Una mujer muy rara

Menuda y cuarentona, tiene la cabeza rapada, viste de negro con un alzacuello de sacerdote (sacerdotisa en su caso, aunque El Vaticano desconoce la ordenación de mujeres y excomulga ipso facto a quien tenga semejante osadía), lleva un crucifijo de metal colgando en el pecho, pantalón de piel, negro también, y los pies descalzos; esto último parece propio de una persona demente y quizás es precisamente la intención; tiene un pequeño ecualizador en la cintura, desde donde modula el volumen de su voz a través del micrófono y quizás el de los músicos que la acompañan. “Buenas noches, muchas gracias por venir”, saluda, y el público responde con una ovación. Sin más, ella comienza a cantar:

Yo quería cambiar el mundo y no podía ni siquiera cambiarme los calzones […]

Ahora me dices que mi vida se basa en una mentira. ¿De casualidad te dije que oriné en tu café? […]

No sé qué esperar del mundo, realmente no sé qué esperar del mundo, no sé qué espera el mundo de mí, nadie tiene ningún derecho a esperar de mí nada en absoluto […]

¡Eres un debilucho cobarde y un patético fraude!

Por el cuello y las muñecas se asoman sus tatuajes religiosos y, más adelante, se arremanga y deja a la vista sus antebrazos tatuados; si alguien no la conociera pensaría que es una fanática, pero quienes la conocemos perdonamos eso y más. Yo la amo y he visto en Tuiter que no soy el único. Es probable que haya eliminado su cuenta personal en Facebook, lo cual sería una lástima porque nos mantenía cotidianamente actualizados acerca de su existencia; allí escribió ella misma:

—Quienes me aman me llaman Magda Davitt, ya no Sinéad O’Connor, que es el pasado y quiero dejarlo atrás. Quienes me aman, entienden eso. Quienes no dejan de llamarme Sinéad O’Connor prefieren tratar con muertos.

Por cortesía de YouTube, uno puede ver y escuchar el concierto que ella dio en 1988 a los 22 años de edad, una maravilla en todos los aspectos. Comienza con Feel So Different, una de sus mejores canciones y de las más representativas, que personalmente me resulta obsesionante, sobre todo por su interpretación allí, una interpretación llena de mímica y lenguaje corporal de sutil expresividad; el arreglo es cautivante y cambia de armonía justamente a la mitad; el diseño de la iluminación es una obra maestra, dicho sea sin temor a exagerar, y tan sorprendente como la compositora y cantante que uno podría imaginar (por error del desconocimiento) siempre melancólica, pero es un torbellino de vitalidad y energía juvenil, que proyecta originalidad tanto en su obra como en toda su personalidad. La balada es cantada con lentes y gabardina, y movimientos lánguidos, pero en la segunda canción, su actitud parece preguntar: ¿Cuál melancolía? Y asegurar: ¡La juventud se impone! En la tercera canción se quita la gabardina mientras canta y emociona al gallinero. Su vestido vaporoso es de viuda negra, casi al estilo de Morticia Addams o Lily Munster y, para cantar la pieza que más fama le ha dado, gracias al “genio disperso” de Prince, se quita el vestido sin que nadie la vea y reaparece con un cubretodo negro y entallado; si la ves con cuidado te das cuenta que no lleva ropa interior, pero su cuerpo incipiente no es muy incitante; su estriptis gradual, más que una exhibición, es expresión de su actitud ante la vida y ante el mundo: está en la cima del éxito y hace lo que se le antoja; sus primeras canciones, aun antes del primer álbum, llegaron al número uno de popularidad en Irlanda y Gran Bretaña, y allí se mantuvieron durante semanas y meses sin competencia preocupante; su primer álbum The Lion and the Cobra (1987) vendió siete millones y medio de copias, y ella (con una congruencia nueva en el mundo del espectáculo) se dio el lujo de rechazar el Grammy, aun cuando el que se le otorgaba, más bien se le ofrecía, inauguraba con ella la categoría de música alternativa. “El Grammy premia el éxito comercial, aunque dicho éxito no se deba necesariamente a la calidad artística; a mí no me interesa un premio cuantitativo”, declaró en su momento.

Year of the Horse, se llamó aquella maravilla de concierto; el genial diseño de la iluminación permite apreciar el también maravilloso rostro de la diva entre sombras con un alto contraste que hace de la imagen algo estéticamente fascinante: la cabeza rapada, los inmensos ojos, la nariz puntiaguda, los labios delgados, y ella cantando sin pensar ni por un segundo en su aspecto físico. Ella, que homenajeó a Marilyn Monroe con una canción, es la antítesis de Marilyn Monroe. Y el concierto en general deja una sensación muy duradera, casi obsesionante: mi admiración se deja sorprender positivamente y crece más allá de los límites racionales.

