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26 microrrelatos

Maratón Guadalupe – Reyes

Los Reyes Magos se guiaron por una estrella que alumbraba el pesebre donde había nacido Brian, el mesías de Los Monty Python en su genial parodia, inspirada en una historia verídica. Por suerte para los peregrinos de Oriente, Jesús nació la misma noche en un pesebre vecino. ¡Qué feliz coincidencia!

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Llegaron tres reyes montados en camellos al lugar de su nacimiento; al verlo, se arrodillaron y ofrendaron sus presentes: sendas bombas nucleares y un profético decreto que leyó José porque María no sabía leer: “Te erigirás como rey de los judíos y tu reino será tan genocida como el imperio nazi”.

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–Mi reino no es de este mundo –sentenció el mesías, y los soldados del imperio lo coronaron con espinas y lo declararon Rey de los Judíos y, cuando agonizaba en la cruz, volvieron los Reyes Magos, ya viejos y seniles, a desvariar:

–¡Ey, INRI, colega! Te trajimos unos regalitos.

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Para renovar la tradición, los Reyes Magos acordaron que los niños malvados, en vez de los regalos que pidieran, recibieran cuadros diabólicos para causarles pesadillas desde las paredes de sus recámaras. Lo malo es que algunos de esos niños se quedaron en el viaje.

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Decidimos que la última cena del año, sin relación alguna con la que pintó Da Vinci, fuera un atracón marca Diablo, pecaminoso, como el último deseo de un condenado a muerte, y ebrios de vino y lujuria, nos revolcamos como cerdos entre carne muerta y besos de mermelada.

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Cuenta la leyenda que, en las noches sin luna, el hombre lobo se transforma en la mujer barbuda del circo y, aunque se parece al Jefe Diego, algunos niños la confunden con Papá Noel. Fuentes confiables que solicitan el anonimato han revelado que así surgió dicho monstruo abominable.

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Guadalupe Reyes nació un 6 de enero, por lo que el «día de su santo» comenzaba un maratón festivo que terminaba el día de su cumpleaños, 26 intensos días y sus noches de juerga ininterrumpida y desgastante, sobre todo para la salud de la festejada, que murió a la edad de 33 años, anciana.

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El Maratón Guadalupe – Reyes fue creado por el Diablo para que sus abyectos súbditos en México pudieran engendrar la nueva Ley de Seguridad Interior, pues en vísperas de la próxima sucesión presidencial no estaba programado ningún partido de la Selección Nacional de Futbol.

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El 12 de diciembre, día de la Virgen de Guadalupe, se registró AMLO como candidato de su Morena del Tepeyac y envió una carta a los Reyes Magos en la que decía: “Prometo ser buen priista si me dejan llegar”. Pero llegó el esperado 6 de enero y San Peje se quedó esperando su regalo.

Otros reyes

–¡Gózame, negra, gózame! –dijo Tin Tan frunciendo la nariz.

–Sí, mi Rey, mi Rey del Barrio –contestó Nigromanta en ropa tan breve como la de Tongolele descalza.

Y Tin Tan siguió tocando los timbales, mientras la mulata sacudía sus caderas de yegua y sus nalgas siderales.

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El Rey ordenó levantar un muro alrededor de sus propios recintos con los huesos de sus enemigos, a quienes empalaba por centenares para verlos agonizar con un dolor insoportable mientras él desayunaba, y el muro creció hasta alcanzar un tamaño inversamente proporcional al de su reino.

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–¡Que mueran todos! (los que tengan que morir) –decretó el rey loco, y entonces los ministros de la Corte se fueron de vacaciones antes de atender a los padres de l@s niñ@s quemad@s en la Guardería ABC y, al volver, exoneraron a los autores materiales de la masacre de Acteal.

La Divina Comedia

Gabo confundió a Remedios con Beatriz, y La Biblia con La Divina Comedia, cuando la bella sin cabello ni ropa interior ascendió como la virgen María, pues también ella era virgen y santa, y mostró al autor el camino al cielo, pues también él se confundió con Dante.

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Tomarían el cielo por asalto con la consigna de la imaginación al poder, pero el infierno se interpuso encarnado por un ejército represor, asesino de estudiantes, y en donde había “caos y anarquía” impuso “orden y respeto”: primero el Infierno, después el Purgatorio y, por último, el Paraíso de la impunidad.

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El Purgatorio no terminó con la muerte de Stalin, pues los sucesores continuaron con las purgas estalinianas, cambiando sólo algunos métodos. En el turno de Brézhnev, por ejemplo, Siberia y los paredones de fusilamiento fueron sustituidos por hospitales siquiátricos.

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En el Purgatorio, quienes pecaron de gula vomitan hasta quedar esqueléticos; a quienes robaron les amputan las manos una y otra vez; quienes mataron mueren como sus víctimas ad paenitentiam reverti… pero con una buena mochada, la burocracia mexicana facilita el tránsito al Paraíso de la impunidad.

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“Eso que para los humanos es el purgatorio es sólo la prisión del alma por el cuerpo”, se dice que escribió Rulfo, mientras que la frase “más púdica” que había escuchado Nietzsche era: “En el verdadero amor, el alma es la que envuelve al cuerpo.”

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Aunque Dante jamás lo habría concebido, el metro de la Ciudad de México es la pesadilla dantesca por antonomasia, salvo para carteristas y acosadores sexuales, que hacen el trabajo sucio de los sirvientes en el infierno, hasta que la cárcel asume función infernal.

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El hacinamiento carcelario es otra pesadilla real que parece concebida por la imaginación dantesca. Para los condenados a cadena perpetua, las cárceles de Brasil hacen preferible la muerte a riesgo de que el infierno eterno supere por un rato a la muerte en vida.

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Todas las religiones cometen un error de cálculo cuando presentan al infierno como estadio subterráneo. Dante no lo corrigió. La espaciosa dimensión celeste parece más lógica, pues la del infierno, a pesar del hacinamiento, es insuficiente para tantos pecadores.

Escuadrones fantasmas

Cuenta la leyenda que el escuadrón aéreo parecía invencible, hasta que fue abatido por un misterio; unos especulan que lo derribó un volcán en nacimiento; otros que sufrió un ataque de visitantes extraterrestres. Lo cierto es que, desde aquella derrota inexplicable, vuelve a ser visto en las alturas, volando como un espectro, para bombardear pueblos fantasmas y, una vez cumplida su misión zombi-sonámbula, regresar victorioso a la Nada.

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Érase un guerrero que, después de muerto, derrotó a su propio ejército en venganza por haberlo fusilado y lo convirtió en un espectro como él para seguir nutriendo sus filas con cadáveres de otros ejércitos hasta que no quedara ninguno y hubiera por fin paz en el mundo.

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“La última vez lo vi irse entre humo y metralla, contento y desnudo; iba matando canallas con su cañón de futuro”, y los canallas muertos se levantaban para unirse a su escuadrón, que llegó a ser batallón y después un ejército, muchos ejércitos con 200 millones de almas invencibles y avergonzadas por su pasado reciente de cobardía.

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Para hacer honor a su nombre, el escuadrón suicida parecía tener espíritu de sacrificio kamikaze, pues moría en cada misión, siempre con éxito, pero su fantasma tenía cada vez menos fuerza y energía, hasta que una petición de jubilación a la comandancia reunió un millón de firmas en @Change.org.

Los universitarios progres

Reunidos en Sanborns, llevaban puestos blue jeans Levi’s y tenis Nike, fumaban Marlboro en el área de fumadores; pusieron sus dispositivos Apple en la mesa, pidieron Coca Cola y Banana Split, y se aventaron cinco horas disertando en tono yupi sobre la vigencia del marxismo y la revolución socialista.

Muerte anónima

Había un cadáver en el callejón del gato. Vestía con elegancia, pero las ratas en harapos lo dejaron en ropa interior. Pasaron días y noches sin que la policía se enterara, de modo que los restos mortales del desconocido se pusieron verdes y se hincharon hasta reventar. Al final, fue imposible identificarlos y dictaminar la causa de su muerte (estrangulamiento con hilo metálico).

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Noches de microrrelato

Mi regreso a las noches de microrrelato en Tuiter, después de meses, inaugura para mí la extensión de 280 caracteres. El #Microhorror de los martes estuvo dedicado a los demonios rojos; la #Monoficción de los miércoles, a la escritura; el jueves erótico (de horror por mala costumbre) tuvo como tema el olfato, y el #PánicoSiniestro de los viernes trató sobre caníbales. He aquí mi participación ligeramente mejorada:

Demonios rojos

Llegó a la fiesta de disfraces con tan convincente apariencia que todos, entre la fascinación y el horror, festejaron su roja presencia, no así el vapor de azufre que exhalaba su boca, ni su voz resonante de ultratumba que parecía un presagio de la masacre en ciernes.

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Atravesó el desierto bajo un sol calcinante que prendió fuego a su ropa; él rodó por la pendiente para apagar las llamas; llegó desnudo al pueblo, entró a la cantina, pidió agua, agua ardiente, y se miró al espejo: su piel era roja, tenía cuernos enanos, colmillos y cola.

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Oh, demonio tan rojo y grande como el odio que me desborda. Tuya será mi venganza y tuyo mi agradecimiento por acudir a mi llamado lleno de ira desde las profundidades del averno. ¡Hoy arrasaremos con sus mediocres almas y los aplastaremos como gusanos! ¡Que así sea!

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Tan rojo era de pies a cabeza que, al bañarse de sangre de la concurrencia, parecía que sudaba con la comilona, como suelen sudar las bestias famélicas en sus atracones al devorar una presa. La única diferencia en este caso es que la presa fue multitudinaria.

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Era la encarnación de la venganza contra quienes comen carne roja. “¡El demonio soy yo!” –les dijo, y los destazó a todos, que ahora se arrastran en carne viva.

Caníbales

Cuando la familia cayó en desgracia, para sortear las penurias del cautiverio, dejó que la suerte decidiera quién de ellos mismos sería el alimento de los demás. El siguiente lo fue por voluntad propia para curar su culpa; también el tercero y el cuarto… La culpa del último era tan insoportable que se castigó a mordidas hasta morir.

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Caníbal desde que se alimentaba con el pecho de su madre (no del contenido, sino del continente), siguió saciando su hambre asesina con sus primos y tíos, sus compañeros de escuela y sus maestros. Los padres, mutilados, acabaron con la pesadilla demasiado tarde.

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Desde la inmovilidad, acostado bocarriba sobre la mesa, escuchó a la decena de anfitriones empuñar cuchillos y tenedores mientras uno de ellos decía en tono beato:

-Gracias, Dios, por este alimento. Bendícelo y bendice nuestra hambre, que somos tus siervos. Amén.

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Los comensales elogiaron el buen sazón de Hannibal Lecter, con excepción de su discípulo, el único ausente.

–Habría disfrutado tanto como nosotros de tan suculenta cena –opinó uno y lo secundaron los demás.

–Ahora está dentro de ustedes –pensó Lecter, sonriendo.

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Grenouille sabía que una gota de su perfume podría poner de rodillas al Papa y hacer que besara sus pies, pero prefirió volver a la miseria de París y echarse encima todo el contenido de la botella. La seducción del aroma desbordó la devoción de los hambrientos.

Olfato

No es lo mismo aroma que tufo. La bella tenía lo primero; la bestia lo segundo. El sudor de la bella era nuevo y limpio; el de la bestia estaba intoxicado, acumulado y viejo, como el rencor… hasta que el cuerpo de la joven perdió su olor natural en el congelador.

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El olfato del asesino percibe miedo cuando su presa camina por la oscuridad; él emana un hedor genital cuando ella se acerca, mezclando el miedo con repugnancia, que también capta su victimario. Al ocurrir el abrazo, los aromas se condensan en un grito ahogado.

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El olor aumenta en la medida que te acercas al cuarto oscuro, en donde los cuerpos están en contacto y constante movimiento; es un olor a sudor y otros fluidos, y es intenso. La mirada cede al olfato su función sensitiva y, una vez adentro, tiene su turno el tacto.

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El olor de tu desnudez en la penumbra delató un deseo que hizo crecer el mío y fuimos dos cuerpos unidos en el intercambio de fluidos y placer. Ahora huelo a ti y me excito, me satisfago en tu ausencia. Ya no te necesito. Gracias.

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Cuando la señora se despidió del amigo de su hijo con un beso en la mejilla percibió un olor a urgencia de adolescente y le transmitió la suya de mujer experimentada pero abandonada y sola. Cuando el amigo se atrevió por fin a visitarla en ausencia del hijo, pasaron del olfato a la complementación de las urgencias.

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Era una experiencia erótica: los aromas armonizaban como notas musicales en concierto, hasta que alguien soltó un pedo y alguien más un eructo, y la molestia de algunos emanó adrenalina captada por los perros que irrumpieron furiosos y todo terminó en un desastre.

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Conocer su anatomía dejó un aroma en mi piel y un recuerdo en la memoria, que se disipan ahora y es urgente renovarlos.

Escribe sobre mí

Escritura

Me dijeron por teléfono que traerían las escrituras de la casa y llegó un camión con papel tapiz de inscripciones crípticas. Ignoro si dice algo, pero al vestir las paredes, confiere a la casa una atmósfera de intelectualidad antigua y lapidaria. Desde entonces tengo pesadillas y despierto con cefalea.

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El súcubo escribía un diario desde hacía cuatro siglos. En los sótanos de su lóbrego castillo, ese diario emparedaba las recámaras. Cuando Ariadne vio su dimensión, pensó que requeriría de toda una vida para leerlo, así que se entregó con obsesividad insomne a la tarea…

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En el camino al tianguis pasé junto a la muchacha que vendía flores en la banqueta; se acurrucaba en posición fetal para resistir el frío. A mi regreso, decrépita ya, seguía tiritando y, con una tristeza desoladora, me dijo: “Vuelve a mí, tú sí escribes muy bonito”…

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En Facebook había un espacio breve y una instrucción fascinante: “Escribe algo sobre ti”, así que, después de mucho pensarlo, terminé tatuándome una leyenda: “No confundo escritores con escribidores y mucho menos con escribanos, sino ‘escribe algo sobre ti’ con lectura de manos entre gitanos”.

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Cuando la censura lo despojó de papel, pluma y tinta, él escribió con vino en el mantel; ella decomisó ambas cosas y él escribió con sangre en las paredes; ella le puso una camisa de fuerza y él dictó a los locos de celdas contiguas su delirio para que lo transmitieran.

Escribe sobre ti

 


Micro pesadillas

Pesadilla kafkiana

Pesadilla kafkiana

En el sueño, yo sabía que estaba dormido y despertaba con el cuerpo inerte dentro de un ataúd, cerraba los ojos para dormir y despertar otra vez, pero entonces moría y, al despertar de la muerte soñada, estaba de nuevo dentro de un ataúd, esta vez afuera de mi cuerpo: yo me concedía la última mirada.

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La pesadilla del sueño continuaba en la vigilia, de modo que la vida era una pesadilla continua, sin pausa ni descanso, hasta que decidió ponerle fin, se tragó de golpe todos los ansiolíticos de una caja y logró así acabar con el sueño y la vigilia, pero no con la pesadilla.

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Soñó que una granada lo dejaba sin brazos ni piernas, que lo envolvían en una hoja de tamal sobre la mesa y lo echaban a una olla, que despertaba y el sueño era realidad.

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Murió dormido con fiebre y dejó sus pesadillas en las paredes y el techo de la recámara donde ahora mueren todos sus descendientes.

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Soñé que despertaba en un ataúd abierto y dormía de nuevo para despertar en mi cama, pero entonces alguien cerraba por fuera el ataúd.

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Desperté del sueño a la pesadilla del insomnio y, desde entonces, trato de soñar despierto, pero los mosquitos mantienen en vigilia la realidad.

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De niño, dibujaba monstruos antes de acostarme para que, mientras durmiera, cobraran vida, pero despertaba siempre cuando se habían ido todos.

Kafka

Padecía una burocracia de pesadilla y soñaba con un castillo al que debía pedir permiso para todo, hasta que despertó y –¡oh, sorpresa!– era una cucaracha gigante.


24 microrrelatos

scary-horror

Juguetes diabólicos

Decía ver las muñecas de porcelana cada vez más cerca de la chimenea; una noche oyó que lloraban, se levantó de la cama, bajó corriendo las escaleras y confirmó que la casa estaba en llamas.

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La cuerda para saltar se enredó en un tronco del árbol por un extremo y en su cuello por otro extremo. ¡Juro que no fue suicidio!

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El terremoto imaginado por un niño al destruir su maqueta de mecano tuvo réplicas en la realidad de su país, Estados Unidos.

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Ted, el osito de peluche, parece inofensivo, pero es un violador sexual que mata a sus víctimas y trafica droga en su interior.

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El juguete rabioso que inspiró la novela y el nombre de la banda de rock, ha servido para más de cien suicidios y sigue activo.

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La muñeca enferma por contagio recíproco, llora, moquea, echa gases, eructos, suda con olor a toxinas, muerde y tiene rabia.

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Con su pistola de agua hirviente, José dejó ciego a Luis, quemó al perro y, harto de tanto chillido, mate a los tres a balazos.

Whiplash

Whiplash

Profesores enfurecidos

En venganza por una mirada, la profesora de geografía llevó al extremo su fealdad con un castigo desproporcionado por el que pagó muy caro: su fantasía sexual pasó de los sueños pervertidos al insomnio con fiebre y ansiedad, sin remedio ni control.

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Mientras el ogro daba clases, yo lo dibujaba con implacable sorna, pero un día me descubrió y, desde entonces, aunque ya cagué lo que me obligó a tragar, mi estómago no deja de gruñir.

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El profesor gruñía y yo dibujaba miniaturas rabiosas, hasta que me descubrió y, con espuma en la boca, dejó sin dedos mis manos a dentelladas.

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El profesor daba clase fumando y, en su imaginación, apagaba el cigarro sobre los desnudos muslos de alumnas deseables pero poco esmeradas.

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“La letra con sangre entra”, era su lema y, cada vez más literal, pasó del castigo corporal a la transfusión sanguínea.

time-travellerViajes por el tiempo

Volaba como ave y viajaba por el tiempo, a veces al mismo tiempo, en sueños de los cuales no quería despertar; soñaba que fueran eternos, y un día no despertó, se quedó en el viaje, volando como ave por el infinito del más allá.

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Su nave para viajar por el tiempo era una cama en la que soñaba con el pasado mientras viajaba al futuro; un día despertó y había pasado medio siglo de vida inútil, desperdiciada.

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He viajado por el tiempo durante medio siglo: comencé en 1965, estoy en 2017 y espero llegar a 2046 para entonces desandar el camino de mis antiguos amores en Hong Kong.

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Para que me transportara el túnel del tiempo, levanté una alcantarilla, bajé a la cloaca, jugué con niños indigentes y, cuando me dio hambre, volví a mi época.

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No recordaba su entrada al túnel; una rata lo guió para salir y, por fin afuera, el borracho en harapos supo que habían pasado cinco siglos.

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En los intentos de volver a mi época he lidiado con simios que hablan, coches que vuelan, androides asesinos, manicomios y públicos estúpidos.

Maira Cepeda Fernández

Ilustración de Maira Cepeda Fernández

Ahogados

“El ahogado más hermoso del mundo” era un cadáver amarillento, hinchado y flatulento que las mujeres del pueblo se negaban a enterrar o devolver al mar.

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Ahogado en alcohol, sumergido en el agua que anegaba la bañera, con rocas encima, el marido infiel abrió los ojos en blanco y miró hacia sus adentros.

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El mar devolvió su cuerpo a la playa, como quien tira sobras de comida, y su familia se conformó con eso para la despedida.

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Ahogado en su propia sangre, México yace bajo tierra como una fosa común, otrora campo de concentración, orgulloso de sí mismo.

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Ahogado con la sangre de sus víctimas, el capital vampiro, sanguijuela del trabajo de otros, parásito del pueblo, ha revivido.

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Pálido, con rémoras de naufragio y los ojos en blanco, arrastró sus pasos hasta el camarote y estranguló al niño que dormía. Fin

 


Quince microrrelatos de horror

Todo comenzó como un juego de los adultos, que acordaron disfrazar a los niños de personajes Picapiedra para la fiesta. Era imprevisible que esos niños asumieran tan en serio su papel de trogloditas y, para empezar, destrozaran la casa y los coches; era imprevisible que luego sometieran a sus propios padres y los colgaran como venados recién cazados, atados de pies y manos a las ramas que arrancaron de los árboles; era imprevisible que hicieran hervir caldo en senda vasija sobre una fogata al aire libre, todo en medio de un griterío infantil que impedía distinguir las inútiles órdenes y súplicas de los progenitores. El estresante pandemonio despertó por fin a los adultos de la pesadilla, colgando como venados recién cazados, atados de pies y manos a las ramas que sus vástagos habían arrancado de los árboles…

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Cuando cumplió cinco años con el mote de ballenato por razones obvias, su mamá decidió que había llegado el momento de que aprendiera a nadar y, con ayuda de algunos tíos, lo arrojó a la piscina de la casa de fiestas. El niño se hundió y pasó un minuto bajo el agua; su papá se arrojó tras él para sacarlo, pero no lo halló; sus tíos se sumaron a la búsqueda y tampoco. Desesperados, drenaron la piscina y nada: el ballenato se había disuelto. Su mamá, desde entonces, tiene la sensación de que el agua intenta violarla cada vez que se baña.

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Papá ocultaba el cuerpo de mamá en la nevera del sótano, bajo los helados y las paletas congeladas que los niños glotones y obesos comieron compulsivamente hasta confundir el postre con el plato fuerte.

Explosiones atómicas

El ácido que llovió sobre la ciudad desde la hecatombe dejó calvos a quienes habían salido ilesos, fueran personas o animales, antes de que se les cayera la piel a pedazos, y tuvo un efecto desastroso también en la flora. Años más tarde, las plantas carnívoras eran las únicas sobrevivientes.

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El hongo levantado por la explosión atómica echó raíces en la tierra moribunda y han brotado retoños que se reproducen y proliferan con alarmante celeridad, como onda expansiva hacia todo el mundo.

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Las deformidad de los niños que nacieron cerca de Chernobyl después del accidente, proveyó al cine soviético de suficiente materia prima para sus películas de ciencia ficción.

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Los gringos creyeron enfrentar una invasión alienígena, pero sus enemigos eran más bien los hijos de sobrevivientes a la hecatombe nuclear en la hora de la venganza.

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Las secuelas de la explosión atómica fueron otra pesadilla, más duradera, en la que padecimos un odio que, al final, también nos destruyó.

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La película sería épica, pero su rodaje fue una pesadilla de horror post-apocalíptico por haber elegido ese desierto como locación.

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De regreso a su país, una vez devastada Hiroshima, el escuadrón aéreo fue recibido por una lluvia negra que duró 70 años nomás.

Vampiros e imitadores

Si algo hacía difícil de creer su edad era la inmadurez que arrastraba como lastre desde que, siglos atrás, un vampiro inmortalizó el paso de su existencia por la pubertad con una transfusión sanguínea.

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Carmilla, Drácula y Lestat, entre otros, reencarnan en los cuerpos de mediocres aspirantes a la inmortalidad que pagan con sus vidas la experiencia de una noche bajo el disfraz.

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En sus fiestas de disfraces, llamadas noches de vampiros, los obsesos y posesos beben sangre humana y, en vez de inmortalidad, contraen enfermedades que los matan.

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Durante miles de años, los vampiros fueron criaturas famélicas, hasta que la extinción de la especie humana los obligó a superar el síndrome de abstinencia.

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Una vez superada la crisis de abstinencia, los vampiros descubrieron que podían prescindir de su alimento mientras nada los alterara.

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La guerra entre vampiros y licántropos ha causado más bajas mortales que inmortales, como su imitación de cuarto mundo por el poder en México.


Tarantulescos

El tiempo, el polvo, la ponzoña y el género epistolar

I

No había nada de comer en casa desde hacía muchos días, inclusive semanas, quizá meses. Nada en el refrigerador, además de basura en descomposición. Nada en la alacena, salvo una araña y su red. Por ocupar el lugar de la comida en horas de un delirio próximo a la disociación cognitiva de la realidad, me comí a la araña y ahora, por intoxicación exógena, me alucino atrapado en una telaraña polvorienta, en espera de que alguien abra de nuevo la alacena para que entre una lagartija y me saque del trance. Debí comer lagartija en lugar de araña, pero no te había visto hibernar en la zotehuela, estimado animal, y ya que no lo hice, ayúdame, por favor, no seas desconsiderado, corresponde por tu propia voluntad a la distinción involuntaria que hice contigo y aliméntate conmigo. Quedo pues en espera de respuesta. Gracias y saludos. Te mando un abrazo.

II

Una araña entró al ataúd por algún lado, lo recorrió con pasos tan nítidos que parecían distanciarse del silencio y sus posibles disolvencias, hasta que se dedicó a tejer su telaraña con un sonido propio y la terminó para esperar a la presa que nunca llegó. La que murió en su red mortuoria como gris mortaja sin luz, sin aire y sin tiempo fue ella, que sigue allí, en el rincón elegido como casa. Nuestras inercias se acompañan, la de ella bajo el polvo que la cubre, la mía desde el polvo que soy, que acumulo y comparto para que mi acompañante permanezca eternamente debajo de mí, que soy eterno.

III

Las serpientes ciegas no son venenosas, son inofensivas, comen insectos que, de no ser por ellas, serían plagas, pero tampoco son inteligentes, son débiles, entran a las casas por debajo de las puertas cuando llueve de noche, y mueren al escampar, amanecen muertas, pegadas al piso, que debes limpiar de inmediato porque, si no lo haces, reviven al caer la noche, si vuelve a llover, se arrastran sin dejar rastro hasta donde no puedas verlas y paren, no dan a luz, sino a penumbra o total oscuridad una camada que acaba con las plagas, sustituyéndolas con creces y una reproducción implacable, irreversible, inexorable, que termina por invadir tu casa y expulsarte. No es broma ni exageración: lo escribo desde la calle.

IV

Había pasado tanto tiempo que, al correr la cortina, un alacrán cayó a través de la nube de polvo que sacudí. Quizá por la irrupción de luz solar en su ámbito lóbrego, el alacrán quedó paralizado en el suelo y aproveché para pisarlo. Volvió la oscuridad y, desde entonces, no hay nada más aquí, ni siquiera un sonido que rasgue la mordaza de los muebles o camine su madera. Todo está vacío, lleno de otro vacío que también es todo, población de silencio y ausencia que habita el olvido. Nada pasa ni se mueve, ni siquiera la sangre; no hay torrente ni curso, ni palpitación de ninguna especie. El tiempo dejó de existir.

V

Yo soñaba que, debajo de las cobijas, una víbora reptaba con amenazante sigilo hacia mi cuello, cuando giré sobre la cama y prendí la lámpara del buró, me quité las cobijas de encima y, por instinto defensivo, una víbora de cascabel saltó abruptamente a mi cuello y lo mordió, desperté, prendí la lámpara del buró, me quité las cobijas de encima y encontré muerta una víbora de cascabel.


México electoral

Perpetuación de la enfermedad

Hubo dos candidatos en la elección municipal. El primero declaraba: “Soy orgullosamente mexicano; amo a mi país”, mientras el segundo espetaba: “La naturaleza del mexicano es una mierda y por eso México es una pesadilla; debemos erradicar nuestros males de raíz”. Como era previsible, el candidato nacionalista ganó con el cien por ciento de los votos, y el oponente confirmó el acierto de su diagnóstico.

Democracia

Érase un restaurante llamado México en el que había dos opciones de bebidas: Coca Cola y Pepsi, pero algunos comensales no querían beber eso, y entonces Coca Cola se mezcló con Pepsi y surgió así la «izquierda», luego Pepsi mozclose con Coca Cola y surgieron los «candidatos independientes», unos cuantos millones de pendejos creyeron ser electores de sus bebidas, les dieron a comer mierda, bebieron y vivieron infelices para siempre. Fin.


Horror navideño

Navidad tétrica por Energía Elca

Navidad tétrica | Energiaelca

Sembraron un pino en el patio de su casa y, cuando creció, decidieron que había llegado el momento de torturarlo, rodeándolo de cables para electrocutarlo al calor de focos diminutos en abundancia, colgando basura de sus delgadas ramas para obligarlo a sostenerla sin descanso ni opción, así el esfuerzo continuo lo agotara, y sofocando con maquetas cristianas la tierra en donde había hachado raíces; lo hicieron en invierno durante años, hasta que el árbol cobró venganza, dejando caer por cansancio la basura que lo adornaba y enterrando al “niño Dios” con todo y pesebre, a sus padres humanos (que no al espíritu santo), a los tres reyes magos y sus camellos, a los corderos, las vacas, los burros, las gallinas… La tierra madre del joven pino se tragó también los regalos que se harían sus torturadores y, cuando los infantes escarbaron para recuperar sus futuros presentes, la tierra se los tragó, los succionó y engulló también a ellos. Los adultos, palas y picos en mano, trataron de salvar a sus hijos, pero el pino multiplicó su propio tamaño hasta la desproporción de la fantasía para dejarse caer sobre los improvisados rescatistas, y con la muerte de todos terminó la pesadilla de este ser viviente, algo que, desde la estupidez católica, nadie ha sabido explicar y lo atribuye a presunta posesión del árbol por un demonio tan original que ahora Joligud festeja la adquisición de una nueva idea para realizar otro de sus bodrios.

La verdadera historia

Al llegar el invierno ruso, nomás el zar y su familia tuvieron Navidad, pero inventada, porque hasta Papá Noel languidecía en el desamparo y la orfandad del pueblo, tanto que se vio en la penosa necesidad de sacrificar a los renos para saciar su propia hambre. Aunque hubiera tenido regalos que repartir, ya no podía desplazarse, pero lo intentó de todos modos para no morir bajo la nieve y logró evitarlo: murió congelado y de pie mientras caminaba más por inercia instintiva que por ánimo vital de sobrevivencia. La nieve lo sepultó después en el gélido desierto de la soledad. Al llegar la primavera, cuando el sol derritió por fin el hielo de la estepa helada, los lobos redujeron a huesos el cadáver y, con el asesinato de la familia imperial, dejó de haber Navidad en Rusia. Un siglo después, la Iglesia católica importó de Occidente la tradición navideña, prostituyendo el cuento con fines comerciales.

Navidad caníbal

Los niños prendieron fuego al ladrón que, haciéndose pasar por Santa Claus, bajaba por la chimenea; mamá lo cocinó a tiempo de buen tueste y alguien llamó a la puerta en Nochebuena: era Santa Claus, que asesinó a mamá del susto y un infarto, y papá lo metió a la cárcel por asesinato a sangre fría. Desde entonces, ¡odio a la Navidad!

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A falta de pavo, por la crisis económica, esta Nochebuena cenaremos lechero adúltero, cartero tardío y niño que venga por la pelota que aventó al patio. Cuando hay determinación, pasa desapercibida la pobreza.

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Los niños esperaron despiertos a Santa Claus frente a la chimenea para prenderle fuego al verlo bajar. Entre los leños estaba el condimento. Mamá lo cocinó y hoy, como todos los años, cenaremos cerdo al carbón.

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El pavo de Nochebuena tenía un sabor extraño, algo nostálgico, evocativo de amigos ausentes, de parientes que solían visitarnos, pero de un tiempo acá, dicen mis papás, “se nos adelantaron”.

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En Navidad, la familia Lecter acostumbra invitar a sus vecinos al “recalentado”, que ha de ser una delicia, pues se quedan tanto tiempo en esa casa que nunca jamás se les vuelve a ver.

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Nos invitó a cenar Hannibal Lecter en Nochebuena; dice que dejemos de buscar a papá, que desde ayer es su huésped y, con su encanto de gran conversador, lo tiene congelado.

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Buenas noches y muchas gracias por la cena. Estuvo delicioso todo y muy original el detalle de los tatuajes carcelarios. Con razón el pavo no tenía forma de pavo.

Imagen de Energiaelca