirió además los pronunciamientos redactados y promovidos por su hijo mayor, y participó en el Comité Portales del PRD, casi hasta el infarto cuando se trataba de campañas…

En sus primeras juventudes se declaraba comunista y, al ocurrir la intervención militar de los gringos en Vietnam, compuso una canción que decía: «Vietnam, heroico Vietnam».

Otras facetas

Valentín Rincón fue también ajedrecista y alcanzó un alto nivel en torneos, además de vencer a grandes y famosos adversarios en partidas múltiples y simultáneas (ya mencionaré al principal en cuanto consiga el dato). Uno de sus libros habla sobre ajedrez. Desde la época de Villa de las Flores tomaba tan en serio esta actividad que su hijo mayor la creyó su trabajo. Cuando una maestra de primaria le preguntó en qué trabajaba su papá, el niño respondió que era ajedrecista…

Durante la misma época, Valentín incursionó en la pintura con un estilo supuestamente propio, y algunos de sus pininos fueron enmarcados para decorar las paredes de su primera esposa, la mamá de sus hijos biológicos. En 2004, el diletante hizo un tímido regreso al arte pictórico…

A mediados de los años 70, en el regreso a la ciudad de México, Valentín abrió una tienda llamada Bazar del Buhonero en Plaza de la Rueda, San Ángel…

En épocas de penurias económicas emprendía trabajos sorprendentemente variados, como vender réplicas de Leonora Carrington sobre cuadros de madera que dejó de ofrecer a petición de un familiar de la pintora, que se comunicó por teléfono con él para advertirle de las posibles consecuencias legales…

Con el ejemplo del Ché Guevara en su faceta de fotógrafo callejero, Valentín incursionó también en la fotografía sin pretensiones artísticas, sino por estricta sobrevivencia y —algo que probablemente nadie sabe ni podría imaginar— llegó a ser fotógrafo de una fotonovela porno.

A finales de los 90 comenzó a escribir una novela, pero nunca se atrevió a mostrar las primeras páginas a ningún escritor y mucho menos a su hijo mayor, que solía ser también su crítico más hiriente. Para eso eligió al público de más bajo nivel posible, como la madre de sus hijos biológicos…

Al escribir los primeros libros para Nostra Ediciones a principios de los años 2000, otro de sus trabajos fue corregir textos, cobrando cinco pesos por cuartilla, o sea, la cuarta parte de lo que ahora cobra su hijo mayor por hacer lo mismo (al menos en teoría). Quienes lo contrataban eran mayoritariamente profesores de CCH, por razones obvias.

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En fin.

Para que esta semblanza de la vida profesional de Valentín fuera una biografía tendría que narrar, al menos tangencialmente, la vida familiar y los problemas de salud, entre otras cosas que dejo en el tintero por economía y salud mental.

Aunque necesarias, dejo fuera también las valoraciones subjetivas y personales para un improbable después.

(Quizá continuará…)



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