Por cortesía de YouTube, el siguiente concierto de la misma compositora y cantante resulta más bien contrastante; de hecho, ya no es la misma persona, pues su transformación es profunda y notoria, y los prejuicios son muy fuertes y muy grandes (mal de familia paterna en mi caso). Un cuarto de siglo después, cuando la imperfecta belleza de quien fuera el icono más original en la historia de la música pop es gloria pretérita, verla con su indumentaria sacerdotal y ese crucifijo en el pecho, sus horrendos tatuajes asomando por las muñecas y el cuello, sus pies descalzos como de jipi que no respeta las formas, una producción muy modesta en comparación con la parafernalia del concierto que la consagraba… en fin; todo eso me hizo decir: no, gracias, me quedo con la diosa en su apogeo, y el público en su apoteosis, pero quién sabe cómo y por qué dejé pasar la primera canción y, no obstante que se trata de un divertimento comercial (si tuviera una versión en español, podría cantarla también Lupita D’Alessio), me gustó por la música y porque esa letra medio vulgar es característica de la franqueza y el sentido del humor que Magda Davitt se permite inclusive en días de crisis demoledora: “Ven a montarme, jefe. La última vez que un hombre tocó mi cuerpo fue hace dos años cuando el médico me extirpó la matriz”.

Y aunque la transformación de Sinéad O’Connor, ahora Magda Davitt, incluye su voz (más de 30 años fumando acaba por quebrar la garganta, entre otras cosas), algo tienen todavía sus interpretaciones que imprimen un sello muy personal, se hacen parte de la canción como tal y se quedan en la mente y la sensibilidad como una fijación. Yo no conocía La reina de Dinamarca, y además de gustarme, como ya dije, me sorprendió y me puso de buen humor. La siguiente canción del concierto (4th & Vine), sin cháchara de por medio, ni siquiera una mínima presentación, también es de su época madura, por decirlo así, de esta década; habla de la proyección alegre de un matrimonio y, cantada en vivo, me gusta más que en el video “oficial”.

Todas las canciones de ese concierto son geniales, incluida la interpretación y el arreglo, y ahora no dejo de escucharlas una y otra vez; en particular, me fascina Harbour: “Ella es un puerto / y no tiene puerto”, dicen los dos primeros versos, y mi obsesión me hace caer en la cuenta de lo que tienen en común los primeros versos de algunas letras: son poesía si entendemos la poesía como un lenguaje de símbolos. Otra canción que también se llama Harbour y es fácil confundir si no sabes inglés, comienza con un verso por demás interesante: “La calle no tiene alivio”. Voice of My Doctor, quizá pasaría desapercibida como una canción genial si no fuera por la catarsis casi explosiva; escucharla es una experiencia; escucharla y ver a la cantante hacer la mímica de un regaño con los ojos cerrados es otra experiencia. La última canción del video rompe con todo lo anterior y no me gusta.

En suma y en serio, me pregunto si alguien conoce a la compositora y cantante más allá de sus icónicos inicios y no la ama como yo. Sospecho que, así como el mundo está infestado de imbéciles y abunda la incomprensión y la mala leche (hay que leer la biografía de Wikipedia y la campaña difamatoria del diario español El País para saber hasta dónde suele llegar la vileza en aras de la identificación masiva y el consiguiente lucro), el extraordinario talento de Magda Davitt siempre será menos conocido que las controversias y los escándalos con efectos multiplicadores en la órbita mediática. Si uno busca en internet a la creadora encuentra chismes de fricciones entre las putas de moda y “la calva que habla con Dios”, nada sobre la calidad letrística-poética y musical de quien fusiona como nadie la composición con su interpretación en vivo.

Una última observación: cuando Sinéad O’Connor hizo un retiro espiritual y reapareció gorda, fea y peluda, un ademán de su mano izquierda sustituyó para siempre a la expresividad corporal de la mímica y el lánguido baile de Feel So Different. En su concierto Ancienne Belgique, un cuarto de siglo después, además del ademán, la cantante mueve la cabeza de tal modo que uno difícilmente sabe si lo hace para dar un efecto sonoro o es un tic nervioso. Con los prejuicios que tuve al principio, fue inevitable asociar ese movimiento con el hecho de que la mujer vive ahora empastillada por los siquiatras, y la siquiatría es la “ciencia” de la destrucción del cerebro como negocio de la industria farmacéutica. Más que problemas mentales, que sin duda los tiene, algo en el cerebro de esta brillante, sensible, valiente y honesta mujer, está fallando, y la siquiatría, más que solución, es la sustitución de un problema por otro.

Personalmente, me duele más de lo que puedo expresar el deterioro de Magda Davitt porque, al asomarme a su mundo y hacerlo mío, descubro que se trata del alma más grande y más hermosa de nuestra época, pero como dicen The Beatles en algún lado, nadie quiere a quien está para el arrastre.




 

Anuncios

Acerca de Ivanrín

Lee la página "Acerca de mí (egomanía)" Ver todas las entradas de Ivanrín

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: